Tomando partido: ¡por los intereses del capital o de la humanidad!

En las últimas décadas del siglo XX y en la casi dos décadas que vivimos del siglo XXI, la sociedad experimenta cambios y movimientos nunca antes vistos, y que han servido para concretar el proceso dado en llamar “globalización”, término que encierra  la intención del sistema capitalista de expresar la forma de dominio mundial efectivo. Este fenómeno social debe ser estudiado por lo menos desde dos procesos, por un lado la globalización como proceso social, que involucra a nuevas relaciones humanas y la construcción de una nueva cultura en el contexto virtual del ciberespacio, como un producto propio del proceso intrínseco de la evolución de la vida y de la vida social de los seres humanos; y desde otra entrada, la globalización capitalista, fenómeno que predomina en el escenario social, con sentidos e intereses propios realizados premeditadamente, buscando la concreción del beneficio particular.

Fuente: Globedia

Aquí está encerrada la confusión. Confusión en la que las multitudes son presa de esta ilusión y falsía, y que sus sentidos no quieren aceptar el crudo realismo del peligro y riesgo que significa para la vigencia de la humanidad la concreción del proceso de globalización financiera y la continuidad de la producción industrial tal como se viene realizando hasta la actualidad y lo más grave corresponde a la organización que está poniéndose en vigencia, y que lleva al individualismo y a una sociedad del pleno consumo, son acciones deletéreas que traspasan todo, de allí se desprende que este formato de globalización es destructor de la humanidad, agudizado por la vorágine de la competencia y búsqueda de nuevas formas de acumulación capitalista, que pasa de la transformación del trabajo en mercancía a otras esferas como las del conocimiento y ahora con la mercantilización de la vida misma, creando lo que determinados sociólogos llaman biopoder y biopolítica.

El proceso globalizador, es además una estrategia civilizatoria, esto es, creador de cuerpos y mentes, con el poder ideológico que coagula y obscurece la posibilidad de la razón y la clara observancia de la injusticia revestida de bondad con la espada levantada para decapitar a las voces y brazos que se alzan para resistir y sobrevivir en la abundancia del hambre, o sin la capacidad para protestar de la abundancia de enfermedades curables, y de los fríos que soportan sus cuerpos, sin poder gritar a viva voz la abundancia del dolor y la impotencia de mirar a sus hijos e hijas prostituirse por un mendrugo de pan; en fin, hay una abundancia de situaciones para dejar de ser seres humanos, que incluyen a millones de personas que poblamos la tierra, para beneplácito de unos pocos miles que gozan de la extrema abundancia, ¿Ha esta realidad, se puede llamar justicia, igualdad y solidaridad?, la respuesta parece obvia, un NO, y rotundo; lamentablemente la realidad es diferente, los intereses humanos de la mezquindad, de la ceguera e insensibilidad social prevalecen, y se acompañan de los tres males que degradan al ser humano: la ignorancia, la vanidad y la ambición, y que es necesario vencerles, entregando la vida misma si es necesario. Pero es más fácil, seguir jugando a ser un buen ciudadano sin mancharse los zapatos, sin ensuciarse las manos, tranquilizando a la conciencia con unas cuantas caridades, pero dejando intocado las estructuras que generan a los pobres y la pobreza, a las desigualdades e injusticias. Esta sociedad obliga a ser un buen capitalista, o buen lacayo del capitalismo a costa de ser un mal ciudadano.

En todo tiempo y lugar, la historia de la humanidad da cuenta de la conducta humana optando por la o las opciones que tiene al frente, las que están influenciadas por las condiciones sociales que modulan la decisión de la persona. Finalmente, sea cualquier situación en la que se encuentra una persona o grupo social,  tiene que decidir por la o las alternativas, abriéndose otras posibilidades en las que unas se inclinan hacia unos lados, otras pueden ser mezclas de posibilidades, que colocan en colores pardos, o aclarados a unos lados y obscurecidos en otros, dependiendo de las circunstancias y de los intereses. Es en ese juego humano social construido en el tiempo, el que permite evadir y/o poner la cara de frente a las situaciones, en todo caso cualquier decisión tomada, le coloca a una persona en un lugar tomando partido a favor o en contra.

El  momento actual no está para que los humanos entremos a jugar el juego discrecional, el juego del no mirar la realidad, el juego de los ojos ciegos y oídos sordos, el juego de la insensibilidad humana, el del silencio fastuoso. Hoy más que nunca deberíamos dar la cara y de frente a la realidad deshumanizante que implica la globalización financiera y la mundialización capitalista, que desgarra el alma y destruye el espíritu de la identidad y razón humana. Claro está, que dar cara al sistema imperante de despotismo y de nuevos esclavismos, con la barbarie destructiva de todo lo existente, encontrándose todo el planeta tierra intervenido, es sin lugar a dudas colocarse en la otra orilla del río, es enfrentar dificultades y problemas, hasta se podría decir es poner en peligro la propia integridad personal. Pero se puede optar por ser quien se es, sin ser una persona de bien, luchando por la justicia y la libertad del libre mercado, más aún se puede ser lacayo de los poderosos, queriendo jugar a ser emperador en tierras lejanas en representación del Amo, y por unas migajas o mendrugos de poder que da unos cuantos dólares más, a cambio de la venta de la conciencia si algo de ella le queda.

