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El mundo actual se apropia de muestras apetencias emocionales

Hoy en día vivimos en un mundo fluido y líquido, en términos de Zygmunt Bauman (2005), es decir, en términos de un aceleramiento de las relaciones humanas, en donde las relaciones interpersonales son fugaces y destinadas a ciertos fines emocionales específicos. Unas relaciones que, en su fugacidad, hacen que las dimensiones emocionales tiendan a experimentarse de forma inmediata, dejando en lo más hondo de las personas, al acabarse o al interrumpirse dichas relaciones, por esto o lo otro, varias carencias y vacíos afectivos de todo tipo.

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Facebook y otras redes sociales, por ejemplo, son medios que facilitan las relaciones interpersonales de una forma más fluida y rápida que las relaciones interpersonales de antaño, puesto que dichos medios propician que la comunicación se pueda llevar a cabo en tiempo real. Pero no solo eso, dichos medios también propician, y casi que hasta se podría decir que de una u otra forma fuerzan, a que nosotros, en especial los jóvenes, construyamos, perfilemos o inventemos una imagen de nosotros mismos para mostrar en nuestros círculos sociales o ante el mundo entero. Por esa razón, puede decirse que las relaciones interpersonales de hoy en día no giran tanto en torno a las interacciones cara a cara, sino a las ficciones performativas que las personas idean de sí mismas. Esto, tomando en cuenta la gran importancia de las TIC y las redes sociales informáticas actualmente.

Ahora bien, de acuerdo con Georgina Remondino (2012), la principal característica de nuestro tiempo, es decir, lo que más identifica a las tecnologías actuales y al uso que les damos, es la máxima de “Muéstrate a ti mismo”. O, en otras palabras, vivimos en una época en donde una de las cosas que más se comparten es la imagen que armamos de nosotros mismos así como todo el entramado de argumentaciones que giran en torno a ella (una imagen como lo puede ser la foto que de nosotros coloquemos en el Facebook). El problema, a mi modo de ver, no es el hecho de que creemos una imagen de nosotros mismos para compartir ante el mundo, sino de dónde proviene el entramado discursivo que nos dice que, ante todo lo que podamos o no hacer, lo primordial es mostrarnos a nosotros mismos así como a nuestras principales aficiones, para mantener relaciones interpersonales y satisfacer una que otra de nuestras apetencias emocionales.

Ahora bien, en lo que atañe a estas apetencias, como ya lo he insinuado líneas atrás, el mundo líquido y fluido de hoy en día crea varias de ellas, es decir, varios vacíos que buscamos saciar de alguna u otra forma. Por otra parte, también podemos tomar en cuenta que algunos estudios afirman que los modos de crianza actuales impiden el desarrollo saludable del cerebro de los niños. Yaiza Martínez nos dice, por ejemplo, que “las prácticas sociales y las creencias culturales de la vida moderna están impidiendo el desarrollo saludable tanto emocional como cerebral de los niños”, ya que al desaparecer la familia extensa hay menos personas encargadas de ellos. Por otra parte, la flexibilización del mundo también es una flexibilización del ámbito familiar y la disciplina, por lo que los niños, a corto o a largo plazo, a raíz de lo que se ha dicho, quedan con grandes vacíos emocionales. Unos vacíos que generan apetencias de las cuales se apodera el mundo del consumo actual y, en especial, el neoliberalismo…

¿Qué tantos vacíos emocionales puede entonces producir en nosotros esta sociedad líquida y desaprensiva en la cual vivimos? ¿Cuántas carencias afectivas, frustraciones, deseos reprimidos y falta de atención que luego se transformarán en apetencias emocionales que se querrán saciar de alguna u otra forma? ¿Es acaso el internet, y más exactamente las redes sociales informáticas, un medio en el cual los jóvenes vuelcan algunas de esas apetencias emocionales al crear una imagen y una argumentación medianamente estandarizadas de sí mismos? ¿Se aprovecha acaso el sistema económico neoliberal de ello? El presente texto, cabe decirlo, es una reflexión que aborda dichos interrogantes desde un punto de vista sociológico. Una reflexión en la cual se nos muestra la gran importancia que le damos a las relaciones interpersonales mediadas para saciar nuestras apetencias emocionales, y el poco peso que le damos a nuestra participación real en el mundo. Es decir, el poco peso que a la hora de la verdad le damos al ejercicio de una democracia verdaderamente participativa, en un mundo que posee un desenvolvimiento claramente líquido y fugaz. Un mundo que constantemente nos seduce y nos encanta, que insta a nuestras emociones a ser también parte del consumo, y que nos insta mucho más a desear que a tomar decisiones.

Todo eso y más en este ensayo (descargar)

Ensayo sociológico elaborado por Miguel Ángel Guerrero Ramos, sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, ensayista y escritor.

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