La Sociología, Material Sociológico, Profesión Sociólogo

El decálogo del sociólogo – Manual del perfecto sociólogo

Una específica óptica sociológica determina la figura del sociólogo, de carácter carismático, imponente e incitante, como notas atributivas y especiales.

Introducción

El conocimiento que se tiene en torno a la Sociología es tan escaso -no sólo entre los propios sociólogos; sino entre los especialistas de las distintas Ciencias Sociales- que se hace necesario el reforzar la información relativa a la Ciencia de la Sociedad. De aquí se desprende el objetivo de este texto: poner al alcance de sociólogos y no, la primera tentativa de crear el decálogo del sociólogo. 

El origen etimológico del término decálogo proviene del latín decalogus proviene del griego dekálogos compuesto por déka, diez y logos, discurso o palabra. En español aparece este sustantivo desde el siglo XVIII, pero destaca sobre todo por los célebres Diez Mandamientos de la Ley de Dios, que en el mítico Monte Sinaí Jehová entregó a Moisés, para refrendar su pacto con el pueblo elegido. 

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Pero en ese decálogo se establecen también el conjunto de normas -ya no sólo morales- sino jurídicas que regirían las relaciones sociales del pueblo judío -primero- y después para todos los católicos. 

Pero en ese decálogo se establecen también el conjunto de normas -ya no sólo morales- sino jurídicas que regirían las relaciones sociales del pueblo judío -primero- y después para todos los católicos. 

En este sentido se ha convertido el término decálogo en sinónimo de reglas de observancia obligatoria con la cual se busca crear un código de comportamiento dirigido a un determinado grupo de personas que comparten un conjunto de conocimientos e intereses profesionales y gremiales. Así en el caso de los discípulos y practicantes de la Ciencia creada por Augusto Comte, se ha elaborado un Decálogo del Sociólogo. 

Antecedentes

Como el desarrollo de la Sociología en los distintos países latinoamericanos ha seguido un proceso desigual, se tiene la necesidad de intercambiar experiencias. Uno de estos foros, periódicos, lo constituyeron los Congresos Latinoamericanos de Sociología. 

En uno de ellos. el 1V Congreso realizado en Santiago de Chile en 1957, don Alfredo Poviña, destacado docente y promotor de la Sociología en Argentina, presentó el trabajo denominado: “Decálogo del aprendiz del sociólogo” (1). 

El sociólogo
Poviña inicia por caracterizar al sociólogo. Las “tres notas esenciales del sociólogo” son: 
1.- El sociólogo aparece rodeado de un prestigio carismático. 
2.- El nombre de sociólogo es imponente. 
3.- El nombre del sociólogo es incitante. 

Continua afirmando que: “una específica óptica sociológica determina la figura del sociólogo, de carácter carismático, imponente e incitante, como notas atributivas y especiales”. Llega a definir al sociólogo como “la persona que cumple cualesquiera de esas tres funciones; y es tal, tanto el que hace sociología -para nosotros el auténtico- como el que sabe Sociología y el que enseña Sociología”. 

Es interesante no cerrar la noción de sociólogo al formado profesionalmente en las Universidades; así que es un acierto el reconocer que el sociólogo no sólo es resultado de los estudios. Porque esto no implica, necesariamente, que se pueda hacer Sociología; esto es que se realice investigación en torno a lo que don Manuel Gamio llamó la realidad social. 

Al profesional de la Sociología se le considera como “resultado de un proceso de formación, pero que internamente nunca se acaba”. Este es el sociólogo “hecho”. En este caso las actividades profesionales son tanto la investigación sociológica como la docencia relativa a la Sociología (ya sea general o especializada) y desde luego no olvidar al experto, el especialista en la teoría sociológica. 

Pero por lo que toca al sociólogo “por hacerse”, al aprendiz de sociólogo que apenas inicia la marcha, para él se ofrece “un báculo, obra de la experiencia, para marchar con pie más firme y decidido” por el campo de la Sociedad. 

El decálogo

El Decálogo está “formado por un conjunto de diez reglas o mandatos que son: o bien normas para la propia formación del sociólogo o bien principios de la ciencia misma o de su objeto de conocimiento que creemos pueden ser de mucha utilidad y de provechosa aplicación”. 

