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La pandemia del siglo XXI con el SARS-Cov-2, desde la mirada de unos médicos en su diario vivir

Segunda Parte: La insensibilidad humana es el virus más mortal y peligroso.

Están frente a nuestros ojos los necesitados, y escuchamos sus gritos de hambre y dolor, percibimos los nauseabundos olores de la putrefacción, y reaccionamos solamente con la indiferencia, o con el asco, o disimulamos mirando hacia otro lugar.

3- El grito de la naturaleza por un poco de compasión humana…

Por eso, cuando volvamos a caminar, en el espacio de tiempo pos-pandemia, quizá caminemos más despacio, más unidos, más humildes, más humanos, y avancemos más rápido hacia una vida con más encuentros, menos agitada acorde con la existencia en su diversidad de manifestaciones.

pandemia

Foto disponible en: https://news.un.org/es/story/2019/03/1452961

La naturaleza, nos ha empujado a reducir el espacio de la producción y reproducción humana, a pesar de tener tantas cosas no podemos usar, y nos encontramos en el espacio del hogar con lo básico, cuidándonos y cuidando de los demás miembros del hogar, quizá conociendo o reconociendo las expectativas de ellos-ellas; contamos con tiempo para disponer, pero no podemos compartir con quienes quisiéramos, entonces se apodera la nostalgia, la pena y surge la idea para que sirve tener hasta el tiempo libre si no podemos disfrutar con otras personas. La caricia sobrecogedora antes buscada, ahora se adorna con temor y miedo, que hasta el beso se ha transformado en un arma mortal, a sabiendas que ni el dinero sirve para salvarle. La enfermedad ha tocado las puertas de Monarcas, Presidentes de la Republica, Ministros, artistas, actores, deportistas, empresarios, acaudalados, y desde luego a los sectores populares de cada país, a los pobres quienes cargan con los peores males. El miedo a infectarse se apodera y generaliza, cada humano empieza a ser visto como enemigo, a quien hay que tenerle recelo, y no faltan las demostraciones de xenofobia, de distanciamiento, por la posibilidad de que sea un portador del virus.

A pesar de que la naturaleza no tiene ojos, tampoco oídos y boca, peor extremidades y sensaciones, no muestra un corazón, pulmones, riñones, y todos aquellos órganos y sistemas como tenemos los humanos, sin embargo, ve, siente, habla, nos escucha, se mueve, funciona como un organismo vivo, solo que es con estructuras y organización diferente al que los humanos estamos acostumbrados, para comprender la existencia de esos sentidos en la naturaleza debemos imaginarnos que están presentes y existen y que no podemos percibir físicamente, pero se hace presente a través de varios sonidos, de diversos signos y símbolos, de manifestaciones diversas, para indicar el daño que siente por nuestras acciones y que está muriendo, por ello requiere de nuestra atención, sin embargo la humanidad tiene un comportamiento de ciego, sordo, mudo, insensible, con torpeza emocional debido a la anestesia emocional a que ha sido sometido por miles de años.

Sus formas de manifestarse, desde siempre y como parte de su ser están presentes, hoy son más palpables, según los estudiosos indican que está relacionado con el calentamiento global, debido a los efectos causados por nuestra forma de accionar ante la naturaleza a través de la producción, o por la manipulación directa a ella, la estrujamos, le metemos la mano, le dañamos, con la expansión de las ciudades y el incremento en la emisión de gases tóxicos, como por la alteración de la tierra, del ecosistema, moviendo todo lo que debe estar en donde debe estar, sacamos de los diferentes nichos a substancias químicas, físicas o biológicas, contaminamos el agua, el aíre y la tierra, y siempre nos cobijamos en la idea del daño menor, en función del desarrollo y crecimiento económico.

La naturaleza se hace escuchar en los diferentes idiomas humanos, utiliza los noticieros y comentarios de los diferentes medios de comunicación. Los noticieros cada cierto tiempo dan a conocer la presencia de huracanas, tsunamis, erupciones volcánicas, disminución de la capa de ozono, y el deshielo de los glaciares como una constante catastrófica que pondrá al mundo en una crisis sin precedentes, siendo uno de los causante el calentamiento global que tiene relación con la forma de producción, utilizando fundamentalmente la energía fósil, con substancias derivadas del petróleo, y un sinnúmero de aerosoles colocadas como adecuadas para la vida cotidiana de las personas como los desodorantes, perfumes, lacas de pelo, desinfectantes; o el uso indiscriminado de insecticidas o herbicidas en la agricultura, etc.

Pero la humanidad, en especial desde la perspectiva de la ganancia mercantil, preferimos desatender, volviéndonos sordos, ciegos y mudos, e inventamos explicaciones para evadir nuestra responsabilidad y la necesidad de considerar nuevas formas de vivir armónicas con la existencia cósmica. En ese evadir la humanidad ha inventado nuevas sorderas y cegueras, para dejar de lado la voz de la Pachamama, nos olvidamos de su ternura y entramos en el apogeo sin calificativo del egoísmo, en el pensar que si el resto hace yo también hago, imitando y siguiendo al grupo y a la moda del momento, sin valorar el daño que nuestras acciones causan a nuestra madre tierra.

