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La smart city, ¿un proyecto para algunos ciudadanos pero sin todos los ciudadanos?

En la actualidad parece que la smart city es uno de los temas relevantes en lo urbano.  La Ciudad inteligente, la ciudad postmoderna, tecnologizada, etc. es mencionado en cualquier discurso de todo político que se precie de actual o moderno.  Junto a este tema, hay otro que también despunta por su relevancia: la sostenibilidad de la ciudad.  En resumen, que para la mayor parte de los dirigentes la ciudad debe crecer, desarrollarse, tecnologizarse para garantizar el bienestar y todo esto debe hacerse de una manera sostenible.   Los proyectos de desarrollo y bienestar urbano pasan en muchos casos por el desarrollo de las nuevas tecnologías, al menos en ciertas sectores de los diseñadores urbanos.

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En lo que coinciden ambos, es que se refieren usualmente a las dimensiones económica y  tecnológica y en todo caso a la medioambiental.  Esto es, que se debe favorecer el desarrollo económico, incluyendo y a través de las nuevas tecnologías al timepo que respetando el medio ambiente.  De este modo, lo social y lo cultural quedan en cierto modo a un lado.  El desarrollo, el bienestar, la sostenibilidad, etc.  se refieren así a lo económico, lo medioambiental, lo tecnológico, etc.  pero en menor medida a lo social o lo cultural. Los primeros y su evolución no son evaluados según la ciudadanía en su totalidad, según sus estándares de bienestar social, sino según indicadores economicos, medioambeintales, etc.   Este post quiere ser una llamada a la relevancia de estas últimas dimensiones.  Es decir,  a las consecuencias sociales y culturales en estas nuevas ciudades dinámicas y tecnologizadas.

Asi lo viene señalando la literatura sobre la smart city.  Según esta, se ha hecho hincapié sobre todo en sus dimensiones económicas, medioambientales, tecnológicas, y menos en los aspectos sociales o culturales (Dameri & Rosenthal-Sabroux 2014), pero aquí se entiende por smart city un concepto mutidisciplinar de dimensiones económicas, humanas, sociales y tecnológicas (Dameri & Rosenthal-Sabroux 2014) y no solo económicas o tecnológicas como se ha venido señalando. Durante algunas décadas, la literatura empírica, aplicada a ciudades y casos particulares, ha puesto el acento en lo tecnológico principalmente.  Sin embargo, la mayor parte de la literatura académica en este tema, lo ha hecho en el desarrollo del capital intelectual entendiendo por éste cultura, museos, estilo de vida, cines, teatros, conocimiento, y la vida cultural urbana, aspectos que remiten al mismo tiempo a los conceptos de ciudadanía, inclusión, y sostenibilidad social (Dameri & Rosenthal-Sabroux 2014).

El ciudadano es así uno de los objetivos prioritarios de esta nueva visión de la smart city.  Es por tanto relevante considerar la literatura académica para tener en cuenta la reflexión que es preciso hacer en torno a estas nuevas tecnologías y el desarrollo urbano.  Así el objetivo de la smart city sería, así y según esta literatura académica, la de “mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos mientras se procura también por su sostenibilidad ambiental, mediante el uso de las últimas innovaciones tecnológicas disponibles o incluso en algunos casos, sin ellas, puesto que es básicamente el triunfo del conocimiento, Su principal foco de atención es pues el ciudadano, sin menospreciar, el desarrollo del espacio urbano y la productividad del sector empresarial, y poniendo el énfasis en la tecnología o la sostenibilidad.” (Domínguez y Crespi 2015).  Es esta la manera de armonizar todos estos polos de desarrollo y de conseguir un desarrollo urbano equilibrado y justo.

Por tanto, han de ser los ciudadanos aquellos destinatarios principales de las smart cities y así su bienestar social, su implicación en el diseño y gestión de la ciudad, su apropiación de la ciudad, su derecho a la ciudad (Harvey, Lefèbvre).   Pero no algunos ciudadanos, sino todos los ciudadanos de manera inclusiva.  De este modo, sería preciso promocionar todas aquellas iniciativas que vayan en esta línea, de manera que les permitan vivir con cierto bienestar, respetando el medioambiente además de la cultura e identidad locales.

