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Efectos adversos, adicción y beneficios de la identidad del sociólogo o la historia de la sociología que me curó

Las primeras clases a las que acudí en la facultad de sociología provocaron en mí cierta agitación. Me invadió, por aquél entonces, la sensación de que nunca nada sería igual, de que al finalizar esta carrera no adquiriría sólo un expediente lleno de calificaciones y una nota final, sino que obtendría un nuevo prisma, una nueva manera de ver las cosas y es curioso que el tiempo me diera la razón.

Tras terminar la carrera, empecé a pensar en la sociología de otra forma; comencé a analizar algunas cosas curiosas dentro de las conversaciones que mantenía con otros sociólogos y a ver factores comunes y de pronto me di cuenta: la sociología a veces es como un virus, una enfermedad o una adicción. Tiene algo que  remueve a las personas que realmente conectan con esta ciencia, que hace que uno cambie para siempre, que no pueda desconectarse nunca más del ansia de conocer, pero que sabe que esa dependencia puede ser incluso dañina a nivel psicológico.

En primer lugar, el virus de la sociología zarandea al individuo con saña tan pronto como entra en su vida. Su tarjeta de presentación desmorona toda estabilidad en el conocimiento que pudiéramos tener, poniendo nuestra manera de ver las cosas del revés una y otra vez. “Todo es relativo” nos dice. La razón de ser de la sociología es estudiar y analizar la realidad social, sin embargo, “no existe una realidad sino millones, dependiendo del punto de vista”, “no hay nada que no esconda una razón que lo motive y el sentido del quehacer sociológico es preguntarse siempre por qué”.

Émilie Durkheim dijo una vez “Una mente que cuestiona todo, al no ser lo suficientemente fuerte para cuestionar el peso de su ignorancia, corre el riesgo de cuestionarse a sí misma y ser envuelta en la duda”. Creo que esta frase de tan célebre sociólogo resume a la perfección el impacto que puede sufrir aquel incauto que se aventura a  consumir por primera vez esta ciencia y cuyo cerebro se inunda de paradigmas de la teoría sociológica.

Luego, es posible que el sociólogo sufra un segundo efecto secundario; es algo así como un tremendo dolor de cabeza. “La estadística nos permite conocer la realidad”…pero, si la realidad es relativa y hay millones de ellas ¿qué realidad nos ofrecen los datos?, ¿cuál de ellas?, ¿según qué punto de vista?…

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Fuente: Revista SIC

Tenemos entonces la molesta sensación de que por muchas variables que incluyamos en el estudio de cualquier realidad, siempre habrá alguna que se nos escape o que no sea del todo captable por un modelo numérico teórico- aun siquiera combinándolo con métodos cualitativos-, por lo que la veracidad de los datos estadísticos nunca es del todo completa. Y es ahí donde el pobre científico social, en busca siempre de la realidad/es, adquiere un virus quisquilloso que le hace ir siempre un poco más al fondo del asunto.

El tercer efecto, va directo a lo emocional. La sociología nos acerca a los problemas sociales, nos muestra de cerca el sufrimiento que hay detrás de las cifras, los porqués de algunos conflictos y barbaries de la realidad social, de la desigualdad, la pobreza, la marginación… La sociología, nos arrastra para que nos metamos hasta las orejas en esos pantanos de negros fondos y, una vez allí, cuando los lodos de la sensibilidad no se nos van del cuerpo, nos plantea una inquietante incógnita: y ¿ahora qué?, ¿qué hago yo con esto?

¿Será acaso que el buen científico social está abocado a sufrir la ceguera moral de la que ya nos advertía Zygmunt Bauman para desarrollar su trabajo?, ¿No se estará perdiendo entonces ese sociólogo desensibilizado e inhumanizado una parte tan importantísima para el análisis de la realidad como es la cara emocional o psicosocial? Mi respuesta es contundente: por supuesto.

Entonces el científico social tiene en su haber un sufrimiento y sensibilidad añadidos, que no son conmensurables, que están implícitos en nuestra profesionalidad.

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Fuente: El País

Y el último golpe, el que nos deja en un estado lamentable y nos condena a ser esclavos de la adicción sociológica, es el de la identidad.

