La interpretación del discurso ha estado asociada al entendimiento y comprensión del espíritu y, en segundo plano se aborda la composición gramatical, fonológica y gesticular, asimismo, existen otros indicadores externos a abordar para tener una concepción holística, entre ellos encontramos el entorno geográfico e histórico, en lo interno, las motivaciones e intereses personales del emisor, que pueden haber sido generadas por hechos psicológicos, sociológicos, etnológicos, económicos, etc.

El discurso Su interpretación y descodificación

Fuente: Propia

La interpretación del discurso es un ejercicio ontológico y espistemológico, lo que significa, que es complejo, porque al estudiar los indicadores nos arrojarán datos o elementos de análisis, para acercanos lo más que podamos a la elaboración de una interpretación real del espíritu del discurso, pero hasta qué punto el orador como un ente consustancial de los agentes externos e internos refleja la posición histórica y contemporánea de la situación en que se emitió.

Nos plantea la necesidad de realizar un estudio historicista de los discursos del emisor, porque las descripciones, afirmaciones o negaciones que actualmente realiza, tienen relación directa y una trayectoria lineal con los discursos anteriores, lo que significa, que puede haber una ruptura con el pasado y centrar una nueva posición contradictoria.

La nueva posición al ser contraria con el devenir discursivo, tiene sus antecedes y causas que provocaron ese quiebre, habría que estudiar para comprender y entender hasta qué punto, la nueva posición es coherente con los dispositivos que activaron ese cambio conductual, emocional, ideológico, etc., claro, si partimos que las causales son visibles, caso contrario, la elaboración de hipótesis prima, basado en el análisis espistemológico de los procesos y mecanismos que no son perceptibles, pero si deducidos, y que esa sincronización precisa y concreta de variables y hechos, van a producir el móvil sobre el cual se inspirará o sustentará el nuevo discurso.

En cuanto al análisis del discurso debemos partir con rigurosidad académica para su debida interpretación, porque podríamos comenzar a entretejer con la utilización de los datos recogidos, un andamio teórico frágil que se caerá, al no aguantar un análisis a profundidad, porque el espíritu del discurso no es el visible, existe un mensaje oculto, la letra y el espíritu realmente significa exactamente lo contrario. Es decir, la verdad está entre líneas.

Podemos mencionar el caso de Nicolás Maquiavelo, con su obra, El Príncipe, el hecho de hacer una lectura sobre las letras, inmediatamente nos conduce a elaborar una connotación negativa, basada en afirmaciones inmorales y recomendaciones de medios no éticos para lograr la gobernanza.

Afredo Cristiani ex presidente de El Salvador, sus discursos pronunciados de 1990 a 1992, al realizar una lectura sobre letras, nos lleva a concluir que era un personaje que buscaba la paz y la democracia en el país, no obstante, en la mesa de negociaciones para poner fin al conflicto armado salvadoreño (1980-1992) su posición era exactamente lo contrario.

Si logramos captar el espíritu real del discurso, será relativamente fácil predecir la conducta del personaje que lo emite, se desdibujará la incertidumbre y el efecto sorpresa; cuando no se logra realizar una lectura del discurso en el momento en que se pronuncia, será a futuro, en que se hará un análisis del discurso con los hechos, para verificar si exponía un discurso, cuyo mensaje era oculto y quedó evidenciado con el desenlace de situaciones o acciones realizadas, es un  contraste discurso-hechos.

La interpretación del discurso no se circunscribe en conocer las reales u ocultas intenciones de quien lo emite, nos sirve de medio para conocer las condiciones que pueden ser económicas, políticas, sociales y culturales, personajes, correlaciones de fuerza y dinámicas internas que se generan, porque el discurso es un producto social e histórico, que representa una variable de ese entorno geográfico y temporal.

El discurso puede ser oral o escrito, para analizar cada uno de los medios existen indicadores a tomar en cuenta para realizar una interpretación, que va desde la gesticulación, la acentuación de los fonemas,  el tiempo de las pausas, en el escrito puede ir de conciso a extenso, de lo concreto a la dispersión, la utilización de las formas gramaticales para evadir, evidenciar u ocultar. Asimismo, depende del medio en que transmitirá, en la contemporaneidad se ha transitado del tradicional a los videos en YouTube, o a los mensajes en las redes sociales, los análisis extensos de la lingüística y la filología se redujeron sensiblemente.