Así que es necesario recordar y distinguir entre las normas relativas a la formación del sociólogo; los aatributos específicos de la la propia disciplina sociológica; o bien, las reglas que permiten identificar y construir -de ser necesario- el objeto de estudio de la Sociología. 

Por lo anterior, se entiende la finalidad del Decálogo que es para “decirle (al aprendiz de sociólogo) cómo tiene que obrar para obtener mejores resultados, cómo puede trabajar, sin dejarse vencer por las “fuerzas ocultas” que él mismo provoca, y cómo puede lograr hacer, sin desaliento y sin pavor, una labor sociológica duradera y fecunda”. 

Por lo anterior, parecería que el Decálogo podría ir “dirigido al aprendiz de sociólogo, pero no exclusivamente. Puesto que, el decálogo “puede ser útil a todos los que marchamos por el mismo camino, cualquiera que sea su posición de avanzada; porque además de lo recorrido, queda siempre mucho por recorrer”. Empecemos, pues, a describir cada una de estas máximas en torno al ser y hacer del sociólogo. 

1.- Nadie nace sociólogo. 
Se hace. La primera regla viene a conformar una determinada disposición; porque “sobre la base de una vocación, todo lo demás se hace en Sociología, por obra del propio esfuerzo, del estudio y de la investigación”. Por ende, sí nadie nace sociólogo, sólo queda hacer al sociólogo y la primer condición es que exista la vocación. 

La vocación, ese llamado interior puede ser la razón inicial, después viene la intención de quererlo ser. Sería atractivo acercarse a la propuesta de Carmona Nenclares respecto a los “cinco motivos por la Sociología”. Una vez tomada la decisión por la Sociología; todo está por hacerse. 

2.- Nada se sabe por anticipado. 
Todo se aprende. Este principio es continuación del anterior y su complemento necesario”. El verdadero sociólogo sabrá “evitar sistemáticamente todas las prenociones” así como “liberar la intervención del sentimiento”. Es decir, el sociólogo debe despojarse de todo conocimiento ideológico y común para hacer de la duda cartesiana, la base del método sociológico. Al actuar así es previsible “se consiga llegar a conocer lo sociológico de manera sistemática, objetiva e imparcial”. 

Para hablar del sociólogo que se hace, hay que mencionar que es el producto -nunca finalizado- de un proceso en el que confluyen los conocimientos tanto en el ámbito de la docencia (en el doble momento: enseñanza-aprendizaje) como en la investigación. Consecuencia de este saber es la interiorización de valores, actitudes y aptitudes que hacen único al sociólogo. 

Pero como el conocimiento es una actividad inagotable, “el sociólogo es siempre y toda la vida un aprendiz”. 

3.- En sociología no se improvisa. 
Se elabora. Una lamentable propensión humanan consiste en opinar sobre las cuestiones sociales sin información ni preparación adecuada; de ahí se desprende la imagen de los sociólogos como “los saltimbanquis de la Sociología”. 

Existen sociólogos que se producen por generación espontánea, por improvisación, por lo que generan, explican y justifican esa imagen incorrecta. Al respecto puede recordarse la interesante propuesta de Peter L. Berger en torno a las imágenes correctas y erróneas del sociólogo en Estados Unidos. 

Sólo queda “el principio de que el conocimiento sociológico se adquiere, se elabora, se hace reflexivamente, mediante el propio esfuerzo, por la acción de un trabajo adecuado, serio, profundo, metódico, realista”. Así pues, la Sociología es el producto de una constante creación y recreación tanto del que hace, como del que enseña como del que aprende los elementos teórico-metodológicos y técnicas de la Sociología. 

4.- Otros hacen sociología. 
Sepa que han hecho. La Sociología como ciencia es producto de la actividad humana; por ende, ni un grupo ni un sector de especialistas pueden ni deben considerarlo su exclusivo patrimonio. 

Ciertamente, para la conformación de la Sociología fueron muchos los que abordaron cuestiones sociales desde ópticas distintas. Lo anterior supone que “siempre seremos herederos de un patrimonio sociológico formado por nuestros sociólogos antepasados, que es indispensable conocer”. 

La consecuencia es inevitable: “es indispensable conoce la historia de la Sociología, en sus grandes períodos de formación, nacimiento y crecimiento, en constante proceso de acrecentamiento y fecundidad”. En este caso no puede olvidarse la riquísima historia del pensamiento presociológico en general de América Latina como en México. 

