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¿El límite de tus derechos? por Javi Comellas

justicia

Escuchando esta canción del músico londinense James Blake Limit to Your Love (Límite a tu amor) me preguntaba ahora que estamos viendo las características de la democracia, de los estados totalitarios y, en definitiva, losderechos humanos, cuál es el límite de estos.

Me explico, ¿cuándo un estado democrático comienza a transformarse en un estado totalitario?

¿Cuál es el límite? ¿Cuál es, como dice James Blake “There’s a limit to you care / so carelessly there, is it truth or dare” (Hay un límite para el cuidado / tan a la ligera no es verdad o se atreve)?

En algún momento, el “amor” del Estado Democrático por sus ciudadanos se convierte en perjudicial porque se ha sobrepasado en sus cuidados. Si preguntáis a cualquier ciudadano de Corea del NorteCuba o China, Estados claramente totalitarios, pocos os dirían de sus naciones que son Estados que no respeten los Derechos Humanos. Muy al contrario, se enfadarían y os expondrian férreas razones sobre por qué ellos consideran que viven en democracias que respetan sus derechos.

Creo que el problema fundamental es saber que no todos los derechos fundamentales son igual de importantes y los Estados deben priorizar: mi derecho a la vida es más importante que mi derecho a la propiedad privada.

Los Estados Totalitarios superponen a los derechos básicos recogidos en Declaración Universal de los Derechos Humanos otros para ellos considerado más importantes como es la seguridad de la propia nación.

Pero, ¿cuál es, según vosotros, ese límite que cualquier estado no debería cruzar?

Por Ja Comellas

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Comentarios de Facebook

Comentarios 2

  1. Matuk

    Es que, precisamente los super-Estados consideran más importante que nada la “seguridad de la propia nación” debido a que es la “nación” el conjunto de ciudadanos que la forman. Es decir, detrás de esa tergiversación actual del pacto social y el Estado que es la suma de todas las voluntades; lo único que defienden las potencias estatales y democráticas, en realidad, son los propios intereses de las corporaciones que la soportan. De allí que solo les importe la seguridad de la nación (que es el Leviatan moderno) y defiendan aquellos intereses -el de los que sustentan el aparato fiduciario- antes que los derechos de quiénes la componen (que somos nosotros).

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