En la actualidad, los discursos de la época del modernismo, son hechos históricos por su extensión y tiempo, ahora las nuevas generaciones, ya no se toman horas en escuchar o leer discursos de líderes políticos, religiosos, académicos, etc., con el agravante que los metarelatos se encuentran en franco desuso, pertenecen a la old school de las generaciones babys boomers (1945 – 1964)  y “X” (1965-1981)

En la generación de los millennials  (1982 – 1994), se prima la velocidad y el tiempo, en donde las tecnología de la información y comunicación son el medio preferido y su ambiente “natural”, para que el mensaje del discurso llegue a la actual generación, se transmite a través de la multimedia, en donde se privilegian las imágenes más que las letras.

El discurso tienen una población objetivo, es decir, un destinatario, el discurso tendrá la peculiaridad de las características de la población nicho, es decir, la edad, urbana o rural, etc., además los diferentes estratos sociales tienen rasgos distintivos, que se ubican en los campos culturales, sociales y económicos, por tanto, sus gustos y atracciones son muy propias de cada estrato. Esta situación no descalifica la existencia de discursos omnitemporales y universales.

El discurso se construye con palabras polisémicas que se prestan para una interpretación laxa, sin embargo, la estructura gramatical, el uso de metáforas y lo simbólico, contribuyen a centrar un significado específico de los significantes utilizados, que constituyen el código compuesto por el mensaje, por lo que la descodificación se centra en un aspecto.

El uso de metáforas en los discursos se utilizan como un recurso emotivo y literario, que contribuye a la  aclaración del mensaje de una manera contundente, de fácil aprensión e identificación por parte del receptor con el emisor, la metáfora, además que refresca el discurso, aporta un nuevo conocimiento que amplía y profundiza el pretendido mensaje, observamos por ejemplo la utilización de metáforas como forma de ilustrar la biblia, porque lo importante no es aprenderse de memoria el texto, sino el significado del mismo.

Los discursos históricos, algunos de ellos pierden la contemporaneidad, al convertirse en caducos, o porque su significado es contrario a lo actual, esta situación sucede, cuando el autor tuvo una posición discursiva distinta a la que hoy ostenta, aquí el discurso perdió vigencia, pero contiene valor histórico, porque es producto de las circunstancias donde fue proclamado. Según Paul Ricoeur, “Las metáforas son sólo la superficie lingüística de los símbolos, y deben su poder de relacionar la superficie semántica con la presemántica que yace en las profundidades de la experiencia humana, a la estructura bidemensional del símbolo” (2006).

La hermenéutica del discurso va más allá del estudio de las formas y contenidos superficiales fonológicos y gramaticales, de la apariencia física del emisor o del escenario donde se emite, la interpretación del discurso es un proceso espistemológico, y en la medida se cumpla con el mismo, se acertará en la descodificación del discurso.

 

Ficha bibliográfica

Ricoeur, Paul (2006). Teoría de la interpretación: Discurso y excedente de sentido. (Sexta edición). México: Siglo XXI Editores.

Oscar Martínez Peñate

Oscar Martínez Peñate, nació en El Salvador, Centro América. Realizó estudios de B.A. y Lic. en Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Centro América, Costa Rica, M.A. en Ciencia Política en L’Université du Québec à Montréal, Canadá y doctorando en Ciencias Sociales en la Universidad de El Salvador. Fue docente e investigador en la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), docente, investigador y editor de la Universidad Francisco Gavidia (UFG), director administrativo del Centro de Investigación Social de El Salvador (CINAS). Investigador académico de la Escuela de Formación Registral (ESFOR) del Centro Nacional de Registros de El Salvador. Es autor y coautor de trece libros sobre temas políticos, sociológicos, relaciones internacionales y de historia.

Comentarios de Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para mejorar la mejor experiencia delusuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies