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La estabilidad como prioridad a la proporcionalidad del voto

“Quien conoce el derecho constitucional e ignora la función de los partidos tiene una idea equivocada de los regímenes políticos; quien conoce la función de los partidos e ignora el derecho constitucional tiene una idea incompleta pero exacta de los regímenes políticos” Maurice Duverger

“Para  entender cómo funciona un sistema político, además de estudiar sus instituciones y normas necesita analizar los distintos subsistemas que lo integran, el sistema electoral y el sistema de partidos” Giovani Sartori.  

Hace más de cuatro años publiqué un artículo de opinión en el Diario de Burgos parecido a éste. Después de todo este tiempo he creído oportuno recuperar su mensaje y profundizar sobre la opinión que vertía sobre él. De unos años para acá se han venido produciendo varias peticiones y propuestas desde la sociedad civil y algunas formaciones políticas para modificar nuestro sistema político incidiendo especialmente en la necesidad de reformar el sistema electoral y dotarlo de mayor proporcionalidad.

COMPARADOS

A mi modo de ver aún existe una opinión generalmente muy desinformada al respecto, por lo que me parece interesante repasar las características de algunos de los sistemas electorales más significativos del mundo occidental para contribuir al debate y arrojar algo de luz sobre esta cuestión.

Un buen punto de partida es Italia. Hasta hace un par de meses el país transalpino contaba con uno de los sistemas electorales más proporcionales. Desde que los italianos eligieron en un referéndum en 1945 ser una República parlamentaria, se han sucedido 27 primeros ministros y 63 gobiernos. Hace unos meses, con poco más de dos semanas al frente del ejecutivo italiano, Matteo Renzi, logró sacar adelante una nueva ley electoral que pretende reducir la fragmentación y asegurar la gobernabilidad en Italia después de los fallidos intentos de 1993 y 2005.

En este sentido se han incorporado nuevas medidas en su sistema electoral: Solo obtendrán escaños los partidos que superen el 8% de los votos, las coaliciones que superen el 12% y los partidos que se presenten en coaliciones y superen el 4,5%. La coalición o partido que quede primero y supere el 37%, obtendrá un premio de mayoría del 15%. Si ningún partido o coalición alcanza el 37%, se celebrará una segunda vuelta entre los dos primeros. Sin duda estamos ante una reforma electoral que contradice la postura generalizada en España de proporcionar mayor proporcionalidad frente a una menor gobernabilidad y estabilidad.

En Italia, dada su dilatada experiencia con un sistema puro proporcional hasta 1993 y aún con un sistema mixto nominal-proporcional hasta nuestros días, acaban de dar un paso en  sentido contrario respecto a lo que se demanda en España. Lo acontecido con esta reforma electoral en Italia invita a que comparemos distintos sistemas políticos para comprobar si cuentan o no con mayor o menor estabilidad gubernamental en función de la proporcionalidad de su sistema electoral.  Para ello no hay como repasar la extraordinaria presentación comparativa que realiza el profesor Giovani Pasquino en Sistemas Políticos Comparados. Prometeo Libros (2004). Empecemos.

Dentro de los sistemas políticos europeos más significativos, el  que más se parece a España es el alemán. Su experiencia desde la segunda guerra mundial se caracteriza por una extraordinaria estabilidad gubernamental. Después de la trágica experiencia que empezó con la fallida República de Weimar, los constituyentes alemanes quisieron evitar los dos grandes y devastadores inconvenientes de su anterior modelo: la inestabilidad de los gobiernos y las frecuentes disoluciones del Parlamento. Se estableció así una clausula del 5% para impedir la perniciosa fragmentación de los partidos.

Para reforzar la estabilidad gubernamental de la Cancillería se determinó que fuera elegida directamente con la mayoría absoluta del Bundestag, pero separadamente de los cargos ministeriales y para impedir crisis parlamentarias se recurrió a la moción de censura constructiva. La posibilidad de sustituir al Canciller ofrece una solución bastante original en comparación con otros modelos. Esta fórmula se adoptó también en España porque está inserta en un contexto político partidario bastante similar y compacto y en un contexto cultural, aunque con experiencias históricas distintas, preocupado por las consecuencias de las frecuentes crisis de gobierno y largos periodos de inestabilidad en los siglos pasados.

El dato: La República Federal de Alemania ha tenido 8 Cancilleres y 31 gobiernos desde 1945.

Un sistema parlamentario idóneo para contrastar con el italiano es el modelo Westminster del Reino Unido.  Un sistema de partidos bipartidista,  sistema  electoral plurality y un  bicameralismo asimétrico con un Primer ministro que cuenta con potestad para disolver el Parlamento. En cambio Italia presenta uno de los sistemas más proporcionales de Europa  con bicameralismo paritario y un sistema de partidos multipartidista cuyo primer ministro no cuenta con capacidad para disolver el Parlamento.

Gran Bretaña ostenta la forma más simplificada de formación de gobierno. El jefe del partido que obtiene mayoría absoluta de los escaños del Parlamento es reconocido Primer ministro. En el sistema político inglés puede suceder no sólo que quienes conquistan el liderazgo del partido se vuelven automáticamente candidatos al cargo de Primer ministro, sino también que perdiendo el liderazgo del partido pierde el liderazgo del gobierno. El Primer ministro británico corre el riesgo de ser sustituido solo con el voto de sus colegas de partido.

El modelo Westminster nos enseña que no es suficiente un sistema electoral de tipo plurality para explicar el gobierno de un solo partido, sino que es el circuito sistema electoral – sistema de partidos – mayoría parlamentaria – bicameralismo asimétrico el que funda y sostiene el sistema político británico. Ningún atajo basado en la reforma electoral es suficiente para dar vida a ningún modelo sino es a través de los órdenes institucionales y los sistemas de partido. 