La despreocupación, el alejamiento, la irresponsabilidad se expresa en el pensamiento ‘que luche el resto porque yo no he hecho nada de malo’; ante tanto atropello realizado por sus hijos, ella, como toda madre sufre en silencio y trata de no dañar a su crio hasta que un día no puede más, cae enferma y llega el caos y todos nos asustamos, no sabemos qué hacer, pedimos perdón y juramos portarnos bien, pero es bueno preguntarnos: ¿será que cambiaremos?, o ¿seremos merecedores de una nueva oportunidad?, ¿será que la Pachamama nos mirara nuevamente con ojos de madre con toda ternura y olvidara?.

La ciencia ha demostrado que podemos utilizar las fuentes de energía alternativa, entre las que se cuentan la energía renovable o energía verde –eólica, solar, biomasa, geotérmica, mareomotriz, del hidrógeno, etc.-, y todas aquellas fuentes de energía que no utiliza la quema de combustibles fósiles, incluidas la energía nuclear y la hidroeléctrica. A pesar de conocer de la existencia de estas energías alternativas y de los beneficios frente a la energía fósil, no se implementa, hay otros intereses que dominan la decisión política, pero se insiste en la guerra y la muerte de miles y miles de personas en los diferentes países, como Irán, Irak, Israel, Palestina, por la existencia de millones de riqueza bajo tierra, ligados a los combustibles fósiles, y en ese rubro, no se quedan fuera de esta guerra con otros matices, países como Venezuela, Ecuador, Perú, por citar unos cuantos más. En estos últimos países nombrados se encuentran los yacimientos de petróleo, oro, plata, cobre, uranio, y otros metales que ni siquiera conocemos pero son fuente de codicia de los países económicamente poderosos, que insisten en dominar y adueñarse de estas riquezas.

Ante la tozudez humana, el de insistir en que los daños si se presentan en el planeta será después de miles de años, y que nosotros no estaremos aquí, o de priorizar las explicaciones emitidas desde grupos de científicos, quienes dicen que esos daños planetarios son o serán debidos a situaciones cíclicas como las glaciaciones, o por el movimiento planetario y su relación con el resto del sistema planetario, o como causa de colisiones con asteroides, pero no serán debido a la forma como nos relacionamos con el cosmos, y finalmente, los dueños de la economía están convencidos que la búsqueda de otro planeta adecuado para la vida humana, será una realidad, a la cual debido a su capacidad económica y política les permitirá viajar para colonizar esos nuevos planetas, crea ilusiones y espacios para continuar gestando y desarrollando la prepotencia,  la arrogancia, el menosprecio y continuar con más ímpetu con acciones irresponsables, que llegan a extremos incompatibles con la razón humana.

En ese llamado y grito angustioso que realiza la naturaleza, y que no tuvo la contundencia para la atención necesaria y oportuna, encontró una forma de hacerse sentir y de ser valorado por los diferentes países que marcan el ritmo del crecimiento y desarrollo, así como por los líderes mundiales, a través de una partícula bioquímica, la presencia de un virus, dio un frenazo a raya, ralentizo la forma acelerada de la vida, a través de la posibilidad de afectar a todas las personas vivientes del planeta tierra, sin distingos de clase social, posición, genero, creencia religiosa, edad, o residencia sea en países o localidades pobres o ricas, con buen o deficiente desarrollo tecnológico, todas la personas del planeta somos susceptibles de ser infectados y una vez sucedido esta situación la probabilidad de morir está presente, y con esa amenaza planetaria, el virus desinhibe los procesos de sobrevivencia humana, y en primera línea está el miedo, el temor, la angustia ante el riesgo y peligro de enfermar y morir, en este caso la presencia del virus en el interior de nuestros cuerpos que puede solo infectarnos, o enfermarnos y matarnos. Estas emociones se despiertan, para estar presente en las decisiones de evitar el contagio, desde cada persona, familia, comunidad, y desde los organismos nacionales e internacionales, que emiten normas de comportamiento a ser cumplidas por todo el país y países involucrados en esta pandemia.

Como la enfermedad y la muerte asechan a nuestras espaldas, y a todas las personas, y por el momento la única forma de evitar el contacto con el virus, es estando dentro de casa evitando relacionarnos con otras personas, este virus logra sensibilizar las consciencias y obliga a la cuarentena y a paralizar la producción, el turismo, la movilidad ciudadana, a cerrar fronteras, los viajes por avión, terrestres, navales, y con ello observamos que las nubes negras que cubrían las grandes ciudades, empieza a limpiarse y mostrarse reluciente, los rayos solares llegan a las casas, a las calles, a los parques; las aguas de los ríos que cruzan las ciudades, de obscuras y sin vida que eran, ahora se presentan transparentes y nuevamente la vida se hace presente en ellas.

