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La violencia machista sobrevive en los jóvenes ¿Por qué?

El 25% de las mujeres atendidas en el Centro Municipal para la Igualdad eran menores de 25 años. La violencia machista no es sólo un problema de parejas casadas, como creen muchos adolescentes, que siguen perpetuando estos comportamientos con relaciones enfermizas.

Tras años de avances en igualdad, los expertos alertan de que falla la educación y de que sigue dominando una visión romántica del amor en la que las chicas lo aguantan todo, seducidas por una figura dominante y protectora. Según los sociólogos, los adolescentes se saben la teoría y racionalmente rechazan la violencia, pero alertan de que el nivel de machismo es demasiado elevado para una generación que ha crecido en el Siglo XXI.

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Los centros de atención a malos tratos coinciden en que cada vez son más jóvenes las chicas que acuden a pedir ayuda. Las causas judiciales por este motivo aumentan entre los más jóvenes, según la Fiscalía de Menores.

Aunque la mayoría de las víctimas adolescentes tienen entre 15 y 17 años, los puntos especializados llegan a recibir a niñas de 12 y 13.

“En estas edades estamos luchando contra el amor, no contra el maltratador”, advierte Natividad Hernández Claverie, psicóloga responsable de los grupos más jóvenes de la Comisión para la Investigación de Malos tratos a mujeres, una ONG que da apoyo a víctimas de violencia machista desde los años 70’s.

Hernández Claverie explica que en las terapias con las jóvenes se profundiza primero en sus sentimientos hacia estas situaciones; y luego en el qué significa el comportamiento machista.

“Llaman confusas, tristes pero sin saber lo que les pasa”, apunta Diana Díaz, subdirectora de Teléfono de la Fundación Anar, que atiende por esta vía a menores en situación de riesgo y que detecta la violencia contra adolescentes como un problema emergente.

Soledad Cazorla, fiscal de sala delegada contra la Violencia de Género, se muestra “perpleja” ante el fenómeno “Me produce sorpresa que roles que entendíamos que eran del pasado se puedan repetir en gente muy joven que suponíamos que había asumido su dignidad”.

El 25% de las mujeres atendidas en el Centro Municipal para la Igualdad “8 de marzo” de Fuenlabrada (Madrid) eran menores de 25 años, frente al 23% del año anterior.

Hace tres años que las llamadas a Anar por violencia machista aumentan de forma sostenida; en 2012 registraron un 15% más que en el año anterior. En Andalucía se presentaron 78 denuncias por violencia de género contra menores de edad a lo largo de 2012; una cifra que, según el Instituto Andaluz de la Mujer, supera a las de periodos anteriores. Y cada año la media de edad es inferior al anterior.

Son tres ejemplos, pero el reparto de competencias de los centros de atención especializados -municipales, autonómicos y estatales, además de fundaciones, centros privados y otras organizaciones- dificulta dibujar un mapa sobre la violencia de género entre las jóvenes de todo el País.

Sólo se desglosan por edad las víctimas mortales y las órdenes de protección dictadas por los juzgados, en este caso, a los maltratadores (un 2% del total en 2012 frente al 1,6% de 2011). De las 32,242 mujeres que sufrieron malos tratos en 2011, 571 tenían menos de 18 años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

El año pasado, por primera vez desde 2004, una menor de 16 años murió a manos de su pareja o ex pareja; una niña de 13 años en El Salobral (Albacete), asesinada a tiros por un hombre con quien había mantenido un romance. Como en uno de cada dos casos registrados, el agresor era mayor de edad. Se suma otra víctima de 19 y seis en la franja de los 20.

La última semana de mayo, una estudiante de León fue estrangulada por su novio y una chica de 26, acuchillada en Álava. A principios de mayo, una adolescente de Madrid acudió al hospital con cortes en el torso que le había provocado su pareja, a quien intentó encubrir.

Pesa sociedad machista

Los chicos, según los expertos consultados, ya no son el lobo ibérico, pero siguen reproduciendo la desigualdad.