 

¡Una búsqueda del sentido!

La presencia de la globalización en sus dos vertientes están allí, son evidentes, es una realidad tangible, no por ello significa que toda la humanidad este de acuerdo con el proceso y estrategia del sistema capitalista, o más aún aceptemos como la única vía sobre la cual se organiza la sociedad a la cual debemos sujetarnos de forma tácita sin ofrecer resistencia. Recordando siempre que la globalización es un proceso social, creación humana y como tal factible de rectificar, de modificar, de girar, de transformar; al no ser una expresión de procesos y leyes naturales que partiendo de formas organizativas básicas han evolucionado hacia otras de complejidad mayor que deben continuar en ese camino.

Hay exponentes y defensores de la globalización capitalista que identifican a este proceso como un proceso natural, irreversible, inmodificable, esta intencionalidad es de por sí una postura ideológica que responde a los intereses del capital, y tiene el objetivo de construir mentes y cuerpos que respondan a ese pensamiento. Este objetivo, ha sido conseguido en buena parte, sobre millones de humanos, tan es así que las expresiones a su alrededor indican que no se puede cambiar el rumbo de la historia y se adiciona posturas pasivas de aceptación ciega, con resignación, aunque dentro su ser se niegue a aceptar esta forma ignominiosa en contra de la humanidad.

Parecería que nos encontramos en una búsqueda sin sentido de un mañana promisorio para bien de la humanidad, que anteponiéndose al presente sentido capitalista de expropiación y acumulación, en donde se vive la igualdad de las más grandes inequidades, se vive la solidaridad de ofrecer la vida para el bien de la acumulación del capital, se vive para valorizar el valor, se vive como seres buenos e inteligentes si explotamos y extorsionamos sin piedad a nuestros congéneres, en definitiva se es solidario cuando matamos, más aún, si matamos a nuestros hermanos en nombre del nuevo Dios, el del libre mercado idealizado en el poder del dinero, o para proteger a su hijo en la tierra como el nuevo emperador del imperio mundial, quien se ha abrogado la potestad de liberar al mundo de sus enemigos, que resultan ser quienes resisten a la aplicación de las políticas emanadas desde el trono del iluminado de turno de la ‘Casa Blanca’.

La América Latina, vive épocas de reconquista de los territorios por parte del Imperio, Venezuela es el ejemplo, sin cerrar los ojos a la pésima administración, a la corrupción, a las inequidades, a la falta de visión, a formas autoritarias cuasi dictatoriales, con vigilancia y control de todas las funciones del Estado -en Ecuador se vivió ese modelo con la década perdida de la presidencia de Correa-, no menos cierto es la intromisión de los Estados Unidos y de otros países en los conflictos internos de Venezuela, tendiendo un cerco económico que lo asfixia e impide cualquier solución posible, esta estrategia conocida como ‘guerra hibrida o de cuarta generación’, tiene el objetivo de desestabilizar a los gobiernos que no gozan del apoyo del imperio y que tienen interés en apropiarse de las riquezas naturales. En esta estrategia, ha incorporado a los países integrados en el Grupo de Lima, y a otros como es el caso de Ecuador para que se alinien en contra del gobierno venezolano colocando como escudo el problema social, económico en el que se encuentra, y que es producto no sólo de la mala administración sino fundamentalmente del ahogo económico impuesto desde el imperio. Por esa y muchas razones no se puede aceptar lo que por las noticias se muestra, se hace eco, se masifica, acerca de una realidad; ella esta distorsionada hasta llegar al punto de transformarle como verdad incuestionable. La Autodeterminación de los pueblos, una vez más es intervenida, violada, sin tener a nadie quien le defienda, todos los discursos son tibios o desde escenarios que distorsionan las posiciones que deben asumir, que es el de defender a toda costa su vigencia.

Todos los seres humanos, hombres y mujeres de todas las etnias, de todas las edades, de las diferentes religiones, de las diferentes condiciones sociales que abrasen la idea de ser libres y de buenas costumbres, tenemos al frente la lucha por el advenimiento de la justicia, del bien de la humanidad en toda la extensión de la palabra, en contra de la opresión y de toda clase de esclavitud y explotación, no debemos mantenernos quietos haciendo la venía a tanta atrocidad que se comete día a día en el mundo entero. Es la hora de levantar nuestra alma y espíritu y elevar nuestra voz que conduzca hacia una humanidad más justa y equitativa, más fraterna y solidaria, en el que el afecto y la ternura predominen sobre cualquiera de las mezquindades humanas. Debemos fortalecer la globalización del desarrollo y evolución de la vida con dignidad, equidad, solidaridad, justicia y oponernos a la globalización del hambre, de la explotación, de la muerte, de las nuevas exclusiones, de las nuevas mezquindades humanas que campean por todos los lugares y a todas horas, como parte de las estrategias del poder transnacional.

