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El entumecimiento psicológico de la población y la impotencia del personal medico frente a la pandemia del Covid-19.

Al momento de escribir este artículo, 18 de agosto del 2020, según The Coronavirus App, que compila datos de todos los países, existen 22.220.049 infectados en todo el mundo, de estos los fallecidos alcanza a 783.386 personas, que da una letalidad de 3,5%. El número de infectados, enfermos y muertes seguirán en aumento, por muchos meses más. Recordando que el Sars-cov 2 está aquí para quedarse, no hay medida preventiva que sirva para eliminar el virus, como tampoco hay medicamentos que le puedan destruir, ni la vacuna sirve totalmente para proteger a las personas del virus. No sabemos si la mutación de este virus sea tan importante, para que los anticuerpos continúen actuando eficazmente para impedir el crecimiento de ellos en el interior de las células.

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Fuente: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=379154&SEO=muertes-confirmadas-por-covid-19-llegan-a-cuatro-mil-769-en-ecuador

Teniendo presente esas consideraciones iniciales, dos crisis se alzan como los más notorios en esta pandemia, el primero el sanitario y el segundo el económico, cada quien influye en una gama de actividades de la vida social, comunitaria, familiar e individual, que ha cambiado las formas de l vivir, y no es posible restablecer la normalidad, aunque sea con algunas restricciones de la vida de relación de las personas. Así lo atestiguan las medidas que en ciertos lugares de países como en España, Italia, Alemania, han regresado a implementar los mecanismos de restricción de la circulación y de la vida social, porque empezó a elevarse el número de personas infectadas y con cuadros clínicos que requieren cuidados hospitalarios, sabiendo que no podrán dar respuesta a la demanda mayor de personas que requieran hospitalización.

Las respuestas realizadas por el personal de salud en varios países, tienen como denominador común la preocupación de ellos, por la saturación y la falta de infraestructura y recursos en hospitales por el aumento de las personas con Covid-19 sin disponibilidad de insumos suficientes y necesarios para atender a estos pacientes.

Ante esta realidad emiten la siguiente reflexión, que se encuentra en las redes sociales o en la internet:

¿Qué pasaría si ante la inconsciencia de la gente y de las autoridades, y ante esa situación todo el personal de salud decidiera abandonar los hospitales? ¿Quién va a atenderles?

Y responden con un continuo de interrogantes:

¿Si a la población no le importa la vida de los médicos y de sus familias, por qué el personal de salud si se tiene que sacrificar por la vida de la población? O ¿por qué el personal médico y trabajadores de la salud, tienen que poner en riesgo su vida y la de sus familias por la tuya y la de los tuyos que se vieron afectadas por tu irresponsabilidad? ¿crees que la única vida que importa es la tuya y la de tu familia? (sic RRSS)

Se debe considerar que este decir, es un grito de auxilio desesperado por mis colegas que están en la primera línea en este campo de batalla, por ellos y por sus familias, ya basta de tanta irresponsabilidad desde el Estado y desde la ciudadanía.

La idea trillada es que no aguantamos más el estar en casa, que es necesario regresar a estrecharnos, a estar juntos, a trabajar, y a unas tantas a a a a más, que representan la forma de vida cotidiana anterior a la pandemia. Sin entrar a refutar estas razones, lo que no se puede tolerar es la forma de comportamiento, con desmanes, con el mayor descaro de un quemeimportismo frente a la vida, se observa por todos lados fiestas con ingesta alcohólica, bailes, relaciones interpersonales muy estrechas, etc., que establecen y refuerzan los mecanismos de transmisión directa del virus. Estas conductas se observan indistintamente del estatus social de las personas, sean pobres o ricos, ilustrados o iletrados, niños o adultos, hombre o mujeres. No aplican las medidas indicadas para disminuir la velocidad del contagio, y después de unas pocas horas, acuden a los servicios de salud, exigiendo pronta atención médica por estar con la enfermedad.

A este comportamiento de las personas, es lo que los psicólogos denominan ‘entumecimiento psicológico’. Es producto de la apatía que se gesta al pasar del dolor que causa la muerte o la enfermedad de unas pocas personas o de un familiar, y se expresa como una tragedia; a otra condición psicológica, cuando afecta a un número grande de personas.

