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La infidelidad española

Las costumbres sentimentales, pues los sentimientos en pareja generan habitos de conducta, han cambiado tanto que parece que se les haya dado la vuelta y puesto del revés respecto a lo que se daba por cierto hace tan solo un par de décadas.

Son tan distintas y tan permisivas como no se pueda serlo más. Y, sin embargo, no se acercan mas al estado ideal de felicidad que todos perseguimos en nuestras relaciones: hay mas libertad para expresar sentimientos, hay mas deshinibición a la hora de hacerlo, pero… no se es mas feliz. ¿Tal vez habría que buscar por otro lado?. No lo se. A esa pregunta seguro que los especialistas en conductas humanas tuevieran alguna respuesta. O no. Es todo demasiado complejo, pero sobre todo, “demasiado lento” en una sociedad del tengamois todo ya, sin pararse a pensar si lo que nos llega reápiodamente es bueno o no. Que ya tendremos otras ocasiones para remendar los errores cometidos.

Me da mucho la impresión que es todo una cuestión de hábitos sociales que andan al ritmo que la vida actual les impone. Pero tambien tienen mucho que ver los medios de com unicación (la tele sobre todo) que son los que marcan las “tendencias” actuales en cuanto a todo: tendencias que muchos individuos/as siguen a rajatabla porque es lo que hay que seguir y no tenemos otras tablas a que agarrarnos si no queremos ser unos aburridos plastas o unos desfasados de la vida. Es por ello que casi nadie se da cuenta de que esas prisas por conseguir todo y a todos/as han hecho que nos dejemos por el camino unas cuantas buenas costumbres que hacían que en el pasado no muy lejano las personas fuera mas felicies, por regla general, que en el presente.

Bien es verdad, también, que las crisis económicas en una sociedad en que lo primordial es el dinero han ayudado a que la infelicidad sea mayor, aunque solo sea por las enfermedades nerviosas que se derivan de ellas, pero no lo es menos, que los síntomas vienen de mucho antes de las carencias galopantes que estamos sufriendo, lo cual demuestra que no debe culparse totalmente a la economía y sus vaivenes por los desastres sentimentales de una población que se ha acostumbrado a consumir todo con rapidez: hasta los sentimientos. Hemos perdido la paciencia – que es la madre de la estabilidad – y por eso andamos de un extremo al otro sin pararnos ni un segundo a respirar. Eso en el terreno de las relaciones resulta nefasto, y por ende no es de extrañar que haya tantos (y tantas) infieles por esos mundos.

Los estudios al respecto nos llenan de cifras que muchos desconocemos; de estadísticas frias y calculadas que añaden aún mas incertidumbre al desconcierto general, porque hay una tendencia popular a seguir devotamente lo que “muchos otros hacen”, así como la hay a rechazar lo que “tan solo unos pocos siguen”. Es por lo que nos sorprende comprobar que lo que servía para una generación anterior, ahorita mismo está completamente obsoleto en cualquier terreno, inclusive el de la infidelidad, prescindiendo si tiene lugar entre individuos casados divorciados o parejas de hecho.

La redactora de sociedad de Yahoo noticias aporta algunos datos que pueden resultar reveladores al respecto, pero tampoco conviene hacer demasiado caso, puesto que la estadística se basa en tantos por ciento, por lo que no es una ciencia exacta. Y usted que lo vea, oiga!

…”la infidelidad no sucede espontáneamente, sino que existen circunstancias que pueden provocarla”..

Las estadísticas de infidelidad aseguran queel 60% de los hombres son infieles, y que el 40% de mujeres les sigue los pasos. Según las mediciones de Sexole, el primer estudio sobre conductas y preferencias sexuales de usuarios de internet en España, las mujeres son más infieles que los hombres (50% frente al 44%) y también más apasionadas: un 65% exterioriza más las emociones en el momento del clímax, frente a un 27%.

El estudio de Journal of Couple and Relationship Therapy asegura que entre un 45 y un 55% de las mujeres casadas son infieles.

Sin embargo, la percepción de infidelidad entre los hombres y las mujeres es diferente, y aquí hablamos de cuestiones subjetivas: el 50% de las mujeres no siente que el cibersexo sea infidelidad (el 80% de los hombres piensa igual). Un 81% de las mujeres confiesa que coquetea con sus compañeros de trabajo, y dos de cada tres aseguran que tienen pensamientos sexuales con ellos.

Cifras, cifras, cifras.

¿Razones? Bueno, los especialistas (los hay para todo) sentencian que la infidelidad no sucede espontáneamente, sino que existen circunstancias que pueden provocarla.

Las razones pueden ser innumerables. No obstante, los sexólogos coinciden en que todas ellas se deben a un único motivo: procurar satisfacer las carencias en la pareja.

Ellos esgrimen las siguientes causas:

  • Sentirse menospreciado por la propia pareja.
  • Haber caído en la monotonía: la rutina parece conducir sin escalas al aburrimiento sentimental.
  • Una vida sexual escasa o pobre: el sexo es un elemento fundamental y si produce insatisfacción en alguno de los miembros de la pareja, éste tenderá a buscar en otra parte lo que no encuentra en casa.
  • La falta de comunicación. La búsqueda de nuevas emociones cuando se ha terminado la etapa de enamoramiento y seducción con el propio compañero.
  • La pérdida de libertad si se tiene una pareja asfixiante.
  • Y un largo etcétera.

Los sexólogos podrán decir lo que quieran, pero yo me pregunto por qué, por ejemplo, los latinos tienden a ser más infieles que los anglosajones. ¿No median, acaso, cuestiones culturales que hacen que en ciertas áreas del mundo esté mejor visto que en otras? ¿No puede darse que uno esté con una persona que tiene un problema conductual?

Yo tuve un novio durante tres años al que —lo descubrí tarde- le encantaba acostarse con cualquier mujer que se lo permitiese. No hacía diferencias de edad, de color ni de aspecto físico. Me inventaba excusas para irse solo a cada rato, y la verdad es que no me di cuenta hasta ya avanzada la relación. ¿No es esta, acaso, la conducta de un adicto al sexo?

Más allá de mis dudas, lo cierto es que la respuesta femenina frente a un hombre infiel ha cambiado. Nuestras abuelas eran ciegas y sordas ante los deslices de sus maridos. Lo fundamental era no divorciarse, y para eso había que hacer un sacrificio.

Ahora no es así: una que otra aventura se puede perdonar, pero a alguien como aquel novio mío (con el que me iba a casar) hoy se lo manda gentilmente a hacer sus necesidades a otra parte.

Fuente: globedia.com

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