Las relaciones familiares deben ser creadas de nuevo, seguramente es oportunidad para conocernos recién como pareja o familia, es poder reír sin restricción, a lo mejor expresamos nuestra niñez encerrada en los rincones de la bulimia del consumo tecnológico, quizá es una oportunidad para entendernos y saber quiénes somos, tratando de conocer a los demás y de conocernos nosotros mismos. O tal vez sea la oportunidad para decidir continuar por caminos diferentes en busca de otras alternativas de vida.

Esta realidad construida a fuerza por la presencia del virus, nos encontramos mascullando pensamientos y sintiéndonos impotentes al no poder compartir con los otros, y nos preguntamos ¿de qué sirve tener el tiempo disponible, si hasta el beso puede ser una arma mortal?. Quizá cuando volvamos a caminar, caminemos más despacio, más unidos, más humildes, más humanos.

Estos momentos exigidos de la vida humana, es un llamado a la reflexión, para cuestionar nuestra prepotencia, o para precisar que la individualidad de la cual nos jactamos sea valorado como incompatible para la vida en sociedad; reconociendo que esta situación social y de salud pública planetaria coloca en el escenario de la representación colectiva la importancia que tiene la vida de la otra persona para la propia vida de cada quién, el bienestar de los demás se traduce en mi propio bienestar.

De esta manera, una diminuta partícula bioquímica propicia el escenario para la revisión de los presupuestos humanos para su crecimiento y desarrollo, en primera línea el reconocimiento de que los humanos no estamos solos, y con ello la importancia que tiene la percepción del conjunto del cosmos y de la sociedad, al recordar y evidenciar que la vida y salud del otro y de la propia naturaleza se revierte en beneficio de mi propia salud y vida. Pero además que la humanidad es en su conjunto débil, con talones de Aquiles por doquier, que su poderío es una falsa mascara, que su arrogancia es sólo eso, arrogancia que no le queda…

4- Los miedos, los intereses y la ceguera en las reacciones mundiales y nacionales ante la pandemia del Covid-19.

Quizá después de la pandemia, la luz del nuevo día no cegué nuestro entendimiento, y nos domine el miedo a estar junto al otro, y que las decisiones de las autoridades y líderes no produzcan desconfianza y confundan a la honradez; o los desproporcionados actos de control y vigilancia dominen la vida social como forma de libertad, olvidando la verdadera democracia.

Una vez instaurado y reconocido en Wuhan-China, que la afección de las vías respiratorias, era una epidemia de causa desconocida y después de unos días confirmando que era  producido por una nueva cepa de coronavirus, el Gobierno y Autoridades de ese país responden con acciones desde el servicio de salud para atender a los pacientes, así como el empleo de los cercos epidemiológicos con la finalidad de identificar a los posibles infectados para colocarles en cuarentena.

En la medida que comprenden la dimensión del problema infeccioso y la susceptibilidad de la población, implementan acciones para impedir el contagio, aplicando medidas extremas de aislamiento ciudadano, llegando al estado de excepción con el confinamiento de las personas al reducto de la casa, como la medida más eficaz, a la cual se suman otras acciones para cerrar todas las posibilidades de viaje del virus, como es el uso de mascarillas, guantes, distanciamiento entre personas, ingreso controlado en el número de personas en ambientes en los que pueden suscitarse aglomeraciones, como en los supermercados, o en lugares de expendio de alimentos, en boticas, en el servicio bancario, etc., con el objetivo de no proporcionar los espacios y mecanismos de transmisión directa.

Estas acciones han ido aumentando en complejidad, en función del avance de la epidemia, que al alcanzar los de una pandemia global, ha sido necesario estrategias coordinadas de carácter internacionales entre la más sobresaliente la de minimizar la salida o el ingreso de personas o cosas en las que pudiese salir o ingresar el virus a los distintos países.

Listado de acciones implementadas.
Entre las acciones poblacionales están:

-El aislamiento ciudadano

-El distanciamiento entre las personas entre 1 a 2 metros

-El uso de mascarillas

-Etiqueta respiratoria, esto es taparse la boca antes de toser o estornudar

-Lavado de manos, cara y aseo bucal

-Uso de geles antisépticos y alcohol para las manos

Desde las órdenes gubernamentales:

-Restricciones en la movilidad ciudadana

-Evitar las aglomeraciones en las estaciones, centros comerciales, mercados,

-Cierre temporal de los centros educativos de todo nivel

-Estados de excepción local y/o nacional

A escala internacional:

-Restricciones para el ingreso de personas que han estado en países o zonas con la epidemia.

-Cuarentena para estas personas

-Evaluación médica para todos los pasajeros al ingresar al país, para detectar casos clínicos, o contactos, a los positivos para este nivel son colocados en vigilancia.

– Cierre del transporte aéreo, terrestre, y naval con paso restringido de las personas que tengan justificaciones suficientes para ingresar al país.