Nuestra disciplina no es sólo un estudio de la sociedad, sino que nos aporta una manera diferente de mirar el mundo que nos rodea;  nos genera una sensibilidad hacia ciertas realidades, sin duda movida por el conocimiento de las problemáticas que las envuelven; nos aporta una manera de interpretar los discursos y las interacciones…y algo así, esas “sustancias” de la sociología que hacen caer en la adicción al científico social, también configuran una identidad. El sociólogo se mira a sí mismo como ese “bicho raro” de ojos saltones, que escudriña hasta el último detalle de lo que tiene alrededor, lo analiza y croa constantemente “¿Por qué?”, “¿Por qué?”.

Así que cuando se encuentra con otro bicho de su especie, no puede evitar sentir esa caballería, una especie de orgullo y el reconocimiento de un igual.

Y cuando esa identidad está corriendo por cada una de sus venas, de pronto llega el momento en el que, tembloroso, se ha de subir al cañón que lo disparará contra el cruel y duro mercado laboral. Allí el lugar del sociólogo está desfigurado, borroso, se encuentra en un cruce de caminos en el medio de un sinuoso y oscuro laberinto.

Perder la orientación en esta situación tan compleja, es sin duda el peor efecto secundario de esta droga,  que puede dejar al científico social en un estado casi catatónico, inerte, cayendo sin cesar en un oscuro pozo.  Es en ese momento cuando comienzan a llover golpes hacia nuestra identidad en un intento desesperado de encajar en un sistema laboral que no tiene definido un lugar concreto para el sociólogo que pretenda ir más allá de ser un mero sirviente del sistema ofreciéndole las cifras en estadísticas adecuadas y previamente cocinadas en muchos casos, o ir más allá de pertenecer al frío y cruel engranaje de los departamentos de selección de personal dentro de las grandes empresas:

“¿Qué soy?, ¿acaso soy un seudoestadístico?, ¿seré un psicólogo un poco raro?, o ¿quizás soy un trabajador social que se coló por error en otra carrera?, aunque es posible que sea un politólogo a medio hacer”

Y de esta crisis derivan otras, motivadas por la rabia que nos genera nuestra propia adicción, el autorechazo identitario que, si no se trata a tiempo, puede desembocar en crisis ónticas. Este rechazo se manifiesta en diálogos del tipo:

 “¿Para qué demonios sirven todos mis años de estudio?, ¡¿Para qué demonios sirve la sociología?! Pero ¿qué invento del diablo es este que me hace contemplar y estudiar el sistema, ese mismo sistema que me rechaza, que me denomina como intrusista, que no me reconoce, ni me deja realizarme como profesional? Y lo peor es que comprendo a la perfección como funciona ese sistema, porque estoy preparado para analizarlo…¡¡Oh, cruel sociología!!”

Bueno… quizás el ejemplo sea un tanto exagerado…, pero lo que refleja es que a partir de hacerse preguntas de esta índole, el sociólogo, cegado por su crisis identitaria, comienza a tientas todo un periplo intentando descubrir hacia dónde encaminarse, intentando vislumbrar su orientación, su meta profesional.

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Fuente: Pinimg.com

Pero (sí, ¡por fin hay un pero!) si algo nos enseñaron los largos debates de los principales teóricos es que- recordad- todo depende del enfoque, del prisma desde donde se mire. Y si esta ciencia puede ser dañina para el que la practique, también puede llegar a ser del todo beneficiosa.

Si la sociología nos permite observar el sistema, descubrir las múltiples realidades que encierra el mismo y analizarlas, también nos permite descubrir y poner sobre la mesa sus deficiencias.

Muchos  se quedan aquí, enterrando sus análisis de la realidad bajo la pesada tapa de los libros, entre amarillentas hojas de extensos manuales, entre los datos estadísticos. Pues bien, existe otra cara de la sociología mucho más amable y reconfortante, que quizás, como a mí, le permita a más de uno hacer las paces con su identidad como sociólogo. Esa cara no se nos muestra durante la carrera, o si lo hace, es de manera superficial e insuficiente.

Descubrir y analizar las deficiencias del sistema es el primer paso para adentrarnos en el trabajo por el cambio. De hecho, es la única manera de llegar a él.

Dice Pierre Bourdieu que la sociología es un deporte de combate. Dicho de otra manera, nuestros conocimientos pueden ser motor del cambio. Y algo tan relevante, tan revolucionario, de tal importancia en esta era tan extraña en la que vivimos, tan deshumanizada y esclava de los poderes del capital, en esta época de crisis, no puede morir ahogado ente las polvorientas páginas de un libro, no puede quedar encerrado entre los ejes de un gráfico, ni transformarse en la voz aletargada y monótona que rebota contra las paredes de un aula.

