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Señas de identidad del sindicalismo español – Antedecentes, posguerra y sociedad democrática

Los últimos acontecimientos ocurridos en referencia a la actuación de determinados miembros pertenecientes a las cúpulas de los sindicatos mayoritarios, están poniendo en tela de juicio la manera en que las estructuras de estas organizaciones están gestionando la crisis de credibilidad abierta por su posible mala praxis en cuestiones referentes al  manejo de fondos de naturaleza pública.

Lo más preocupante para la opinión pública y sobre todo para los trabajadores es que no parece tratarse sólo de actuaciones personales, mas bien tienen un trasfondo que subyace en la configuración del modelo sindical español.

La prueba de que no se trata de hechos puntuales la obtenemos al valorar su trabajo en la gestión de fondos públicos para la formación profesional y el empleo o la falta de una cierta “ética profesional” a la hora de priorizar en qué y cómo se deben gastar el dinero proveniente de las cuotas de sus afiliados y otras partidas derivadas del erario público. Notoria es también la decepcionante actuación de los representantes sindicales, (por no dedicarle otro calificativo más duro), en los consejos gestores de las Cajas de Ahorros, u órganos consultivos como diputaciones provinciales o Ayuntamientos, donde muchos de ellos se han comportado muy por debajo de lo que se espera de personas que deben defender el interés general.

No se trata de un problema específico del movimiento sindical español, sí ahondáramos en el movimiento asociativo en general, muchas de las deficiencias estructurales que denotan los sindicatos las encontraríamos en patronales, ongs, colegios profesionales y otras instituciones al uso. La sociedad civil que comenzó a gestarse como resultado de la Transición Democrática de finales de los años setenta del siglo pasado, adolecía de determinadas virtudes ciudadanas que sólo se consiguen a través de una dilatada experiencia de convivencia ciudadana en democracia. Por el contrario, la imperiosa necesidad de la agenda política del momento de conseguir el “consenso a toda costa”, impidió que hubiera  una ruptura en determinados aspectos de la sociedad del momento. Esto hizo que determinados vicios sociales provenientes de cuarenta años de atraso y dictadura perduraran y tomaran nuevas formas en la sociedad española, por ejemplo, educar en el respeto por el bien común y la falta de trasmisión de valores tendentes a conseguir de la ciudadanía un cierto ethos moralizante en el manejo de la cosa pública.

En el caso que nos ocupa, el calado de la crítica a que se ven sometidos los sindicatos proviene de su importancia en los momentos actuales, por su repercusión en el mercado laboral y por el papel de los sindicatos como instituciones vitales para el desarrollo del mundo del trabajo y de la democracia tal y como la entendemos. Todo ello parece conformar la crisis del movimiento sindical en cuanto al modelo de relaciones laborales que quiere seguir representando y de su desorientación en el nuevo marco del mercado de trabajo globalizado y postindustrial. .

ANTECEDENTES HISTORICOS DEL SINDICALISMO ESPAÑOL.

No obstante todo el proceso de pérdida de credibilidad de los sindicatos está inmerso en una espiral más amplia que tiene que ver sus señas de identidad y con su trayectoria a través de la historia de España en el siglo XX. La conformación de las señas de identidad del movimiento obrero español, está condicionada por la historia política del último siglo.  Los grandes períodos de falta de libertad y de déficit democrático están detrás del papel que los sindicatos se vieron obligados a jugar como actores de primer orden en la lucha por la democracia y los derechos ciudadanos en España. La forma parcial y tardía en que la Revolución Industrial se implanta en España, también es un antecedente a tener en cuenta. Se trata de una sociedad rural, atrasada y con fuertes desequilibrios socioeconómicos. La gran acogida y desarrollo que tuvo el anarcosindicalismo en España, tiene mucho que ver con esta situación de falta de libertad, atraso secular y de fuertes desequilibrios tanto en el campo como en la ciudad.

Sindicalismo político de fuertes convicciones ideológicas

En España, el sindicalismo anarquista de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y los postulados de la Primera Internacional están presentes en el movimiento obrero de Barcelona, Valencia, Sevilla o Madrid a finales del XIX y  principios del XX. La lucha obrera se instala en las zonas industriales.

El Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores (UGT), como expresión sindical de la ideología representada por el partido de Pablo Iglesias, irrumpen también con fuerza durante el primer tercio del siglo XX, sobre todo en las grandes zonas urbanas del país. En poco tiempo se expande y se organiza eficazmente.

Las zonas rurales, más atrasadas y cautivas del caciquismo terrateniente, cuentan con más dificultades para acceder a la organización obrera, lo que será motivo de una mayor radicalización y violencia, sobre todo por parte de determinados anarquistas  de CNT  y de la patronal más reaccionaria, tanto industrial como agraria.

Es un sindicalismo político de fuertes convicciones ideológicas que postula una transformación revolucionaria de la sociedad. Los modelos sindicales anarquista y socialista cuentan en pocos años con una estructura considerable y un número de militantes que se cuentan por miles. Autogestión obrera, reforma agraria y laicismo, son tres de sus postulados más populares y característicos. Es un sindicalismo transformador, político e ideológico que trasciende la lucha por las mejoras laborales o salariales y que influye en las decisiones del poder político de forma notable.

El mayor auge de poder y de estructura sindical se produce a finales del primer tercio del siglo XX. En el momento de estallar la Guerra Civil en España, los sindicatos, sobre todo la UGT (que había superado a los anarquistas en estructura e influencia), eran ya una poderosa fuerza política y obrera capaz de movilizar a cientos de miles de militantes.

