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Un ligero matiz acerca del empleo garantizado

Esta entrada es el resultado de la lectura ¿Qué es el Trabajo o Empleo Garantizado? del Sr. Eduardo Garzón, publicado en fechas recientes. En primer lugar, mi intención no es sentar cátedra y poner en entredicho lo expresado por su autor. Es más, es una propuesta que me parece enormemente interesante desde varios puntos de vista. Guardo todos mis respetos para él y su propuesta, especialmente porque creo que está argumentada, alejándose de debates propios de algunos medios de comunicación y que tienden a apostar por participantes que dan opiniones y no tanto argumentos.

Dicho lo cual, lo primero que quiero destacar es que hable con base al rigor y diga Empleo Garantizado (todo y que en el título del artículo se cite el término trabajo).  Y es que la cuestión terminológica creo que merece ser señalada y conocida por todos. Es decir, trabajo y empleo no son sinónimos, todo y pese a que usualmente se empleen de manera homóloga. El trabajo consiste en la realización de unas actividades o tareas que realiza una persona para satisfacer sus necesidades humanas, y que se realizan en el escenario de unas relaciones sociales (Banyuls et al. 2005. 22). Dentro del término trabajo pueden establecerse diferentes categorías. Las dos principales son el trabajo productivo y el trabajo reproductivo. El primero, el trabajo productivo o trabajo mercantil es el que se realiza a cambio de una contraprestación económica, y puede entenderse dentro del mismo al trabajo autónomo y al trabajo asalariado. En esta última categoría sí estaríamos hablando de empleo, y éste no se generalizó en nuestras vidas hasta la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII en Europa. Por otro lado, está el trabajo reproductivo, que básicamente tiene como característica principal la carencia de contraprestación económica: no se habla en términos monetarios. Insertos en este trabajo reproductivo estarían los trabajos domésticos, el autoabastecimiento, el trabajo voluntario….En ellos, lo que mueve a realizar dichas actividades no es el obtener una recompensa o contraprestación económica; son otras las motivaciones.

Con todo esto, cuando el señor Garzón dice “que no haya empleo no quiere decir que no haya trabajo”, yo lo suscribo. Pero no en el mismo sentido que él. El trabajo ha existido siempre aunque los fines del mismo puedan haber variado con el tiempo; igual que la valoración sobre éste. En las sociedades primitivas no se le daba ningún tipo de “valor”, ya que era algo inherente a la persona: debía dedicarse al trabajo de la caza, la recolección, etc…por el mero hecho de su necesidad para subsistir. En la Grecia clásica o en la Roma antigua el trabajo era considerado como algo gravoso o penoso para quien lo realizaba. Es decir, a lo largo de la Historia el concepto, el significado, el contenido y la valoración sobre el mismo ha ido mutando y reconfigurándose. Pero voy a centrarme en lo suscrito por el señor Garzón: que no haya empleo no quiere decir que no haya trabajo. Cierto. No hay empleo porque no hay empleadores que demanden esa fuerza de trabajo. Pero sí hay trabajo. Lo hay y lo podemos ver diariamente. O ¿acaso no es trabajo aquél que se realiza para el mantenimiento del hogar o el cuidado de niños o de personas dependientes? Sí que es trabajo, lo que ocurre es que, en buena medida, éste ha quedado invisibilizado por una visión reduccionista de la economía, que ha valorizado únicamente el trabajo mercantil (o productivo). Mucho tiene que ver con esto la separación del trabajo en dos ámbitos: el ámbito de lo público, que es el que se relaciona con el trabajo productivo, y el ámbito de lo privado, ligado con el trabajo reproductivo. Y esta división se ve acompañada por el hecho de que el espacio de lo público quedaba reservado para el sexo masculino mientras que la esfera privada para el sexo femenino. El valor que se le otorga al trabajo reproductivo es escaso, al menos, desde algunas líneas de pensamiento (obviamente, desde la Economía feminista no es así). Esta escasa valoración del trabajo reproductivo o, para concretar más, del trabajo doméstico, queda de manifiesto en que no se contabiliza en las cuentas nacionales. Así, cuando se habla del PIB, éste no registra la actividad realizada en el ámbito familiar. Cierto que han aparecido algunos sistemas para buscar la forma de ser tomados en consideración. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha realizado estudios para cuantificar esta economía invisible; otros estudios han tratado de darle un valor monetario al trabajo no remunerado, todo y pese a contar con gruesas limitaciones en esa contabilidad (véanse, por ejemplo, la extensa obra de la Dra. Cristina Carrasco Bengoa). Y sin embargo, aunque hayan servido para darle visibilidad e importancia al trabajo doméstico (y al trabajo reproductivo), puede llevar a que se reduzca la esfera domestica a una dimensión estrictamente monetaria, cuando realmente, lo que existe es una tremenda interrelación entre ambos tipos de trabajo. Una de las formas existentes para entender el “valor” (no en términos monetarios) del trabajo doméstico es a través de las Encuestas de Empleo del Tiempo. El Instituto Nacional de Estadística (INE) realizó una de estas encuestas para el periodo 2009-2010.