La sociología merece hacer gala de esa cara oculta- quizás ocultada por revolucionaria- mucho más activa y práctica, también atractiva, que se traduce en intervención social, en facilitación y en cooperativismo

Esa sociología existe y yo me enamoré de una de sus perspectivas.

Como decía al principio, no fue hasta después de terminar la carrera cuando me dio por reflexionar sobre todos estos aspectos de la identidad del sociólogo, de la función de la sociología y demás. Dos años después arrastraba una terrible crisis personal que mucho tenía que ver con estos efectos secundarios del virus de la sociología.

La desaceleración económica estaba en su punto más hondo y yo- que había sido disparada con aquel cañón del que hablaba antes, sin ápice de compasión ni transición alguna, desde mi cálida y acogedora zona de confort universitaria contra la terrible y dura realidad laboral- me encontraba en un estado emocional lamentable y me dolía desde el currículo hasta la identidad sociológica.

Pero de pronto y gracias a mi profesor y amigo Fernando de Yzaguirre, conocí la perspectiva de la sociología clínica, que responde a la perfección a ese tipo de sociología activa, ágil, práctica y funcional sobre la que estábamos reflexionando hace un momento.

En la década de los ochenta algo parecido a esto rondaba por  las cabezas de un grupo de sociólogos franceses, que debieron pensar en eso de hacer una sociología más “sexy”, que tratase de conocer los problemas sociales desde las calles, desde la perspectiva verbalizada de las personas que los sufren y no desde el  frío despacho o desde las estadísticas. Una sociología que no se quedara enredada en la teoría ni en los datos, sino que se impulsara sobre estos y saltara de los paradigmas a la realidad.

Esa sociología en la que pensaban este grupo representado por Robert Sévigny, Gilles Houle, Eugène Enriquez, Jacqueline Barus-Michel y Vincent de Gaulejac, casa muy bien con las ideas que nuestro querido profesor José Ramón Torregrosa tenía sobre la intervención desde la psicología social sociológica.

A muy grosso modo, Torregrosa venía a decir que para una comprensión (en el sentido weberiano del término) de los problemas grupales, sociales, institucionales, no podemos quedarnos en sus antecedentes orgánicos y biológicos, sino que tendremos que hallar su fundamento en el contexto y en la interacción social, porque ambos tienen tal importancia en la formación de los sujetos como individuos, que no se puede disociar la configuración de la individualidad de estos términos sociales que la componen y, por tanto, no es posible una psicología social completa que comprenda los problemas de las personas si no tenemos en cuenta las realidades sociales en las que viven.

Pues bien, la  perspectiva de la sociología clínica parte precisamente de la idea de que entender las problemáticas sociales no es posible sin atender a la subjetividad de los individuos que están viviéndolas, que es lo mismo, pero al revés.

En palabras de Fernando de Yzaguirre “Bajo nuestra perspectiva, lo psíquico y social se nutren recíprocamente y son indisociables; el sujeto es producto y productor de su mundo social al mismo tiempo. Por tanto, los problemas sociales y los conflictos  no son más que la expresión entre el choque frontal de esas dos caras del individuo, la de su psique y la de la sociedad donde se mueve.”(La perspectiva de la sociología clínica: una sociología de proximidad orientada al sujeto”).

Y desde este fundamento teórico la sociología clínica consigue mediante sus métodos, como el relato de vida, una intervención social más humana, desvinculada de ese paternalismo que desprenden muchas metodologías, entendiéndola como un acompañamiento del individuo durante un proceso que desemboca en el cambio.

¿Y cómo se consigue eso? Pues en primer lugar, considerando al interviniente como un facilitador que se posiciona a la altura de los intervenidos y no sobre la tarima, sentándose a su lado, practicando la escucha activa y dando la palabra a los sujetos, lo cual le permite conocer de verdad la experiencia y percepción que las personas tienen sobre su realidad social.

Por tanto, la sociología clínica deja de lado ese rol de experto poseedor del conocimiento que carga con su maletín repleto de “las recetas perfectas para cada cosa”, que es la representación gráfica del paternalismo que tiñe algunas metodologías de intervención social al que me estaba refiriendo.

En segundo lugar, investigando junto a los sujetos y tratando de comprender de manera conjunta- como si se tratara de un grupo de mecánicos que observa el engranaje de una maquinaria antes de trabajar sobre ella- cómo los aspectos psíquicos de cada individuo interactúan con los aspectos sociales que impregnan sus experiencias, y repercuten sobre el fenómeno o problemática a tratar concreto.

