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La sabiduría de la ternura desnudando la esperanza de la humanidad solidaria

En éste espacio reflexivo comenzaré precisando que la ternura es la emoción que teje y muestra los lazos afectivos que nos impactan y, permiten entrelazar las más profundas raíces de lo humano colocando ante nosotros la capacidad de sentir, de comprometernos con los demás y el entorno; de expresar la capacidad de compartir el llanto, la riza, la felicidad, la nostalgia, la tristeza, los sueños, el sentirse acompañado, el estar juntos abrigando nuevas quimeras, nos abre una puerta para fusionarnos como humanos.

sabiduría

Foto disponible en el dvd. La ternura: https://www.youtube.com/watch?v=IrMyB0S571w

Quien da o recibe ternura, queda marcado con la huella de tan preciado sentimiento que le une a la otra persona a través del tiempo y del espacio. Pero ‘no mendigues jamás afecto alguno, peor la ternura’, porque nadie puede regalar aquello que no siente, más aún nadie puede regalar aquello que es espontaneo y sale desde dentro como la demostración más clara de humanidad.

Por lo dicho, la sabiduría se puede definir como un acto supremo de ternura, caricia que se torna conocimiento, olfato que se orienta en el entorno, tacto que sabe palparse a sí mismo al momento de tocar. En ese momento la Ternura es espiritualidad y sabiduría. (Restrepo. L.  2010)

En estos entornos existe un decir popular: ‘el comedido come de lo escondido’,  el mismo se transformó en un principio de vida en mi generación. Y con esa frase simple, se tejía la solidaridad, el comportamiento comunitario, el dar sin esperar nada de recompensa, la ayuda y apoyo al extraño, sin distingo social. Solo se ejercía esa capacidad y se recibía como recompensa un abrazo, un gracias, una sonrisa, o simplemente la satisfacción de haber sido comedido.

Esta generación tiene como vivencias las cosas simples, en donde se desarrolla la iniciativa, la cooperación, el buen vivir. Ejemplo de ello se representa en la alimentación y la cocina que era el espacio social por excelencia, lugar que permitía matizar desde los albures para alegrar el alma, pasando por los chismes del barrio, de los conocidos y familiares, mezclando con las comprensiones de la política y de las tensiones que traían las decisiones económicas de los gobiernos de turno. Allí se tejía las formas de alimentar lo más sano posible a todos los miembros de la familia y, nuestras Madres dotadas de la experiencia hacían los milagros en la repartición de los alimentos para cada quien. Todos comíamos, a nadie le faltaba una cucharada de comida.

En estos espacios se propiciaba el despliegue de la ternura en sus vertientes de alegría, de dolor, de apasionamiento, de ira, de nostalgia, de rechazo, pero de acercamiento, brindando el calor humano suficiente para curar las heridas del alma y salir robustecidos.

Además la cocina y el comedor eran los sitios predilectos para impedir que la alimentación no pueda ejercer el poder de la destrucción y de control de las personas. Allí, se hacía presente el verdadero milagro, el reparto de los alimentos realizados por la Madre, con afecto tierno, con su sonrisa a veces nostálgica por la pobreza del hogar; y ella, nuestra Madre, muchas de las veces, sin tener un trozo de pan para llevarse a la boca, nos confundía con su alegría expresada en su rostro.

Pero las personas con más años vividos, quizá 60 o más de edad, generamos también otras imágenes y decepciones, así lo atestigua Emma Goldman lo doloroso que le fue ‘descubrir con gran desconcierto que la vejez, lejos de ofrecer sabiduría, madurez y sosiego, suele ser fuente de senilidad, estrechez de miras y rencores, y por eso no podía arriesgarse a esa calamidad y empezó a pensar seriamente en escribir su vida’, (Güimil, E. 2020)

Sin desmerecer en nada lo expresado por Emma Goldman, requiero acotar unas palabras más. Esta generación, la generación de oro de los años 40 a 60, nos ufanamos por nuestras formas de habernos hecho mujeres y hombres de bien y de buenas costumbres, sin embargo desde muchas décadas atrás, despertamos sentimientos de desasosiego y, no solo es, sino que no deberíamos ser los llamados a servir como imagen a seguir porque dejamos que nos utilicen para generar el servilismo a ultranza, aprendimos a mirar de lado y no enfrentar los hechos y circunstancias colocando nuestro intelecto a otros fines y servicios y, en el decir popular el ‘ver, oír y callar para del mundo gozar’, retrata con frialdad lo domesticados que fuimos y, lo peor de todo, con ese proceder se levantaba dentro de cada quien otro objetivo el del beneficio personal de satisfacer nuestros deseos y ambiciones.