En la siguiente tabla puede verse el empleo del tiempo por actividades, tanto para ambos sexos como para cada uno de ellos de forma desagregada. La medición de cada una de las actividades está realizada en horas y minutos. Se han extraído las actividades a un solo dígito, para facilitar la comprensión al lector.

Tabla 1: Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010. Distribución de actividades en un día promedio[1]. Actividades principales a 1 y 2 dígitos, sexo y tipo de día. Unidades: promedio de tiempo en horas y minutos.

Varones Mujeres
  Horas Minutos Horas Minutos
   0 Cuidados personales 11 33 11 26
   1 Trabajo remunerado 3 4 1 54
   2 Estudio 0 39 0 39
   3 Hogar y familia 1 54 4 7
   4 Trabajo voluntario y reuniones 0 12 0 16
   5 Vida social y diversión 1 4 1 1
   6 Deportes y actividades al aire libre 0 52 0 37
   7 Aficiones e informática 0 44 0 24
   8 Medios de comunicación 2 43 2 30
   9 Trayectos y empleo del tiempo no especificado 1 14 1 6

Fuente: Instituto Nacional de Estadística

En esta tabla, merece fijar el foco de atención en el trabajo remunerado y en el hogar y familia. La diferencia que existe entre el sexo masculino y femenino en la actividad de trabajo remunerado es muy marcada. Se manifiesta que el hombre trabaja en un empleo remunerado casi el doble que la mujer. Y sin que ello signifique que la mujer no quiera participar en el mercado laboral. Guarda más relación con que la división sexual del trabajo en la esfera doméstica se ha extendido al mercado laboral. Las mujeres han visto que su participación en el mercado laboral quedaba condicionada a poder mantener sus responsabilidades familiares, y esa “carga” se traduce en una predisposición de las mujeres en aceptar trabajos a tiempo parcial que permitan compaginar sus responsabilidades domésticas (cuando realmente deberían ser responsabilidades asumidas por los dos sexos, una corresponsabilidad), y una “concentración en sectores y ocupaciones caracterizados por bajos salarios, baja cualificación, escasa movilidad y capacidad de promoción y en situaciones de fuerte temporalidad, inestabilidad e precariedad” (Rodríguez A., y Larrañaga M. 2003: 6).

Por otro lado, si atendemos a la categoría “Hogar y familia”, el tiempo empleado por la mujer es mucho más elevado que para los hombres. En este sentido, si se le otorgase un valor monetario a esa cuantía de tiempo, veríamos que éste sería elevado y supondría mucha parte del PIB de un país o de una región (tal y como resaltaron en su momento los informes del PNUD sobre el tiempo destinado al trabajo, tanto para el que se integraba en los Sistemas nacionales de Contabilidad como los que no, y realizando esas estimaciones para países industrializados y para países en vías de desarrollo).

Una vez aclarada la cuestión terminológica (empleo/trabajo), las diferentes tipologías sobre el mismo, y la importancia que tiene el trabajo doméstico, continuo sobre las actividades a las que se refiere: El Sr. Garzón habla de una serie de trabajos o actividades que ya fueron planteados hará casi dos décadas en el Libro Blanco sobre el Crecimiento, la Competitividad y el Empleo. Retos y pistas para entrar en el Siglo XXI (1993) de Jacques Delors. En éste, se hablaban de los Nuevos Yacimientos de Empleo, estableciendo algunas áreas y ámbitos. En el citado Libro se estimaba que podrían crearse 3 millones de empleos; lo que ocurre es que se estancaba en su vertiente cuantitativa y no ponía el acento en el aspecto cualitativo. Posteriormente, se adoptó la llamada Una Estrategia Europea de Estímulo a Las Iniciativas Locales de Desarrollo y Empleo (1995). Con ambos textos, los Nuevos Yacimientos de Empleo quedan clasificados como siguen:

Tabla 2: Nuevos Yacimientos de Empleo

Tabla 2 Nuevos Yacimientos de Empleo
Fuente: Comisión Europea (1995). Una Estrategia europea de Estímulo a las Iniciativas de desarrollo y de empleo. COM (95)273 final]. Bruselas. 13 de Junio.

