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El plenilunio añorado y la emergencia de la humanidad

En el plenilunio, las auroras boreales danzan con la esperanza de un nuevo amanecer, para colorear el surgimiento de una nueva humanidad.

Foto disponible en: https://www.horizonteparalelo.com/viaje/donde-ver-auroras-boreales/

Las personas entre los 60 y los 80 años de edad, somos una generación única, que nos hicimos mujeres y hombres soñando a la luz de la luna, abrigamos y cocinamos esperanzas a la sazón de los rayos solares, nos hicimos personas sensibles, respetuosas con nuestros mayores, con veneración hacia nuestros padres, sobrecogidos en el regazo de la mujer madre, esposa, compañera, constructora y creadora de los nuevos seres humanos.

Y quizá, ésta generación de humanos que se está terminando, esté presenciando los inicios más sórdidos del ‘exterminio de la humanidad’ con sus formas más sofisticadas para la vigilancia y control global y total de las personas. Pero quizás el SARS-Cov-2 se anticipó a las personas que habitamos en este planeta, con una forma de hablar fuerte, hiriente, obligando a verle, a sentir su presencia, para de esa manera escucharle lo que nos viene a alertarnos y, podamos reflexionar sobre el macabro plan de la elite mundial para despoblar el planeta y logremos irrumpir con nuevas ideas y acciones que faciliten la emergencia de una humanidad diferente.

Con motivo de la pandemia y cobijados en el objetivo de ‘evitar la velocidad del contagio por el SARS-Cov-2’, experimentamos el confinamiento obligado en nuestros ámbitos de residencia, y con esta práctica se ha colocado a toda la humanidad en un estado de encarcelamiento, de secuestro, más todavía en medio de un cierto grado de obscuridad con acceso restringido hacia la luz, dejando todo el espacio/tiempo para que la maldad, el egoísmo, la codicia, la ignorancia, los sobornos se apoderen de la voluntad humana propiciando la impunidad, el desaliento, el quemeimportismo, la degradación de los valores, caldo de cultivo para el ejercicio de la vigilancia y control social por parte de un grupo de humanos que se creen los únicos con derecho a vivir y ser llamados ‘humanos’.

Talvez, y dijo talvez seamos la última luz del día capaz de abrir la puerta de la libertad y de la esperanza de una nueva humanidad. Pero de lo que si estoy seguro, es que somos la generación que sirve como llave de la puerta que permitirá comunicarnos con la emergencia de lo nuevo. Por ello, es nuestra obligación hacer el esfuerzo como fin de la generación, gestando conjuntamente con todas las generaciones presentes, las ideas que facilitarán la construcción de los múltiples y diversos caminos para la convivencia humana consigo misma y con la naturaleza.

Para ese objetivo, debemos pensarnos como queremos ser de otra manera, con emprendimientos para promover relaciones respetuosas y armónicas entre diversos, con espacios y estructuras para cuidarnos, en el que la solidaridad y fraternidad sean los denominadores comunes de la convivencia pacífica entre diversos, más no como normalidades, sino como acuerdos flexibles que tengan en común la vida de todos.

Yo estoy profundamente molesto, tengo la sensación de vacío en mi abdomen, por la impotencia para actuar e impedir tanto atropello en contra de la vida de millones de seres humanos del mundo.

Cuando escucho o leo las noticias de los diferentes países y de mi país, el Ecuador, que en cada noticiero y todos los días en la crónica roja se presentan los casos en los que se indica la presunción de sobreprecios en los contratos públicos, o el llamado a juicio por la demostración de vinculación con actos reñidos con la ley; o las noticas y comentarios sobre la corrupción que campea por las instituciones públicas ejecutados por altos funcionarios, a pesar de la crisis económica y de salud tan profunda en el que está sumergido el Ecuador; pero aún más cuando escucho a los altos dignatarios del gobierno comenzando por el presidente Lenin Moreno, señalar que están haciendo los mejores esfuerzos para el bien de los pobres de la patria, en bien de la humanidad, con pulcritud, honradez y honestidad; y basta mirar con el rabillo del ojo para visualizar que es toda una mentira y, a la par, las leyes en contra de los trabajadores, los impuestos camuflados en doradas palabras, el retiro de las subsidios a las gasolinas y demás derivados del petróleo, y las leyes que garantizan matar a la policía y al ejército utilizando la facultad en el uso progresivo de la fuerza cuando ellos –el gobierno y los grupos sociales interesados con capacidad de decisión política- decidan que es ‘estrictamente necesario para la seguridad de la nación y/o estrictamente inevitable para proteger una vida’ (Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Culto. 2020), me quedo sin aliento y sin sangre en la cara.

