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A favor del encuentro con el otro y contra la segregación en las ciudades

“las ciudades están, por definición, llenas de extraños” (Jacobs 1961).

“las ciudades son espacios donde los extraños están y circulan en estrecha proximidad” (Baumann 2011)

La esencia de la ciudad es el encuentro con el diferente, “el otro”, el extraño; y es el ámbito de la interacción, y asi de la cooperación, la participación, la inclusión.  Así lo definen autores como Choay, Sennet, Baumann, Appadurai, Durán, Jacobs.  Y no solo en el espacio público en su sentido fisico, sino tambien en su sentido político. Así “la democracia es la forma de vida del ágora” (Baumann  2011).  Pero la ciudad es tambien el espacio del conflicto, la segregación, y la exclusión.  La ciudad también favorece la segregación y la separación además del encuentro, y en su base está el miedo y la inseguridad que señala Bauman (2011).  La balanza entre ambas tendencias es lo que hace que una ciudad sea más o menos ciudad.  Vivir en áreas residenciales segregadas o vivir en areas mixtas; andar por la ciudad sin ver al otro, sin aprovechar el azar de conocer a otro o solo contactando con “el igual”; ir de viaje y seguir conectado a lo que dejamos sin conocer lo nuevo, temiéndolo incluso, acercándose a los iguales y separándose de los diferentes; o desplazarse en la ciudad en medios de transporte individualizados; todas ellas son formas de segregación urbanas que se ven favorecidas en la ciudad que nos hacen pensar que la ciudad no está siendo lo que podría ser.

A favor del encuentro con el otro y contra la segregación en las ciudades

Como señala Borja, la ciudad tiene una dimensión “sentimental y sensual, cordial y amorosa, individualizadora y cooperativa, plural y homogeneizadora, protectora y securizante, incierta y sorprendente, transgresora y misteriosa” (Borja 2013 ) que es preciso revitalizar. Y es que la ciudad ha de ser “lugar del azar, de la sorpresa, de los intercambios no programados, de los descubrimientos no buscados. El lugar de la serendipity como expuso Ascher recuperando el término acuñado por Horacio Walpole en el 1700: La ville c’est les autres. CCI-Centre Pompidou 2007” (Borja 2013).  Pero sin embargo, cuando el miedo y la inseguridad son la norma, cuando son incluso fomentados desde el poder (Baumann 2011), cuando la segregación está extendida, puede decirse que estamos ante la “no ciudad”.  La segregación supone el encuentro solo con los iguales. Como señala Bauman (2011), “la búsqueda de la diversidad (del extraño) ha sido sustituida por la “mixofobia” que es la “Tendencia a buscar islas de semejanza e igualdad en medio del mar de la diversidad y  distancia”.   Así, la ciudad atrae y repele, despierta amores y odios, y así mixofobia y mixofilia serían las dos actitudes de los urbanitas y coexisten en todas las ciudades (Bauman 2011).  

Y en cuanto a la segregación, lo cierto es que las formas de segregación más comúnmente extendidas y comprendidas son las espaciales, las residenciales. La tradición de la sociología urbana ha analizado éstas desde hace décadas.  A éstas hay que añadir otra más reciente, la del ámbito escolar, la de la salud; y además, la de los transportes o la del espacio público. 

Ya desde el principio de la sociología, algunos autores hablaban de los mecanismos o síntomas de la forma urbana.  Y así una forma de estar en la ciudad es la actitud blasé que Simmel describía y que puede entenderse como un mecanismo/síntoma de segregación.  Andar por la ciudad en actitud blasé de Simmel es algo muy común en las grandes ciudades en nuestros días y desde tiempos lejanos.  Simmel definió esta actitud como aquella que adopta el urbanita para defenderse de la sobreestimulación de la vida urbana y que se basa en el ensimismamiento, la mirada hacia adentro, en la defensa respecto a lo de fuera.  Así, por ejemplo, cuando uno va por la calle, no mira al que pasa.  EN la gran ciudad, no se mira al otro.  No es lo mismo en pequeñas ciudades donde se mira más, se saluda con mayor frecuencia, y es una falta de educación el no saludar si has visto a alguien, por lo que hay que ir mirando por la calle a ver quién pasa.  Pero en las grandes ciudades es una vía defensiva como describieron Simmel (1979) o Goffman con la “atención desatenta”, que nos hace seleccionar del afuera aquello que debemos atender (bordillos, semáforos, personas para no chocarnos, etc) pero no lo demás, a “los otros”.  