Así, la novedad de la propuesta del Empleo Garantizado no estriba en las actividades sino en quién debe encargarse de satisfacer estas demandas. De hecho, con esta propuesta de EG, “la financiación se centraliza en el Estado mientras que la aplicación le corresponde a las administraciones públicas locales y a las instituciones sin ánimo de lucro”. En este sentido, parte la UE tampoco fue ajena a esta propuesta, ya que apostó (ya desde los años 80) porque fuesen los servicios más próximos a la ciudadanía quienes respondiesen a las necesidades de los ciudadanos, como es el caso de las Corporaciones Locales. Mayores dudas me surgen cuando se menciona a las instituciones sin ánimo de lucro, al no quedarme claro si estamos haciendo referencia al Tercer Sector y cómo se articularía su actividad. Si esto fuese así, y sin que suponga una crítica a las mismas, estaríamos ante la dialéctica entre si debe ser el Estado el que se encargue de cubrir las necesidades de la sociedad o si, una vez éste no es capaz de llegar a esta satisfacción de las demandas ciudadanas, se “delegue” en favor de las instituciones sin ánimo de lucro, que no son ni Estado ni mercado. Más si cabe cuando en los últimos tiempos estamos ante un “empequeñecimiento” del Estado y sus obligaciones parecen delegarse a estas instituciones. No sé si esta propuesta sería reconocer la incapacidad del Estado para la resolución de ciertas necesidades y la “externalización” de sus deberes en pro de las entidades sin ánimo de lucro.

El artículo del Sr. Garzón incluye otros aspectos como el de los beneficios (más allá de los económicos), el afloramiento de la economía sumergida –  aumento recaudación tributaria – reducción de costes por prestaciones por desempleo, así como la actualización o mantenimiento de habilidades de los trabajadores o la formación. En ellos no entro por estar de acuerdo con todos ellos.

En definitiva, creo que la propuesta es harto interesante y atrayente. Sólo queda que realmente exista un verdadero impulso por parte de las instituciones. Que de verdad se actúe a través de las políticas públicas correspondientes para la consecución de estos objetivos. Por el momento, y ya han pasado años desde el Libro Blanco de Delors, no parece que haya habido una apuesta muy decidida para su logro. A todo ello, habrá que unirle otro aspecto: con la actual reforma de la Ley de Bases de Régimen Local se está procediendo a la recentralización, lo cual genera dudas sobre si se va a permitir a las administraciones públicas locales el dar el paso para la aplicación de esta propuesta.

BIBLIOGRAFÍA

  • BANYULS, J., CANO, E., PITXER, J.V., SÁNCHEZ, A. (2005). Economia laboral i polítiques d´ocupació. València. PUV.
  • CARRASCO, C. (2011). “La economía del cuidado: planteamiento actual y desafíos pendientes”. Revista de Economía Crítica. Nº 11, primer semestre. Págs. 205-225.
  • COMISIÓN DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS (1993). Crecimiento, competitividad y empleo. Retos y Pistas para entrar en el Siglo XXI. Libro Blanco. Bruselas- Luxemburgo.
  • COMISIÓN EUROPEA (1995). Una Estrategia Europea de estímulo a las iniciativas locales de desarrollo y empleo. [COM (95)273 final]. Bruselas. 13 de Junio.
  • RODRÍGUEZ, ARANTXA Y LARRAÑAGA, MERTXE (2003): “El trabajo de las mujeres: claves para entender la desigualdad laboral”. Formación y Acreditación en Consultoría para la Igualdad de Mujeres y Hombres, emakunde.es/images/upload/teorico_2_c.pdfC MI final], Bruselas, 13junio
  • SAJARDO, A., SERRA, I. (2008). “Avances recientes en la investigación económica sobre el voluntariado: valoración económica del trabajo voluntario, costes de gestión del voluntariado y voluntariado corporativo”. CIRIEC- España, Revista de Economía Pública, Social y Cooperativa. Nº 63. Págs. 191-225.

[1] Se ofrecen los datos para un día promedio y con la elección de “todos los días” en la variable “tipo de día”
.

Óscar Muñoz González

Licenciado en Derecho y licenciado en Ciencias del Trabajo.En esta última se amplió mi campo de visión gracias a la variedad de disciplinas que oferta: Economía, Sociología, Dirección de Empresas, Políticas Públicas sociolaborales, Derecho del Empleo o Psicología Social. Posteriormente, continué mi especialización con el Máster de Empleo y RRHH y con el Máster en Gestión y Promoción del Desarrollo Local. En la actualidad, entre consultoría y consultoría, doctorando en Ciencias Sociales, abordando cuestiones relacionadas con la economía, el trabajo y la formación. Toda mi trayectoria académica ha transcurrido en la Universitat de València.

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