Miércoles , 30 julio 2014
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¿Por qué impide Rusia la expansión de la Unión Europea hacia el este?

Ucrania no será socio de la Unión Europea (UE) ni miembro de la misma en muchos años, a pesar del interés de la UE de crecer hacia el este y de una parte importante de la sociedad ucrania que demanda su integración en Europa.

suministro gas rusia a euro ¿Por qué impide Rusia la expansión de la Unión Europea hacia el este?La causa es que Rusia consigue defender sus intereses en la zona con éxito ante una diplomacia europea que no puede esconder su impotencia ante un hecho irrefutable: su dependencia energética con respecto a Moscú, ya que cada vez que un hogar europeo enciende la calefacción es muy probable que el gas que utilice tenga un origen ruso.

El pasado mes de noviembre el Gobierno de Ucrania anunció que finalmente no firmaría el acuerdo de asociación con la Unión Europea, el para muchos países ansiado primer paso para entrar a formar parte de la Unión. La causa de este rechazo hay que buscarla en Moscú, que no permite que Ucrania se escape de su zona de influencia que lleva controlando desde hace siglos.

Esta maniobra política provocó la rebelión de una parte importante de la sociedad ucrania que salió a la calle para reclamar su entrada en la UE a pesar de la represión policial. Pero los gobiernos europeos, excepto algunas declaraciones altisonantes, no pudieron desplegar el poder y la influencia necesaria para vencer los intereses de Rusia y conseguir la asociación con Ucrania.

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¿Por qué Rusia frena la expansión de la UE hacia el este?

El objetivo ruso es frenar la expansión de sus antiguos enemigos occidentales hacia el este. Desde la desaparición de la URSS en 1991 los sucesivos gobiernos rusos han tratado de conservar la hegemonía de Moscú sobre los nuevos estados independientes que antes formaban parte de la Unión Soviética. Una vez perdido el control sobre los antiguos estados satélite de Europa del este durante la guerra fría, el objetivo de Moscú se centra ahora en conservar al menos su influencia sobre el territorio de la antigua URSS.

A esta política se la conoce como de “exterior cercano”. Se trata de mantener a estas nuevas repúblicas alejadas de la influencia occidental, sobre todo tras la reunificación alemana y la extensión de la OTAN y de la UE hacia el este. Moscú no pudo mantener su influencia sobre los países bálticos – todos ellos ahora miembros de la OTAN y de la UE-, pero sí mantiene su poder en el resto, sobre todo en Ucrania, la antigua joya de la corona soviética.

Y para ello no duda en recurrir a los medios que hagan falta. Por ejemplo, en 2008 el pequeño estado independiente de Georgia fue invadido por Rusia debido al conflicto con la minoría rusa en Osetia del sur. Era una excusa, porque a nadie se le escapó que en realidad el objetivo era dejar claro que Moscú no iba a permitir la entrada de Georgia en la OTAN, tal y como había pedido su gobierno que tuvo que dar marcha atrás en su solicitud después de la invasión rusa. Excepto alguna protesta tibia, ningún gobierno europeo tomó medidas políticas ni económicas contra Moscú.

Moscú no sólo utiliza la fuerza para imponer su estrategia. Unos meses después, en enero de 2009 y en pleno invierno, Rusia dejó claro que si cierra el grifo del gas Europa se congelaría. En un conflicto por el suministro de gas precisamente con Ucrania, cortó el grifo con graves consecuencias para Austria, Hungría o Polonia. Fue un aviso para Ucrania y para la UE y un recordatorio de que dependen del gas ruso para su supervivencia económica.

Rusia tiene un gran ejército pero, sobre todo, unos recursos energéticos fundamentales para Europa. Utiliza esa dependencia como arma diplomática mucho más efectiva que la amenaza de la fuerza para mantener a raya a los estados occidentales de su zona de influencia.

Europa depende del gas ruso

Europa lo sabe y trata de escapar de su dependencia energética, sobre todo con respecto al petróleo y el carbón, apostando por energías renovables. En 2007 el Consejo Europeo puso como objetivo que para 2020 el 20% de la energía consumida en la Unión Europea debe ser renovable. Sin embargo, mientras baja el consumo de petróleo y de carbón, sigue creciendo la dependencia con respecto al gas.

Según datos del anuario de 2013 de Enerdata, Europa fue en 2012 la región que más gas importó en el mundo con 238,81 billones de metros cúbicos (BCM). Alemania fue el país de la UE que más importó con 69,3 bcm, seguido de Italia (67,6 bcm), Francia (41,5 bcm) y el Reino Unido (37,1 bcm). España importó 32,3 bcm en 2012.

Mientras Europa consume más gas, Rusia incrementa su producción: en 2012 estuvo a la cabeza mundial con 659 bcm, sólo superada por los EEUU que produjeron 684 bcm. Por ello no es de extrañar que el gas que se consume en Europa venga en su mayor parte de Rusia. Los datos estadísticos de la Unión Europea (UE) en Eurostat nos recuerdan que este país es el origen de la mayoría del gas (31,8%) que se consumió en la Unión Europea en 2010 y durante toda la primera década del S. XXI.

Así ha sido en el pasado, así es en el presente y así seguirá siendo en el futuro. Las predicciones dicen que Europa seguirá dependiendo de la energía de otros, sobre todo del gas ruso. El estudio de BP “World Energy Outlook 2030” echa una mirada al consumo energético dentro de 16 años y advierte que Europa seguirá dependiendo del gas externo para calentar sus hogares y mantener su industria.