La cantidad de estímulos en la calle en las ciudades provoca que el urbanita se aísle, que simule que no ve, que esté “en otro sitio” a pesar de estar “junto a”.  De manera más intensa cuanto más juntos estemos (en el abarrotado metro o autobús, por ejemplo).   En este sentido, un buen ejercicio urbano es ir mirando a la gente a los ojos por la calle, ir contracorriente.  Mirar y cruzar miradas, si es posible, en la gran ciudad es algo inusitado, algo anormal, algo nuevo.  Si fijas la mirada en alguien al cruzarte, verás que se siente incómodo, invadido, intimidado; incluso uno mismo se siente intimidado si el otro se la devuelve.  Mirar a los ojos en la gran ciudad no es usual.  Cuando lo haces, sobre todo te das cuenta de que nadie lo hace, de que la gente está en otros mundos: bien en mundos futuros (“lo que tengo que hacer”, “lo que vendrá”, “qué pasará”, etc.), bien en mundos pasados (“lo que pasó”, “lo que me dijo”, “lo que he hecho”, etc.) o bien y de cualquier forma, en mundos exteriores frecuentemente (la conversación en el móvil con alguien lejano o cercano incluso, el escuchar música o la radio, etc).  El 85% de la población en España cuenta con móvil mientras que solo el 75% cuenta con un teléfono fijo (RED.ES 2013).   Muchos de “los otros“ que nos cruzamos, son esos otros que podemos mirar, esos otros que nos pueden mirar.  Algunos van hablando por el móvil. Incluso a veces y muchas veces, un grupo puede ir hablando cada uno por su móvil sin interactuar entre ellos.  Es una de las imágenes mas llamativas de nuestras calles.  De cualquier modo, lo que sí parece generalizado es que en el hombre moderno está mentalmente en otro sitio, y que no estamos mentalmente donde estamos físicamente.  La desconexión mente-cuerpo es total.  Las nuevas tecnologías acompañan y posibilitan acrecentando esta tendencia. 

Esto es algo que también sucede no solo en el hábitat cotidiano sino también en una de las actividades más propia de los tiempos actuales: los viajes y los desplazamientos tan frecuentes y necesarios en las ciudades.  Antiguamente el viaje en sí mismo era una ocasión de entablar conversación, de hablar sobre el otro, de estar con el otro, de encontrarlo;  pero hoy en día, los viajes son hacia espacios y tiempos utilizados para “otras cosas”, para trabajar, para leer, para escuchar la radio, para hacer algo, para hablar por el móvil, para ver una película, etc.  en síntesis, para no estar donde se está, para no vivir la experiencia del desplazamiento, del tránsito por el espacio y el tiempo, para no entrar en riesgo de contactar con otro en la aventura del viaje, porque el miedo tambien está presente aquí.  En los viajes, como en las ciudades, además como consecuencia, ya no hay encuentros fortuitos, o muy pocos.  No hay roce, no hay apertura al otro, también hay segregación.  El tren o el autobús, antiguamente mayoritarios y donde podría haber encuentro, actualmente ofrecen una película con auriculares además para aislarse individualmente, también ofrecen música y radio mientras tanto, para estar en otro sitio.  Los viajes en metro o autobús, son raramente en espacios y tiempos de encuentro.  Algunos van con los auriculares, otros leyendo, otros durmiendo, etc.  Por otra parte, los viajeros se desplazan ya con el ordenador individual para ir trabajando o entreteniéndose.  Un gran cambio es la wifi en el medio de transporte pero si no, muchos cuentan con móvil y 3G.   De cualquier modo, en la ciudad encontramos estos tipos urbanos, pero también existen otros tipos que están precisamente abiertos a estos nuevos estímulos que “el otro” genera en esos espacios y tiempos de transporte.  La ciudad presenta esas dos caras. 

Sea como sea, sea en el espacio público de las ciudades, sea en viaje en medios de transporte colectivo sea en medio de transporte individual de manera aislada o segregada, lo cierto es que cada vez evitamos o bien en todo caso, compartimentamos más nuestros contactos. Desde la segregación, evitamos el contacto con el otro.  En la actualidad, la mayor parte de la gente viaja en vehículo particular por lo que no interactúa con otros. En este sentido, parecen interesantes experiencias para compartir coche particular como gastos por ejemplo “Bla Bla Car” o la recuperación de las plazas públicas en las ciudades, así como, los más analizados, barrios mixtos y no segregados, tan en boga en nuestros días.  Son una forma de mirarnos y contar con el otro, de encontrarnos fortuitamente, de vencer el miedo. 

En síntesis, que el encuentro casual y estimulante en la ciudad, en la calle, en los viajes,   es interesante y fructífero, algo a recuperar o al menos, a no olvidar, y algo cuyos rasgos positivos han de superar a los negativos para eliminar el miedo al otro, al diferente, al desconocido, tan extendido en la sociedad neoliberalizada. Vivimos en ambientes cada vez más segregados y donde “los iguales” son la norma, incluso lo buscado.  Es preciso que revitalicemos el sentido de la ciudad en la que vivimos, devolviéndole su esencia y su fundamento: el encuentro con el diferente, con “el otro”.  Y por último, como señala Durán MA(1998) “la ciudad, las ciudades, son al mismo tiempo compartidas y excluyentes.  A quienes las viven y las aman les toca transformar su realidad para acercarlas al modelo al que aspiran para el próximo futuro”. 

Bibliografía

Bauman, Z. (2006) Confianza y temor en la ciudad, 2006

Borja, J. (2013) Revolución urbana y derechos ciudadanos. Conclusiones (http://ciudad.blogs.uoc.edu/post/68889203528/revolucion-urbana-y-derechos-ciudadanos-conclusiones) (consultado 9 de marzo 2014)

Choay  F. (2006): Pour une Anthropologie de l’espace, Seuil, Paris

Durán MA (1998) La ciudad compartida. Conocimiento, afecto y uso.  Consejo Superior de los colegios de arquitectos.  Madrid

Jacobs, J (1973) Muerte y vida de las grandes ciudades.  Peninsula, Madrid

Sennet, R (1975) Vida Urbana e identidad personal. Península, Madrid

Simmel, G. (1979) Sociología. 

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