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El qué y el cómo en la transmisión de conocimientos

Cuando llega esta época estival y con las vacaciones en ciernes -periodo veraniego en terminología de jubilados- pienso siempre en el  curso académico recién terminado, los esfuerzos compartidos, sus resultados…y en la  constante inquietud que, como docente, siempre he tenido: la de ¿”Cómo” trasladar un “Qué”?

Fuente: propia

En su día  redacté un texto que, bajo el título “Comentarios sobre la función docente”, materializaba tal inquietud, el cual –en recuerdo de aquellas épocas- deseo reproducir seguidamente, con algún añadido.

El citado texto (del  que se autoriza la reproducción parcial  o total siempre que se haga mención a su procedencia) rezaba así:

La labor formativa es aquella simbiosis entre un “Qué, u objeto de explicación, y un “Cómo” trasladarlo de forma efectiva (estrategia, táctica y recursos en la exposición).

En definitiva se trata “del cómo explicar un qué”, siendo éste el que fuere.

En cualquier proceso formativo no es suficiente conocer el “qué”, el objeto de la explicación; es necesario establecer el “cómo” trasladar ese conocimiento.

Probablemente el elemento diferencial entre el formador en una materia y el simple experto en la misma, radica en el hecho de que aquél debe preocuparse del “cómo” además del “qué”.

¿Cuantas veces hemos oido decir de un profesor “se nota que sabe mucho, pero no se explica bien“?.

Cuando un alumno se enfrenta a los primeros conocimientos de un tema requiere entender bien los conceptos básicos del mismo (para lo que precisa un traslado eficiente de información contextualizada) y, dado que no se halla –aún- en condiciones de plantearse aspectos de mayor complejidad, la necesidad de un experto puro sin especiales dotes didácticas es todavia prematura y, ciertamente pasará a resultar útil más adelante cuando, asentadas las bases, desee exploraciones mas complejas. En esa etapa precisará  respuestas concretas a preguntas que ya se halla en condiciones de elaborar, sin que para tales respuestas precise de mayores contextualizaciones que, de todas formas, nunca estarán de más. Por ello al principio es mejor en el proceso la didáctica que el conocimiento –asegurado un nivel correcto-, y posteriormente el tándem se invierte, si bien lo ideal –dado que no resulta incompatible- sea un conocimiento elevado y una capacidad didáctica también alta en el docente.

Además establecer el “cómo” trasladar la información, es sin duda una fuente de satisfacción, por sus retos, que viene a añadirse a la ya generada por el interés propio de la materia sobre la que versa la explicación.

El Formador debe por tanto trabajar el “cómo trasladar conocimientos”

O sea ¿Cómo asegurar, al máximo, el logro del objetivo perseguido por todo proceso formativo, que no es otro sino conseguir que en la mente del receptor se reproduzca -asumiéndose cómo lógica y coherente- la imagen que, del tema a exponer, figura -a su vez- en la mente del emisor?. Para ello éste deberá establecer estrategias de sensibilización y motivación, descubrir los filtros o barreras que opone cada receptor y actuar de forma que se superen, a los efectos de no generar distorsiones en esa imagen, satisfacer las expectativas generadas, etc.

El método que seguidamente se propone, está encaminado, justamente,  al logro efectivo del antes citado traslado de conocimientos.

Ya que el proceso formativo “no es únicamente trasladar información conocida/investigada, sino crear un ambiente en el que sea posible el aprendizaje” y, dado asimismo, que la enseñanza es la alternativa a la experiencia como via de aprendizaje, cuanto más se parezca a ella (fomentando la motivación y la participación), tanto mejor.

Por este motivo “el auditorio no tan solo ha de recibir información o darse por enterado”, sino que -y aquí está el reto- gracias a la acción del ponente:

  1. a) debe asumir que existe una problemática (sensibilización).
  2. b) ha de colaborar con el formador en la búsqueda de posibles soluciones (motivación).
  3. c) y es justo en estos momentos, en que la audiencia está expectante, cuando ha llegado la ocasión de mostrar aquello que se propone como solución a la problemática anteriormente         planteada  (consiguiendo con ello la satisfacción de sus expectativas).