“El machismo está muy arraigado en una parte del inconsciente colectivo, aunque cada vez menos en el comportamiento”, sostiene Consuelo Madrigal, fiscal de sala de Menores, que define la violencia de género como una “patología social”, más que individual.

“La educación en la igualdad afecta a algunos aspectos, pero no cala en todos porque hay hombres que aún necesitan construir su identidad a partir del dominio y de la posesión sobre la mujer”, añade.

A la inseguridad y la falta de autoestima, se le suma una falta de referentes, especialmente para los chicos.

“Tarzán ha dejado de ser el héroe y ahora es muy difícil decir quién lo es. Estamos en un momento de polarización en que se ha asumido el empoderamiento de la mujer en la sociedad, pero todavía no se acaba de admitir que es necesario cierto desempoderamiento de los hombres”, alega Hilario Sáez, sociólogo de Hombres para la Igualdad.

Lo que sí constata en talleres en los institutos es que hay adolescentes que se siguen declarando machistas.

“Para mandar entre hombres, hay que distinguirse de las mujeres y de los niños. A esa edad, hay que ser el más fuerte y eso se va haciendo mediante pruebas de masculinidad.

“Tienen mucha presión y el que más habla, habla por los demás. Siempre se le suman otros que quieren ser identificados con el fuerte”, cuenta.

La concepción romántica del amor es por donde se cuela el machismo en las relaciones reales. Hace sentir a las jóvenes que tienen una especie de contrato de por vida con su pareja y que si él es violento, es porque se lo merecen; lo que aumenta la sensación de culpabilidad.

A ellos les obliga a demostrar celos y dominio para reafirmar su amor. Así lo reflejan testimonios tan antiguos como el que contaba a Anar una chica de 16 años “El otro día me dijo: ‘Me voy a suicidar si no te veo. Me quito la vida si no estás conmigo”. El 67% de las jóvenes que llaman a esta fundación no son conscientes de que sufren violencia de género.

Noemí Parra, sexóloga y una de las coordinadoras del Programa por los Buenos Tratos de Canarias, cree que además de igualdad hay que dar formación sexual, amorosa y de gestión de conflictos.

“Los adolescentes tienen muchas dificultades para establecer los límites entre lo aceptable y lo inaceptable”, zanja. Según cuenta, está trabajando con dos chicos de 13 años que le tocaron el trasero a una niña.

“Forma parte de un juego, y no entienden que están accediendo a un cuerpo que no quiere ser tocado. Están probando los límites, porque tienen que demostrar que se están haciendo mayores y reproducen todos los estereotipos”. Algunos más mayores también han acudido “muy agobiados” para que les ayuden a controlar los celos.

Las chicas que sufren la violencia, “están sometidas a mucha confusión, se debaten entre el amor y el miedo”, explica Hernández Claverie, que asegura que, con las mujeres más jóvenes, lo que mejor funciona es la terapia de grupo.

“Ellas no ven lo que les pasa, porque confunden los celos con el amor, pero sus amigas se lo hacen ver ‘¿Pero cómo estás con ese cabrón?’, le dicen, porque una vez que se dan cuenta, se convierten en salvadoras”, relata.

La Organización Mundial de la Salud acredita que los programas educativos en países desarrollados funcionan para frenar el machismo. Pero estos programas están desapareciendo en España.

La reforma educativa eliminará la asignatura de Educación para la Ciudadanía -la única que contenía contenidos sobre igualdad de género- y los seminarios sobre estas materias se están extinguiendo, algo que preocupa a los expertos.

“La vacuna contra la violencia es la educación, y hay que luchar en el ámbito preventivo para evitar que se reproduzcan los comportamientos machistas porque cuando actuamos la justicia o la policía, el daño ya está hecho”, opina Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio de Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial.