Según el estudio, los esfuerzos de la UE por las energías renovables tendrán como consecuencia una bajada de la demanda del petróleo (- 15%) y del carbón (- 33%) en 2030. Sin embargo, subirá la demanda de gas natural en un 26%. No será sólo para consumo doméstico. La disminución del consumo de petróleo y de carbón, así como de la energía nuclear (tras el apagón nuclear previsto en Alemania a partir de 2022), aumentarán la importancia del gas en la creación de energía, pasando del 18% del total en 2011 al 21% en 2030.

A medida que el consumo de petróleo y el carbón bajan, sube la importancia del gas para Europa a pesar de los esfuerzos de compensar la dependencia energética exterior con energías renovables. Así, Europa aumentará sus importaciones de gas en un 74% y su dependencia exterior crecerá del actual 46% al 49% en 2030, según BP.

Por lo tanto, Europa bajará su consumo de petróleo y con ello su dependencia energética con respecto a las zonas productoras de crudo, sobre todo Oriente Medio. Sin embargo, al aumentar la dependencia del gas, aumentará también su dependencia con respecto a los productores de esta materia prima. Y en esto Rusia seguirá siendo líder mundial, ya que el informe de BP prevé que este país siga siendo el mayor exportador neto de energía del mundo, incrementando la venta en un 22% en 2030.

Las rutas del gas

Rusia es uno de los mayores productores de gas del mundo, pero ni mucho menos el único. Entonces, ¿por qué insiste la UE en comprar la mayoría del gas a Moscú? Una de las causas fundamentales de esta dependencia es que el gas ruso es el más sencillo (y barato) de transportar a Europa occidental debido a las rutas de los gaseoductos.

Sin embargo, aunque pasa por Rusia, no todo el gas que llega del este es ruso. Importantes yacimientos se encuentran en las antiguas repúblicas soviéticas del Cáucaso, sobre todo en Azerbayán. Aunque es independiente desde 1991, la exportación tanto de su gas como de su petróleo sigue dependiendo de los antiguos oleoductos y gaseoductos de época soviética. Estos pasan por Rusia y le dan a Moscú la influencia suficiente como para controlar su exportación.

Para tratar de sortear este control, la UE puso en marcha en 2002 el proyecto Nabucco que consistía en la construcción de una ruta alternativa que no pasara por Rusia. Sin embargo, en junio de 2013 este proyecto fracasó debido a su elevado coste suponiendo un duro golpe para la geoestrategia europea. El sustituto de Nabucco se llama TAP (Trans-Adriatic Pipeline). Está previsto que desemboque en Italia, pasando por Grecia y Turquía. Pero el comienzo de las obras no se espera que sea hasta 2015, y no se cuenta con que sea operativo hasta 2019. Sin embargo aún queda pendiente tomar la decisión crucial sobre su financiación. Es decir, este proyecto aún es un plan y puede fracasar de la misma manera que lo hizo Nabucco.

Pero Rusia no se ha quedado quieta. A Nabucco antes y a TAP ahora le ha salido un competidor en la zona. Se llama South Stream y es la ruta alternativa de un gaseoducto hacia la UE desde Rusia sin pasar por Ucrania, ya que lo haría debajo del Mar Negro hasta llegar a Rumanía. Con ello se busca hacer no rentable los otros proyectos y mantener el control ruso sobre los gaseoductos que parten del Cáucaso.

Pero la ruta que ya es una realidad, al margen de los demás proyectos, se llama Nord Stream y es el nuevo gaseoducto con el que Rusia está suministrando a Europa, y en concreto a Alemania. Inaugurado en 2011 y ampliado sucesivamente en 2012 y 2013, este gaseoducto lleva el gas de los yacimientos del norte de Rusia directamente a Alemania llevándolo por el fondo del Mar Báltico sin intermediarios.

Mientras se proyectan rutas alternativas y se construyen otras nuevas, la principal ruta de suministro del gas ruso a la UE pasa por Ucrania, por lo que no es de extrañar que Rusia defienda con uñas y dientes su influencia en ese país contra cualquier expansión de la UE. Moscú necesita a Ucrania para poder seguir jugando el juego de gran potencia, y más desde que ese juego depende de los recursos y de la influencia derivados de la exportación de recursos energéticos como el gas.

Rusia defiende sus antiguas fronteras imperiales y no esconde su injerencia en los asuntos internos de Ucrania. Así, por ejemplo, con respecto al acuerdo de asociación con la UE, una vez que Kiev ha rechazado la firma tras las primeras negociaciones y se ha impuesto la influencia de Moscú, Ucrania dice ahora que firmará el acuerdo pero con una condición: que se incluya a Rusia en las negociaciones. Europa, que precisamente busca alejar a Rusia de Ucrania con este acuerdo, ya ha dicho que no y con ello se cierra veladamente su expansión al este, precisamente el objetivo de Moscú.

Moscú sigue dominando Ucrania y con ella también extiende su influencia sobre Europa al controlar las rutas del gas de las que depende la UE. Mientras Europa siga necesitando ese gas para vivir no tendrá armas políticas para enfrentarse a Rusia y poder crecer hacia el este entrando en el “exterior cercano” ruso. El gas ruso seguirá siendo la muralla más efectiva para impedir la entrada de occidente dentro de las fronteras de la antigua URSS.

Artículo de Michael Neudecker, columnista del Blog Ssociologos.

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