 

¡Una tenue luz al final del túnel, o el aleteo de una mariposa…!

La vida humana es una experiencia en donde lo imposible pensado es lo más posible real, parece un contrasentido, ejemplos existen por doquier, cada una de las personas tendrá la suya. Por esa razón, no debemos creer que todo está determinado, que no hay como girar la rueda de la historia y llevarlo hacia otros orientes, hacia nuevos rumbos, a colocarlo en el formato adecuado para que la vida humana en armonía con la naturaleza, fluyan encontrando acuerdos, dejando lo que tenemos y adquirido, por otros procesos contingentes, para dar saltos cualitativos que engendren formas de ser diferentes con una Nueva humanidad. La evolución significa, encontrar formas estables a los nuevos entornos, que conforman otras emergencias, dan origen a nuevos procesos y leyes, y exige de los humanos la atención para explorar la evolución humana, que significa elevarse para escrutar sin cesar la intención de toda actividad, con la finalidad de autogestionar sus propias acciones y decisiones, o para proyectar sobre los demás los conocimientos y motivos que animaron ese comportamiento, y así engrandecer la interpretación del hacer humano colectivo.

En ese observar-se, es imperioso globalizar la fraternidad, entendido como ese darse, como ese entregarse, sin otro interés que el servicio al bien de la humanidad. Por eso que la globalización de la sonrisa, de la alegría, del amor, del afecto, de la gratitud, sobre todo de la ternura, sean puntos de expresión del más alto grado de la evolución de la vida. Pero esta globalización parecería simple, y no es así, se requiere que en todos los ámbitos de nuestro accionar prevalezca los principios rectores de la vida en armonía con todo lo existente, que en su conjunto crearán una cultura diferente para un nuevo humanismo. No olvidemos que la fraternidad y solidaridad, es un legado de la organización desde la energía hasta la materia visible incluido los seres vivos y la humanidad, y es también una expresión de la construcción humana a su servicio, con una historia a través de los tiempos, que sigue vigente en el día a día de la vida personal, familiar y comunitaria, con una riquísima y variada gama de metodologías muy útiles en la vida social. La fraternidad tiene algo muy especial que le hace diferente de otras formas humanas de apoyo y cooperación, que a su vez, le permite ser un vínculo del desarrollo de prácticas humanas en bien de los demás, y es que los bienes, servicios, saberes, etc., pierden capacidad de poner valor económico, es decir, no genera valor adicional monetario a las acciones humanas. Esta característica permite la construcción de otras relaciones humanas y muy diferentes, por eso, al momento necesitamos fortalecer la práctica de la fraternidad en la perspectiva de un mundo nuevo posible.

Quizá la fraternidad sea esa tenue luz al final del túnel, o el aleteo de la mariposa que genera revuelos en lugares distantes, y empujen a la humanidad por nuevos derroteros, para integrarnos en libertad, en paz, en la posibilidad de enfrentarnos en igualdad de oportunidades para tener una vida digna, respetuosa de las diversidades culturales, religiosas, productivas y con la naturaleza.

 

Bibliografía:

Hardt, M. y Negri, A. (2002). Imperio. Ed. Paidós. Buenos Aíres.

Castro, M. (2005). La Globalización de la economía mundial: ¿Cómo dtener su tendencia depredadora?. Ed. Ciencias Sociales. Instituto Cubano del Libro.  La Habana.

Chomsky, N. y Dieterich, H. (1996). La aldea global. Ed. Tzalaparta. Buenos Aíres.

Schuldt, J. et.al. (1998). Globalización: Mito y realidad. Ed. Tramasocial. ILDIS. Quito-Ecuador

Nicolas Campoverde

Nacido en Biblián-Ecuador. Médico general, con especialidad en Administración e investigación en salud; Mgs. en Sociología y Desarrollo; estudios para PhD. En Pensamineto Complejo. Jubilado como Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca. Excoordinador de los Registros de Tumores de Cuenca y Machala. Autor de varias publicaciones relacionadas con la epidemiología, el cáncer y la sociología médica. Interesado en el proceso vital y una interpretación aplicando la física cuántica, la epigenética y el biogenoma, así como el esclarecimiento de la Salud Pública como instrumento del biopoder y la biopolítica.

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Comentarios 2

  1. Silvia

    Un artículo para reflexionar, para motivar, para compartir y debatir con otros para buscar esos nuevos derroteros y optar por la acción.

  2. Marcelo Casal

    Un articulo que arranca como interesante, que hace inferencias superfluas de proceos sociales locales como ser Ecuador y Venezuela y que finaliza sin ser contundente con una especie de catesismo bien intencionado.

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