Pero no basta con un interés arqueológico sobre este saber, es conveniente asumir una actitud más crítica y analítica sobre ese conocimiento: “no podemos llegar a ser sociólogos si no conocemos el aporte crítico, lo vivo y lo muerto, de los precursores, el instante del nacimiento de los primeros sistemas, y todos los esfuerzos doctrinarios y orgánicos que se han cumplido en el siglo XIX y de lo que va en el XX”. 

Además lo que otros hacen no se resume a lo pasado, por eso “hay que estar a tono de las investigaciones actuales, que es imposible ignorar, y menos, por cierto, despreciar”. 

5.- El estudio de la Sociología nunca se acaba. 
Siga adelante. Al aporte del pasado (los precursores, los fundadores y los clásicos) y del presente (la investigación y el diagnóstico) no podría excluirse el futuro (la predicción) ; es decir, no basta con saber la historia pasada o presente de la Sociología. Esta, como toda actividad humana, implica un proceso de acumulación; proceso que supone reconocer que “nunca alcanzaremos a ser sociólogos. Siempre (seremos)aprendices que llevamos prendido el impulso de marchar hacia adelante”. 

Justamente es que mientras más conocemos en el campo de la Sociedad, más avanzamos en su mejor explicación. La arqueología del saber se transforma en un motivador del conocimiento orientado a la acción mediata o inmediata tanto en la Sociología como en la sociedad. 

La rúbrica es contundente: el saber sociológico nunca se acaba. 

6.- Conozca la realidad social. 
No la deforme. “Conocer la realidad tal cual es con justeza, resulta el desideratum del sociólogo”. 

Esto significa que el investigador social debe interesarse porque la realidad no se deforme “a través del lente de los prejuicios, de las concepciones interesadas, de lo que debe ser, de acuerdo a ideales más o menos justos, o de lo que desearíamos que ella fuera, según nuestros gustos personales o apetitos ideológicos”. 

Si fuera posible como intención y finalidad del sociólogo realizar este proceso de objetivización, entonces sí “se hará Sociología, sin caer ni en las especulaciones filosófico-morales, ni en los compromisos prácticos de los “ismos” contemporáneos”.

Dicho de otra manera, el conocimiento sociológico será un conocimiento científico libre de valoraciones que busca describir, explicar y diagnosticar procesos, funciones o hechos; dejando a la moral, la ideología y la religión el papel de evaluar o calificar estos procesos. 

7.- Lo sociológico es complejo. 

Busque dominarlo. “Lo sociológico no es una idea simple, ni es un objeto sencillo”; quien así piense poco futuro tienen como aprendiz de sociólogo. La razón es que lo sociológico “es un complejo, un conjunto de elementos y de factores, de distinta naturaleza, que se encuentran íntimamente enlazados y coordinados en una unidad perfecta”. 

Esta concepción de lo social con toda su absoluta complejidad, es un instrumento de gran valía para el aprendiz porque “la tarea del sociólogo es dominar la complejidad de los sociológico, mediante la división y conocimiento de sus partes. Conocer su papel en función del todo y llegar a ver, en su conjunto, la ‘la totalidad estructural de lo social'”. 

Las herramientas que el sociólogo tiene para dominar esta complejidad las constituyen tanto las teorías, como los métodos y las técnicas de investigación social. Sin ellas no se puede hablar ni estudiar lo social.

8.- La Sociología tiene un objeto definido. 

Ni la confunda, ni lo altere. Esta norma es esencial. Porque existe una evidente tendencia a confundir a la Sociología, como cuerpo de conocimientos teórico-metodológicos, con otras ciencias que estudian lo social. Así sea en el caso de disciplinas sociales particulares, ya en áreas de conocimiento del espíritu o de la normatividad. También puede ser con ramas del saber o con ámbitos específicos. 

Ante esto sólo queda “recomendar la necesidad imprescindible de tener un criterio preciso e inequívoco, que nos permita delimitar cuidadosamente la Sociología, para no confundirla, y hacer de todos esos conocimientos afines, una amalgama irreconocible e indenominable, con aspiraciones imperialistas”. 

La Sociología es Sociología, parece ser simple, pero las implicaciones son muchas. 

