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Sociedad del conocimiento y mercado de trabajo – Las TIC precipitan el cambio tecnológico virtual

Es indudable que el vertiginoso avance de la tecnología directamente orientada al conocimiento  ha causado en los últimos treinta años un impacto notable en todos los órdenes de la sociedad. Se trata de un impacto claramente diferenciado de las anteriores oleadas tecnológicas protagonizadas por los adelantos en la industria del carbón, del acero o la más reciente del automóvil.

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Uno de los hechos diferenciadores de esta nueva era tecnológica se centra en la gran difusión que la ciencia aplicada está consiguiendo, produciéndose paulatinamente, una democratización del conocimiento y una ampliación de su influencia más allá de los círculos científicos y docentes habituales. Se supone que este dominio del conocimiento científico queda reflejado en todas las escalas de la sociedad, aportando valor añadido a todos los grupos involucrados en esta expansión de las bases del saber productivo. Esto hace que la tecnología y los fundamentos que la sustentan impregnen las vidas de los ciudadanos, conformando lo que se ha dado en llamar la Sociedad del Conocimiento.

A impulsos de la informática, la robótica, la nanotecnología, la ciencia espacial y médica y sobre todo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC), se ha fraguado en el mundo actual un proceso de cambio acelerado que ha afectado la manera de entender la economía, la familia, la ética, la filosofía, la propia política, y como no una de sus principales instituciones sociales: el  trabajo. (La propia globalización del mercado de trabajo ha sido impulsada por esta nueva revolución tecnológica virtual)

El impacto de la Sociedad del Conocimiento en el mercado de trabajo puede ser contemplado desde varios prismas. En este caso abordamos la cuestión desde la perspectiva de la sociología del trabajo, concretamente analizándola desde dos perspectivas: su influencia en los aspectos netamente sociales (intereses, status, necesidades y competencias laborales del trabajador) y desde su repercusión en el entorno técnico del trabajo (condicionantes espaciales, entorno físico, y las propias condiciones de trabajo del individuo).

 “30 años gloriosos del mercado de trabajo”

Las revoluciones tecnológicas “tradicionales” del tipo del acero o la más reciente del automóvil, supusieron impactos económicos y sociales de enorme alcance. Entre otras muchas cuestiones, produjeron la desaparición, modificación y declive de multitud de profesiones y ocupaciones que perdieron sentido o quedaron obsoletas, afectando profundamente a la estructura de los mercados de trabajo de los países industrializados y generando la pérdida paulatina de millones de empleos en las industrias tradicionales, debido sobre todo a la llegada de nuevos sistemas de producción, nuevos materiales y nuevas formas de entender el consumo.  Sin embargo, estas innovadoras tecnologías fueron al mismo tiempo impulsoras de nuevas profesiones, nuevos nichos de empleo, nuevas oportunidades de negocio y nuevas ocupaciones que a corto y medio plazo compensaron la pérdida de empleo de las etapas anteriores. Además, el cambio tecnológico no era de tal naturaleza que afectara la esencia misma del mercado de trabajo del mundo desarrollado, ya que el uso intensivo de mano de obra seguía siendo el pilar del desarrollo. El sistema se asentaba sobre una socialización del individuo que tenía como puntos de referencia: la familia, el trabajo, el bienestar y cierta sensación de seguridad, de certidumbre. Todo ello coadyuvó a la implementación de una amplia clase media trabajadora y consumista.

Esta etapa anterior a la emergencia de la Sociedad del Conocimiento, se puede precisar entre los años 1946 y 1975, llamados en términos de empleo y bienestar social “los 30 años gloriosos”. En clave económica y social las políticas de los gobiernos posteriores a la Segunda Guerra Mundial (sobre todo en Europa), se caracterizaron por seguir muchos de los postulados fijados por Keynes y que se basaban a modo de resumen enunciativo y no exhaustivo en:

  • Políticas fiscales redistributivas e inversoras.
  • Papel del Estado como agente regulador del Mercado.
  • Defensa de cierto grado de déficit público.
  • Políticas de incentivación del consumo. Incentivación de la Demanda.
  • Desarrollo económico compatible con cierto grado de desempleo estructural.

