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¿Cuándo se convierte en vicio? Efecto social del casino

Hay implicaciones emocionales y psicológicas en la adicción al juego. Ludopatía es el término médico que describe a quienes se vuelven adictos a todas aquellas actividades que hagan referencia a los juegos de azar y las apuestas.

Si bien, jugar y apostar no tiene por qué representar ningún problema en la mayoría de las personas, para algunos se puede convertir en una enfermedad con la capacidad de alterar su vida personal, laboral y familiar por completo.

Hoy indagaremos un poco más acerca de este problema, sus implicaciones a nivel social y los factores que tienen influencia en su desarrollo.

El juego en la sociedad y la cultura

El juego es fundamental en la vida humana. A través del juego se dan las primeras adaptaciones de los niños a la sociedad, además de ser primordial para el desarrollo cognitivo. Las zonas recreativas son fundamentales para la integración entre elementos de la sociedad, es por eso que suelen recomendarse en los lugares de trabajo para buscar la unión del equipo de labores.

Los espacios de juego y distracciones han evolucionado mucho y ahora podemos encontrar espacios de entretenimiento en casi cualquier lugar, pero hay un fenómeno asociado que comienza a tomar auge; los juegos de azar y las apuestas comienzan a ganar terreno como formas de entretenimiento preferidas por los adultos.

La adrenalina que se produce cuando se realiza una apuesta y toda la respuesta emocional que se desencadena al ganar o perder en un juego, sirve como aliciente para repetir el proceso una y otra vez. Esa es la razón por la cual termina encantándonos tanto la idea de apostar una y otra vez.

Grandes casas de apuestas como Casino777 saben con exactitud que hay miles de fanáticos de las apuestas y por ello han optimizado su plataforma de apuestas para permitir el acceso web, incluso desde dispositivos móviles, lo cual coloca al casino en la palma de la mano de las personas en cualquier momento y lugar.

¿Cuándo se convierte en un problema?

Apostar y disfrutar de la emoción del juego no tiene por qué representar ningún problema. Hay ciertos límites que las personas que participan de las apuestas, tienen que aprender a reconocer y no traspasar.

Se entiende como ludopatía, el deseo desenfrenado por apostar y se toma como una enfermedad, cuando las apuestas logran absorber a la persona a tal nivel que se producen daños en la vida profesional, personal y familiar del involucrado.

Jugar y apostar es muy placentero, pero nunca debe alcanzar niveles de adicción que resulten incontrolables. De hecho, cuando el deseo de apostar se convierte en un vicio y se extiende a muchos individuos, se entiende como un problema de salud pública.

Existe una línea muy delgada que separa a un apostador social, de un apostador vicioso, que padece ludopatía. Lamentablemente, para una gran cantidad de individuos los problemas con el juego no son tomados como importantes ni trascendentales y se suele ignorar su existencia.

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