Columnistas, La Sociología, Material Sociológico, Susan Ileana Gómez

¿Qué es un clásico en Ciencias sociales? (Parte I)

En la actualidad, el origen de la Sociología es asociado inmediatamente con ciertas obras desarrolladas por teóricos que marcaron la pauta para el desarrollo y posterior devenir histórico y científico de esta ciencia. Cuando surge la pregunta ¿qué es la Sociología? se convierte casi en una obligación recordar la figura y obra de Augusto Comte, Emilio Durkheim, Max Weber, entre otros, cada uno de los cuales formuló su propia definición de esta ciencia; también se le atribuye algunos de los aportes más significativos a la misma a Karl Marx, Talcott Parsons y Robert Merton que con sus respectivas corrientes teóricas de pensamiento lograron postularse como representantes imprescindibles dentro del campo sociológico que con su obra se han llegado a consolidar como clásicos de la Sociología.

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Pero regresando a la pregunta inicial ¿qué es un clásico? o como diría Roberto Von Sprecher, (2005: 21)… “de la selección de los autores clásicos: ¿a qué obras debe atribuirse ese carácter y por qué?”. La respuesta a dicha interrogante se puede encontrar en uno de los textos escritos por Jeffrey Alexander (1990: 23) en donde aborda precisamente el tema acerca de la centralidad de los clásicos definiéndolos de esta manera: “Los clásicos son productos de la investigación a los que se les concede ese rango privilegiado frente a las investigaciones contemporáneas del mismo campo. El concepto de rango privilegiado significa que los científicos contemporáneos dedicados a esa disciplina creen que entendiendo dichas obras anteriores pueden aprender de su campo de investigación tanto como puedan aprender de la obra de sus propios contemporáneos”.

En otras palabras, Alexander da a conocer la importancia que tienen las interpretaciones que de la realidad social han realizado lo autores en sus obras, hoy en día consideradas como clásicas, ya que aunque nos remitan a un contexto político, social, económico y cultural diferente al actual; coadyuvaron a sentar las bases sólidas de la Sociología a través de conceptos y categorías de análisis (teoría) que los contemporáneos pueden utilizan para seguir en sintonía con esas formulaciones teóricas ya sea modificándolas, mejorándolas u otorgándoles otra interpretación con el propósito de que la ciencia sociológica continúe su evolución por medio de nuevos enfoques y planteamientos.

Sin embargo; no todo como es costumbre en las Ciencias Sociales en general y en Sociología en particular, conlleva un consenso sino más bien se provoca cierto choque de contrarios u opuestos que dan origen a perspectivas de análisis distintas lo que trae como consecuencia el desacuerdo y la defensa a la opinión propia; en este caso específico acerca de los clásicos han surgido dos posturas que, contrarias al punto de vista de Jeffrey Alexander que se abordará más adelante, niegan la importancia atribuida a los clásicos arguyendo que aquéllos se han vuelto obsoletos en relación a las demandas de los problemas sociales actuales. A continuación se presentan esas dos posturas: la empirista y la historicista.

Crítica empirista a la centralidad de los clásicos

“Para los partidarios de la tendencia positivista, significa que, a largo plazo, también la ciencia social deberá prescindir de los clásicos; a corto plazo tendrá que limitar muy estrictamente la atención que se les preste. Sólo habrá que recurrir a ellos en busca de información empírica”. Estas conclusiones se basan en dos supuestos. El primero es que la ausencia de textos clásicos en la ciencia natural indica el status puramente empírico de ésta; el segundo es que la ciencia natural y la ciencia social son básicamente idénticas”. (Alexander, 1990: 24).

Al parecer, los positivistas todavía no han superado la idea de los padres fundadores de la Sociología entre los que destaca Augusto Comte para quien las ciencias sociales para ser consideradas científicas y objetivas debían parecerse a las ciencias naturales; además en la idea anterior se da a entender que las ciencias sociales carecen de un status empírico y que por lo tanto siguen empeñadas en recurrir a textos clásicos, mientras que las ciencias naturales solo poseen paradigmas; también se observa la idea errónea de expresar que las ciencias sociales y naturales son idénticas lo que carece de veracidad científica.