Desde los 90’s “se percibe una incorporación del valor igualdad, pero un análisis con preguntas más indirectas resalta que el comportamiento no lo tienen interiorizado”, aclara Fernando Fernández-Llebrez, profesor de la Universidad de Granada y autor del estudio “Cambios y persistencias en la igualdad de género de los y las jóvenes en España” (1990-2010), junto a Francisco Camas, publicado por el Instituto de la Juventud en 2012.

“Hay un elemento de continuidad de las jóvenes con las mujeres de otras generaciones: la concepción de que no vale la pena polemizar cuando hay un problema de pareja”, aclara Fernández-Llebrez.

La forma de enfrentarse a la violencia de género es enseñar valores universales para chicos y chicas, “que pueden estar muy instruidos, pero muy poco educados en los valores”, apunta Cazorla.

“No hay que buscar en los chicos un sentimiento de culpa, sino de responsabilidad, porque eso es lo que les llevará a actuar. Si no, los chavales lo verán como una agresión y sacarán las garras”, aclara el politólogo.

Un informe realizado en 2012 por la Universidad Complutense de Madrid y el Ministerio de Sanidad desvela el machismo que arrastran los universitarios; un 11% de ellos afirma haber ejercido malos tratos (insultos, humillación, control o agresión) y, de ellos, otro 11% lo han hecho en más de una relación.

Entre las chicas, muestra que un 12% de ellas se ha sentido obligada a conductas sexuales en las que no quería participar, un 10% ha visto cómo su pareja la aislaba de sus amistades, un 8% ha vivido una situación de control hasta el mínimo detalle, un 6% ha recibido insultos con frecuencia y un 4% reconoce que su pareja le ha pegado.

A pesar de esto, sólo el 1.5% de las llamadas que recibió el 016 -teléfono gratuito del ministerio de atención a maltratadas- eran de estudiantes.

El programa contra la violencia de Fuenlabrada se basa en la colaboración entre diferentes instituciones.

“Las tutoras de los institutos nos derivan muchos casos. Cuando notan un cambio en la forma de actuar de las alumnas, les preguntan y ellas lo cuentan. Normalmente dicen que tienen una ‘relación complicada”, apunta Blanca Vergara, responsable de la atención de las más jóvenes.

Para lograr esta coordinación es necesario formar también al profesorado en cuestiones de igualdad. “El instituto es un observatorio privilegiado porque las chicas acuden cada día”, asegura.

“La transmisión de principios de igualdad es un entramado muy sutil”, declara la abogada Ángela Cerrillos, presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis “Me aterra ver cómo hijas de clientas mías reproducen y amplifican modelos que a su edad tendrían que estar enterrados”.

Aunque el goteo no cesa y no deja de preocupar la violencia física, la forma más habitual de malos tratos entre jóvenes es el dominio psicológico, según detectan los especialistas.

“Ejercen un control agobiante para las chicas. A través de WhatsApp o Facebook pueden saber en todo momento dónde están, qué están haciendo y con quién.

“Las hostigan pidiéndoles pruebas; si dicen que están viendo la televisión, les piden qué película ven en un canal, y si les cuentan que están en el baño, las obligan a tirar de la cadena para demostrarlo.

“Esto es algo que no pasa con las víctimas más mayores”, explica Susana Martínez Nobo, presidenta de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, que aclara que pese a que estos medios también están al alcance de los mayores, no los usan tanto.

Este atosigamiento se dispara en el momento de la ruptura, cuando el acosador utiliza cualquier mecanismo para mantener el control sobre su ex pareja.

Otra de las modalidades del acoso a través de Internet consiste en difundir imágenes privadas, insultos o humillaciones en las redes sociales.

“Puso una foto mía en sujetador en Tuenti y la repartió por todo el colegio. Dijo que era una broma que le hacía a todas sus novias”, contaba por teléfono a Anar una chica de 15 años, como consta en el informe de esta institución.

Lobo con piel de oveja

Características de un hombre violento

1. Los celos

Intentos de controlar y aislar a la otra persona.

No quiere salir con tus amigos y evita que salgas con ellos.

