En las sociedades democráticas avanzadas se alardea de la existencia de derechos y libertades. La libertad es proclamada por doquier a “bombo y platillo”.

libertad

Fuente propria

Sin embargo, no se menciona demasiado que la libertad sin igualdad no existe (de poca libertad cabe disfrutar cuando se depende de otros), ni tampoco que, a mayor libertad, aumentan las cotas de desigualdad habida cuenta de la permisividad/posibilidad de movimientos entre distintos estratos sociales configurados.

Por ello siendo sin duda la libertad un valor innegable, de poco sirve sin otros acompañamientos.

Pero, incluso olvidando lo anterior, y admitiendo la presencia de la libertad en nuestros entornos, deberemos analizar hasta qué punto la ciudadanía la ejerce, y lo hace realmente. Dado que, únicamente, con el tal uso ese tan cacareado valor tendrá algún sentido, más allá de la mera invocación del  término.

Y, al respecto, convendrá referirnos a la contradicción existente entre mayor libertad y menor uso de la misma, reproduciendo –como hice en otros artículos- a Erich Fromm y su obra “El miedo a la libertad”:

“…Pero,  si bien en muchos aspectos el individuo moderno ha crecido, se ha desarrollado  mentaly emocionalmente y participa de las conquistas culturales de una manera  jamás  experimentada  antes, también  ha  aumentado  el  retraso   entre  el desarrollo de la “libertad de” y el de la “libertad para”. Laconsecuencia de esta desproporción entre la libertad  de todos los vínculos y la carencia  deposibilidades para  la realización  positiva de la libertad  y de la individualidad, ha conducido, en Europa,a la huida pánica  de la libertad y a la adquisición, en su lugar, de nuevas cadenas o, por lo menos, auna actitud de completa indiferencia.” (pág. 59).

Pudiendo volar libres, renunciamos temerosos a ello. Tememos ser nosotros mismos con el riesgo de distanciarnos de la mayoría…

“…Parece   que  la  democracia  moderna  ha  alcanzado  el  verdadero individualismo al libertar  alindividuo de todos los vínculos exteriores. Nos sentimos orgullosos de no estar sujetos a ningunaautoridad  externa, de ser libres de expresar nuestros pensamientos… El derecho de expresar nuestrospensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientospropios…”. (pág. 266).

Y al respecto ya se encargan los medios de comunicación -controlados por los poderes fácticos- de implantarel pensamiento interesadamente adecuado.

Existe temor a ejercer un pensamiento libre, propio, crítico y se abraza mayoritaria y “libremente” el pensamiento único “impuesto” sutilmente; ello en la creencia errónea de que se trata del propio y libre. En definitiva un ejercicio realmente bastante ilusorio de la libertad.

Vivimos en la sociedad de la “desinformación” y de la manipulación; ello nos aleja en ocasiones delconocimiento profundo y real. También  nuestra propia “cobardía”, nuestro famoso “miedo a la libertad”evidenciado por Erich Fromm, nos  hace evitar, muchas veces, esa búsqueda de  las  verdades reales.

Con el  control   informal se manipula al individuo (según la teoría crítica de la Escuela de Franckfurt la  manipulación  de  la  conciencia  consiste  en  que  se  niega  al  individuo  el  conocimiento  de  la manipulación de su conciencia). Se priva así al individuo de disponer de sus capacidades de libertad por estamanipulación, que le da la “ilusión de una libertad aparente”. Para ello, debe vehicularse unaformación/educación que lleve al conformismo político, al infantilismo  colectivo  con  exclusión  de  actitud crítica  ante  la  aceptación  de  la “apariencia de bienestar común”. A ello contribuyen, sin duda y en gran medida como se ha dicho, los mass-media actuales al servicio de los intereses dominantes.

 

Y el corolario, siguiendo aún con Fromm es este: “…El  hombre moderno vive bajo  la  ilusión de saber  lo  que  quiere,  cuando,  en  realidad,   desea  únicamente  lo  que  se  supone socialmente ha dedesear”. (pág. 278).

Resumiendo, un ejercicio escaso y, en su caso, con baja calidad, de la libertad; ese es el panorama general en nuestras sociedades autoproclamadas libres.

Partiendo pues de que la precitada libertad no es tan real como se predica, demos un paso  más.

Démoslo para analizar si, en realidad, todos los derechos y libertades de los que presumimos, son tan positivos como creemos, o más bien maquillan otra verdad muy distinta.

Para ello me serviré ahora del filósofo Slavoj Zizek, y de su obra “La vigencia de El manifiesto comunista” (pág. 58 a 61).

En primer lugar conviene indicar que Zizek no  considera a ese Manifiesto como un mero documento interesante del pasado, sino que cabe entenderlo vigente, en la medida en que los avatares del comunismo del siglo anterior responden a las propias limitaciones del texto, evidenciando que el problema del patrimonio común subsiste plenamente.

Para el tema que nos ocupa interesa centrarse en el capítulo quinto de la precitada obra del autor nacido en Liubliana: “Falta de libertad bajo la apariencia de libertad”.