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Una de las figuras más destacadas del estructural funcionalismo, Robert Merton, por su perspectiva ahistórica ha negado la centralidad de los clásicos rechazando la fusión de ciencia e historia. Las ideas expuestas por Merton, encajan con la crítica empirista ya que “criticaba lo que llamaba la mezcla de la historia y sistemática de la teoría sociológica. Su modelo de teoría sistemática eran las ciencias naturales, y consistía, según parece, en codificar el conocimiento empírico y construir leyes de subsunción. La teoría científica es sistemática porque contrasta leyes de subsunción mediante procedimientos experimentales, acumulando de esta forma conocimiento verdadero.  En la medida en que se dé esta acumulación no hay necesidad de textos clásicos”. (Alexander, 1990: 24). Merton también propone “convertir los textos clásicos en simples fuentes de datos y/o teorías no contrastadas, es decir, hacer de ellos vehículos de ulterior acumulación o que éstos sean estudiados como documentos históricos”. (Alexander: 1990: 26).

Lo contradictorio del pensamiento de Merton es que ahora él y su obra son considerados clásicos.

Crítica historicista a la centralidad de los clásicos

“Este es el enfoque historicista de la historia intelectual relacionado con la obra de Quentin Skinner, al que se deben importantes incursiones en la discusión sociológica. La particular importancia de esta crítica se debe al hecho de que la crítica al reduccionismo empirista contemporáneo de la ciencia social se ha originado en las humanidades”. (Alexander, 1990: 66).

Dicha perspectiva historicista considera oportuno que la recurrencia a los textos clásicos debe considerarse solamente desde un punto de vista histórico; por lo que las investigaciones tenderían a ser más explicativas que interpretativas.

Los supuestos en los que se basa esta postura consisten primero, en el contexto singular versus el contexto infinito en donde se afirma que el lenguaje empleado en determinada obra histórica puede revelar el universo intelectual de la misma; el segundo, la intención transparente versus la intención opaca, en donde se considera que las intenciones así como los contextos son recuperables y tercero, textos explícitos versus textos multivalentes, en donde se supone que investigar los textos conlleva a averiguar lo que pensaron los agentes históricos genuinos.

Una de las objeciones que se pueden presentar en torno a esta crítica historicista, radica en que aunque si bien es cierto que el lenguaje puede dar referencia del contexto histórico en el cual se enmarca una obra, éste no puede coadyuvar a recuperar todo el contexto sociohistórico de la misma. En cuanto a la recuperación de la intención del autor de determinada obra aunque dicha intención se puede interpretar no es posible hablar de una recuperación como tal; ya que en el psicoanálisis se ha demostrado que ni siquiera los mismos autores conocen todo el alcance de sus propias intenciones. Y  por último, según Skinner los textos son explícitos, sin embargo; éstos son multivalentes en el sentido de que pueden tener muchas valoraciones tanto interpretaciones se haga de ellos.

Completando las críticas dirigidas a la centralidad de los clásicos no puede dejarse sin mención la postura de José Joaquín Brunner a quien se dedicará el apartado posterior.

¿Para qué estudiar a los clásicos?

La pregunta que encabeza este apartado debe interpretarse no sobre la importancia de los textos clásicos sino con cierto aire de ironía sobre ¿por qué estudiar a los clásicos si éstos han quedado obsoletos? Esta idea que afirma que el discurso de la sociología se ha agotado se le atribuye a José Joaquín Brunner, doctor en sociología, quien plantea que “esa disciplina debe seguir un camino cuantitativo y acumulativo como las ciencias naturales; pero también debe hacer literatura o considerar como una rama de la sociología a la novela contemporánea o, simplemente diluirse en la novela contemporánea”. (Osorio, 2000: 163).

La primera postura se localiza en el empirismo y el positivismo, crítica que ya se abordó en apartados anteriores, en donde se otorga primordial realce a la acumulación de datos, información y estadísticas semejantes a algunos informes elaborados por el Banco Mundial; como se puede observar el descrédito de la sociología en esta postura es tal que se considera que recurriendo a esos informes se encontrará mayor acercamiento a la realidad que a través de esta disciplina. Respecto a la segunda postura cabe mencionar que según Brunner en las narraciones de las novelas contemporáneas se encuentran de forma más detallada las interacciones sociales así como las relaciones entre los individuos y su entorno que en los estudios sociológicos. 

