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Reoptimizar al sujeto de rendimiento (y II)

1.4 Lógicas posmodernas

La dialéctica que emana del sistema neoliberal es la palabra libertad. Esta asunción es comprendida por el sujeto como objetividad del sentido común[11]. Con el poder disciplinar el verbo modal es deber hacer. En el poder inteligente el verbo que impera es el poder hacer. Esa es la gran diferencia (Han, 2014). El sujeto tiene la libertad de poder desarrollarse y construirse en la gran variedad de espacios que otorga la seducción –en términos de Lipovestky-. Ese es el deseo del narciso. En esta lógica Lipovestky (2003) afirma: “El hombre moderno está abierto a las novedades, apto para cambiar sin resistencia de modo de vida, se ha vuelto cinético” (pág:107).

Reoptimizar al sujeto de rendimiento

Fuente: Elaboración propia a través de la búsqueda bibliográfica

La finalidad del poder disciplinar se basaba en la creación de sujetos dóciles con el propósito de constituir aparatos productivos. Ese poder buscaba que el individuo produjera. Debemos de preguntarnos aquí ¿cuál es la finalidad del poder inteligente? Han (2012) sostiene que la sociedad del siglo XXI es una sociedad del rendimiento. La lógica capitalista fundamentada en la búsqueda de beneficios ha provocado el aumento de la productividad. Es aquí cuando se deja atrás la disciplina para dejar paso al rendimiento. El sujeto de rendimiento es más veloz, activo, eficiente y productivo que el sujeto obediente. De hecho, el sujeto de rendimiento aun perpetua la disciplina, la diferencia es que ya ha pasado esa etapa. La disciplina es comprendida como axioma.

Las categorías que imperaban en la sociedad disciplinar se desdibujan dando paso al adjetivo emprendedor. Hemos pasado del terrateniente al capitalista, del capitalista al empresario y del empresario al emprendedor. Este último será emprendedor de sí mismo. Uno se explota a sí mismo provocando la explotación sin dominio (Han, 2012). Han (2013) en su libro La sociedad de la transparencia argumenta esta lógica de la siguiente forma:

“El sujeto del rendimiento está libre de una instancia exterior dominadora que lo obligue al trabajo y lo explote. Es su propio señor y empresario. Pero la desaparición de la instancia dominadora no conduce a una libertad real y a franqueza, pues el sujeto del rendimiento se explota a sí mismo. El explotador es, a la vez, el explotado. El actor y la víctima coinciden. La propia explotación es más eficaz que la explotación extraña, pues va acompañada del sentimiento de libertad. El sujeto del rendimiento se somete a una coacción libre, generada por él mismo” (pág 43).

 Han (2012) añade:

“La dialéctica del amo y el esclavo no conduce finalmente a aquella sociedad en la que todo aquel que sea apto para el ocio es un ser libre, sino más bien a una sociedad de trabajo, en la que el amo mismo se ha convertido en esclavo del trabajo. En esta sociedad de obligación, cada cual lleva consigo su campo de trabajos forzados. Y lo particular de este último consiste en que allí se es prisionero y celador, víctima y verdugo, a la vez. Así, uno se explota a sí mismo, haciendo posible la explotación sin dominio” (pág:48).

La explotación propia es mucho más eficiente que la explotación ejercida por el Otro, la primera se encuentra yuxtapuesta al sentimiento de libertad neoliberal (Han, 2014). El individuo se explota voluntariamente, lo hace de modo libre. Esa explotación es entendida como realización. De este modo, los mecanismos que provocan el aumento de la productividad y la eficiencia laboral no se enfocan a coaccionar la libertad, sino a explotarla. Esta es la perversión elemental del sistema neoliberal (Han, 2017). El sujeto de rendimiento siente devoción en el rendimiento, en su praxis el individuo cree estar construyéndose. No se da cuenta que su desarrollo responde a lógicas de poder, a su continuidad. Así como sucedía con el sujeto disciplinar, el individuo moderno también es productor. Es el máximo contribuyente de los beneficios del mercado.

