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Un reducido autocontrol puede disminuir nuestra capacidad para cooperar

Imaginemos una situación simulada en la que un conjunto de individuos son propietarios de una explotación forestal. Disponen de un total de 200 hectáreas. La explotación crece al 10% anual. Y cada propietario tiene derecho a cortar anualmente hasta un máximo de 40 hectáreas. Por cada hectárea que el propietario corte, recibirá cinco céntimos.

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La situación, planteada en el experimento “The Forest Game” y descrita en el libro de la investigadora Kelly McGonigall Autocontrol, reproduce el típico dilema social que se produce en la gestión de determinados bienes comunes o públicos. Si los propietarios son pacientes y son capaces de cooperar, los beneficios a largo plazo para todos son elevados y duraderos. Es, claro está, lo que haríamos tú y yo. Si, por el contrario, los propietarios se dedican a talar el bosque de modo voraz con el objetivo de conseguir una fortuna rápida, se produce el colapso de la explotación forestal. Es la tragedia de los bienes comunes, denominada así por el investigador Garret Hardin y objeto de estudio de las ciencias sociales desde hace décadas.

Pero, ¿qué ocurre si, antes de participar en el juego del bosque, se pide a un grupo de participantes que realicen una tarea de autocontrol (como apartar las distracciones mentales) que produzca un agotamiento mental en los participantes? Bien, cuando los investigadores replicaron la situación del Juego del Bosque con un grupo de participantes extenuados por una tarea previa, los participantes optaron por la estrategia de talar los árboles para venderlos antes de que otros propietarios lo hicieran. En quince años habían destruido el bosque. En cambio, los jugadores que no hicieron la tarea previa de concentración, conservaron el bosque hasta el final del experimento (veinticinco años virtuales), ganaron más dinero que el otro grupo y conservaron algunas hectáreas al final del juego.

Pero, ¿qué relación tiene la tarea previa de concentración con la capacidad de cooperar en una situación social y gestionar el bosque de modo sostenible? Bueno, nuestra capacidad de cooperar con éxito en la gestión de un bien común depende de muchos factores (investigadoras como la premio Nobel Elinor Ostrom han subrayado la importancia de elementos como las normas compartidas, la composición del grupo, las características individuales, la reputación o la percepción de regulación externa).

Pero nuestra capacidad de cooperación depende, también, de nuestra capacidad de autocontrol, es decir, de nuestra capacidad de ser pacientes, cooperar y posponer la gratificación inmediata (ej. talar muchos árboles). El autocontrol es, en alguna medida, como un músculo: se cansa después de un uso intensivo (el libro de Kelly McGonigall proporciona bastantes detalles al respecto). Así que, en el juego del bosque, los participantes sometidos a la prueba de concentración previa estaban extenuados. No eran tipos especialmente egoístas. Tan solo habían mermado su capacidad de autocontrol. Y acabaron destruyendo el bosque.   

La investigación sobre el autocontrol muestra que, como la cooperación, el autocontrol depende de un conjunto de factores y mecanismos relacionados (motivación, normas sociales, tipo de tarea, contexto, etc.). Autores como Gailliot y Baumeister han evidenciado, por ejemplo, que la glucosa en sangre es también un determinante importante del autocontrol, porque es, en gran medida, la fuente energética del mismo. Una revisión de distintos estudios muestra que los niveles bajos de glucosa están asociados a un conjunto de comportamientos violentos y agresivos como provocar incendios o cometer infracciones de tráfico, vinculados a un bajo autocontrol. Así que, ¿un poco de fruta y los participantes son capaces de mantener el bosque y ganar dinero de modo sostenible? Bueno, no es tan sencillo. Pero resulta sorprendente cómo la glucosa, el autocontrol, la cooperación y los dilemas sociales pueden estar relacionados. 

Fuente: Foto

Christian Oltra

Christian Oltra trabaja como investigador en el Ciemat en cuestiones
relacionadas con la conducta social y el riesgo ambiental y
tecnológico. Da clases como profesor asociado en la Universidad de
Barcelona. Escribe, también, sobre conducta social, intentando
integrar la perspectiva sociológica con las de las ciencias de la
mente, el cerebro y la evolución.

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