De acuerdo a este principio, las smart cities han venido desarrollando todo un sistema de tecnología que pretende un “mejor vivir”, un uso más racional y eficiente del espacio, respetando el medioambiente y facilitando la vida del ciudadano. Pero parecería que en este sentido, se abren dos brechas.  En primer lugar, una brecha, desde la tenencia y uso o no de nuevas tecnologías. Y en segundo lugar, sobre el uso que se da a éstas.  Lo que se quiere poner de manifiesto es que este desarrollo tecnológico presenta fisuras sociales y culturales que es preciso considerar para poder ser evaluado desde una perspectiva de bienestar social.

Esto es, que en primer lugar, existe una parte de la población que no usa ni puede contar con nuevas tecnologías que le faciliten estos nuevos usos.  Este es el caso de la población mayor, de la población de bajos ingresos, etc.  Bien es cierto que en España una gran parte de la población cuenta con teléfono móvil (94% de los hogares españoles tiene al menos un móvil), smartphone entre ellos (41,5% de la población española), internet, etc y que se cuenta con elevados incides de posesión de ésta (66,9% de los hogares tiene acceso a Internet) (Red.es 2013).   Sin embargo, se cuenta con alrededor de un 30% que no tiene Internet ni teléfono móvil y que queda al margen de esta ciudad digitalizada por diversas razones. Porcentaje que puede ir incrementándose conforme avancen las nuevas tecnologías y la sociedad vaya envejeciendo y dualizándose (Piketty 2013).

En segundo lugar existe una segunda brecha y es considerar el uso que se les da a estas nuevas tecnologías, esto es, el tema de los contenidos.   No solo importa la extensión de las nuevas tecnologías, sino para qué se emplean, a qué se refieren.  Para qué temas son prioritarias. De este modo, la mayor parte de las aplicaciones de las smart cities, o de los avances tecnológicos de la smart city, van dirigidos al tema del transporte, la comunicación con la administración (avisos, gestiones, declaración de irpf, etc.), uso racional de la iluminación, reciclaje de residuos, aparcamiento y movilidad en la ciudad, etc. (II Congreso Ciudades Inteligentes, Madrid 2015),  pero no hacia el tema de la participación ciudadana real.  Y lo cierto es que existen en la actualidad las características y capacidades para hacerla realidad.  A la manera de los referéndums de Suiza o de la participación ciudadana real que pudiera ser articulada, las smart cities no facilitan la participación e implicación de los ciudadanos en lo que es la gestión de la ciudad.  El derecho a la ciudad de Lefèbvre o Harvey se hace aquí algo mínimo y sin realidad.  La smart city no promueve la participación efectiva  de los ciudadanos, sino que permite la gestión tecnologizada de la ciudad por parte de una intelligentzia superior que es la que gobierna y dirige la ciudad.

Asi, ¿para cuando la verdadera participación y la disponibilidad de las tecnologías al servicio del ciudadano? Mucho queda por hacer en este terreno, no hay que minimizar los avances de la smart city pero sí evaluarlos y preguntarnos si realmente se ha avanzado en el derecho a la ciudad, en la justicia urbana, en la calidad de vida para todos.  La eterna pregunta de los sociólogos urbanos.  ¿Es la ciudad tecnologizada para todos los ciudadanos o solo para algunos? ¿facilita el bienestar de todos o solo de algunos? .

Bibliografía

·      Dameri & Rosenthal-Sabroux (2014) Smart city. How to Create Public and Economic Value with High Technology in Urban Space.  Springer.

·      Domínguez Pérez M y Crespi M (2015) Smart cities, ¿para quién son las ciudades que estamos diseñando?  .  en Tecmared, II Congreso de ciudades inteligentes, Conde duque, Madrid,  2015.  (https://www.esmartcity.es/comunicaciones/i-congreso-ciudades-inteligentes-diseno-ciudades consultado 6 octubre 2015).

  • Piketty, Th. (2013) El capital en el siglo XXI.  FCE, Madrid.
  • Red.es (2013), Informe La Sociedad en Red 2012

Tecmared (2015) II Congreso de Ciudades Inteligentes, Madrid, Conde duque.

Marta Domínguez Pérez

Doctora en Sociología (Premio extraordinario 2003) y Profesora de sociología urbana de la UCM. Coordinadora del master Sociología de la Población, el Territorio y las Migraciones. Pertenece a grupos de investigación como GEPS y GISMAT y al grupo de Estudios de la Infancia y la Adolescencia (GSIA). Trabajó en la administración local durante más de diez años. Ha publicado artículos sobre las dimensiones culturales de la ciudad y la integración, identidad urbana, regeneración urbana, marketing urbano, segregación socioespacial, vivienda, infancia y ciudad, etc.
Publicaciones en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=1771183

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