Nos alienta saber que en el otro lado de la orilla del río, se encuentra otra versión de esta generación y es por eso la denominación de ‘generación de oro’, si bien la aseveración anterior surgió ante nuestros ojos, no significa que fuimos insensibles a los acontecimientos sociales locales y del mundo.

Como expresión paradójica de nuestros compromisos y disciplinas, teníamos en alto la solidaridad, la entrega al bien común, el crecimiento y desarrollo de la humanidad, y en ese espacio nos mantuvimos de pie, con los brazos en alto protestando y oponiéndonos a las injusticias y, engrosamos las filas de los movimientos sociales, luchando por la vida, por mejores días para todos, impidiendo lo más que pudimos la entrega de la riqueza de nuestra patria a los intereses transnacionales, creíamos ciegamente, en que más allá en el tiempo, parodiando ‘dando vuelta en la esquina’ podíamos encontrar esa patria nueva, digna y soberana, altiva y democrática, honrada y honesta, que nos cobijara con la bandera de su nuevo amanecer e iluminará los nuevos senderos a recorrer con la emergencia de una humanidad diferente, igualitaria, transparente, fraterna y libre.

Pero no alcanzamos esa sociedad soñada, aunque no nos decepciona los esfuerzos realizados en su búsqueda, conseguimos hijos comprometidos y sensibles al dolor ajeno. Y ahora, en nuestros cuerpos están visibles las cicatrices del no haber alcanzado el sueño de ese nuevo mundo posible y, continuamos entre sonrisas y esperanzas soñando por alcanzar una nueva sociedad, con acuerdos y sinceramientos, dejando de lado a los que tienen dinero con su dinero, pero sin capacidad de decidir sobre nuestras mentes y cuerpos.

En la hora actual, cuando la humanidad está confinada a su reducto, por alrededor de 60 días, desea fervientemente regresar a la normalidad. Es necesario preguntarse, ¿a qué normalidad se quiere regresar?, es a esa normalidad llena de violencia, de odio, de desprecio, con la idea fija de trabajar y trabajar, con el único fin de tener dinero y llenarse de cosas de poco uso o inservibles; o para seguir mintiendo y mintiéndose, sonriendo para fingir una alegría no sentida, siendo amable y educado porque es obligado a cumplir con ese rol social; y se quiere regresar a la normalidad en donde no se puede respirar aire puro y con tranquilidad, sin esos espacios en dónde uno pueda sentirse que está vivo siendo mejor ser humano. Para qué regresar a esa normalidad, si este estado de confinamiento no ha servido para reflexionar y obligarnos a organizar un mundo diferente.

Por lo dicho, no creo que nuestra generación, haya terminado con su objetivo de haber venido y estar en este mundo, todavía no ha hecho lo suficiente para que la nueva generación nos recuerde y podamos servir como referente social. Pero aún estamos a tiempo, no es tarde, tenemos la oportunidad de gestar a través de las ideas, el grito de la libertad, de la libertad de consciencia, de limpiar y expulsar el opio con que nuestros cuerpos se mantienen domesticados y adormecidos. Es necesario despertar para avanzar en ese último tramo del camino y alcanzar la liberación de nuestras decisiones.

Eso es lo más tierno que encuentro en el corazón y alma de los humanos de esta generación, su capacidad para despojarse de su comodidad para impulsar con el ejemplo los procesos sociales necesarios que abran los espacios de la convivencia humana libre del egoísmo y de la acumulación del poder.

Referencias bibliográficas.

Restrepo. L.  (2010). El Derecho a la Ternura. Revisado el 08/06/2015. Disponible en: https://www.uv.mx/veracruz/cosustentaver/files/2015/09/6.-Restrepo-L.-C.-2010_El-derecho-a-la-ternura.pdf

Güimil, E. (2020). La increíble vida de Emma Goldman, la mujer más peligrosa de Estados Unidos. msn, noticias. Revisado el  15/05/2020.   Disponible en: https://www.msn.com/es-xl/noticias/mundo/la-incre%c3%adble-vida-de-emma-goldman-la-mujer-m%c3%a1s-peligrosa-de-estados-unidos/ar-BB144Vra?li=AAgh0dF&ocid=mailsignout

Nicolas Campoverde

Nacido en Biblián-Ecuador. Médico general, con especialidad en Administración e investigación en salud; Mgs. en Sociología y Desarrollo; estudios para PhD. En Pensamineto Complejo. Jubilado como Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca. Excoordinador de los Registros de Tumores de Cuenca y Machala. Autor de varias publicaciones relacionadas con la epidemiología, el cáncer y la sociología médica. Interesado en el proceso vital y una interpretación aplicando la física cuántica, la epigenética y el biogenoma, así como el esclarecimiento de la Salud Pública como instrumento del biopoder y la biopolítica.

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