 

Estas experiencias han sido compartidas y expandidas a los otros países en los cuales se presenta la epidemia del Covid-19 a través de las recomendaciones realizadas por la OMS, con cuatro líneas de acción según los niveles de riesgo:

  1. Preparación. Hay países y territorios que no han reportado casos y en los países con casos tienen áreas que no han sido afectadas y tienen la oportunidad de mantenerlas limpias de la infección preparando a la población y teniendo listas sus instalaciones de salud.
  2. Detección, prevención y tratamiento. No se puede combatir un virus si no se sabe dónde está. Esto quiere decir que se debe fortalecer el monitoreo para encontrar, aislar, hacer exámenes y tratar todos los casos. Esta es la manera de romper las cadenas de transmisión.
  3. Reducción y supresión. Para salvar vidas debemos reducir la transmisión y para lograrlo hay que encontrar y aislar tantos casos como sea posible y poner en cuarentena a sus contactos más cercanos. De esta forma, aunque no se pueda detener la transmisión se puede disminuir y, consecuentemente, proteger las instalaciones de salud, los asilos de ancianos y otras áreas vulnerables. Esto siempre y cuando se haya hecho la prueba a todos los casos sospechosos.
  4.  Innovación y mejora. El SARS-Cov-2 es un virus nuevo que plantea un nuevo escenario. Todos estamos aprendiendo y tenemos que encontrar nuevas formas de prevenir las infecciones, salvar vidas y minimizar el impacto. Todos los países tienen experiencias para compartir. (ONU. 2020)

La paralización de la movilidad ciudadana, de la producción, de la educación, del transporte, a excepción de ciertos sectores, que no pueden cerrarse como es el servicio de salud, el de alimentos, electricidad, o el de dotación de agua, y otros servicios que están en la lista de ‘especiales’, o los que pueden ingresar al teletrabajo, lo demás ha sido restringido o cerrado, lleva al mundo a paralizarse, y con ello la contaminación, el consumo, la afectación al ambiente ha disminuido drásticamente, y empieza a verse la presencia de la naturaleza, con agua limpia, y la presencia de los habitantes acuáticos que no se veían durante mucho tiempo hasta por decenas de años como es el caso de Venecia, o en el del Archipiélago de Galápagos en Ecuador la presencia de gran cantidad de peces y de aves acuáticas, que antes estaban en menor cantidad, y con aguas más transparentes; o la presencia de las aves con su trinar que es escuchado con cierta facilidad en el silencio de las ciudades.

Pero estas medidas obligan a las personas, a las familias y comunidades a implementar cambios sustantivos en los modos y estilos de vida, comenzando con no salir de la casa, y no recibir visitas, el distanciamiento ciudadano directo es uno de las primeras acciones que afectan a las personas en su estado emocional. Sentirse aislado, en casa, por 24 horas, ha sido y es una de las preocupaciones más serias, el no saber qué hacer en ese tiempo dentro de casa, y no es porque no haya nada que hacer, sino del cómo se siente estar en ella sin poder salir. La prohibición de la salida es el verdadero problema psicológico, al cual se suma la negación de hacer las cosas que debería hacer aprovechando esta oportunidad, o de ingeniarse actividades productivas si fuere del caso.

Lo más duro de este aislamiento es para los sectores empobrecidos de la sociedad, quienes no cuentan con los mínimos necesarios para la subsistencia diaria y es en las calles en donde pueden adquirir los bienes para satisfacer algunas necesidades muy básicas. No tienen la capacidad económica para aprovisionarse con la cantidad suficiente de alimentos y demás insumos para quedarse encerrados, viven en espacios reducidos, sin contar con los servicios básicos de agua, luz, alcantarillado, ventilación, refrigeradora, etc., que les permita estar aislados dentro de sus viviendas; y otros miles de personas ni siquiera tienen donde vivir.

Las estadísticas deberían considerar todas estas variables en el análisis de la distribución de la pandemia, para visualizar de mejor manera los grupos y factores de riesgo, para el contagio, o el desarrollo de la enfermedad y la mortalidad.

Otro aspecto olvidado, es el relacionado con la violencia intrafamiliar, los violadores, como también los maltratadores, se quedan dentro de casa con las personas a quienes ejercen su maldad. Encontraran cualquier pretexto para dar rienda suelta a la perversidad, y las niñas, los niños, jóvenes, mujeres, personas de la tercera y cuarta edad que requieren cuidados que son prodigados por sus familiares, ahora están desamparados, a la vista de los depredadores.

La problemática rebasa cualquier supuesto, cuando de paralización de las actividades de la vida humana se trata. Recordemos que las ‘ciudades modernas fueron y están pensadas desde una perspectiva patriarcal, esto es, pensada por y para varones, está repleta de muros y fronteras, es rígida y presenta una marcada segregación socio-espacial; es también, una ciudad construida según las exigencias de la productividad, el mercado y la racionalidad capitalista en la que se encuentran asignados lugares, actividades, roles y poderes de acuerdo a una persistente división sexual del trabajo… y como la cotidianidad urbana marca sus cuerpos y condiciona sus vidas’ (Ciudad del deseo. 2020).