Chantajes de sobre el amor.

Interrogan a terceras personas sobre sus parejas y acusan a éstas de coquetear o de pasar demasiado tiempo con otra gente.

Suelen llamar frecuentemente por teléfono durante el día y pueden tener un comportamiento irracional, revisando los objetos personales de su pareja y acusándola de infidelidad y engaño ante la menor sospecha.

2. Un hombre controlándolo todo

Cuestiona sobre tus actividades en el día: ¿Dónde has estado?, ¿con quién? y ¿de qué han hablado?

El punto perverso de esta actitud es que quien la ejerce se convence a sí mismo y trata de convencer a su pareja de que lo hace por su bien, para ayudarla en la vida y en la toma de decisiones.

Un hombre que no confía en su pareja.

3. Grandes expectativas e hipersensibilidad

Un hombre que depende de su pareja para todo y espera que ella cumpla con sus “deberes”.

Maneja los estereotipos de género y considera que las tareas de la mujer son unas muy específicas.

Se ofende con facilidad

El hipersensible agresivo se queja de sentirse herido cuando en verdad lo que siente es rabia.

4. El abuso verbal

Se burla o critica abiertamente a su pareja.

Para sentirse mejor, necesita tener “debajo” a su pareja.

Cada vez que se produce una discusión recurre a las descalificaciones.

5. La agresividad simbólica

Rompe o golpea objetos cuando está molesto o en medio de una discusión.

Una vez abierta la veda para los gritos y los puñetazos contra la pared, se va a más, salvo que entre en juego mucha razón y autodisciplina.

Artículo de ALBA TOBELLA, visto en www.am.com.mx

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Comentarios 11

  1. Lautaro Ferrada

    (Comentario corregido)
    Dice en el artículo: “La forma de enfrentarse a la violencia de género es enseñar valores universales para chicos y chicas, «que pueden estar muy instruidos, pero muy poco educados en los valores», apunta Cazorla.”

    Se habla de “valores”, tan solapadamente reaccionaria que es esa perspectiva si se despliega por sí sola. Resulta tan hipócrita predicar “valores”, al mismo tiempo que en la sociedad capitalista se establecen relaciones de propiedad con todo, incluso con los seres humanos ¿Qué otra cosa es sino “apropiarse del cuerpo femenino” desde el Estado cuando se penaliza el aborto? ¿Qué otra cosa es sino tratar como “objeto” a la mujer cuando su cuerpo es exhibido como “mercancía sexual” tanto en la publicidad como en la moda? ¿Acaso no es degradar a la mujer cuando se le dan bajos sueldos en relación con sus pares masculinos? Pero también degrada a hombres y mujeres por igual cuando hay quienes teniendo sueldos millonarios, mezquinan sueldos mínimos que no dan para vivir.

    Hablan de “valores”, cuando se vive cada hora del día en una sociedad vaciada de ellos, hablan de “valores”, cuando en Chile a los empresarios de las farmacéuticas, que roban a mares, en lugar de juzgarlos y meterlos presos, se les dan “cursos de ética”, o sea, de “valores”.

    Los cursos de “valores” son una hipocresía si se dirigen solo al machismo, sin desnudar la hipocresía del sistema capitalista, sin desnudar su profunda inhumanidad, sin develar que el machismo, entre otras cosas, no es sino la expresión en la relación entre hombres y mujeres, de la relación de sujeto a objeto propia del capitalismo. Recordemos lo que dice el sociólogo Jesús Ibáñez al respecto:

    “Las relaciones de poder, relaciones de sujeto a objeto, sólo pueden producirse si el sujeto «sabe» y el objeto «ignora»: el poder consiste en apropiarse el azar, ser inexplicable e impredecible, y atribuir la norma, poder explicar y predecir. (Ibáñez, 1979, p. 23)”

    Eso es también el machismo, el ejercicio arbitrario de la fuerza masculina, para subyugar a la mujer, para hacer que la mujer tenga siempre presente “quien manda aquí”. O sea, lo mismo que la “clase dominante” del sistema capitalista, impone a toda persona de la “clase dominada”, sea hombre o mujer.

