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El efecto Talegón, la imposibilidad de una ‘disensión interna manufacturada’ dentro del PSOE por José M. Copete

La irrupción inesperada, espontánea y crítica del vídeo de una joven en el congreso de la Internacional Socialista en Cascais arremetiendo contra la dirección de la Internacional Socialista sorprendió a todo el mundo. Su vídeo circuló por la red ampliamente hasta el punto de ella misma empezó a aparecer en programas de televisión de gran audiencia. La joven Beatriz Talegón había sido capaz de enviar un mensaje de rebeldía a los gerifaltes de su organización internacional (da igual que sea la internacional socialista o cualquier otra) con un sano  aire de renovación, de lucha intergeneracional en un momento en que todas y cada una de la caras visibles del partido están quemadas. El hecho de que la rebelión juvenil interna se haya producido en Portugal, en la intimidad de un congreso añade un aire de espontaneidad, nos hace pensar que es algo que estaba gestándose en el interior de la familia socialista y que empieza a aflorar en cualquier lugar, de forma espontánea, desde las bases del partido, como una revolución popular y por lo tanto está imbuido de una gran legitimidad. Es un mensaje de una joven rebelde, capaz y al mismo tiempo inocente a sus dirigentes. El recuerdo de aquel [Enlace retirado] de hace unos meses en el que militantes de base del PSOE criticaban a su partido y reconocían sus errores avala esta impresión y nos hace pensar que algo se está moviendo dentro del PSOE.

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No sabemos si el discurso que esta joven dio en Cascais forma parte de un nuevo proyecto del PSOE, a no ser que seamos parte del aparato del partido o del gabinete de imagen. Sin embargo, sí que podemos intuir si lo que ha ocurrido con el video de la intervención de Beatriz Talegón y el anterior video de los militantes pidiendo disculpas es beneficioso para el partido o no. La respuesta es bastante clara.

Aunque el vídeo se haya producido en un lugar lejano que el espectador o el internauta no sepa bien donde está, en una congreso internacional de algo que tiene que ver con el PSOE, la difusión por la redes sociales ha servido para un consumo doméstico dentro de las fronteras del estado y por un electorado cada vez más desencantado, más descontento y más crítico con ellos. Quizá sobre todo dirigido al segmento del electorado que antes les votaba y que ahora les está abandonando y que es posible que siga creciendo.

Si tenemos en cuenta el vídeo de los militantes pidiendo disculpas y después el vídeo de Beatriz Talegón, aunque no sepamos si aquí hay una pauta orquestada desde arriba, podemos ver que se repite la crítica interna dirigida hacia un público amplio. Esto no perjudica a la imagen del PSOE, más bien lo contrario, le beneficia y le da ciertas posibilidades de maniobra política. Su imagen, ya muy deteriorada no hace más que hundirse cada vez más y ninguna de sus caras públicas puede levantarla.

Si pudieran encumbrar una cara nueva, joven y cercana al pueblo y a la juventud, segura, rebelde, incluso guapa, que surja desde abajo podrían inaugurar una línea de propaganda progresista con conexión con los movimientos populares actuales en claro auge y por lo tanto podrían volver a atraer las ilusiones de un segmento del electorado que les está abandonando y que podría volver a votarles si les pudieran decir de forma más o menos convincente lo que quieren escuchar. Otras fuerzas políticas tienen estas figuras públicas y utilizan estas estrategias. Talegón es la cara, de diseño o no, que podría jugar ese papel.

Esa estrategia se ha ido erosionando en cuestión de horas cuando tanto antiguos como actuales compañeros de organización u otras personas le acusan de ser parte integrante de lo que crítica, el aparato del partido, y no una joven rebelde ni una promesa de renovación. La crítica, aunque incisiva convivía con el amplio despliegue de la nueva marca Talegón en los medios de comunicación.

Sin embargo, la puesta a prueba ha sido el 16 de febrero, el día de la manifestación por el derecho a la vivienda. Su proyecto de renovar la imagen del partido se ha esfumado al ser abucheada junto a López Aguilar, exministro de Justicia, quien junto a su partido, nunca hizo nada para defender a las familias afectadas por la hipoteca. Los dos han tenido que salir escoltados de la manifestación por la policía al verse rodeados por manifestantes que les gritaban ‘culpables’, ‘sí se puede’, ‘fuera’, ‘vergüenza’, ‘PSOE, PP la misma mierda es’ o ‘ni socialistas, ni obreros’, etc… La gente en el estado español empieza a tener memoria al recordar lo que el PSOE ha hecho. Esa ha sido su prueba de fuego, acostumbrada a los aplausos y las palmaditas en la espalda, no ha recibido ninguno.