SINDICALISMO DE POSGUERRA.

Tras el paréntesis de la Guerra Civil, y con la mayoría de los dirigentes sindicales muertos o exiliados, determinados grupos residuales, intervienen en la organización de huelgas en el transporte público de Barcelona; era la década de los años cincuenta, los más represivos del Régimen franquista. De estas escaramuzas y de otras actuaciones en las minas y fábricas de Asturias, León y el País Vasco, nacen las comisiones obreras, que como su nombre indica son comisiones de obreros que se generan y  organizan de forma provisional y espontánea para la resolución de un conflicto específico; tras su finalización, dicha comisión obrera se autodisuelve.

Con los cuadros de mando de la UGT y de la CNT desarticulados, y con sus dirigentes anulados, las actuaciones de las comisiones obreras en conflictos laborales son cada vez más frecuentes y notorias, lo que hace inevitable su constitución como sindicato permanente, con una estructura y organización estable,  auque evidentemente clandestina. Antes de las actuaciones de las Comisiones Obreras (CCOO), se producen intentos de organizar sindicatos independieres y  católicos, que postulan el humanismo y la justicia social; en esta confluencia de grupos heterogéneos, se fragua la fundación de  la Unión Sindical Obrera (USO) a principios de la década de los sesenta del pasado siglo.

El nuevo sindicalismo de CCOO, ligado ideológicamente al Partido Comunista de España, acomete una táctica de infiltración en las estructuras del sindicato vertical franquista, de tal manera que copa parte de los puestos de representatividad como jurados de empresa. Poco a poco controlan todo el entramado sindical del régimen. Desde aquí, realiza una paciente labor de zapa y de vertebración del sindicato que le sería muy ventajosa en la época de la transición democrática. CCOO sería el sindicato más potente y con mayor peso y experiencia en el inicio de la nueva etapa democrática.

EL MODELO SINDICAL EN LA NUEVA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA.

La UGT, ha llevado a cabo una escasa intervención en la España franquista, es un sindicato muy vinculado  al Partido Socialista Obrero Español (PSOE), pero desconoce sobre el terreno la realidad del país. Así,  se encuentra con una menor capacidad de respuesta sindical que CCOO, y esto  a pesar del peso histórico de sus siglas y de un cierto halo de prestigio en la defensa de la libertad y  la democracia ganado a pulso en las luchas obreras del primer tercio del siglo.

El mapa sindical de la transición democrática se planteaba con un gran desequilibrio de fuerzas, ya que CCOO era la fuerza sindical con una mayor presencia y un mayor potencial de cara  la una posibles elecciones sindicales. Los anarquistas de la CNT, en pleno proceso de crisis, escisiones y refundaciones son ahora minoritarios. UGT contaba con la militancia socialista y con la tradición de ochenta años de lucha obrera dentro y fuera de España., pero estructuralmente, tenía todo por hacer y carecía de dirigentes sindicales experimentados en la nueva realidad del país.

Los poderes fácticos maniobran para reequilibrar las posiciones sindicales

La recién fundada CEOE, las fuerzas políticas que pilotaban la transición, unidas a las reticencias del aún poderoso bunker franquista, hicieron que se iniciara una discreta pero efectiva campaña de ayuda a UGT, de tal manera que en muy poco tiempo se logra nivelar al menos en parte, la  importante ventaja que CCOO había conseguido como fuerza sindical mejor implantada en los centros de trabajo y bien considerada por la intelectualidad progresista del momento. Parece ser que por aquel entonces,  se temía que el voto mayoritario a un sindicato como CCOO, (que se declaraba abiertamente de ideología y objetivos comunistas), se mimetizara por parte de la opinión pública española, e influyera poderosamente en el crecimiento y poder de las  políticas del PCE.

En ayuda de UGT acuden como asesores los sindicatos alemanes y la Internacional Socialista, organización que estaba por aquel entonces apadrinando y asesorando en España la implantación del PSOE. Como resultado de todo ello, el sindicato socialista resurgió rápidamente en la vida social y laboral del país.  La UGT, además de medios económicos y materiales, necesitaba recursos humanos de calidad, para lo cual realiza una especie de opa hostil sobre el excelente cuadro de dirigentes del sindicato autogestionario USO, consiguiendo captar para sus filas varios de los más brillantes y carismáticos sindicalistas de esta central sindical.

Las primeras elecciones sindicales en febrero de 1978, terminaron con un triunfo moderado de CCOO, seguida a poca distancia de la UGT, y con un digno tercer puesto para la USO. El entramado sindical de la nueva democracia inicia su desarrollo como pieza fundamental de la credibilidad exterior del nuevo estado español.

Como puede deducirse de esta trayectoria histórica del sindicalismo español, su estructura interna está mediatizada por los acontecimientos del país, que nada tienen que ver con la historia del sindicalismo europeo de posguerra y el desarrollo de un modelo de sociedad del bienestar centrado en una estructura democrática donde sindicatos y partidos políticos eran la base de la socialdemocracia a partir de mediados del siglo XX. Estas diferencias de modelo sindical y falta de experiencia democrática, son variables explicativas de los graves problemas de falta de ética y de autocrítica de los actuales cuadros dirigentes de los sindicatos españoles.

Artículo de Guillermo Garoz López, columnista del Blog Ssociólogos.com

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  1. Señas de identidad del sindicalismo español - Antecedentes, posguerra y sociedad democrática - Iniciativa Debate Público

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