En mi país, Ecuador, con ocasión de la pandemia, empieza a limpiarse los ojos del común de los ciudadanos, se caen los telones y podemos ver a los personajes integrantes de la serie que tejen y entretejen la debacle del país, según Karola Álvarez (2020) ‘desde un análisis científico, estas personas deben haber sufrido una transposición de órganos, así los intestinos se ubican en la cavidad craneana, por eso hay tantas decisiones y acciones de mierda; con otras metamorfosis, como las del corazón que se han vuelto tan duros como el hueso, los ojos con estrabismo divergente que les impide ver a los delincuentes y a otros miserables; o los oídos con sordera selectiva, la lengua para una verborrea de sandeces y sinsentido, sin fundamentos; y las extremidades son presas de un queminportista parálisis, acompañados por deterioro de la memoria, que les impide hacer las acciones ofrecidas en campaña.

Estas manifestaciones clínicas son características una enfermedad grave llamada ‘corrupción’, que corresponde a una necrosis celular progresiva y cuyo único tratamiento es la amputación del elemento gangrenado o podrido; -con mala suerte para los ecuatorianos-, el cirujano que debe realizar esta amputación está ciego’, y añadiría que también se trata de un sordomudo.

Estas realidades crueles, duras, con personas sin alma, a varias de las cuales se les conoce de cerca, producen repulsión y asco; y lo peor, la justicia cuando se hace presente, lo hace con agua tibia y aromatizada para esos ladrones de cuello blanco.

Con todas esas podredumbres, es imperioso continuar en el escenario de las conversaciones y acuerdos y, levantar nuestras voces para oponernos a las leyes que afectan aún más a la calidad de vida de la población con menor capacidad económica; y a otras estrategias dirigidas a la modelación de la vida y de la ‘nueva normalidad’, utilizando mecanismos de mayor control social, dirigiendo la vida, constituyendo humanos marionetas, fáciles de llevarles al holocausto cuando así lo decidan.

La medicalización de la vida, es una de las estrategias que cumple varios objetivos, desde el económico, con millonarias ganancias para las transnacionales farmacéuticas; y la contribución efectiva para la domesticación, con deterioro de las capacidades intelectivas y mentales, como lo indica Peter Gotzsche (2014) en su libro ‘Medicamentos mortales y crimen organizado’, que las compañías farmacéuticas no venden fármacos sino venden mentiras acerca de los fármacos y, que los medicamentos afectan a nuestras capacidades mentales y son la tercera causa de muerte en el mundo, de allí la importancia de mantener los cuidados necesarios con menos medicamentos para tener como resultado una vida lucida y saludable.

La mercantilización de la vida, se hace presente en el manejo clínico y de la salud pública del Covid-19, demostrando que no importa la vida de las personas, expresado en el número de personas fallecidas por la enfermedad, si en esas circunstancias ellos –el grupo de la economía- perciben mayores ganancias. Aparentemente no hay tratamiento para esta enfermedad producida por el virus, expresión que es cierta cuando queremos actuar sobre el virus, pero si queremos actuar sobre la sintomatología hay toda una experiencia y conocimientos comprobados a la saciedad, que bien podría aplicarse y medir el grado de beneficio obtenido.

Expreso lo anterior, basado en las exposiciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) (2020), de que la Covid-19 es una enfermedad infecciosa producida por el SARS-Cov-2, perteneciente a la familia de otros coronavirus que produjeron años atrás otras gripes, y por ello se debe tratar a las personas que tienen cuadros clínicos leves, con medidas básicas como si fuese una gripe; esto supone, la aplicación de los conocimientos y la experiencia médica existente sobre la gripe, y a estar muy atentos con protocolos de seguimiento y comunicación rápida a los servicios de salud para realizar los ajustes necesarios dependiendo de la evolución clínica de cada persona.

A pesar de existir conocimientos previos sobre las gripes virales, como testimonio de ello desde la gripe española el Dr.Luis Unda (Méndez, K. 2020), el 19 de octubre de 1918, en un comunicado dirigido al pueblo, señala las normas para evitar el contagio y como tratar a esa gripe, si bien las indicaciones clínicas no deben considerarse textualmente, las acciones epidemiológicas y de salud pública la mayoría de ellas tienen completa vigencia; sin embargo se esgrime la noción de no saber nada.

Hay un conocimiento medico comprobado, como también desde la epidemiología para actuar sobre las epidemias y pandemias gripales, que han acompañado toda la vida de la humanidad. Si bien es cierto que se requiere conocer los detalles de esta pandemia, para realizar las adecuaciones correspondientes; el objetivo se centra en vender la idea pintada de monstruo para alcanzar el miedo extremo en todas las personas, al límite de la psicosis colectiva, con un denominador común, el de negar la posibilidad de un razonamiento básico, con el supuesto que esta enfermedad viral es una gripe con características especiales, de la cual no tenemos conocimientos y estamos recién aprendiendo.