Ahora bien, Han (2014) sostiene que el sujeto de rendimiento que se explota a sí mismo lo hace hasta desmoronarse. Por definición, el rendimiento no es solo es la utilidad que produce el sujeto sino también es cansancio. El filósofo sur coreano afirma que el sujeto de rendimiento se encuentra obligado a aportar rendimiento, cuando no es capaz se vuelve depresivo. Este suceso conforma en sí mismo una circunstancia insoportable. Se encuentra agotado de sí mismo –cansado-. Sin posibilidad de eximirse de sí mismo, se obceca en si, eso lo conducirá al deshabito propio. De este modo, si la sociedad disciplinar generaba criminales y locos, la actual sociedad ocasiona depresivos y fracasados (Han, 2012). Las obligaciones que genera la sociedad actual sitúan al individuo en la coyuntura de la libre elección. Debe coger la iniciativa, por ello, cuando no es capaz, se satura. Se cansa del “esfuerzo de devenir él mismo” (Han ,2012, pág:28). Han (2017) en su libro La expulsión de lo distinto ve la depresión del siguiente modo:

“La depresión se puede entender como un desarrollo patógeno de esta ontología moderna del sí mismo. Tal como lo expresa Alain Ehrenberg, la depresión es la fatiga del ser sí mismo” (pag:106).

 

1.5 Re optimización

El sistema neoliberal ha eliminado la presencia del Otro. Aquel Otro que oprimía y coaccionaba era objeto de disidencia, resistencia o subversión. Con su desaparición, el individuo ha perdido al culpable, ese sujeto reprobable. Esa es la gran victoria del sistema. La ausencia del Otro imposibilita la interlocución. El sujeto de rendimiento, como empresario de sí mismo, se culpa a sí mismo de los fracasos. Pero el sistema no busca sujetos pasivos. Con la depresión el individuo se convierte en inactivo. Se encuentra en ese dolor que la vida hedonista rechaza. De este modo, la seducción vislumbra espacios para reactivar al sujeto mediante dispositivos de placer[12]. Busca re-optimizar al sujeto. Con su uso el sujeto creerá realizarse. Su trasfondo es que generará la continuidad que quiere el poder. En base a este razonamiento, Han (2014) argumenta:

“La psicopolítica neoliberal encuentra siempre formas más refinadas de explotación. Numerosos seminarios y talleres de management personal e inteligencia emocional, así como jornadas de coaching empresarial y liderazgo prometen una optimización personal y el incremento de la eficiencia sin límite. Todos están controlados por la técnica de dominación neoliberal, cuyo fin no solo es explotar el tiempo de trabajo, sino también a toda la persona, la atención total, incluso la vida misma. Descubre al hombre y lo convierte en objeto de explotación. El imperativo neoliberal de la optimización personal sirve únicamente para el funcionamiento perfecto dentro del sistema” (pág:27).

El sistema genera entornos y oportunidades. Son lugares de auto-servicio. El sujeto se mueve en ellos presuponiéndolos como los únicos. Su decisión al acceder en ellos se muestra como desarrollo y construcción. Es la confirmación de su libertad. El sujeto no es capaz de ver que no son más que elecciones y espacios cerrados predeterminados a un fin. Ese es el triunfo del sistema, construir sujetos dependientes de este entramado. Por ello, las respuestas sobre la depresión o síndrome de burnout[13] los buscará en el propio sistema, no fuera. Sin la capacidad de mirar más allá el sujeto recurrirá a ellos cuando se encuentre abatido, cansado del agotamiento que genera devenir él mismo. De aquí nace la factoría cíclica neoliberal. El proceso de re-optimización es visto por el sujeto como satisfacción. Más allá del engaño, el proceso solo beneficia al mercado. Construir dispositivos de placer asegura esa intermediación que garantiza la continuidad del poder.