Las reacciones de dolor, pena, miedo, desaparece, se congela, y perdemos la capacidad de comprensión del dolor y sufrimiento, y el alcance de la magnitud de tantas muertes; así perdemos la capacidad de sentir, esto es, nuestros sentimientos no responden proporcionalmente al número de personas que se enferman o mueren, nos volvemos insensibles y la compasión disminuye o desaparece, como consecuencia de esta reacción psicológica deviene el incumplimiento de las medidas preventivas establecidas, como el lavarse las manos con frecuencia, usar mascarillas, mantener una distancia prudente entre personas, o el uso del transporte con aforos máximo del 50%.

Parecería que el mensaje de la proporción de personas afectadas con el virus, no es la mejor estrategia, será necesario repensar para que las imágenes sean revertidas hacia uno mismo y a sus familiares, o a alguna historia o imagen extraído de la multitud, que logre ingresar en ese mundo de individualidad, y pueda calar profundamente en el ser como un suceso relevante, con la potencialidad para despertar al timo, glándula ligada a los procesos de los sentimientos y con ello alcanzar un mayor número de personas aplicando las medidas preventivas, porque sabe que el próximo afectado, va a ser él.

De esta manera podemos alcanzar a despertar al cerebro límbico, centro del despertar del miedo y de las reacciones inmediatas de protección para la sobrevivencia personal, y como sabe que hacer, esto es aplicar las medidas básicas de prevención del contagio, empezará a utilizar esas medidas automáticamente.

Pero el grito de auxilio, el S.O.S. de los médicos, levantado en todas partes, está relacionado con las decisiones que deben asumir, en un momento determinado, cuando las instalaciones y la capacidad funcional de los servicios médicos son insuficientes para dar abasto a la demanda de pacientes en estado crítico, que requieren de hospitalización para recibir oxigeno o para ser intubados por insuficiencia respiratoria.

En esos momentos, cuando la demanda excede la capacidad hospitalaria, y al quedar libre uno de estos equipos y el espacio en dónde colocar a un nuevo paciente, el médico debe decidir quién de la lista de espera, ingresa o no, a ser hospitalizado. Esa decisión, es la que afecta profundamente al médico, porque se encuentra en una posición para la cual él no está formado, que es decidir, quién tiene la opción de vivir y cual la de morir después de pocas horas.

Si bien hay normativa establecida desde la bioética, para que el personal o el responsable de una institución de salud, pueda tomar una decisión, indicando los pasos a seguir para clasificar a las personas según la probabilidad de vivir, sin embargo, la decisión se transforma, en una cuestión personal, de cada médico, quienes no desean estar en ese lugar y momento.

Eso les afecta mucho más que el esfuerzo físico que deben desarrollar. Se desploman, lloran, sufren, se amargan, cargan en su consciencia la muerte de otros seres humanos. Los médicos estamos capacitados para salvar vidas, sin importar quién es esa persona, y no para decidir quien vive o muere. Pero esta pandemia nos coloca allí, en estas circunstancias, al estilo del Rey romano antiguo que tenía la capacidad de ‘hacer vivir o dejar morir’.

La sociedad debe quitarnos esa responsabilidad, el de decidir sobre la vida y la muerte, siendo responsables consigo mismos y con los demás, aplicando las medidas para evitar el contagio, pensando en otra civilización, en dónde predomine la cultura del cuidarnos unos a otros, cambiando las formas de relacionarnos socialmente, manteniendo cierta distancia entre las personas, sin debilitar para nada la ternura como la expresión más alta del afecto y unión entre distintos.

Por múltiples razones, con ocasión de esta pandemia, la humanidad se encuentra navegando hacia un futuro, bajo un mismo cielo, con tempestades que azotan de manera diferente a cada quien y que redirigen su destino. Un navegante diría estamos en barcos diferentes bajo una misma tempestad dirigiéndonos a posibles destinos, distintos unos de otros, dependiendo de nuestras posibilidades, conocimientos, capacidades, circunstancias, y decisiones.

En esta pandemia vemos de todo, quienes desafían al riesgo, otros burlan al virus, otros hacen peligrosas maniobras de altísimo vértigo, otros se quedan en casa, respetando las normativas, lavándose las manos cuando es necesario, utiliza la mascarilla, y aplica el distanciamiento social.

Sería interesante que cada quién responda a estas preguntas: ¿Quién eres tú, en esta pandemia?, ¿Qué estás haciendo para evitar enfermarte y/o morir por Covid 19?