Hablamos de un entorno económico (OCDE), que mantenía tasas de desempleo que oscilaban entre un 6 y un 12%, con problemas de equidad en el reparto de la riqueza y políticas de justicia social aún por desarrollar convenientemente. Pero a pesar de ello, podían ofrecer a la población en términos generales, un panorama de desarrollo profesional a futuro, trabajo para el relevo generacional, beneficios sociales, seguridad en el trabajo y salarios dignos a jornada completa.

Sociedad del Conocimiento y preponderancia del Sector Servicios.

Superada ya en términos económicos y sociales aquella etapa de economía netamente industrial basada en economías de escala, producción en masa y mano de obra intensiva, nos adentramos más allá de la etapa postindustrial y nos encontramos con la implementación del conocimiento científico aplicado a todos los órdenes de la actividad humana y sobre todo profesional. La ventaja competitiva se centra hoy en instalar en medio de toda ecuación que tenga que ver con la productividad, la creación, difusión y explotación del conocimiento. Se pasa pues, de la producción en masa, a grandes inversiones en investigación, desarrollo e innovación (I+D+I), a la profusión del márketing y la capacidad de cambio constante y la producción diferenciada. Es la microinformática e internet, y en general el desarrollo de las TIC las que han hecho posibles elementos que han distorsionado las estructuras del mercado de trabajo tradicional.

Un elemento innovador de primera magnitud es la posibilidad de eliminar la proximidad física al puesto de trabajo y por tanto permitir una deslocalización virtual del empleo y por ende generando un replanteamiento de los costes, (fundamentalmente de los salarios). Se trata de un cambio  radical que afecta a elementos que tradicionalmente formaban parte del mundo del trabajo: se rompe la necesidad insalvable de desarrollar el trabajo en un entorno físico de proximidad. (En la página anterior se ha definido dentro del entorno técnico de trabajo).

Debido a todas estas nuevas potencialidades propias de una poderosa tecnología virtual que desafía los parámetros del espacio y el tiempo, la sociedad se está viendo obligada a replantearse una institución tan importante como el trabajo. La Sociedad del Conocimiento ha volcado sobre el modelo productivo y por extensión sobre el mercado de trabajo actual, un proceso imparable de tercerización de la actividad productiva, tomando gran protagonismo el Sector Servicios, sector pionero en el uso masivo de las TIC y parte destacada del PIB de los países más avanzados. La mayor implicación de los Servicios en el PIB tiene múltiples variables que se escapan a la pretensión de este artículo pero se puede señalar  por ejemplo que el sector industrial ha reducido su presencia en la economía, ya sea por la vía de la externalización de servicios (contratación de empresas externas para la realización de tareas secundarias o menos relacionadas con la producción) o bien por la pura racionalización  de la producción y las pautas de consumo actuales.

El sector servicios es amplio y se compone de diversos subsectores, desde la hostelería, pasando por los servicios financieros, la asesoría de empresas, la informática de gestión, el transporte o el comercio. Evidentemente no todos generan plusvalías por igual, no todos son intensivos en la incorporación de las TIC, ni todos son creadores de empleo neto de calidad.  Añadir también que una sociedad empobrecida y con los salarios devaluados, generará previsiblemente una menor demanda de servicios de calidad  con un uso intensivo de TIC y de I+D+I. Precisamente la demanda del tipo de servicios que teóricamente debe compensar la pérdida de empleo masivo en el sector industrial. En cuanto al mercado de trabajo, la terciarización que se produce a partir del advenimiento de la Sociedad del Conocimiento trae consecuencias no deseadas para los trabajadores debido al cambio acelerado que provoca y el plus de incertidumbre que le acompaña. Es cierto también que existe cierta resistencia al cambio por parte de los individuos, pero analizándolo desde una perspectiva histórica y sociológica dicha resistencia es perfectamente entendible, ya que el modelo de relaciones laborales anterior a la nueva situación se basaba en:

  • Negociación colectiva como marco de relaciones de poder y contrapoder.
  • Salarios mínimos que evitaran su tratamiento como otro producto cualquiera.
  • Incrementos salariales condicionados por el comportamiento de los precios (IPC).
  • Trabajo a tiempo completo como norma general.
  • Estabilidad en el empleo y carrera profesional.
  • Niveles de paro estructural compatible con el desarrollo.
  • Mayores niveles de protección social.