    Enseñar “valores” sin desnudar la hipocresía capitalista, no es sino sacralizar la “hipocresía”, ascenderla a la categoría de “virtud”, o sea que, enseñar “valores”, así en forma aislada, es pura ideología capitalista solapadora de su fondo espurio.

  2. Isanagui Rojas Martinez

    Tengo la impresión que la sociología no sabe de qué habla cuando habla de violencia machista o incluso en algunos casos más desatinadamente en mi opinión de género. Los que no son de nuestra rama al leer mi primera frase no se habrán dado por aludidos pero que no suspiren con cierto alivio diciendo buff… menos mal yo si se de lo que hablo, no como estos sociólogos “porque está claro, si es que resulta evidente, llevo toda la vida enfrentándome a estas situaciones, los datos están ahí y son claros. Cuando año tras año aumenta la violencia de género incluso en los más jóvenes. Esto nos indica que hay un problema grabe de base que hay que tratar por el bien de la igualdad (situación imaginaria y dramatizada)”.
    Los sociólogos deberíamos realizar frente a estos comportamientos una aproximación de escepticismo en las primeras fases de la investigación, luego como sabréis ella misma cobra vida marcando su propio camino y solo hay que ser lo suficientemente honestos y valientes como para dejarse llevar.
    Cada vez que leo al respecto y reflexiono sobre el tema me parece más un mito, el hecho de etiquetar a la “violencia” de esta forma, sobre todo cuando se llega al absurdo de afirmar que las edades medias están disminuyendo, llegando a relatar de casos de niños de 12 y 13 años. ¿Qué sucede, llegaremos a tener casos de niños de 7 años que también sufren o ejercen violencia machista? Desde mi punto de vista esto no es más que la adquisición de un punto de vista existente en la sociedad y desde el cual el investigador parte de el para realizar el análisis de dicha problemática, no practica los pasos que P. Bourdieu bautizo con el nombre de dubte radical o duda radical.
    Para evitar este tipo de errores en una investigación es necesario cuestionarse profundamente el concepto que se está tratando, y hacer una deconstrucción del mismo. De esta forma se puede crear un campo de trabajo “antiséptico” de las influencias de entornos sociales sensibles, permitiendo de esta forma averiguar que hay realmente detrás de la realidad que comúnmente es denominada como “violencia machista o de género”.
    Sin ser un tema que he tratado, a raíz de lo leído en esta y otras publicaciones, me han parecido ambiguas en el uso de los datos y del hilo conductor de la problemática (veo como una necesidad a la hora de hacer una publicación y hablar de datos estadísticos mostrando porcentajes, explicitar las comparaciones de aquellos que están sujetos al error estadístico siempre que se tenga la necesidad de hacer dicha comparación, puesto que si no soy partidario de que todo dato sujeto al error estadístico no ha de ser mostrado ni valorado para el estudio).
    Detrás de ésta ambigüedad me ha asaltado una duda más que razonable por mi bagaje propio y es que este tipo de violencia es un “mito”. Estos estudios siempre hacen referencia a la patología de esta acción o actitud de algunos “machos”, se consulta a psicólogos que tratan a personas afectadas o a líneas de asistencia y personas perjudicada, pero que hay realmente detrás de ello, la respuesta es sencilla no lo sabemos y creemos que la sabemos. Porque otro dato del que no se habla es del efecto contrario el del uso de la violencia imagino que llamarla “feminista” ya que la ejercen las “hembras” que puede llegar a ser tanto física como psicológica sobre sus cónyuges.
    De esta violencia no se suele hablar, aún menos a nivel mediático por lo que no se considera como un problema y de la cual ignoro si existe algún listado de los casos habidos. Por lo que no es más que una conjetura (pero sería interesante contraponer unos con otros), de esta forma me veo forzado a realizar un postulado, (pero como mínimo explicito que es un postulado de antemano no lo doy por hecho) y es que quizá el problema de la violencia de género no existe ya sea machista, feminista o como la denominemos.
    El problema puede residir en una falta de saber sobrellevar una relación de pareja, tus sentimientos, la forma de expresarlos, capacidades de la inteligencia emocional la cual por mucha teoría que impartas en clases para la ciudadanía no se adquirirá. Por otro lado está el miedo y rechazo al enfrentamiento el verlo como un conflicto cada persona se expresa a esta problemática de la mejor manera que puede o sabe. El tener unos referentes que creen una situación como normal también puede perpetuar dichos comportamientos.
    Por ello creo que es más importante enseñar a desenvolverse uno mismo que enseñar que todos somos iguales y hemos de respetarnos, como bien dicen en el artículo los jóvenes se conocen bien la teoría pero nada más, de la otra forma sabrán actuar y comportarse como es debido si es lo que se pretende.