Por último, una vez que el facilitador junto a los intervenidos han comprendido (siguiendo con la metáfora de la mecánica) el funcionamiento de esa maquinaria y han sabido discernir cuáles son esos engranajes de su psique que están chocando con los engranajes de su contexto social produciendo disonancia -que en numerosas ocasiones se transforma en sufrimiento-, sus experiencias se dotan de sentido, porque la comprensión del problema hace de aceite que evita que chirríe el mecanismo y se produce lo que en lenguaje coloquial diríamos un “cambio de chip”. La perspectiva de la problemática se transforma en el imaginario de los intervinientes y eso abre un montón de nuevos caminos hacia posibilidades alternativas de actuación que antes permanecían ocultos.

Y eso es precisamente el proceso que yo experimenté cuando conocí la perspectiva de la sociología clínica, por lo que a día de hoy la considero “la sociología que me curó” de esa tristeza, ese pellizquito en el corazón que me venía atormentando desde que el virus de la identidad del sociólogo comenzó a recorrer mis venas.

Bibliografía

“La sociología es un deporte de combate”, documental de Pierre Carles en homenaje a la vida y pensamiento del sociólogo Pierre Bourdieu. 2001.

“Los inicios de la sociología clínica en España”, intervención de Fernando de Yzaguirre en el coloquio fundacional del RISC. 2015.

“La perspectiva de la sociología clínica: una sociología de proximidad orientada al sujeto”, Fernando de Yzaguirre y Carlos Alberto Castillo. GT22 Psicología Social. 2013.

Ana Belén Almagro Prieto

Socióloga y mediadora, especializada en psicología social, intervención social y sociología clínica en busca de empleo. Actualmente dependienta de un gran almacén y, en sus ratos libres, miembro activo de la Asociación ISCLE, escritora amateur y voluntaria en diferentes ONG.

Comentarios de Facebook

Comentarios 14

  1. Marco Aurelio

    Que interesante artículo me recojo en sus palabras…

  2. Helmer Betancourt Ortiz

    Gracias por esta aproximacion drastica a la realidad social de los Sociologos. Pero en definitiva me invita a revisar mi entorno y mis posibilidades.
    Gracias.

  3. Jaime

    Leí tu artículo mientras tomaba examen a mis alumnos. Soy sociólogo y Magister en análisis de sistemas de la u de Chile. He sentido ese mismo vacío, sin embargo, desde otro punto de vista más relacionado con el futuro de la sociedad. En específico me hace sentido que hables del quehacer del sociólogo, de lo que implica este trabajo, creo que es el primer artículo que me llama la atención al respecto, los sociólogos poco dicen de la sociología, es difícil autoobservarse. Respecto del futuro, creo que la teoría social, notese teoría critica por ejemplo, esta cargada de problemas psicológicos, no creo que Adorno haya sido una persona normal, es inevitable ser sociopata si estas leyendo que la sociedad te domina por completo y que todo esta estructurado y no hay salida, es un abismo personal que encierra el futuro, de lo humano que queda en nosotros. Me ha hecho sentirme defraudado en ocasiones de la sociedad y no de la sociología. La estadística es genial y sus métodos igual, siento. Lo cual no quitapotencia a otras metodologías, como el enfoque planteas. Respecto de eso, el enfoque clínico, suena más a psicología social que ha sociología, pero nada malo hay en hacerle, si el objetivo es engrasar el engranaje del que hablas. En lo personal siento que no es nuestro trabajo hacerlo, que es la pega de asistentes sociales y psicólogos, que pa eso existe la división del trabajo, pero si se puede hacer de la sociología bacán entonces!!! Hay que abrir el espacio y buscar nuevos rumbos. En qué irá a terminar la sociología? La sociedad? Inevitable hacerse esas preguntas, películas como Akira y Ghost in shell entregan salidas interesantes, las redes, la producción cibernética, la pos modernidad, se viene con todo este siglo XXI, y hay que estar preparados como sociólogos para abordarlo, la seguera moral es una droga que inhibe el dolor en situaciones difíciles de investigar, sin embargo hay que reemplazarla por una especie tranquilidad inquebrantable y de apoyo social, ya que un médico no puede temblar al ver sangre, el sociólogo no puede llorar junto con los afectados…… Dejo esta última frase a interpretación de la socióloga clínica…. Un abrazo grande y gracias por tan buen artículo!!!