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“Los clásicos desde esta perspectiva brunneriana no tienen nada que decir (“su lenguaje ha dejado de hablar”) y el interés por sus obras se limita a aportar información para caracterizar una época”. (Osorio, 2000: 164).

En conclusión, se puede decir, “que la propuesta de Brunner se ubica en el campo de viejas disputas respecto al lugar y modo de operar de las disciplinas sociales: ¿su quehacer debe seguir el camino de las ciencias naturales o, por el contrario el de las humanidades? (Osorio, 2000: 163).

Se pueden añadir a estas perspectivas que relegan a los clásicos al olvido, las siguientes aclaraciones:

“Y es que cualquier ciencia, y la sociología también, sólo progresa si cuestiona permanentemente sus propios puntos de partida”. (Cardús i Ros, 2003: 196).

…“los análisis sociológicos tienen fecha de caducidad porque la potencia crítica de una teoría es precaria, tanto porque se refiere a las realidades sociales de un tiempo y un espacio determinados como porque el poder suele acabar integrando sin demasiadas dificultades todo discurso crítico para convertirlo en ideología conservadora”. (Cardús i Ros, 2003: 196).

Habiendo profundizado acerca de las posturas críticas que se oponen a la centralidad de los clásicos, también resulta clave como parte de este análisis conocer las posturas teóricas que rescatan la importancia de estos textos y por ello, se presenta a continuación la perspectiva de Jeffrey Alexander y la de Jaime Osorio.

Jeffrey Alexander: en defensa de los clásicos

Jeffrey Alexander sale en defensa de los clásicos desde la corriente post-positivista que rehabilita los aspectos teóricos contraria a la corriente positivista que reduce la teoría a los hechos. Con tal intención Alexander sostiene cuatro postulados fundamentales: 

  1. Los datos empíricos de la ciencia están inspirados por la teoría. La distinción teoría/hechos no es epistemológica ni ontológica sino es una distinción analítica. La distinción analítica se refiere a observaciones inspiradas por aquellas teorías que consideramos que poseen mayor certeza.
  2. Los compromisos científicos no se basan únicamente en la evidencia empírica.
  3. La elaboración general, teórica, es normalmente horizontal y dogmática y no es escéptica y progresiva. Cuando una posición teórica general se confronta con pruebas empíricas contradictorias que no pueden ignorarse, procede a desarrollar hipótesis ad hoc y categorías residuales. De esta manera, es posible explicar nuevos fenómenos sin renunciar a las formulaciones generales.
  4. Sólo se dan cambios fundamentales en las creencias científicas cuando los cambios empíricos van acompañados de la disponibilidad de alternativas teóricas convincentes. (Alexander, 1990: 31).

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Tomando en consideración los postulados anteriores y atendiendo a la idea de que en ciencias sociales el discurso se convierte en una característica esencial, lo que genera diversos debates en torno a cuestiones teóricas y empíricas, es importante tomar en cuenta “por qué esta forma discursiva de argumentación recurre tan a menudo a los clásicos. Esta centralidad se deba a dos razones: la una funcional, la otra intelectual o científica”. (Alexander, 1990: 42).

Respecto a la primera razón se puede decir que se origina en la necesidad de integrar el campo del discurso teórico, es decir, cuando surge un desacuerdo generalizado dentro de la teoría social, es importante que exista una base para que los que son partícipes en ese debate puedan conocer de qué se está hablando, qué es lo que se está abordando, se refiere a adquirir un lenguaje común para que todos estén inmersos en la discusión. Y en cuanto a la segunda razón, se hace mención que a la obras se les concede el rango de clásicas porque han hecho importantes contribuciones a la ciencia de la sociedad, contribuciones que han perdurado y que se continúan debatiendo en la actualidad.

La permanencia de estas obras y de sus respectivos autores se vincula con la capacidad de interpretación y empatía muy desarrolladas, así como con su capacidad intelectual y el llamado a la reflexión sobre la representación y concepción de la realidad social. Ambas consideraciones, funcionales e intelectuales, otorgan a los clásicos una importancia central para la praxis de la ciencia social; una vez que determinada obra adquiere el rango de clásica su interpretación se convierte en una clave para el debate científico.