Su imagen, desde mi punto de vista, se hunde todavía más, quizá de forma definitiva, en el debate en Tele 5 con Ada Colau el mismo día por la noche cuando intenta imbuirse del prestigio de Ada y la lucha contra los desahucios para, acto seguido, enfrentarse y aleccionarla a ella y a todo el movimiento diciendo “también tenéis que ganaros el respeto” y aplica a los manifestantes la denominación que su partido inventó en la lucha contra ETA y luego se intentó aplicar sin éxito al 15-M; ‘los violentos’. En el artículo publicado por El País utiliza la expresión ‘los radicales’. Estos son intentos claros de criminalización difícilmente utilizables por alguien que dice apoyar la lucha de las plataformas de afectados por la hipoteca.

Cuesta trabajo entender cómo alguien como Beatriz Talegón puede aleccionar a Ada y por extensión a todo el movimiento de lucha contra los desahucios y el derecho a la vivienda. Sin duda tiene un gran concepto de sí misma. Es curioso, por un lado, que en su discurso en Cascais ningunee a sus compañeros de las Juventudes Socialistas portuguesas por hacer de ujieres en el congreso y no valore el trabajo gris y de base a pesar de decir repetidamente en el debate que es una militante ‘de base’, y por otro, que sus compañeros que han pedido su dimisión también le digan que no puede ‘dar lecciones’.

Pero lo más sorprendente es el contenido de la recriminación y lección que da “también tenéis que ganaros el respeto”, a un movimiento cuyos logros han sido, son y serán a fuerza de una lucha ciudadana incansable, profundamente solidaria, que ha parado cientos de desahucios, que ha movilizado a sectores poblacionales con muchos problemas y por lo tanto muy difíciles de movilizar, que ha recogido más de un millón y medio de firmas, que se ha enfrentado a los poderes fácticos del estado, incluyendo su propio partido y que nunca ha sido criminalizado ni acusado de violento o radical, excepto por ella. Quizá todo esto no sea suficiente para ganarse el respeto de una voz nueva, renovadora y rebelde dentro del PSOE como es la de Beatriz Talegón, pero sí que lo es para ganarse el respeto y la solidaridad de amplios sectores del pueblo.

Su proyecto de renovación de la imagen del PSOE es tan etéreo como sus lecciones a Ada y al movimiento contra los desahucios y por el derecho a la vivienda. Hubieran podido ir (ella y su equipo de renovadores) a las manifestaciones de protesta y hablar, desde las propias protestas, en los medios de comunicación como dirigentes y disidentes del PSOE (jóvenes aunque sobradamente preparados) y mostrar una imagen renovada del partido, capaz de ilusionar a la gente (como ella misma dice en el debate que ya ha hecho) y a ese sector del electorado que les volvería a votar si hubiera caras nuevas y discursos nuevos, si volvieran a defender, aunque sea nominalmente, a las clases populares, a los desheredados, a los parados, a los desahuciados, o simplemente al pueblo. Podrían hacer lo que José Bono ha hecho durante años, hablar para el electorado conservador del PSOE, o Gallardón, atendiendo las necesidades ideológicas del electorado moderado del PP, o incluso como Tony Benn hacía en el Partido Laborista británico, al que llamaban la consciencia del Partido Laborista en una suerte de ‘disensión interna manufacturada’. Beatriz Talegón podría haber sido esa voz creíble, disidente y renovadora que tanto necesitan ahora y por eso, el aparato de su partido no la ha reprimido y han dado aire a sus intervenciones en los medios de comunicación. El PSOE también podría haber mantenido un debate interno entre la vieja guardia y el ala izquierdista, renovadora, juvenil e ingenua al igual que hacían los dictadores árabes con sus hijos antes de la primavera. Quizá lo vuelva(n) a intentar. Es difícil pensar que Pablo Iglesias no haya visto esta posibilidad en su artículo de Público.

Quizá esto sea también un síntoma de que el PSOE, al igual que los regímenes árabes, ha llegado a un grado tal de desgaste y de descrédito que su renovación o regeneración mediante esta estrategia ya no es creíble. Su intento, sea del aparato del partido, o de la propia Beatriz Talegón o de su equipo, espontaneo o planificado, ni a ilusionado a la gente, ni ha mostrado que los jóvenes del PSOE son distintos a sus mayores, ni ha cuajado. No sabemos si podrán rescatarlo en el futuro pero hoy por hoy, tan solo días después de ponerlo en práctica o de que se pudiera solo, hace aguas por todas partes y se hunde irremediablemente al igual que su partido y sus dirigentes.

José M. Copete, artículo escrito también en el diario.es

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