Es responsabilidad de cada quién cuidarse y cuidar de los demás. De esa manera, marca el camino del propio destino, que construye el perfil de los bordes con cada decisión, y vislumbra el oriente hacia donde puedes llegar en el mañana.

No hay que olvidar que la humanidad es humanidad por la ternura que nos liga, y nos lleva a sentir alegría, tristeza, dolor, angustia, felicidad por los demás. Somos humanos por estar dotados de las emociones que fluyen por doquier, y ahora por lo que cada persona decida hacer para cuidar a los demás y cuidarse a sí mismo.

 

Nicolas Campoverde

Nacido en Biblián-Ecuador. Médico general, con especialidad en Administración e investigación en salud; Mgs. en Sociología y Desarrollo; estudios para PhD. En Pensamineto Complejo. Jubilado como Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca. Excoordinador de los Registros de Tumores de Cuenca y Machala. Autor de varias publicaciones relacionadas con la epidemiología, el cáncer y la sociología médica. Interesado en el proceso vital y una interpretación aplicando la física cuántica, la epigenética y el biogenoma, así como el esclarecimiento de la Salud Pública como instrumento del biopoder y la biopolítica.

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Comentarios 3

  1. Miguel OR

    ¿Quién soy yo, en esta pandemia?, ¿Qué estoy haciendo para evitar enfermar y/o morir por Covid 19?

    Soy alguien que lleva informado del tema desde mediados de enero. Alguien que entendió que todas las medidas no son para salvar vidas sino para evitar el colapso sanitario y el consiguiente caos político, todo ello en un difícil equilibrio con las consecuencias económicas de la paralización y el cierre. Alguien que hace años que renunció a preocuparse por más de 7000 millones de personas con un porcentaje de inconscientes, ignorantes, egoístas, fanáticos, peseteros, corruptos, mercenarios, etc. Alguien que sabe que no hace falta un porcentaje para nada alto de esas personas para generar problemas graves. Alguien que piensa que todo esto es consecuencia lógica de la globalización, la altísima y creciente densidad de población y de la interdependencia político-económica que promovieron Henry Kissinger y afines. Alguien que intuye que esto se soluciona entre todos, poniendonos bajo control y autoridad. Alguien que teme que esto sirva para dar pasos más expresos y decididos en el control social (que ya se ejerce hace mucho).

    Qué he hecho? Irme. En cuanto se ha podido, he emigrado al rural. Sabiendo hace mucho de la toxicidad de las ciudades, los estilos de vida, las relaciones, la hiperconexión, etc he venido rumiando la idea desde hace años. Esto no ha sido más que la gota (el manguerazo helado) que ha colmado. Antes luchaba por cambiar las cosas pero me he cansado de repetir lo mismo una y otra vez a colectivos y aliados de mi área de activismo que asentían sin mover absolutamente ni un dedo, dedicándose exclusivamente a protestar en redes digitales como Facebook (compartiendo el escándalo de Cambridge Analytica, por ejemplo). Me he ido.

    Curiosa y preocupantemente, de todos los discursos que he leído todos estos meses, el único más o menos lógico, coherente y sintonizado con la situación, lo instintivo y lo obvio ha sido el del ecofascismo. No soy ecofascista, si tengo que definirme sería como ecoanarquista o algo próximo con una etiqueta más extraña. Últimamente digo que soy dejame-en-pacista, con que no me molesten, me conformo.

    Obviamente, ni mis elecciones (privilegios que tengo de poder hacerlas) ni las posibilidades del ecofascismo son algo que vaya a ser mayoritario o marquen una diferencia. Aunque quizá una vuelta al rural sea previsible al menos a nivel de discurso como en la crisis de 2008. No pretendo nada más que mantenerme sano (no sólo por el coronavirus) y salvo (lejos de desinformación, miedo, derrumbes económicos y sociales, etc)

  2. Miguel OR

    Lo de hacer publicaciones, tener el filtro de comentarios activo pero desentenderse totalmente de gestionarlo o dejarlo para dentro un mes cuando ya a nadie les interese el texto o lo que se comente es una costumbre maleducada, falta de netiqueta, muy extendida e irritante. Al principio la entendía como censura y aunque no lo sea, el efecto es el mismo, unilateralizando y silenciando cualquier idea generada por la publicación.

    • Ssociólogos

      Gracias por tus comentarios. Pues solamente tratamos los artículos y comentarios algunas horas a la semana. Además estábamos de vacaciones 1 semana para poder descansar un poquito. Saludos

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