En la organización social de esta sociedad moderna y de sus ciudades, hay una variedad de personas que se ubican en la base de esas estructuras citadinas, por ello esas personas son el sustento, conforman los pilares de la edificación de la vida citadina; con el trabajo de estas personas las ciudades son habitables, transitables, con servicios no como slogans sino como realidades, asegurando la higiene, la seguridad, la movilidad, el recreo, el descanso, la producción, aportan con sus esfuerzos para que se manifieste  la economía, la cultura, la religión, el hacer y hacerse de los humanos en su diario vivir.

Estas personas tienen nombres y apellidos, pero generalmente los invisibilizamos, les miramos desde arriba, o miramos hacia otro lado, pensamos que no merecen vivir decentemente con las comodidades que cada uno de nosotros soñamos, en este grupo están: los recolectores de basura, los trabajadores de los sistemas de agua apta para el consumo humano, o los de las empresas eléctricas, para facilitarnos la electricidad, o los que trabajan en las gasolineras; o los trabajadores de las panaderías, o los productores de verduras, vegetales, cereales, y más alimentos, y los que cultivan los animales menores como las aves de corral, conejos, pavos, o los que proveen la carne de res, o del pescado, así como el personal ligado a todas las actividades del transporte, o de los supermercados, o los policías, el ejército, o los de la guardiana tanto de los comercios, industrias o de las casas y barrios.

La lista es enorme, disculpas por no nombrarlos, esos miles de millones de personas en todo el mundo constituyen la base social de la sociedad moderna y de la economía, queda demostrado hoy la importancia de ellos en la vida misma de las personas, que nos encontramos bajo el estado de excepción y paralización del hacer social acostumbrado, porque ellos, ‘Los y las invisibles’ siguen estando en las calles prodigándonos los productos y servicios básicos necesarios para la existencia de la vida y de la vida social en exclusión, en aislamiento, a pesar de los riesgos que tiene el estar realizando estos trabajos por el incremento de la probabilidad de contagiarse al ponerse en contacto con personas, cosas, y deshechos contaminados.

Pero también están las personas que entregan los pedidos, hoy más que nunca cobran una importancia inusual, porque existe millones de personas que por múltiples razones solicitan estos servicios, y ellos satisfacen las necesidades de dotarles de alimentos, medicinas, y otros productos necesarios para que puedan cumplir con el quédate en casa y no salgas, y de esa manera protegen nuestra vida.

¿Por qué estas personas siendo importantes para la vida de la sociedad moderna y de las ciudades particularmente, son invisibilizadas?. Esta invisibilización responde a la lógica del sistema de valores sociales, esto es, la visualización a las personas y sus actividades en la vida cotidiana de aparente ‘normalidad’, depende del grado en que están  capacitados para reproducir el sistema social de la modernidad, según las pautas del cumplimiento para el o los objetivos presupuestados en los planes globales del orden mundial. Hay toda una planificación para identificar a las personas requeridas en los diferentes puestos jerárquicos, comenzando con los dueños de la economía y del poder político que encabezan la lista, bajo ese mando, están las personas con conocimientos especializados de la ciencia y de la técnica quienes tienen privilegios exorbitantes, desconocidos para el común de los mortales, luego se ubican los profesionales de mandos medios, luego los operadores y trabajadores capacitados, y finalmente la mano de obra barata y la población en general.

Desde los profesionales, empleados y trabajadores de mando medio hacia abajo, son personal desechable, de fácil reposición, hay suficientes en el mercado laboral, esperando ser incorporados. Por eso que las personas invisibles que forman la base de la existencia social, no cuentan entre los importantes, sino entre los desechables, los intercambiables, finalmente los que pueden desaparecer, y no harán falta a la producción, por existir en el mercado laboral un exceso de personas queriendo ese puesto de trabajo.

Ahora estamos viviendo en unas limitaciones de nuestros derechos ciudadanos, en un perfil de vida, establecido desde el Estado y aceptamos porque creemos que es lo mejor, ante esta pandemia. Y no es por la gravedad de los daños provocados a la salud de las personas, que suman miles en todo el mundo, sino debido a la imposibilidad de respuesta del sistema sanitario a la demanda por las personas con la enfermedad.

No existe la capacidad logística para enfrentar esta demanda desmesurada, inusual, por ello implementan medidas que evitan un caos social sin precedentes, menguando esta posible reacción social con las medidas de prevención de la transmisión del virus, siendo el estado de excepción una forma política de tapar con una mano la ineficiencia del sistema de salud, y a su vez de deslindarse de las responsabilidades de brindar la atención médica a las personas enfermas que se encuentran con cuadros que según las normas establecidas deben regresar a los domicilios y mantenerse en cuarentena y regresar a los hospitales solo cuando estén con sintomatología grave, esto es cuando estén por fallecer con insuficiencia respiratoria, indicando que el sistema da salud no puede atender a todos y que ellos deben comprender la situación de crisis en la que se encuentra el mundo.

