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Noticias salvajes, en una realidad que sorprende a la ficción

noviembre 6, 2014

La ciudad de Buenos Aires, amaneció ayer con la noticia de un hombre que se encontró con un auto obstruyendo el garaje de su casa. Habría realizado los reclamos pertinentes, pero ante la falta de respuestas; salió a la puerta con un hacha y destrozó el vehículo.

Noticias salvajes, en una realidad que sorprende a la ficción

Las versiones se completaron con: antecedentes del mismo calibre por parte del mismo vecino, con que habrían pasado veinte horas desde que inició los reclamos sin respuesta ni aparición del dueño del auto, con que se trataría de un auto de gama media alta, y que a su vez también tendría antecedentes  de negligencias  de tránsito de similar índole.

A poco más de un mes del estreno de Relatos Salvajes, (estrenada en España el último 17 de Octubre); las comparaciones con la historia de Bombita no se hicieron esperar. Los medios masivos de comunicación alimentaron el debate, exacerbando las posiciones polares en un dilema que aqueja al ser humano desde el principio de los días. 

En un modo optimista, resulta alentador que los códigos y leyes del mundo hayan saldado la problemática hace ya un largo tiempo; el código de Hammurabi ha perdido total vigencia.

El “ojo por ojo, y el mundo acabará ciego” de Mahatma Gandhi, ha hecho mella en las mayorías, pero ¿y en esos amplios sectores de la sociedad que justifican la reacción? ¿Por qué importantes formadores de opinión salen en televisión nacional alentando a hacer justicia por mano propia, y acaparan un enorme eco público? 

La referencia temprana, invita a la primera infancia. 

  • “Fulanito, ¿Por qué le pegaste a Menganito?”
  • “ ! Porque él me molestó primero, señorita!” 

Seleccione Usted, lector, la respuesta correcta. 

  1. – “Te pido mil disculpas Fulanito, verdaderamente no sabía cómo se dieron los hechos. Tráeme a Menganito, porque es él el absoluto objeto de castigo.”
  2. – Y…¿De dónde sale la idea que justifica tu reacción? Que él haya empezado no te da derecho a seguirla. Los dos recibirán castigo por su forma de actuar”. 

¿Qué respuesta esperaríamos que brinde la educación? Entonces, ¿por qué pretenderíamos una respuesta diferente por parte del Estado?

Muchas voces públicas de la Buenos Aires de ayer, alertaban que se busca poner a la víctima como victimario. Mucha gente celebró la reacción del ocasionalmente rebautizado “bombita”. 

La sociedad Argentina, es en su mayoría una sociedad que profesa la fe católica apostólica romana; aunque muchas veces parece olvidar la síntesis de mandamientos, establecidos en el Evangelio de Mateo, respecto a amar al prójimo como a sí mismo.  

Y aún más ausente, pareciera estar el relato bíblico del Evangelio de Juan, donde Jesucristo impide que los fariseos apedreen a una mujer adúltera, enunciando que “quien esté libre de pecados, arroje la primera piedra”. 

Referencias laterales, pueden relacionarse con el debate respecto a la tenencia de armas, la autodefensa; o la implementación de límites legales que se confunden con la responsabilidad, como ser el uso del cinturón de seguridad, las velocidades máximas, o la ingesta de alcohol y el volante.

Los argumentos polares, hacen foco en la libertad individual, justifican una conducta ejemplar para autorregularse.

Una contestación coloquial y certera, le corresponde al comediante australiano Jim Jefferies, quien sagazmente argumenta: “! Claro que tú tienes la absoluta brillantez para saber cuándo tirar, cuando defenderte, cuando acelerar y cuando tomar; heroico Fulanito todopudiente! Pero olvidas un detalle muy importante. ¡NO VIVES SOLO!. Siempre hay un Fulanito que no se autocontrola y capota el sistema. La realidad exige la brillantez de entender que ese fulanito defectuoso también somos todos, o podremos serlo en cualquier momento.”

Veinticuatro horas después del clamor general, la noticia termina devorada por nuevas noticias que imponen otros debates. Al conductor negligente le espera una multa muy importante; al vengador desmedido, una causa por daños no justificados en emoción violenta, porque tuvo tiempo a recapacitar al buscar el hacha.

Hoy Ricardo Darín, en la película caracterizado como “Bombita”, sintió la obligación de explicar que Relatos Salvajes es una ficción, y  que nada justifica la reacción del hombre del hacha.

Todo seguirá girando, nada habrá cambiado demasiado; pero quizás alguien aprenda o profundice su reflexión sobre las sociedades y el rol del estado.