          En definitiva la audiencia no únicamente “recibe”, sino que “espera y desea recibir” la información, lo cual revierte en beneficio de la efectividad de la exposición. Y por otro lado, cuando el auditorio recibe/descubre la solución propuesta, está centrado en ella sin dispersarse en aspectos tales como su necesidad, etc. que ya se han asumido en etapas anteriores de la explicación, lo cual facilita aún más el proceso de comprensión. Además es conveniente que la explicación esté encaminada a conseguir un conocimiento global y no una simple suma de parcialidades.

En base a ello, se trabajarán los siguientes rasgos básicos de una exposición formativa, combinando explicaciones teóricas con actividades participativas:

  1. a) Presentación del tema objeto de exposición.
  2. b) Ubicación del tema en un contexto general más amplio, que le servirá de marco referencial, centrando en su caso nomenclaturas y conceptos de posterior utilización.
  3. c) Aproximación progresiva al tema, de forma que por medio de acercamientos sucesivos, podamos sembrar elementos que, evidenciando la existencia de diferentes problemáticas, puedan ser retomados posteriormente dando sentido y coherencia a la exposición.

* Fases de sensibilización (sobre la problemática existente) y motivación (en la búsqueda de sus  posibles soluciones)

  1. d) Presentación/demostración de que el objeto de la exposición resuelve la cuestión.

* Fase de satisfacción de expectativas

  1. e) Tratamiento final detallado del tema, que encaja con todo lo trabajado en las fases anteriores, con resumen final de los conceptos fundamentales.
  2. f) Coloquio/critica/alternativas/etc.

 

EJEMPLO DE APLICACIÓN DEL METODO: INSTITUTO JURÍDICO DE LA EXTRADICIÓN -Dº PENAL- (Por el que un Estado solicita a otro que le entregue un sujeto que, habiendo delinquido en el primero, se halla huido en el segundo)

 

  1. a) El auditorio debe asumir que existe una problemática (sensibilización):

Si el objeto de la explicación es la extradición, se ha de hacer ver que dada la territorialidad del derecho penal (derivada precisamente de los valores propios de cada colectivo que aquel protege), cuando un nacional de A delinque y huye a B…..

…¿Que sucede?…quizás para el estado B no sea delito la acción cometida en A…y entonces…¿habría impunidad?

 

  1. b) El auditorio ha de colaborar con el formador en la búsqueda de posibles soluciones (motivación):

Quizás si el estado B también tipificase el delito cometido en A…podría aplicarse la norma en B…o ¿mejor se envía al delincuente a A para que allí se la apliquen, dado que es donde cometió la infracción?

Pero…¿y si la infracción cometida en A no es delito en B? Evidentemente penar en B no sería lógico, y retornar al infractor a A….quizás repugnase el castigo que le espera, visto desde un estado en que ese delito no es considerado como tal..etc. etc.

  1. c) y es justo en estos momentos, en que la audiencia está “expectante”, cuando ha llegado la ocasión de mostrar aquello que se propone como solución a la problemática anteriormente planteada (consiguiendo con ello la satisfacción de sus expectativas):

Continuando con el ejemplo, llegaría el momento de explicar la figura jurídica tratada, con sus especificidades (coherentes con las problemáticas antes evidenciadas), limitaciones, reservas, convenios, etc. Si tal explicación se hubiese efectuado de entrada y sin más, probablemente hubiera resultado más tediosa y menos comprensible.

Y ya para concluir el presente artículo, decir que quizás los recuerdos de algunas materias impartidas en algunos cursos académicos de los vividos, resultarían mejores de haberse seguido métodos más eficientes para explicarlas, similares o no al indicado en el texto antes reproducido. Dicho lo cual, demos la bienvenida al descanso reparador del verano…  y el próximo curso, de nuevo a las aulas.

Jordi Cabezas Salmerón

Jordi Cabezas Salmerón, nacido en Barcelona el 21/12/49, Abogado penalista, es Diplomado Superior en Criminología y Doctor en Derecho Penal y Ciencias Penales por la Universidad de Barcelona. Miembro del Observatorio del Sistema Penal y Derechos Humanos de la UB, es también profesor del “Master Oficial en Criminología y Sociología Jurídico Penal” de esa Universidad y de la Mar del Plata (Argentina) y de Derecho Penal y Procesal Penal en la Escuela de Policía de Cataluña. Asimismo es profesor penalista en la Escuela de Práctica Jurídica del ICAB autor de diferentes ponencias/artículos y del libro “La culpabilidad dolosa como resultante de condicionamientos socioculturales”.

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