  3. Ro Ba

    Isanagui, tantos párrafos para decir tan poco y tan mal fundamentado.

    • Isanagui Rojas Martinez

      Es posible que no me haya expresado bien, o que tu no me hayas entendido (dado que otros compañeros sociólogos lo han leído y lo hemos llevado a un debate más interesante que el que tu propones.

      Pero te hago un resumen si te remites sólo a datos y fundamentación dedícate al periodismo o hazte abogado. Si quieres investigar plantea primero el tema en palabras de P. Bourdieu la duda radical y una fuerte dosis de epistemología. Esa es la línea de lo que yo digo, dado que no he investigado el tema no me atrevería a fundamentar nada, pero el uso de tópicos se ve a la legua…

      • n (@_jonghos)

        Feminismo: es la doctrina social favorable a la mujer. Se trata de un movimiento que exige que hombres y mujeres tengan los mismos derechos: por lo tanto, concede al género femenino capacidades antes reservadas sólo a los hombres. Cuestiona las relaciones entre la sexualidad (como género) y el poder social, económico y político.
        Hembrismo: es tan sencillo como esto, la posición contraria del machismo. Es el fenómeno de discriminación y subvaloración de los hombres por parte de las mujeres.

        Investiga antes de argumentar, además, “el porcentaje” de hembrismo en la sociedad es MÍNIMO E IRRELEVANTE ante el machismo, para mí esto ni merece discusión.

  4. La violencia machista sobrevive en los jóvenes ¿Por qué?

    […] La violencia machista sobrevive en los jóvenes ¿Por qué? […]

  5. Miguel Lozano

    POR QUÉ DIABLOS HABLAN CÓMO SI TODO EL MUNDO TUVIERA QUE COMPARTIR SUS VALORES Y SU VISIÓN DEL MUNDO. NO SE LES HA OCURRIDO QUE TA VEZ HAYA PROFESORES, ALUMNOS, PADRES, ETC, QUE DESPUÉS DE DOMINAR LA TEORÍA FEMINISTA SE CONVEZCA AÚN MÁS DE QUE EL MACHISMO ES LO CORRECTO.

    • Miguel Lozano

      …SE CONVENZAN AÚN MÁS QUE EL MACHISMO ES LO CORRECTO POR DIVERSAS RAZONES, NECESIDADES Y CIRCUNSTANCIAS. NO ES UN MISTERIO EL INTENTO POR SATANIZARLO, INDEPENDIENTEMENTE DE LAS VIRTUDES QUE CIERTAMENTE TAMBIÉN TIENE. DE NO TENER VIRTUDES NO HUBIERA SIDO EL MODOS OPERANDI DE TODAS LAS CIVILIZACIONES DEL MUNDO A LO LARGO DE TODA LA HISTORIA. QUE TRATEN DE RELACIONARLO SIEMPRE CON LAS COSAS MÁS SÁDICAS, ABSURDAS O EXTREMAS ES OTRA COSA.

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