 

1.6 Psicodiscurso

Una de las ideas más importantes en la obra de Foucault es que el poder disciplinario no solo busca construir cuerpos dóciles, sino que protege relaciones vinculadas a la producción de discursos. De este modo, genera saber. Han omite por completo el papel del discurso en el entramado de poder. En sus obras podemos observar alguna pincelada sobre el discurso y el lenguaje pero no se acerca a la trascendencia que le dio Foucault al discurso. Desde esta lógica nos preguntamos ¿qué relevancia tiene el discurso en el psicopoder? Para contestar a la pregunta debemos de conocer primero que es el discurso y que importancia social tiene. Burr (1996) en su libro Introducción al construccionismo social explica que el movimiento construccionista sustenta que tanto nuestros pensamientos, como nuestros sentimientos y experiencias son producto del lenguaje. También el post-estructuralismo considera que la persona es construida por medio del lenguaje. El individuo no puede ser previo al lenguaje puesto que es el lenguaje quien funda al sujeto. El lenguaje construye la realidad así como a la persona. Provee de estructura y contenido nuestro pensamiento gobernando eso que decimos y eso que pensamos. Es en este punto cuando el discurso se convierte en vértice de la estructura. El discurso es el instrumento capaz de instaurar mecanismos que estructuran el lenguaje. El uso del discurso determinará la forma como configuramos la experiencia y la consciencia. La autora sostiene que el lenguaje es un elemento social capaz de construir nuestra visión del mundo, es por ello que el discurso –como herramienta- se ha convertido en un mecanismo de poder.

El discurso hace referencia a un seguido de significados, metáforas, representaciones e imágenes que en combinación producen una interpretación del mundo. El discurso tiene la capacidad de establecer y definir los fenómenos que suceden en el mundo (Burr, 1996). Ahora bien, el contexto en el que habitamos es el encargado de determinar el significado del suceso. El individuo gracias a los discursos disponibles podrá articular un relato que interprete lo acontecido dentro del marco contextual en el que se encuentre. En la actualidad, el poder ha sabido cerrar la puerta a discursos alternativos. De hecho, cuando se critica el neoliberalismo se enjuicia su política económica y los efectos que produce –desigualdades, clientelismo, privatización, etc.- y no así su matriz: el individualismo. El sujeto no es capaz de crear ese acontecimiento que rompa con la lógica imperante. No lo consigue porque el poder ha eliminado la construcción de discursos que den pie a ello. “La conclusión es que nada existe fuera del discurso, es decir, que la única realidad que tienen las cosas es la que se le otorga dentro del ámbito simbólico del lenguaje” (Burr, 1996, pág:89, traducción propia). En relación a este razonamiento, Lipovestky (1993) argumenta: “Ya nadie cree en las promesas demiúrgicas de transformación del mundo, ya nadie quiere la revolución, casi nadie habla ya de destruir el capitalismo y la economía de mercado. El individualismo acabado corresponde a esta debacle de los grandes proyectos prometéicos que han ritmado la vida de las sociedades democráticas a partir del siglo XVIII” (pág:7).

El sujeto ha sido construido gracias al lenguaje. Este le ha otorgado identidad. El sistema concede al individuo la libertad de desenvolverse en entornos y la oportunidad de decidir sobre las elecciones disponibles. El sujeto tiene la libertad de ser libre. En la sociedad del self service el individuo vive en un éxtasis de placer. Por ello, cuando se encuentra desorientado, cansado, fatigado de ser él mismo, recurre al lenguaje para orientarse. Aquí el discurso se convierte en un guía para el individuo, una brújula. El sujeto vuelve a aquello que lo ha constituido para re constituirse. Esa es la importancia del discurso en el poder inteligente. Una vez que los entornos y las oportunidades ya no sirven para el sujeto es que este se ha empachado de placer. Camina hacia ese estado del que rehúye: el dolor. Ese estadio no es beneficioso para el sistema, por ello, el psicopoder articula su maquinaria para producir la continuidad que busca. Coge al discurso como mecanismo para garantizar la intermediación. De este modo, el sistema visibiliza nuevos dispositivos de placer que orquestan nuevos espacios de realización con el objetivo de conducir al sujeto hacia nuevas praxis[14] y re-optimizarlo. En el proceso el sujeto seguirá contribuyendo al mercado. Han (2014) proporciona una ejemplo de estos dispositivos de placer:

