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Nada es gratuito, todo es explicable (que no necesariamente justificable) – Parte 2

La explicación psicológica anterior: que comenzara por sentirse irritado cuando vio que en el bidón no había agua, como él esperaba, sino petróleo y que al mancharse con el petróleo, lo arrojara al remolque cercano (que pertenecía a la gente responsable de que en el bidón no hubiera agua, como él deseaba, sino petróleo) y que a continuación…, no es sólo eso, no es sólo una explicación psicológica (y no patológica) del incendio, sino que esa reacción psicológica se produce por causas sociales y abre el camino a una explicación sociológica.

Existe pues una explicación sociológica. El proceso de socialización de un individuo va conformando junto a la predisposición de éste, su psique final; ¿dónde empieza la psicología?, ¿dónde termina la sociología?, ¿cabe entender la una sin la otra? Éstas son preguntas que viene a responder la psicología social de la que ya hemos tratado.

delincuencia

Fuente: propia

La explicación sociológica referente al hurto del televisor la encontramos en la propia biografía del individuo, en que debido a su círculo de amistades, aprendió esas conductas como “normales”, como mínimo en el sentido de “tampoco hay para tanto”, con lo que se auto justificaba.

La explicación sociológica respecto al incendio, pasa por una socialización que como se dijo y alejada de la estándar, ha dejado como secuelas en el sujeto una pobre elaboración de los outputs respecto de los inputs, la necesidad de respuesta rápida y placentera, la falta de representación de alternativas posibles ante las circunstancias que aparecen; en definitiva escasez de capital simbólico y de elaboración cognitiva.

En resumen: en el hurto del televisor “no frena”, pues en base a sus peculiares vivencias -la cuestión es “normal” para él. Él la ha vivido habitualmente (asociación diferencial, etc.) y tampoco le otorga especial desvalor. Le puede más esa aparente normalidad y su inercia de comportamiento, que pararse   a efectuar consideración alguna, y por ello no cuestiona.  En el incendio, y aderezado por su atracción hacia el fuego, cabe indicar que “tampoco frena”,  pues considera -en base a sus peculiares vivencias- que también tiene el derecho a arrollar el obstáculo, bien por un insano pero comprensible sentimiento de venganza, bien por su poca capacidad cognitiva para encontrar alternativas, con lo que las pocas halladas se “justifican” para él, al ser las únicas posibles. Tampoco le otorga, pues, especial desvalor.

Historia    (Manfred B.)

La segunda versión de los hechos ofrecida por Manfred, ante la que el Tribunal se mostró bastante escéptico, es perfectamente convincente desde el punto de vista de la psicología; la causa era el rechazo de aquel Manfred tan vigoroso y fuerte pero tan sensible para la propia estima, sobre todo en el campo de los valores sexuales.

Y Manfred fue rechazado por una muchacha en el preciso instante en que creía haber demostrado su potencia sexual. Y no sólo era injuriado, sino además herido en sus sentimientos de insuficiencia.  El coito realizado había sido para él, en primer término, no sólo el triunfo de su masculinidad  sexual, sino también la victoria sobre la amiga largo tiempo admirada en secreto del también admirado jefe de la banda.

Caer de esta altura (por el comentario despectivo de la muchacha tras el acto) era motivo más que suficiente para un acto agresivo desmedido (homicidio), aunque más tarde le pareció absolutamente incomprensible.

La explicación sociológica subyacente, con el sujeto integrado en un grupo de amigos y amigas -su círculo primario- en el que debía lograr el respeto, mantener su de por sí difícil posición en la rivalidad sexual, a merced del juicio supremo del jefe de la banda, etc., desemboca en un  tipo similar a la de la historia anterior: una socialización que ha dejado como secuelas en el sujeto una pobre elaboración de los outputs respecto de los inputs, la necesidad de respuesta rápida y placentera, la falta de representación de alternativas posibles ante las circunstancias que aparecen; en definitiva escasez de capital simbólico y de elaboración cognitiva. Y todo ello bajo la influencia propia del fenómeno “banda” en sus acólitos.

Manfred entendió -en el supuesto de que hubiese podido analizar la cuestión- que también tenía el derecho a arrollar el obstáculo en su camino (la pobre opinión sobre su potencia sexual, cuando él justamente deseaba reafirmar ese aspecto) en base a una    venganza  entendida  como  justa  y  elaborada  precipitadamente por su  poca capacidad cognitiva para encontrar alternativas, con lo que las pocas halladas se “justifican” para él, al ser las únicas posibles. Sin desvalor -por la justificación-, no hay motivación, ni autocontrol/frenado posibles.

Observamos en los ejemplos anteriores cómo una interpretación simple/estática de los hechos en el sentido de considerarlos un homicidio de la anciana buhonera para –aparentemente-  poderle robar, un robo de televisor y posterior incendio con resultado de muerte para ocultarlo/ evitar testigos y una presunta agresión sexual a una joven con homicidio posterior para deshacerse del testimonio de la víctima, conduce a considerar tales acciones brutales/gratuitas/inexplicables como derivadas de una “maldad extrema”, que se manifiesta por la disposición a matar para poder robar (y de matar incluso a quien poca resistencia puede oponer –anciana buhonera-, lo que posiblemente configuraría un asesinato y no ya homicidio), o por la de incendiar con posibles resultados de muerte o por la opción del homicidio en el último ejemplo (en ambos supuestos últimos para eliminar pruebas con soluciones de gravedad desproporcionada tanto para camuflar un robo como para ocultar una relación sexual que, realmente, fue consentida).

Sin embargo con una interpretación más profunda/dinámica, esos resultados terribles tienen ciertamente una explicación (más compleja que la mera maldad). Y tal explicación  conviene ser alcanzada, como se ha dicho, para unos ajustados diagnóstico y medidas.  Inténtese, por tanto, hallar siempre la citada explicación de toda conducta, que la tiene.

Bibliografia:

– Lempp, Reinhart: Delincuencia juvenil (Análisis de ochenta casos de homicidio). Ed. Herder, Barcelona,1997.

Jordi Cabezas Salmerón

Jordi Cabezas Salmerón, nacido en Barcelona el 21/12/49, Abogado penalista, es Diplomado Superior en Criminología y Doctor en Derecho Penal y Ciencias Penales por la Universidad de Barcelona. Miembro del Observatorio del Sistema Penal y Derechos Humanos de la UB, es también profesor del “Master Oficial en Criminología y Sociología Jurídico Penal” de esa Universidad y de la Mar del Plata (Argentina) y de Derecho Penal y Procesal Penal en la Escuela de Policía de Cataluña. Asimismo es profesor penalista en la Escuela de Práctica Jurídica del ICAB autor de diferentes ponencias/artículos y del libro “La culpabilidad dolosa como resultante de condicionamientos socioculturales”.

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