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El estatus social: la preocupación del siglo

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La autoestima y el valor propio han sido relacionados con la riqueza y una buena economía dando como resultado una ansiedad generalizada. No hace mucho se dio a conocer la noticia sobre un joven chino cuyo deseo por adquirir el segundo iPad lanzado al mercado lo condujo a la venta de uno de sus riñones.

El asunto causó asombro a la prensa y desconcierto a la sociedad, pero aunque llevado a la exageración, el caso resultaba representativo de un fenómeno hasta cierto punto común.

Estatus social y consumismo

Cuántas personas se embarcan en la compra de autos del año pasando por alto las necesidades evidentes de su hogar. Cuántas mujeres compran a crédito magníficos bolsos de diseñador que no terminarán de pagar sino hasta que estén pasados de moda.

El nuevo perfume, la nueva línea de ropa, el nuevo móvil, todas estas cosas parecieran ser necesidades dignas de complicar una situación financiera de por sí problemática.

Y si bien podría pensarse que semejantes conductas responden a una falta de inteligencia práctica, antes de condenarlas convendría tener en cuenta lo expuesto por Alain de Botton en su libro Ansiedad por el estatus.

Ansiedad por el estatus

Filósofo, arquitecto y escritor, de Botton atribuye estas conductas a lo que denomina como ansiedad por estatus, una verdadera pandemia en las sociedades de Occidente.

El estatus, explica de Botton, se refiere en un sentido estricto a la profesión y estado civil de una persona. Pero en un sentido más amplio el estatus es el valor y la importancia que posee un individuo dentro de su sociedad.

A lo largo de la historia este valor e importancia se han concedido a diversos roles o capacidades. El cazador, el guerrero, la mujer fértil, los nobles, todos fueron en su momento modelos de estatus y recibieron amor y respeto por parte de la colectividad.

Autoestima y economía

Sin embargo a partir del siglo XVIII, el estatus y la respetabilidad en Occidente comenzaron a ser asociados con los logros económicos.

Diversas corrientes de pensamiento influyeron en este cambio. La Meritocracia que sostiene que el éxito económico de una persona depende exclusivamente de su esfuerzo e inteligencia y el Darwinismo social que propone que sólo los más aptos merecen sobrevivir (en términos económicos), han sido particularmente determinantes.

Las propiedades, las bien nutridas cuentas bancarias, la posesión de empresas, han ido convirtiéndose en sinónimos de respetabilidad.

Preocupación por el estatus

Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de la población mundial carece de lo necesario para ser considerados como respetables. Ante esta falta de valía en mayor o menor medida todos hemos sufrido de la mencionada ansiedad por estatus.

La ansiedad por el estatus es en palabras de Botton:

Una preocupación tan perniciosa que es capaz de arruinar largos periodos de nuestras vidas, la sensación de que corremos el peligro de no conformar los ideales de éxito presentados por nuestra sociedad y de que, como resultado de ello, seremos desposeídos de nuestra dignidad y respeto; la sensación de que ocupamos un rango muy modesto y de que podemos caer en uno aun más bajo.”

Las recesiones económicas, el retiro, el asenso profesional de algún compañero, son algunos de los disparadores de dicha ansiedad, comenta el filósofo.

Y a pesar de ser tan común, las evidencias de este drama interno son difíciles de encontrar, porque como con la envidia (sentimiento, por cierto, relacionado a la ansiedad por estatus), la gente se avergüenza de manifestarlo.

Mensajes sociales

El asunto es tan importante, explica el filósofo, porque la concepción que tenemos de nosotros mismos depende en gran medida de lo que los otros consideran que somos.

Dependemos de las señales de respeto que el mundo nos envía para sentirnos cómodos con nosotros mismos.

Pero si el estatus es algo difícil de conseguir, más aún es conservarlo durante toda una vida.

Ser un perdedor

Ante los altos estándares que nos presenta la sociedad actual, el fracaso a corto, mediano o largo plazo resulta casi inevitable. De allí vendrá la humillación; “…la corrosiva idea de que hemos sido incapaces de mostrarle al mundo nuestro valor.”

Alain de Botton analiza meticulosamente las raíces históricas y psicológicas de la ansiedad por el estatus y así alcanza diversas conclusiones.

Una de ellas es que el “mal” se acentúa principalmente cuando alguien que consideramos nuestro par en términos de estatus, consigue subir en la escala.

Otra, más alentadora, es que dicha molestia logra mitigarse a través de su debida comprensión y expresión.

El autor ofrece una variedad de reflexiones que logran poner en perspectiva la insufrible molestia de considerarse a si mismo como un “perdedor”.

Memento mori

Una de ellas, quizá la más eficaz, es el recordatorio de la propia muerte. El ejercicio aunque incómodo sirve para reorientar nuestras prioridades: ¿Qué es lo verdaderamente valioso de la vida cuando se llega al momento de morir?.

Sin importar lo olvidados e ignorados que seamos, sin importar lo poderosos y reverenciados que otros puedan ser, se puede encontrar consuelo en la idea de que al final todos terminaremos convertidos en la más democrática de las sustancias: el polvo.

Fuente: suite101.net

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Comentarios 2

  1. moro

    hola! me podrian recomendar algun otro autor que hable de este tema? gracias!

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