En esta confusión entre verdades y mentiras, o de verdades tapadas sin responsables, en una estela de supuestos beneficios colectivos, están presentes las acciones solidarias, desde los profesionales de la salud que han puesto a disposición del público sus servicios sin costo alguno, no solo para las personas con sintomatología del Covid-19, sino de otras patologías que requieren valoración y manejo profesional, en este mismo ámbito están las enfermeras, personal de laboratorio, terapistas, trabajadoras sociales, y más; en países como la Argentina, las organizaciones sindicales han puesto a disposición de los Ministerios de Salud, sus estructuras como hoteles, o edificios, para que sirvan de espacios para acoger a las personas con Covid-19, y no sólo eso, sino también con apoyos económicos para contribuir en la solución de las necesidades de atención a las personas afectadas por esta pandemia.

Hay otras organizaciones que se han puesto al frente de los problemas ocasionados por la paralización de la vida productiva de la sociedad moderna, considerando otros rincones de las ciudades, y rescatando a las personas en situación de calle, que en varias ciudades son miles de personas, quienes no tienen techo, y por tanto no hay aislamiento, pero requieren de los cuidados y protección adecuada para evitar se contagien y se enfermen, porque ellos se encuentran en condiciones físicas, biológicas, emocionales, y económicas desfavorables, constituyendo un grupo de alta vulnerabilidad y probabilidad para engrosar los índices de mortalidad-letalidad por Covid-19.

En esta línea de solidaridad, están los vecinos, quienes se prestan a facilitar la compra de aquellas cosas básicas que requieren las personas y familias que no pueden salir a la calle, como son las personas de la tercera y cuarta edad, o de personas con problemas físicos o mentales que les impiden realizar estas actividades, y que por ley no deben salir de las casas, como tampoco pueden acceder a los bancos, centros de abasto de comestibles, gasolineras, etc., para ello varias personas colocan papeles en los edificios dando a conocer la disponibilidad para realizar estas actividades solidarias. Otros han editado videos que contribuyen con ideas para ocupar adecuadamente el tiempo disponible, sea con recetas de concina, planes de ejercicios en casa, o con formatos de enseñanza y acompañamiento en las tareas escolares a los hijos, o con recomendaciones de lectura, y enlaces de links para acceder a esos textos o artículos.

Hay una lista en la que se muestra los esfuerzos humanos para estar en contacto y servir para el bien de los demás, se ha dejado de lado el valor económico de esas creaciones y conocimientos, se entrega y comparte sin ese propósito. Quienes decían que en esta sociedad no era posible la realización de productos sin costo alguno (valor de cambio), estaban equivocados, hoy tenemos miles de ejemplos que avalan los actos solidarios, como ejemplo, algunas cadenas hoteleras o de comidas en varias ciudades de los diferentes países, han puesto a disposición, gratuitamente, miles de raciones alimentarias para entregar a personas en estado de vulnerabilidad, como una muestra solidaria ante la crisis humanitaria que está presente como consecuencia de la pandemia.

Pero en otro costado de esta vivencia de la pandemia, están los servicios de salud, de los países con poder económico o no, dando muestras de su colapso frente a esta pandemia, no pueden dar abasto para atender a tantas personas, ha sido necesario implementar hospitales ambulatorios, o sistemas de atención ambulatorios, con personal cansado y en número cada vez menor para realizar las evaluaciones correspondientes de primera línea; las unidades de cuidados intensivos han colapsado, por falta de espacio y de camas, de respiradores, o del aparataje de intubación,  así como por falta de personal que pueda relevar en turnos manejables y en ese hacer el personal ha tenido que retirarse de sus puestos de trabajo por contraer la enfermedad, varios de los cuales han fallecido.

La falta de insumos médicos, comenzando con lo básico, desde mascarillas, guantes y geles han faltado en los centros de salud, realizando la atención médica en condiciones precarias de alto riesgo de contagio. En esta parte de la crisis del sistema de salud, hay que involucrar a las decisiones político-administrativas de los propios hospitales, o desde los niveles centrales y del gobierno para la adquisición de los materiales e insumos, o para disponer del presupuesto suficiente para enfrentar de mejor manera los requerimientos que la pandemia exige.

El colapso de los sistemas sanitarios, ha llegado a un punto impensado, que por atender a los pacientes con Covid-19 deja de lado a las personas con otras enfermedades quienes han incrementado la tasa de mortalidad por estas enfermedades, no hay sistema que de atención a estas personas, literalmente se mueren en las puertas de los hospitales, o son presa fácil del contagio por el SARS-Cov-19 por acudir a esas instituciones en busca de atención médica, o por recorrer la ciudad en busca de los medicamentos que le hacen falta para continuar con el tratamiento.

En el caso ecuatoriano, el Presidente de la Republica y el Ministro de Economía del Ecuador como una hazaña y una lucidez indescriptibles, dicen que van a pagar 325 millones de dólares de la deuda por los bonos 2020, como una demostración que el Ecuador honra sus deudas, y acto seguido pedir 2.000 millones de dólares a los bancos y financieras como el FMI, el Banco Mundial, el BID y la CAF; así priorizan los motivos económicos del pago de la deuda externa a los problemas sociales y humanitarios, en otras palabras tiene menor peso los enfermos y los muertos, ante el pago de la deuda externa.