Por lo que respecta al objeto de estudio de la Sociología es evidente que, pese a las discrepancias internas, existe un acuerdo general que está “perfectamente definido”. Aunque no debe olvidarse que “es preciso marcar concientemente (sic) sus límites, para no alterarlo”; porque, de lo contrario, tampoco se puede asegurar que se esté en los dominios de la Sociología. 

En fin el aprendiz del sociólogo tiene como divisa de su práctica una doble premisa: “ni todo lo que ocurre en la sociedad es social, ni todo lo social es objeto de la Sociología“. 

9.- Primero transmita. 
Después exponga. Recién investigue. “El noveno mandamiento es la síntesis a la inversa, necesaria de incorporar expresamente, referente a la triple función del sociólogo ya mencionada (transmita, exponga e investigue), ordenada de modo lógico e ideal”. Esto significa que en “la vida práctica del aprendiz de sociólogo, las cosas ocurren justamente al revés”. 

El proceso inicia como profesor de Sociología ya que es “el período del aprendizaje y de conocimiento de la materia”: el descubrimiento. A la etapa de preparación le sigue el “exponer, sistematizar y organizar lo enseñado y aprendido: la colonización”. 

Estas etapas de descubrimiento y preparación no pueden quedar sólo en esta posición; por ende, al “último, el aprendiz de sociólogo se convierte en investigador, que entrega a la ciencia el fruto creador de su esfuerzo. No ha pasado en vano por la Sociología. Le entrega una obra y ha cumplido su misión. Es ya sociólogo”. 

10.- Trabaje en Sociología. Haga conocer su trabajo. Si lo hace: que sea ‘algo’, que sea concreto, que sea claro. 

“Hacen falta sociólogos” puesto que” lo sociológico es un campo inmenso, todavía en gran parte, inexplorado, parcial o deficientemente conocido”. Ante esta riqueza tan amplia del quehacer sociológico “no se concibe un sociólogo que no haga nada. Su mejor y más poderoso estímulo viene de su propio objeto, la realidad social misma, que le provoca, le ataca, para que la conozca”. 

Si el objeto de estudio es cambiante, movible, hay que trabajar por conocerlo; así pues, “una vez la obra -por modesta que sea- tiene que exponerse, darse a conocer, someterla a juicio técnico, a la discusión y a la crítica, sólo auténtica cuando es sana y fundada”. Es decir, debe darse a conocer el trabajo realizado por el especialista en la sociedad para valorarlo en su exacta dimensión. Ahora bien, tres son las condiciones básicas en la elaboración y publicación de un texto, o de un reporte de investigación; a saber: 

l.- Que sea ‘algo. Significa que “no se puede presentar estudio alguno en Sociología que no diga nada, que no sea nada, a tal punto que cuando llegamos al final de su lectura, vemos, con pena, que hemos sido defraudados y no ha quedado saldo favorable, sin saber cuál ha sido el aporte de ese trabajo. Es hacer Sociología sin Sociología”. 
2.- Que sea concreto. Esto es que al sociólogo debe “exigir que el tema sea concreto, que tenga un objeto definido, que sea sustancial y finalmente que quede demostrado”; puesto que, sólo así podrá combatirse el verbalismo: “hablar o escribir mucho y no decir nada”. Este último no es atributo ni cercano de la Sociología. 
3.- Que sea claro. “La Sociología no se compadece con un lenguaje sibilino, ni frondosamente literario sin contenido, ni con una obscuridad conceptual ininteligible e inalcanzable”. 

Por eso, “cuando se tiene algo qué decir, y ese algo es de carácter concreto, se le dice claramente, con un lenguaje sencillo y serio, con un tecnicismo adecuado, con una precisión inequívoca, reflejo de la claridad del pensamiento”. 

Concluye Poviña reconociendo que el Decálogo del sociólogo “son simples apuntaciones alrededor de la figura del sujeto de la Sociología en cuanto investigación científica. con un sentido indicativo y no excluyente de otras normas, que puedan proponerse como más precisas y más apropiadas”. 

Antes de concluir esta disertación, vale la pena insistir que este decálogo tiene un doble interés. 

Por un lado, el rescatar este documento y ponerlo al alcance de los especialistas. Así mismo, proporcionar una guía al sociólogo, para orientar su acción y formación, con un deseo más allá de la mera anécdota o la curiosidad intelectual. 