Con la nueva situación se pasa a la precarización propia del mercado de trabajo global, agravado por las necesidades estructurales propias del Sector Servicios (siempre necesitado de “manga ancha” en normativa y que demanda constantemente  flexibilidades de todo tipo) y que tiene en los hábitos de trabajo algunos efectos que rebajan la cantidad y calidad del trabajo:

  • Procesos de descualificación y pérdida de oficio de trabajadores industriales.
  • Contratación a tiempo parcial como norma habitual.
  • Ausencia de empleo de carácter fijo o indefinido.
  • Voladura de la negociación colectiva como referente normativo.
  • Procesos de sobrecualificación por disfunción del modelo educativo.
  • Incertidumbre y pérdida de derechos sociales.
  • Pérdida de poder adquisitivo de los salarios y del referente del IPC.
  • Fragmentación y dualización del propio mercado de trabajo.
  • Tasas de desempleo superiores, concentradas en jóvenes y mayores en edad de trabajar.

Se puede pensar que algunos de estos efectos devastadores en el mercado de trabajo son generados por la crisis económica mundial y que desaparecerán cuando el crecimiento sea otra vez la pauta habitual. Sin embargo, el cambio presente y futuro del mercado de trabajo no se verá condicionado por una situación coyuntural de crisis, muy al contrario, los trabajadores del siglo XXI se verán afectados por un cambio estructural en la calidad y cantidad del empleo disponible; cambio proveniente del nuevo paradigma productivo.

Alemania: cuando la cantidad oculta la calidad.

Respecto al incremento del sector servicios en el PIB de la mayoría de países de la OCDE, decir que para muchos expertos la terciarización del mercado de trabajo, parece ser la panacea que corrija los alarmantes niveles de paro. Nada se dice de la calidad del empleo creado. Podemos tomar como ejemplo un país que actualmente se ha convertido en un paradigma y un referente en lo que respecta a la lucha contra el desempleo. El panorama del mercado de trabajo alemán a la finalización del primer decenio del nuevo siglo, no se parece en nada a aquella potencia industrial del siglo XX nacida de entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial. Su estructura sectorial se caracterizaba (posiblemente la reconstrucción del país así lo exigía) por un fuerte componente industrial y por tanto por un volumen de mano de obra que superaba con creces al empleado en otros sectores de actividad. Sin poner en cuestión la importancia actual de Alemania como potencia económica de primer orden, podemos destacar el cambio radical que ha sufrido su mercado de trabajo por el proceso de terciarización de su economía.

De hecho en 2010 la economía alemana tenía 12 millones de trabajadores industriales frente a los 30 millones que se ocupaban en el sector servicios. Hablamos de servicios que en gran parte cuentan con un alto grado de tecnificación y ratios de productividad que pueden competir con las grandes empresas industriales alemanas. Sin embargo, más allá de la productividad, la realidad es que en la Alemania actual, a pesar de la baja tasa de paro se ha disparado la precariedad, y el contrato a tiempo parcial se plantea como la fórmula habitual para la búsqueda de empleo, esto sin perjuicio de la mayor frecuencia de contratos eventuales y del uso de empresas de trabajo temporal como fórmula habitual de ofrecer y encontrar un puesto de trabajo.

La protección social de los trabajadores en Alemania, el seguro de desempleo, las subvenciones y beneficios sociales a los más desfavorecidos, (el Estado del Bienestar en general), se han visto reducidos notablemente en los últimos años, ofreciendo coberturas que en algunos casos están por debajo de los niveles de protección social de otros países menos prósperos de la UE. Desde una perspectiva global no cabe duda de que la situación de Alemania es a la vista de las circunstancias actuales una situación envidiable, sus cifras así lo avalan, pero es necesario matizar y precisar determinadas circunstancias y realidades no tan positivas que se han convertido en parte de la estructura laboral de Alemania y que tienen mucho que ver con la influencia tecnológica que emerge de la Sociedad del Conocimiento y menos con la crisis económica coyuntural.