En él existe una referencia a los famosos pasajes de El manifiesto comunista que ofrecen respuesta al consabido reproche burgués de que los comunistas persiguen abolir la libertad, propiedad y familia.

Ciertamente, según ese Manifiesto es la propia libertad del capitalismo la que comporta la libertad de compra-venta y mercado, que no es sino la forma misma de no libertad para muchos. Al igual,  la propiedad capitalista comporta -per se-  la no propiedad para aquellos que no poseen medios de producción. Etc.

Se observa como “lo opuesto se convierte en la apariencia de lo otro” (la libertad  burguesa es la apariencia de la falta de libertad de la mayoría, etc.).

Se vende la libertad –de unos pocos- como maquillaje de la falta de libertad de muchos. Se vende como “libertad” una “no libertad” mayoritaria. Lo mismo sucede con otros derechos tales como el de la propiedad, etc.  (las tremendas desigualdades sociales y la riqueza acumulada en pocas manos, sigue evidenciando el problema actualmente si bien los límites de clases sociales puedan resultar mas difusos).

Y, lógicamente, las leyes que refuerzan esa situación favorable a los mejor ubicados socialmente pueden devenir, asimismo, en meras apariencias perversas (al encubrir y proteger el verdadero injusto trasladándolo a otros sujetos).

En relación a eso, podemos seguir a Zizeck  cuando trata la cuestión y evoca a Richard Wagner que, en un borrador de su  obra “Jesús de Nazaret”, complementa el mandamiento de no robarás con un apéndice en el sentido de ama al prójimo como a ti mismo, lo que significa que no acapares tesoros pues estás robando al prójimo al hacerle pasar hambre y, además, al tener tus bienes protegidos por la ley de los hombres haces que tu prójimo peque contra esa ley para subsistir.

Ello nos acerca a  Proudhon (“La propiedad es un robo”) y a lo que Zizeck  concibe como “negación de la negación” en parámetros hegelianos  y en el paso de la “distorsión de una idea a una distorsión constitutiva de esa idea”. En definitiva, a pasar de considerar que el robo es la distorsión o ataque a la idea de propiedad, a considerar que la tal idea de propiedad es, en sí, ya el robo.

Así, comenta que en el lema “la propiedad es un robo”,  la negación de la negación acontece al desplazar el robo –que es una distorsión  o negación/violación de la propiedad- a la dimensión del robo que figura dentro de la misma idea de propiedad (nadie tiene derecho a poseer todo –que esencialmente es colectivo- y dejarlo  sin accesibilidad  para los otros).

También constata que, obviamente y conectando con lo anteriormente mencionado, en el ámbito penal puede pasarse del crimen como  negación de la ley, al crimen como ley que se mantiene a sí misma, o sea a la idea de ley como crimen universalizado. La ley al servicio de los intereses de unos pocos (los que tienen el poder de definirla), y en contra de los intereses de los otros muchos, en lugar de una ley al servicio de todos. Al respecto cabe remitirse a otros artículos sobre Criminologia crítica que elaboré anteriormente.

Observamos pues que, a un ejercicio escaso y de poca calidad de las tan proclamadas/os libertades/derechos, se añade que éstas/os no son sino apariencias excesivamente vacías para los más, además de perversas. Desoladora estafa. Y ello al margen de que las leyes que reconocen y protegen los tales derechos, lo hagan más a favor de unos que de otros o solo respecto a determinados de aquellos.

Menos autocomplacencia, por tanto,  en la posesión y ejercicio de las libertades y más exigencias para llenarlas de contenido, y para su regulación legal,  pues el actual sistema occidental está engañando a las mayorías con palabras vacías indicando, además, que la única alternativa es el caos (como si ya no lo fuera el sistema) y “acusando” a  cualquier sistema anticapitalista de no ofrecer los contenidos con los que el capitalismo tardío debiera haber pertrechado a sus huecas palabras. Cinismo en estado puro.

 

Bibliografia:

Fromm, Erich: El miedo a la libertad. Ed. Paidós, Barcelona, 1981.

Zizek, Slavoj: La vigencia de El manifiesto comunista. Ed. Anagrama, Barcelona, 2018.

Jordi Cabezas Salmerón

Jordi Cabezas Salmerón, nacido en Barcelona el 21/12/49, Abogado penalista, es Diplomado Superior en Criminología y Doctor en Derecho Penal y Ciencias Penales por la Universidad de Barcelona. Miembro del Observatorio del Sistema Penal y Derechos Humanos de la UB, es también profesor del “Master Oficial en Criminología y Sociología Jurídico Penal” de esa Universidad y de la Mar del Plata (Argentina) y de Derecho Penal y Procesal Penal en la Escuela de Policía de Cataluña. Asimismo es profesor penalista en la Escuela de Práctica Jurídica del ICAB autor de diferentes ponencias/artículos y del libro “La culpabilidad dolosa como resultante de condicionamientos socioculturales”.

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