El dato: En el Reino Unido se han sucedido 14 Primeros Ministros y 22 gobiernos desde 1945.

Por su parte la Quinta República francesa demuestra que es posible diseñar instituciones estables y eficientes, capaces de permitir la alternancia entre coaliciones y de dar impulso al sistema socio-económico, pero que esto requiere un cambio en las normas, los procedimientos y las instituciones. El semipresidencialismo francés no se encuentra a medio camino entre el parlamentarismo y el presidencialismo. Tiene su configuración propia, con propiedades y consecuencias institucionales diferenciadas. El Presidente de la Quinta República es elegido directamente por los electores y puede ser destituido solamente por el juicio político. Es el jefe del Estado, pero puede nombrar un Primer ministro. Francia tiene un ejecutivo dual cuyo Presidente puede disolver el Parlamento.

En el caso francés cuando existe cohabitación,  el Presidente de la República  puede compartir  e incluso ceder parte de sus potestades de gobierno a un Primer Ministro si este es apoyado por una mayoría parlamentaria. La cohabitación se presenta decidida y cualitativamente distinta respecto de gobierno dividido del régimen presidencial americano. Cabe añadir que en Francia no existe límite temporal para los mandatos presidenciales.

El dato: La República Francesa ha tenido 11 Presidentes, 17 gobiernos y 48 primeros ministros desde 1945.

El Presidente de los Estados Unidos de América no necesita establecer ninguna relación institucional con el Congreso, el cual debe reorganizarse después de su renovación total para la Cámara de Representantes y de un tercio para el Senado.  La rigidez de las relaciones entre el ejecutivo y el legislativo del sistema americano puede desembocar en una parálisis decisional.  El Presidente de los EE.UU. conforma su ejecutivo en el que no entrarán cargos parlamentarios. En las distintas administraciones podemos observar equipos muy compensados en representación de las diferentes corrientes del partido donde existe un equilibro entre políticos profesionales y profesionales competentes que en algunos casos son premiados por haber apoyado/financiado su campaña electoral.

Cada cambio del inquilino de la Casa Blanca, viene acompañado de un verdadero cambio en su equipo de colaboradores. Se puede afirmar que la alternancia en el sistema presidencial estadounidense es portadora del recambio político, con una significativa circulación de personas. Cabe señalar que en los sistemas presidenciales como EE.UU. o en los semipresidenciales como Francia, los electores no solo eligen a sus representantes parlamentarios directamente sino también al jefe del ejecutivo. 

El dato: Los Estados Unidos de América han tenido 12 Presidentes y 17 gobiernos desde 1945.

Con los sistemas mayoritarios (EE.UU, Reino Unido) los ciudadanos ejercen mayor poder en la formación de los gobiernos, preferentemente monopartidistas, que tendrán mayores posibilidades de decidir las políticas públicas y que podrán ser fácilmente identificados como los responsables de lo que han hecho o no. Con los sistemas proporcionales (Italia, Alemania, España) los ciudadanos eligen entre partidos que suman después del voto en coaliciones para formar gobiernos en los que cada uno de los partidos solo parcialmente decide las políticas públicas, de modo que los ciudadanos no podrán hacer otra cosa que volver a elegir entre los partidos sin que les sea posible hacer atribuir responsabilidades específicas.

En los cinco sistemas políticos analizados encontramos representadas las tres principales variantes de los sistemas electorales, mayoritario a primera vuelta en colegios uninominales (R.U. y EE.UU.), mayoritario a única vuelta en colegios uninominales para la elección de parlamentarios y a doble vuelta para las presidenciales, proporcional con clausulas de acceso (Alemania) y además del sistema de ¾ mayoritario en colegios uninominales y ¼ proporcional para listas de partido bloqueadas (Italia 1994-2014). 

Después de todo este resumen comparativo del profesor Pasquino entre los sistemas políticos occidentales más relevantes, hay que subrayar que nuestro sistema cuenta con un sistema electoral de representación proporcional muy similar al alemán que se adecua muy bien al multipartidismo que tenemos en España.

En nuestro país utilizamos la fórmula D» Hont para trasladar los votos a escaños que, en comparación con otras, favorece ligeramente a las formaciones políticas con capacidad de ser la primea o segunda fuerza más votada en las distintas circunscripciones. Además, existe una barrera electoral que exige un porcentaje mínimo de votos recibidos en cada circunscripción para participar en el reparto de escaños. La principal ventaja que nos ofrecen estas correcciones es la de primar la concentración del voto y penalizar su dispersión en aras de garantizar la formación de mayorías estables de Gobierno.

Es conocido que fórmulas del cociente electoral o de los restos mayores como la Hare y Droop proporcionarían unos pocos escaños más a formaciones como PODEMOS,  IU o Unión Progreso y Democracia, obtenidos en circunscripciones de gran población. No obstante resulta curioso comprobar cómo desde que se celebraron las elecciones Parlamento Europeo hace dos meses, estas formaciones han dejado de solicitar la reforma del sistema electoral tal y como venían haciendo efusivamente hasta ese momento.

Perdónenme si prefiero seguir apoyando a contracorriente un sistema que prime la estabilidad y la gobernabilidad frete a uno con un poco más de proporcionalidad.  Todo sistema político que se precie de tener una alta capacidad para afrontar decisiones, necesita de un sistema electoral que obligue a las distintas formaciones políticas  a tener en cuenta intereses diversos, fuercen el pacto y el compromiso dentro de una razonable estabilidad gubernamental.

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