Abordando el tema de las interpretaciones, en una entrevista realizada a Jeffrey Alexander en México por la Doctora en Sociología Gina Zabludovsky (1990), el señalado autor hace referencia de ellas diciendo: 

“En la centralidad de los clásicos, sostengo que en las disciplinas sociales no podemos hablar de los textos en sí mismos, sino más bien de las interpretaciones que de ellos se han hecho. Nunca quise sugerir que los textos clásicos resuelven las diferencias interpretativas, sino que son un vehículo común a través del cual podemos resolverlas. Puesto que, por definición, las obras consideradas como clásicas constituyen un número reducido de textos que todos conocemos; su estudio nos permite tener un lenguaje común a través del cual podemos entender la naturaleza de nuestros desacuerdos. Es interesante cómo al recurrir a las obras clásicas cada lector, o conjunto de lectores, argumenta que la interpretación adecuada del texto es la suya, dando lugar así al desarrollo de diferentes escuelas y tradiciones empíricas que siguen distintas interpretaciones. A pesar de esto, creo que el apoyo de ciertos textos clásicos resulta muy útil para que nos podamos entender relativamente bien “…

Sobre el proceso de de-construcción de los clásicos, en esa misma entrevista, Alexander señala:

“Para mí las interpretaciones de los clásicos son en sí mismas estrategias teóricas, la lectura de los textos nos permite argumentar teóricamente, éste es mi camino hacia la de-construcción.

El principal ejercicio que hacen los intérpretes de un texto es reconstruirlo como una estrategia teórica para presentar evidencias de una forma particular de concebir el mundo. Un buen texto clásico permite realizar esta tarea de forma efectiva. Considero que en vez de limitarnos a estudiar las obras – que obviamente necesitamos todavía conocer mejor-, nuestra tarea es la de de-construirlas a través del estudio de tradiciones interpretativas que nos permitan darnos cuenta de cómo los diferentes textos han sido reconstruidos a través de interpretaciones. Si quisiéramos ser más honestos y sofisticados enseñando a los clásicos, siempre deberíamos verlos en relación con los diferentes marcos interpretativos en contradicción entre sí”. (Alexander, 1990).

Jaime Osorio: volver a los clásicos

En este texto,  el autor expone el malestar con la teoría en las ciencias sociales siendo ello la causa de que algunos teóricos no reconozcan la importancia de los clásicos, ya que la no vigencia de éstos aparece vinculada a los cambios surgidos en el mundo debido a las transformaciones e innovaciones tecnológicas, afirmando que las interpretaciones teóricas acerca del mundo elaboradas en siglos pasados han quedado obsoletas y que ese mundo al cual se refieren ya no existe.

“La vida social se mueve en nuestros días de manera vertiginosa, pero la organización societal sigue siendo, en cuestiones fundamentales, expresión de una sociedad vieja. Hay aspectos del nuevo mundo que rezuman premodernidad o, simplemente, modernidad. Por ello, los viejos problemas, que dieron vida a las ciencias sociales, continúan con total vigencia en la actualidad. En un cierto sentido, asistimos, por tanto, a un tiempo de vertiginosa inmovilidad”. (Osorio, 2000: 165).

En relación a la cita anterior, Osorio comenta que lo que se debate en realidad no es la vigencia de la sociología sino que el cuestionamiento de la necesidad o no de la teorización social.

“El campo de desarrollo más fructífero de la sociología y de las ciencias sociales se encuentra en demandar discursos que tengan la capacidad de dialogar entre las explicaciones generales de las sociedad, las miradas macro, con las explicaciones de rangos menores; que logren integrar los movimientos estructurales con la capacidad de acción de los sujetos; lo general con lo particular. Los desarrollos teóricos que se han movido en estas fronteras son los considerados clásicos en las ciencias sociales y en la sociología y es el avance teórico en esas fronteras lo que permitirá contar con cuerpos teóricos de mayor riqueza interpretativa de la realidad social”. (Osorio, 2000: 168).