Nota final

Vaya por delante que la implementación del sector servicios en el entorno económico de la OCDE, no se ha reflejado por igual en todos los países. En Europa existe cierta dispersión regional con polos de pobreza muy marcados que condicionan la correlación entre precariedad y terciarización.  Por otra parte, el sector servicios en EEUU y Japón, tienen una idiosincrasia y un encaje laboral totalmente distinto a la UE y que sería objeto de un análisis más completo y analítico.

Columnista Guillermo Garoz López

Ssociólogos

Artículos, opiniones, textos, libros, entrevista, videos... sobre diferentes temas de interés.

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Comentarios 8

  1. Guillermo Figueroa Luna

    El artículo de Garoz ofrece explicaciones sino lugares comunes en base a rasgos extremadamente unilaterales y arbitrarios. Por ejemplo, ubicarse en una perspectiva globalizada implica que desarrollará un análisis global. Pero enfoca sólo a Europa y no toda, sino su parte occidental.

    Esto le permite afirmar que “el sector industrial ha reducido su presencia”, refutándose luego a sí mismo al reconocer que las empresas efectúan “la externalización de servicios”. Efectivamente, es así, lo que exige a cualquier analista hacer el balance a nivel mundial antes de llegar a conclusiones apresuradas. Además, el uso del término servicios en este caso es un abuso del lenguaje, pues la maquila y otros métodos de “externalización” constituyen claro trabajo industrial.

    Esta falta de rigor conceptual lo lleva a hablar de “el mercado de trabajo”, en lugar de mercado de fuerza de trabajo; y considerar al trabajo una “institución”, cuando es una actividad. Las instituciones son las empresas, los Estados, los sindicatos, las iglesias, los partidos, etc.

    Y no es sólo falta de rigor, sino total renuncia a las ciencias sociales (incluida la sociología), pues en su artículo sólo utiliza los enfoques de la burocracia de la OCDE y Banco Mundial. Por ejemplo, caracteriza las relaciones laborales como la suma de “negociación colectiva, salarios mínimos, incrementos salariales, trabajo a tiempo completo, estabilidad en el empleo, protección social”, etc. Y se olvida de las características fundamentales de toda relación laboral como ¿quién dirige y quién es dirigido?, ¿quién es el propietario de los medios de producción y del producto?, ¿cuál es la forma del ingreso de los trabajadores y de sus actuales patronos?

    Plantear y responder a esta última pregunta esclarece que los patronos siguen siendo burgueses empeñados en la acumulación a toda costa; y los trabajadores seguimos siendo asalariados (en muchos casos, proletarios digitales, como dice CLACSO), que no debemos preocuparnos sólo por recobrar “beneficios sociales” perdidos, sino por terminar con el dominio de una clase y, más aún, forjar una sociedad sin clases (sin burocracia tipo URSS, por supuesto).

    Falla también Garoz en asuntos históricos al afirmar que la economía “netamente” industrial (¿existieron alguna vez agricultura o industrias “netas”?) se basaba en el uso intensivo de mano de obra, cuando ese uso es propio de la pequeña producción mercantil y del capitalismo sólo hasta la etapa de la manufactura. Ya en la etapa fabril, la tendencia y el afán de los empresarios es reducir el uso de mano de obra. Esto no es, pues, algo nuevo.

    Tampoco son nuevos el trabajo temporal, la jornada incompleta y el trabajo fuera de “un entorno físico de proximidad”, pues el trabajo capitalista a domicilio con pago a destajo (ver Maurice Dobb, Eric Hobsbawn y otros) ha sido y sigue siendo uno de los métodos del capital de reducir salarios y ahorrarse costos, incluido ahora el costo de la computadora, que tiene que ser costeado por el proletario digital. .

    Repetir discursos de las élites burocráticas, difundir sus falsedades sobre “democratización del conocimiento” y depender de sus falacias como “Sociedad del Conocimiento” no ayuda a los trabajadores.

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