En estas formas de comportamiento de las autoridades, va bien un decir popular, ‘no es bueno tapar un hueco abriendo otro hueco’, pagan una parte del capital de la deuda de los bonos a precio real, cuando en el mercado estos bonos son cotizados a un precio mucho menor, con pérdidas para el estado de grandes cantidades de dinero,  y enseguida se endeudan en más y no se sabe a qué tasa de interés. Son los absurdos, de indolencia e inhumanidad, en la que determinados personajes aprovechan estos momentos de crisis para entregar el presente y futuro del país, y seguramente amasar fortunas personales.

Las muestras y evidencias que se encuentran en los noticieros que se encuentran en la internet y muchos libros y artículos, como por las redes sociales, de las exigencias a las que se encuentra los sistemas de atención de salud por miles de personas con enfermedad o no por Covid-19, expone y muestra con toda crudeza el déficit que desde años ha venido padeciendo el sector salud en el mundo, y que con las exigencias actuales se han hecho completamente notorias, además que las políticas y estructuras de salud no pensaron en esta posibilidad, a pesar que desde varias décadas en el planeta se hacía evidente su presencia, pero fue soslayado por otras ideas e intereses sin dar la prioridad e importancia que encerraba esa posibilidad, más se coreaba ideas y en ciertos decires: ‘que no hay que ser alarmistas’, o que ‘se debe dejar a cuando se presente para tomar las decisiones del caso’; o que ‘no ha de suceder’, o ‘cuando suceda será para otras generaciones’.

En este escenario, y con tantas muertes diarias, los servicios fúnebres, hoy se encuentran en crisis, en las ciudades y/o regiones con mortalidades elevadas como en Lombardía-Italia, o en Madrid-España, los familiares deben hacer colas interminables para que sus familiares que han fallecido sean cremados, y en la ciudad de Guayaquil-Ecuador, está ocurriendo una situación similar, o aún más grave, con fallecidos o no por coivd19 los familiares no pueden sepultar a sus muertos, y en algunos casos dominados por la desesperación y para evitar el contagio son puestos los cadáveres en las calles. Además, no pueden ejecutar los ritos que eran costumbre desarrollar, como tampoco los familiares, amistades y más conocidos pueden acompañar en estos momentos de dolor, por la priorización del principio bioético del bien colectivo y evitar las aglomeraciones. El último adiós, no pueden ser dados a la persona querida.

En estas nuevas condiciones de los servicios de salud y de la vida social, la bioética se presenta como el espacio que propone una normas, que tratan de poner los límites entre lo que se debe o no hacer en situaciones concretas, a las que el personal de salud y los propios servicios están llamados a tomar decisiones en el manejo de las personas con Covid-19, por lo cual debe actuarse cobijado en las normas impartidas por autoridad competente; es allí cuando lo establecido como patrones de conducta adecuada deben ser adecuados a las nuevas situaciones de salud pública del bien colectivo.

Al respecto El Observatori de Bioética i Dret (2020), en una de sus partes dice: ´No obstante, en una situación excepcional de emergencia como la actual, las necesidades de la salud pública pueden justificar una limitación de los derechos y preferencias de los individuos. Esta limitación también puede afectar a la atención sanitaria. Así, una emergencia de salud pública puede obligar a cambiar la práctica de los profesionales, es decir, a modificar los estándares de atención, de tal manera que el profesional haya de priorizar su deber hacia la comunidad sobre los deberes de respeto al individuo.

No obstante, siempre estará obligado a buscar alternativas de tratamiento, a no abandonar al individuo, a aliviar su sufrimiento y a procurarle la mejor atención disponible según los protocolos diseñados para atajar la situación de emergencia’. Queda claro una cierta discrecionalidad, en donde la persona con menos probabilidad de recuperación y de vida no tiene prioridad frente a otra persona de menor edad, con menor daño y mejor pronóstico. Este documento igual esconde la mano, tras unas bonitas frases se escuda y no dice las cosas con la claridad que debe decirse y que sirvan para asegurar una práctica protegida de los médicos y del personal de salud.

Una revisión gruesa de los noticieros, y más análisis de la pandemia, estos tienen unos lineamientos centrados por un lado en el número de infectados comprobados, en el número de posibles contagiados dentro del cerco epidemiológico y en cuarentena, y de los muertos. Pero hay otras necesidades estadísticas que no se encuentra en las fuentes de información disponibles, como la información más discriminada por sexo y por grupos de edad más detallados, se vuelve toda una odisea conseguirlos, -esto último podría parecer de poca importancia, porque saber cuántas personas están infectadas, cuantos están enfermos y cuántos muertos, parece suficiente-. Si eso es verdad y sirve hasta un cierto límite, pero se requiere análisis más detallados que permitan realizar comparaciones y ubicar países, o localidades con mayor gravedad que otros no indicados por el número absoluto de casos sino por las tasas.

