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¿Estamos en una nueva crisis mundial, o es parte de lo anterior con su verdadera cara?

Ideas iniciales

Con la velocidad de presentación de la crisis planetaria motivada por la presencia del Covid-19, el mundo muestra una crisis en todos los ámbitos, comenzando con el económico que es el más visibilizado, y con él la crisis social, el de los valores que encontrado el espacio más adecuado y vulnerable para ejercitar su presencia en formas las más avezadas y crueles que un ser humano pueda realizar, se muestra con toda la mezquindad humana en los países en vías de desarrollo como Ecuador, Brasil Argentina, Bolivia, y Venezuela que encabeza la lista. Seguramente en los demás países del mundo la manipulación, el soborno, los contratos disfrazados de juridicidad estarán presentes sin que ello signifique que estén libres de pecado.

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Fuente: Foto: https://desinformemonos.org/deuda-publica-salida-fallida-para-la-crisis-mundial/

También están las decisiones asumidas por los gobernantes en nombre del bien común como escenario de todo lo contrario, benefician a los grupos interesados para sacar los mayores beneficios económicos sin importar la vida de las personas en el mundo.

Toda esta realidad que seguimos viviendo los humanos como producto de la pandemia del Covid-19, con la aplicación de las medidas epidemiológicas para disminuir las muertes y la velocidad del contagio, con medidas extremas como el estado de excepción, toque de queda, control de la movilidad ciudadana, bajo el presupuesto de ‘QUEDATE EN CASA’ como ciudadano responsable de tu vida y de los demás, y de otras medidas sanitarias, modelan un estilo de vida, que parece necesario implementar como una forma civilizatoria nueva en el mundo entero, para de esa manera controlar el contagio con este virus y otros microorganismos.

Por estos y otros razonamientos alrededor de las medidas sanitarias, que se hacen presente en todo el hacer cotidiano de las personas, se podría decir en una primera lectura que estamos actuando para enfrentar esta nueva crisis desencadenada por la Covid-19. La pregunta, ¿ la crisis que vivimos actualmente y visibilizada con esta magnitud, es nueva o es una extensión de la crisis mundial anterior al Covid-19?

Intentado responder:

No es novedad, y no se requiere de bibliografía alguna que avale la idea de que el mundo antes de la pandemia se encontraba en crisis económica, política, de valores, en guerras, con intereses económicos que llevan a decisiones bárbaras entre países, los daños ambientales con el incremento de la capa de ozono, cambio climático, la disminución de la capa de hielo, el aumento del nivel del mar, la desertización de vastas zonas, la desigualdad social expresada en diferencias sustanciales entre países y al interior de cada una de ellas, el aumento del narcotráfico, la delincuencia organizada, la institucionalización de la corrupción, para citar unas cuantas situaciones que dan cuenta de la realidad deplorable en que se debatían las naciones y sus poblaciones antes de la pandemia del Covid-19.

Entonces hablar de crisis debido a la presencia del Covid-19 es una ligereza, porque la crisis estaba allí, la relación existente con la pandemia, es la intensificación de la crisis que los gobiernos trataban de ocultar y ahora se hicieron muy visibles, imposibles de ocultar, porque hasta los países con economías aparentemente fuertes, como la de muchos países europeos, o el de Estados Unidos de Norteamérica, presentan dificultades en su manejo, económico financiero. Y en todos los países los problemas sociales se evidencian debido a las medidas de restricción en el hacerse diario de las personas, en especial para aquellas familias y personas con poco o ningún ingreso económico.

¿De qué crisis de trata con la presencia de la pandemia del Covid-19?

No es fácil responder a la pregunta, se presenta esquiva para las precisiones, debido a la multitud de variables en juego y la falta de claridad para colocar una visión desde la complejidad que significa el escenario social, natural y espiritual en el que se gesta esta expresión de vida humana.

Esta realidad, en la que el mundo se debate, podría ser pensada como el fin de la crisis anterior, o por otro lado, la extensión más grave de la misma; o quizá corresponda a una estrategia de una nueva civilización o la oportunidad para que la humanidad renazca con nuevas alternativas para un convivir armónico consigo mismo, con los demás y con la naturaleza…, se puede seguir hilando ideas alrededor de esta iniciativa, pero será solo eso ideas, que con los años se perfilaran con claridad y se podrá escribir la historia humana post Covid-19.

Lo que sí es evidente, en la crisis mundial actual, es una intensificación de la situación anterior a la pandemia, producto de medidas ligadas a un modelo económico que prioriza la acumulación del capital al bienestar social y de los cuidados, para imponer una sociedad de mayor control y vigilancia como respuesta al miedo de quienes detentan el poder económico y político, Juan XXIII decía: Los pueblos favorecidos por la naturaleza o los progresos de la civilización arriesgan conocer un día duro despertar si no se preocupan desde ahora por asegurar a los menos afortunados los medios de vivir humana y dignamente.(de Castro, J. 1969). Esta sentencia es evidente, el malestar de millones de seres humanos es pan de cada segundo y el miedo de los que tienen para no perder sus canonjías es cada vez mayor.

El miedo a perder lo que creen que es su derecho alcanzado, sin medir el daño a millones de familias en el mundo, les lleva a imponer por los distintos mecanismo, medios y estrategias el dominio, el control y vigilancia para evitar el levantamiento de las consciencias ante el robo, el menosprecio a la vida de los demás. Y Josué de Castro (1969) explica la razón de ese miedo y conducta al analizar este hecho social con relación a la desnutrición, e indica ‘que el hambre divide a la humanidad en dos grupos: el grupo de aquellos que no comen, que comprende las dos terceras partes, y el grupo de los que no duermen (o no deberían dormir) por miedo a la rebelión de los mal alimentados’.

Ahora debemos precisar que los mal alimentados son producto de una sociedad inequitativa, desigual, en la que prima la dominación para sacar las mayores ventajas posibles con el objeto de concentrar y acumular el capital lo más que pueden sobre cualquier otro bien humano.

Por estas y muchas otras razones, la necesidad del control y vigilancia al extremo de toda la población, las elites ven como el único camino para sentirse con cierta tranquilidad. Sin querer aceptar que esa estrategia es de doble filo, corta por un lado, pero sirve de dogal para si mismo. Esto es, es la esencia que sirve para engendrar y desarrollar la resistencia, con sus nuevos actores, con intereses quizá de los más nobles para el crecimiento humano.

Esperemos, quizá despertemos con una luz que nos permita comprender para actuar en bien de todos, con menor mezquindad, con formas solidarias eficientes, dejando de llorar por todo y actuando para construir en el día a día un mundo mejor con mayor espiritualidad.

Referencias bibliográficas

de Castro, J. (1969). El Hambre Problema Universal. Ed. La Pleyade. Buenos Aíres.

Nicolas Campoverde

Nacido en Biblián-Ecuador. Médico general, con especialidad en Administración e investigación en salud; Mgs. en Sociología y Desarrollo; estudios para PhD. En Pensamineto Complejo. Jubilado como Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca. Excoordinador de los Registros de Tumores de Cuenca y Machala. Autor de varias publicaciones relacionadas con la epidemiología, el cáncer y la sociología médica. Interesado en el proceso vital y una interpretación aplicando la física cuántica, la epigenética y el biogenoma, así como el esclarecimiento de la Salud Pública como instrumento del biopoder y la biopolítica.

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