  4. Nini Katherine

    Excelente documental y me siento muy orgullosa de ser Socióloga

  5. Ana Lucía Cosamalón Aguilar

    Es una reflexión que comparto, sobre las conflictividades del sociólogo. La sociología clínica resulta una novedad para mi, primero antes de opinar me gustaría profundizar de los contenidos de esta nueva perspectiva y su objetivo, pues si es reconciliar al sociólogo con su quehacer será un enfoque interno y también muy necesario. Me ha gustado mucho la reflexión.

  6. Francisca

    Excelente…Ana Belén me encanto tu artículo , es como si me hubiera reflejado como psicóloga e lo que le pasa a uña socióloga .felicitaciones nuevamente.

  7. hena flora p Rosales

    La reflexión que haces me parece muy razonable, aun estamos en sociedades que no entienden que la realidad es un todo, no solo son números, sino aspectos cualitativos que no pueden ser medibles; la subjetividad es importante para analizar la realidad, y si el sociólogo tiene afectos, es sensible, no puede desprenderse de eso cualitativo que le es inherente por ser humano, no cabe la objetividad de la ciencia aqui..

  8. María Estela Alvarado

    Leo este artículo y encuentro los mismos conflictos y dudas ,que motivan el origen y existencia de la búsqueda de conocimiento de lo social .La Sociología y su objeto de estudio ,nada más ni nada menos que hombre en su dimensión social, cómo colectivo y por ende como individuo de ese colectivo que lo trasciende .Siempre Sociólogos , siempre entre la duda , el compromiso.y la acción ,desde la óptica teórica que adoptemos ,reflexivamente
    Me encantó saberme parte de ello

  9. Pilatos25

    Describes a la perfección lo que es la forma de ser del sociólogo, ese constante querer saber todo de donde viene. Yo era algo así antes de estudiar Sociología pero después se ha multiplicado. Por un lado es algo positivo porque te hace una persona curiosa, culta, que puede entretenerse a veces simplemente observando las cosas y pensando de donde vienen y cual es susignifcado pero por otro lado es también algo negativo a veces. En mi caso, siendo algo muy personal, me ha costado una relación con una pareja porque no me sentía a gusto con su falta de curiosidad por cualquier tema y por no sentirme motivado y aburrirme con una persona así.

    También describes muy bien la situación personal después de terminar la carrera. En mi caso, pase un tiempo diciéndome que no me arrepentía de haber estudiado Sociología porque me había gustado los temas que había visto, me parecían muy interesantes y porque te ayudaba a entender mejor la realidad. Pero ahora mismo, todo debido a mi situación personal claro, sí que me arrepiento de haber estudiado la carrera. Algo puede ser muy interesante e importante pero si con el tiempo la sensación que te queda es que no te ha servido de nada y que has perdido el tiempo, es normal que llegues al momento en que te arrepientas de haberlo hecho.

  10. Susana Ferrer Cuellar/ psicopedagoga master en Bioetica

    Muchas gracias Ana Belen por tu articulo tan claro generoso y humano. Me parece una descripcion minuciosa y generosa emocionalmente de la sociologia y tambien se palpa tu entrega, preparacion y conocimiento de la sociologia. Ojala tengas suerte y encuentres un lugar para poder realizarte como profesional y sera un lujo para la empresa que te contrate.

  11. Fernando Garcia Vyera

    Excelente articulo, soy Sociólogo y consejero en adicciones en esta ultima es donde se refleja la realidad de las personas en su máxima exprecion ya que esta problemática social tiene demasiadas variables las cuales proporcionan información valiosa la cual permite desde mi trinchera proporciona ayuda a estos grupos vulnerables de la sociedad.

  12. Mayka

    Gracias Ana Belen por tu aportación con este entrañable artículo, a divulgar el sentir de los sociólogos y la existencia de la sociología clinica. Enhorabuena por tan magnifica reflexión expresada de forma tan franca y directa!!!!

  13. Regina

    Interesante, tu aporte, al estudio de la sociología, la psicología social, es muy cierto porque el hombre- mujer esta relacionada con su entorno, su psiquis es producto de la sociedad que la rodea. Todo lo que señalas en torno a la sociología, y su papel en la dociedad, es cierto, ser socióloga, nos cambio el mundo. Es como dicen nos cambio el chip, Nada es igual para nosotras , todo lo escuadriñamos, continuamente nos preguntamos el por que.?.

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