La manipulación de la consciencia está presente de cuerpo entero, sin ocultamiento y descaro. Por eso es necesario empujar con toda la fuerza procesos que permitan la emergencia de otras relaciones sociales basadas en el respeto, la confianza, la honestidad, la responsabilidad, la cooperación, el cuidado, en el que prevalezca la vida saludable con la producción local de alimentos, con el mantenimiento de las semillas nativas, alejando la presencia de los cultivos transgénicos y todas sus normativas y leyes que atentan a la vida en cualquiera de sus formas, así como resistir a la medicalización de la vida y a los procesos de despoblación programada.

Y para el caso de la pandemia, con la mirada puesta en el futuro, desarrollando relaciones humanas basadas en el cuidado, se requiere conocer los mitos y rituales presentes en la práctica social diaria de las personas, para adecuar a ellas las normas que contribuyan a disminuir la carga microbiana tanto de virus, bacterias y hongos.

Esta pandemia no es la última que la humanidad enfrente, vendrá más y con más frecuencia, al decir de unos debemos acostumbrarnos a vivir entre reclusión, distanciamiento y con formas de pensar, sentir a los demás como posibles contagiantes. Una nueva normalidad basada en el miedo y la estrategia de guerra deberá ordenar la forma del vivir cotidiano.

En la explicación de la pandemia y de las enfermedades infectocontagiosas, se deja de lado los conocimientos importantes sobre la inmunidad, y sus conceptos son traspuestos a la metáfora de la guerra, en dónde los anticuerpos y la línea celular como los linfocitos se trasforman en los soldados guerreros que se enfrentan al enemigo que ingresa o se pone en contacto con la persona.

Y en el caso de las infecciones, todas las personas, se transforman en los móviles que utilizan los microorganismos para ir de un sitio a otro, de una persona a otra, y en esos mecanismos de traslado del enemigo las personas son también otros enemigos más.

Por lo expresado, es necesario e imprescindible, considerar desde otra mirada a la inmunidad como una forma inteligente de reconocimiento de la constitución de uno mismo, esto es, del sí mismo corporal, de saber que sus tejidos y componentes le pertenecen como individualidad y, en ese proceso de reconocimiento la inmediatez de la presencia de millones de millones de microoganismos en el contacto externo e interno con el recién nacido contribuyen positivamente para la educación como proceso de identificación de los microorganismos necesarios para la convivencia simbiótica, productiva, de cooperación mutua para la producción de la vida humana y la coexistencia armoniosa con los demás sistemas vivos que constituyen el ecosistema humano y, que continuarán durante el tiempo de existencia de cada persona, con proceso dinámicos, interactivos que tienen como finalidad la contribución generosa para la producción de la vida de las personas y, la existencia de un ecosistema humano generoso y adecuado para la vida de los microrganismo que se albergan en ella. No se trata de guerras sino de acuerdos generosos, que facilitan la convivencia y beneficio mutuo.

Por una vida saludable y lucida, resistamos, levantemos con nuestros cuerpos las barreras para impedir la dominación y con nuestras ideas construyamos los posibles caminos para recuperar los espacios de desarrollo de una humanidad plena, con una civilización basada en el cuidado, la responsabilidad y el fortalecimiento de los vínculos que fortalecen la inmunidad y engrandecen la vida.

Referencias bibliográficas.

Alvares, K. (2020). Anatomía del descaro. Disponible en Redes Sociales

Gotzsche, P. (2014). Medicamentos que matas y crimen organizado. Cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud.

OPS/OMS. (2020). Enfermedad por el Coronavirus (Covid-19). Revisado el 10/05/2020. Disponible en: https://www.paho.org/es/tag/enfermedad-por-coronavirus-covid-19

Méndez, K. (2020). México y la cuarentena de gripe española 1918. Revisado el 15/05/2020. Disponible en: https://sanluispotosi.quadratin.com.mx/entretenimiento/mexico-y-la-cuarentena-de-gripe-espanola-en-1918/

Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Culto. (2020). LEGISLACIÓN ECUATORIANA RESPECTO AL USO PROGRESIVO DE LA FUERZA. Disponible en: https://policehumanrightsresources.org/content/uploads/2016/07/Ecuadorian-Legislation-Regarding-Progressive-Use-of-Force.pdf?x68217

 

 

 

Nicolas Campoverde

Nacido en Biblián-Ecuador. Médico general, con especialidad en Administración e investigación en salud; Mgs. en Sociología y Desarrollo; estudios para PhD. En Pensamineto Complejo. Jubilado como Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca. Excoordinador de los Registros de Tumores de Cuenca y Machala. Autor de varias publicaciones relacionadas con la epidemiología, el cáncer y la sociología médica. Interesado en el proceso vital y una interpretación aplicando la física cuántica, la epigenética y el biogenoma, así como el esclarecimiento de la Salud Pública como instrumento del biopoder y la biopolítica.

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