Ejemplo, no es igual la gravedad de la enfermedad en una ciudad de 20 millones de personas de las cuales 30.000 están con la enfermedad, que otra ciudad con 10.000 habitantes y con 150 enfermos; en la primera ciudad la tasa es de 150 por 100000 habitantes y en la segunda ciudad es de 1500 por cien mil habitantes. Ahora preguntaré, ¿en cuál de las dos ciudades la enfermedad afecta más?. La respuesta, es que en la ciudad con menos casos la tasa es 10 veces mayor que en la ciudad con mayor población y más casos.

Hay una lógica, mientras mayor es el número poblacional mayor será el número de casos, pero eso no significa que la afección sea mayor, solo es correlativo al número poblacional., y como consecuencia las prioridades deben ser según el grado de riesgo, y no sólo según el número absoluto de casos. Un ejemplo real, según la información en la internet sobre el número de casos confirmados para el 30 de marzo del 2020, en Estados Unidos existía 180753 casos, y en Noruega 4630 casos, la diferencia es de 176123 casos a favor de Estados Unidos, pero si se considera la tasa neta por 100000 habitantes en EEUU llega a 54,69 y para Noruega es del 85,57, con una diferencia cercana a los 50 puntos  a favor de Noruega, lo que indica que en Noruega la Covid-19 afecta más gravemente a la población que en Estados Unidos.

Por otro lado esta información discriminada por edad y sexo, debe pasar por los cálculos estadísticos de los ajustes de tasas, para que este valor sea útil cuando comparo entre regiones o países, calculo estadístico que permite matemáticamente dar a las tasas el mismo peso proporcional, según las variaciones consideradas en el análisis, para las comparaciones entre países.

Pero los datos que se comparan en los distintos países y por los diferentes personajes, corresponden a los valores absolutos, útiles para la toma de decisiones administrativas de los servicios de salud, o para la vigilancia epidemiológica, etc., pero para mirar la gravedad y comparar entre lugares o países, se debe hacer a través de las tasas estadísticas y de su ajuste.

Este sesgo tan grande en el abuso del valor absoluto y clasificar a los países en más o menos gravedad de la epidemia es un grave error conceptual y técnico. El por qué las autoridades de salud no ponen a disposición del público la información detallada para que se pueda realizar los cálculos correspondientes,  como tampoco utilizan en sus análisis las tasas ajustadas, da cabida a otras interpretaciones, dejo a que cada uno de los lectores realice sus propias elucubraciones.

Por las situaciones vividas hasta el momento como consecuencia de las restricciones en la movilidad y acercamiento interpersonal, se hace imperioso por parte de la ciudadanía, de los gobernantes nacionales, de las instituciones internacionales y líderes nacionales y mundiales, el pensar en nuevas formas de vida, comenzando con formatos de ciudades que proporcionen el soporte físico arquitectónico para el cuidado entre todos, en el que sea posible realizar todas las actividades individuales o interpersonales del cuidado, como una acción colectiva con participación solidaria de mujeres y hombres de las diferentes edades según la capacidad de participación en la diversidad de actividades a disposición con arreglo a las posibilidades individuales. 

Referencias bibliográficas
ONU. (2020). La pandemia de coronavirus COVID-19 se puede controlar, no permitamos que el miedo se convierta en viral. Revisado el 27/03/2020. Disponible en: https://news.un.org/es/story/2020/03/1471061
Ciudad del Deseo. (2020). Por una mirada feminista de las ciudades.  Revisado el 26/03/2020. Disponible en: https://latfem.org/pandemia-la-ciudad-feminista-pone-en-el-centro-el-deseo-y-los-cuidados/?fbclid=IwAR3jrJyWfuOzeVd_l6I3MAfT7fVRIgZT5NuMrudbVcZwdV-Euf0_iAYJnEo&utm_source=sendinblue&utm_campaign=Newsletter_102&utm_medium=email
Observatori de Bioética i Dret. (2020). RECOMENDACIONES PARA LA TOMA DE DECISIONES ÉTICAS SOBRE EL ACCESO DE PACIENTES A UNIDADES DE CUIDADOS ESPECIALES EN SITUACIONES DE PANDEMIA. Revisado el 30/03/2020. Documento de consenso del OBD. Disponible en: http://www.bioeticayderecho.ub.edu/sites/default/files/doc_recom-pandemia.pdf

Autores:

Nicolás Campoverde Arévalo, Md. Epidemiólogo

Priscila Campoverde Merchán, Md. Salubrista

Felipe Campoverde Merchán, Md. Oncohematólogo

Nicolas Campoverde

Nacido en Biblián-Ecuador. Médico general, con especialidad en Administración e investigación en salud; Mgs. en Sociología y Desarrollo; estudios para PhD. En Pensamineto Complejo. Jubilado como Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca. Excoordinador de los Registros de Tumores de Cuenca y Machala. Autor de varias publicaciones relacionadas con la epidemiología, el cáncer y la sociología médica. Interesado en el proceso vital y una interpretación aplicando la física cuántica, la epigenética y el biogenoma, así como el esclarecimiento de la Salud Pública como instrumento del biopoder y la biopolítica.

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