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¿Es la desigualdad de la economía mundial el último producto del capitalismo?

Los últimos estudios realizados sobre la economía mundial están poniendo sobre la mesa la cuestión central de la desigualdad. Multitud de análisis ponen el énfasis en el progresivo deterioro que han experimentado las rentas del trabajo a lo largo de las últimas décadas, una circunstancia que se ha combinado con el sostenido incremento de los excedentes de las empresas multinacionales, favorecidas también por tratamientos fiscales de carácter muy ventajoso, no solo en sus países de origen,  sino también en los enclaves off-shore, el lugar de refugio por excelencia de las grandes fortunas.

Desigualdad Economia Mundial

Podríamos así considerar que existen movimientos de carácter cíclico en la economía mundial por los cuales el capital financiero encuentra acomodo allí donde le esperan siempre nuevos recursos económicos por explotar, abriéndose así renovados y futuros horizontes de prosperidad. Sin embargo, de la misma manera por la que se observa un indudablemente provechoso ejercicio de la libertad de movimientos financieros a lo largo y ancho del mundo, se aprecia también un eco de soledad y resignación en todos aquellos enclaves en los que el bullicio de un capitalismo devorador hizo en cualquier momento anterior su acto de aparición.

Pero ahora algunas economías desarrolladas están compartiendo la última fila del teatro donde se proyecta el aséptico espectáculo del capitalismo. Y codo con codo en algún momento de la historia el único recurso por el que competir podría no ser más que una mera divisa internacional. Un mero papel, una mera señal, un chasquido a partir del que los informes proyectados por el Fondo Monetario Internacional comiencen a alumbrar progreso o recesión con un alarmante e increíble grado de exactitud.

La dinámica de competitividad internacional, tan perversamente aceptada por los que están del lado ganador, no se detiene sin embargo a calibrar el desesperado quejido del perdedor, siendo que este último lado representa un espacio cada vez más angosto donde ya no solo residen urbes de ciudadanos enteras, sino también un número cada vez mayor de naciones sumidas en un abultado nivel de deudas. Y ésta es la execrable baza con la que el capitalismo financiero de la economía mundial gobierna su reino sin agradecérselo y, lo que es peor, obligándole a pedir perdón.

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