1.- Poviña, Alfredo: Decálogo y programa del aprendiz de sociólogo. México s.a. UNAM Instituto de Investigaciones Sociales col. Cuadernos de Sociología. Biblioteca de Sociología. 
2.- Berger, Peter L. Introducción a la sociología. México 1996. Editorial Limusa Noriega, en especial el capítulo dos. 


Postcriptum. 

Una vez concluido este texto sobre el decálogo del sociólogo, se encontró otra propuesta de decálogo en un manual español (Miguel, Amado de: Manual del perfecto sociólogo, pp. 5 y ss.) 

Con este manual, se parte de concebirlo “como este libro entero es un centón de preceptos de todas clases, a quienes tal procedimiento pueda resultar cansino, les ofrecemos el siguiente decálogo” . (p 5) 

Para lograrlo, dice el autor, “nos basamos, de nuevo, en el principio psicológico de que no se pueden retener, al mismo tiempo, más de diez prescripciones.” Sobre todo, porque “Repetimos la sospecha de que ese fue el genial descubrimiento de quien redactó el famoso decálogo del Sinaí. (que también) era un hermoso precedente de lo que, andando los siglos, iba a ser el sistema métrico decimal.” 

Al respecto debe de recordarse que el decálogo: “no es tan artificioso como parece. Pensemos solo en que son diez los dedos de las mano. Así se organiza la contabilidad de los números romanos, que por tanto carecen del cero.” 

Pero respecto al decálogo del sociólogo que se propone, dice el autor, que “es un decálogo preliminar, sin el cual lo que viene después no tiene asidero”. Pero que al mismo tiempo, ” es tan general que sirve para preparar cualquier trabajo de sociología o de otras disciplinas”. 

Cada una de las reglas que constituyen este decálogo de los sociólogos, son las siguientes: 

1.- “No hay que dar por sabido el texto que sigue. La intuición (o imaginación creadora) es el principal recurso del investigador, pero hay que conservarla para mejor ocasión. La intuición es diosa caprichosa que gusta de sorprender al sociólogo trabajando”. 

2.- “Se deben aceptar todas las normas indicadas. No son fijas ni inmutables, pero, para cambiarlas, hay que conocerlas bien. Hay que experimentarlas antes para que el cambio signifique mejora”. 

3.- “El principio fundamental del análisis sociológico, común a todas sus fases, es elorden. Lo contrario del orden es la improvisación, el azar, la confusión. El orden significa, por ejemplo, que cualquier texto, por mínimo que sea, ha de redactarse con un esquema previo. Este mismo principio se aplica a todas las fases de la investigación”. 

4.- “La pieza clave de cualquier trabajo es el esquema. Su ausencia sólo produce confusión, desorientación. En realidad es una pieza invisible, porque no suele mostrarse, excepto en su traducción como índice del trabajo consiguiente. Pero el esquema es algo más que el índice. Consiste en ordenar previamente lo que se desea conocer. No tiene por qué ser un documento. Antes bien, su cualidad es la de ser un borrador permanente, dinámico, plástico, que se va reformando conforme avanza el trabajo. Húyase de los esquemas demasiado detallados, de los retóricos, de los que no mantienen un orden. Un esquema bien hecho nos permite disponer de los aprestos necesarios para investigar.” 

5.- “Un principio esencial al análisis es el de economía. Hay que lograr el máximo resultado con el mínimo esfuerzo. Es una paradoja, pero cuanto más se preparan los esquemas, las clasificaciones, los modelos de tablas y cuadros, menos trabajo se exige. El principio de economía supone el menor número posible de cuadros, de palabras, de páginas y de citas para conseguir el resultado más valioso. Por ejemplo, un indicio de que un trabajo de análisis está hecho por un sociólogo bisoño ya que aporta un exceso de cuadros y citas. Este es el pecado ,por ejemplo, de las tesis doctorales. Cuesta tanto esfuerzo esa acumulación, que el investigador se resiste a dejar de mostrar todos los materiales de su labor. Pero ese es un rasgo de principiantes. El profesional avezado trabaja con el argumento final, con el mínimo de materiales; naturalmente, siempre de manera proporcional al objeto del trabajo”. 