Como complemento de la perspectiva de Jeffrey Alexander y de Jaime Osorio se puede mencionar la de Salvador Giner quien afirma:

“Así, aunque hoy sabemos más que algunos de nuestros pensadores clásicos acerca de este o aquel aspecto del mundo, en sociología sus esfuerzos nunca dejan de ser interesantes. Pos esa razón nunca nuestros clásicos sociológicos acaban de pertenecer solamente a una arqueología que nada tuviera que decirnos a las gentes de hoy. Con todo lo que está transformándose día a día en nuestras vidas, continúa siendo interesante adentrarse en la obra y logros de quienes elaboraron el núcleo de cierta sociología perennis, mucho antes de que pudieran vivir lo que nosotros estamos presenciando. Sólo acercándose a sus aportaciones son humildad y curiosidad se nos desvelará el secreto de por qué aquellas gentes siguen diciéndonos cosas fundamentales aunque no moraran en el mundo de hoy”. (Giner, 2004: 12).

En conclusión se puede decir que los debates en torno a la importancia de recurrir a los clásicos o no hacerlo todavía continúa ya que hay quienes consideran, sobre todo los que se ubican en la postura empirista, que estas obras que han conseguido ese rango privilegiado deben ser sustituidas por paradigmas en la medida de que el status empírico que se le otorga a las ciencias naturales radica precisamente en la acumulación de conocimiento para que surjan nuevos modelos y que por lo tanto ya no hay razón para tomar en cuenta a los clásicos. Aunque existen fuertes críticas derivadas de la postura historicista en relación a la situación obsoleta de los clásicos, hay teóricos que se empeñan en mantener su defensa a estos textos y rescatar su importancia como puntos de reflexión o como pautas para engendrar nuevas corrientes de pensamiento tomando en consideración que éstas son originadas por las discusiones o desacuerdos que surgen en torno a la interpretación de esos textos clásicos que son conocidos así por su contemporáneos.

BIBLIOGRAFÍA 

  1. Alexander, Jeffrey C. (1990). La Centralidad de los clásicos. En Giddens, Turner         y otros. La teoría Social hoy. Alianza Editorial.
  1. Cardús i Ros, Salvador. (2003). Qué es, qué hace, qué dice la Sociología.         Editorial UOC, págs. 163, 196.
  1. Giner, Salvador. (2004). Teoría Sociológica Clásica (2da. Ed.) España: Ariel,     pág. 12.
  1. Metapolítica. (2000). Volver a los clásicos, el malestar con la teoría en las           ciencias             sociales Jaime Osorio. Volúmen 4, págs. 162 – 169.
  1. Seminario: “Los debates teóricos y metodológicos contemporáneos en Ciencias          Sociales”            Gina Zabludovsky (ponente) El Colegio de la Frontera Norte,         Tijuana, BC, 5 de junio de       2012. Recuperado el 3 de junio de 2014 de http://ginazabludovsky.com/2012/06/05/seminario-los-debates-teoricos-y-metodologicos-contemporaneos-en-las-ciencias-sociales/

Fuentes Imágenes: lom.cl – slideshare.net – aulaneo.wordpress.com

Susan Ileana Gómez Guerra

Socióloga, Investigadora y Catedrática Universitaria. Premio a la excelencia académica universitaria por ser el mejor promedio de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Diplomado en Derecho Electoral. Diplomado en Crecimiento Económico y Desarrollo Humano. Actualmente cursando un Postgrado de Especialización en Investigación Científica.

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Comentarios 1

  1. ¿Qué es un clásico en Ciencias Sociales? (Parte II)

    […] En el inicio de toda ciencia se tiende a pensar que las formulaciones teóricas que se van desarrollando constituyen las mejores explicaciones que se pueden hacer en torno a la realidad como complejidad y a los fenómenos que en ella se manifiestan, sin embargo; específicamente en el caso de la sociología con el paso del tiempo se han encontrado algunas deficiencias o limitaciones en las distintas corrientes de pensamiento demostrándose de esta manera que la recurrencia a los clásicos es pertinente en caso que los planteamientos de éstos todavía puedan dar explicación del origen de algunos fenómenos sociales, es decir, se pueden tomar como puntos de referencia, pero en caso contrario en el que ya no apliquen deben buscarse otras teorías como parámetros de explicación y es en este aspecto en donde se reflejan los límites de las aportaciones de los clásicos, como se explicó en la primera de ¿Qué es un clásico en ciencias sociales? […]

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