“La fórmula mágica de la literatura de autoayuda norteamericana es la curación. Designa la optimización personal que ha de eliminar terapéuticamente toda debilidad funcional, todo bloqueo mental. La permanente optimización personal, que coincide totalmente con la optimización del sistema, es destructiva. Conduce a un colapso mental. La optimización personal se muestra como la autoexplotación total” (pág: 27).

El discurso se trasforma en psicodiscurso. Este se volverá performativo. La psicopolítica es la tecnología con la que el poder inteligente puede dominar al sujeto mediante el control psicológico. Bajo este paradigma, el  psicodiscurso se convierte en la maquinaria[15] de la psicopolítica para recodificar a los sujetos depresivos. Se fundamenta en un programación invisible que opera a nivel cognitivo y emocional y cuyo objetivo es reactivar el sentido y el conocimiento que impera en el sujeto penetrando en la psique. El psicodiscurso adopta las formas más óptimas para su eficiencia, por ello se manifiesta como solución, remedio, tratamiento, respuesta o fármaco. En esta lógica, Han (2014) argumenta:

“La psicopolítica neoliberal se apodera de la emoción para influir en las acciones a este nivel prerreflexivo. Por medio de la emoción llega hasta lo profundo del individuo. Así, la emoción representa un medio muy eficiente para el control psicopolítico del individuo” (pág:40).

 

11 Universos donde el individuo se confirma a sí mismo. Espacios de realización.

12 Estrés laboral, estado de agotamiento físico, emocional o mental que tiene consecuencias en la autoestima. Se caracteriza por ser un proceso paulatino donde las personas pierden interés en sus labores.

13 Estilos de vida, prácticas sociales, modos de entender el mundo y valores.

14 Conjunto de piezas que componen un mecanismo y que sirven para poner en funcionamiento un aparato.

BIBLIOGRAFÍA

Beck, U. (2002). La sociedad del riesgo global. Editorial Siglo XXI.

Burr, V. (1996). Introducció al construccionisme. Universitat oberta de Catalunya. Proa.

Fair, H. (2008). La globalización neoliberal: Transformaciones y efectos de un discurso hegemónico. Kairos: Revista de temas sociales, (21), 1.

Foucault, M. (1990). Tecnologías del yo y otros textos afines. Barcelona: Paidós.

Foucault, M. (2002). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Editorial Siglo XXI.

Han, B. C. (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

Han, B. C. (2013).La sociedad de la transparencia. Barcelona: Herder.

Han, B. C. (2014). Psicopolítica. Barcelona: Herder.

Han, B. C. (2016). Sobre el Poder. Barcelona: Herder.

Han, B. C. (2017). La expulsión de lo distinto. Barcelona: Herder.

Lipovetsky, G. (1993). Espacio privado y espacio público en la era posmoderna. Revista del departamento de sociología. Universidad autónoma metropolitana. Nº(22).

Lipovetsky, G. (2003). La era del vacío. Anagrama.

Wallerstein, I. (1988). El Capitalismo Histórico. Editorial Siglo XXI.

Albert Orti

Mi nombre es Albert Orti, tengo 25 años y vivo en Barcelona.
El año pasado finalicé el Grado de Sociología en la Universidad de Barcelona y actualmente estoy cursando el Master sobre Estudios del Discurso en la Universidad Pompeu Fabra y Universidad Autónoma de Barcelona.
Mis ámbitos de estudio son la posmodernidad, el sujeto, el poder y el discurso.

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