6.- “El análisis de encuestas no es más que un modo de realizar los principios del razonamiento científico. Estos son los del sentido común para conseguir los datos y las relaciones se presentan con la máxima coherencia. Insistimos aquí tanto en ese método porque es el privativo de los sociólogos y porque, desgraciadamente, se utiliza muy mal. Una encuesta sólo se puede abarcar por un grupo organizado. Las reglas de esa organización son comunes a cualquier otra actividad productiva. De ahí que no tengan que ser necesariamente sociólogos los que dirijan las actividades investigadoras, se por encuentra o por cualquier otro método. Es más, cualquier persona, con una suficiente base de formación general, puede hacer sociología”. 

7.- “El modo de razonar en la ciencia sociológica lo expone cabalmente Emilio Durkheim en Las reglas del método sociológico (1895). Es un librito de preceptos que antecede a la experiencia de algunos estudios empíricos, principalmente la magistral investigación sobre el suicidio (1897). Realmente las dos obras pertenecen a un mismo esfuerzo investigador. Se puede decir que es el que funda la sociología (…) Este decálogo es la réplica actual de las reglas del equipo de Durkheim. Hagamos nuestro el primer consejo: ‘La primera regla y la más fundamental es considerar los hechos sociales como cosas‘ (Durkheim 65:31): Traducido el precepto a nuestro tiempo, habría que decir que el sociólogo debe observar fríamente lo que pasa, sin confundirlo con sus deseos o sus simpatías. La verdad es que se trata de una recomendación tan fácil de enunciar como difícil de cumplir. Son innúmeras las experiencias del trabajo sociológico en las que aparecen errores. Después de detectados , uno se percata de que se habían cometido porques se superponían al vector de las voliciones del investigador. Es decir, no eran propiamente ‘cosas’, sino manifestaciones ideológicas”. 

8.- “La más burda conculcación del principio anterior es creer que las encuestas ( y los ‘encuesteros’ o ‘inquisidores’) acaban sustituyendo a la opinión pública misma. Los comentaristas pueden llegar a interpretar que si el partido A sobrepasa ‘solo’ en 10 puntos porcentuales de intención de voto al partido B, esto es un desastre para el primero. La razón es que lo comentaristas piensan que el margen ‘debería’ ser mayor. En el fondo late aquí un difuso sentimiento de que los políticos deberían hacer más caso a los comentaristas. Ante esa frustración del gremio periodístico o sociológico, es lógico que se dispare una actitud resentida hacia los políticos. Esta confusa situación se aliviaría si se distinguiera la opinión pública como una ‘cosa’ (en el sentido aludido) de los resultados de las encuestas y de sus interpretaciones”.

9.- Un gran bioquímico, Eduardo Primo Yufera, expone las cualidades del investigador científico. Aparte de las derivadas del conocimiento de su campo, señala estas dos que parecen adjetivas y que hacemos nuestras. A) ‘capacidad para dudar e inquirir’ y b) ‘capacidad para redactar un informe’ (Primo Yufera 81:23). Estas dos cualidades se pueden enseñar. Son las que intentamos transmitir en estas páginas. Constituyen una síntesis de lo que exponen los científicos propiamente tales. 

10.- La claridad es la cortesía del sociólogo, si se nos permite parafrasear el famoso dicho de Ortega y Gasset. Quiere esto decir que huelgan todas las reglas de investigación sí, al final, el analista no sabe exponer claramente sus conclusiones. La regla es aquí que, cuando los resultados del análisis no se manifiestan con claridad, las ideas son confusas. Lo inefable no es de este mundo. Si no se sabe expresar un razonamiento, es que está fuera de razón”. 

Artículo de Hugo Arturo Cardoso Vargas.

Bibliografía

– Miguel, Amado de: Manual del perfecto sociólogo. Madrid España 1997 Editorial Espasa Calpe

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Comentarios 4

  1. migracionesgolondrinas21

    Acabamos de conocer vuestro blog y desde luego empezamos a seguirlo. Muy interesante la variedad de artículos, la profundidad y la actualidad. Saludos desde Migraciones Golondrinas 21

  2. Cesar

    El decálogo del Sociólogo esta claro sobre el quehacer del Sociólogo el Sociólogo nunca dejara de aprender de la realidad social por que es constante y dinámica, lo social no es estática sino cambiante es dinámica por los cambios que a tenido la sociedad en sus diferentes etapas de la historia de la humanidad.

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