
El otro día una querida amiga me relató un acontecimiento que ha sido la semilla para
este nuevo artículo. Y es que tan y tan acostumbradas estamos a que los medios
inunden sus espacios de noticias que distan mucho de generarte un buen rollo, un
buen sabor de boca, una esperanza en el Ser humano, que cuando “algo” acontece
que desentona por completo es de agradecer. Procedo a relatarles.
Mi amiga camino del trabajo aprovechó para hinchar las ruedas de su moto, decir que
“antes” este servicio era gratis, pero esa voracidad capitalista contamina
absolutamente todo y ahora hinchar, lo que se dice poner aire cuesta su dinero. Y lo
anecdótico de esta situación es que un amable “Ser humano” le cedió el resto de
tiempo que no usó para inflar sus neumáticos para que ella aprovechara ese dinero ya
invertido. Podréis pensar que no es tan noticiable el comportamiento, o ¿tal vez sí?

Bien hilemos este comportamiento en lo que pudiera ser una manera sutil de erosionar
entre todos todo ese continuo drenaje a nuestros bolsillos. Hubo un tiempo en el que
me dedicaba a ofrecer el último viaje de mi tarjeta de 10 viajes en transporte. El acto
consistía en que una vez abandonaba el recinto del metro no tiraba mi tarjeta pues ese
último viaje se podría compartir con alguien que usara autobús. Así que me dirigía a
una parada de bus y preguntaba si alguien quería usar mi último viaje. Tengo que
reconocer que me encantaba observar las caras de sorpresa de los asistentes a mi
pregunta y la preciosa sonrisa que me obsequiaba aquel que se beneficiaba del
pequeño regalo. Creo que era también un pequeño acto de rebeldía.
En una sociedad que hemos construido basada en un consumismo aberrante, fruto
éste de una compra compulsiva y pocas veces fruto de una compra reflexiva, tal vez
podemos hacer uso de un arma de gran poder al alcance de todas. Y ésta es evitar el
consumo constante y retomar comportamientos que nos han permitido sobrevivir como
especie.
Antropológicamente el Ser humano ha basado su sociabilidad en intercambios y la
reciprocidad es un ingrediente que sustenta la calidad de estas relaciones humanas.
Un acercamiento a lo que supone la solidaridad nos ofrece una descripción de un
comportamiento que va más allá de un deseo de retribución. Se trata de un deseo
instintivo de ayudar a las demás personas. Si nos impregnamos de este ingrediente
podemos desarrollar una solidaridad social, basada en hechos sociales que aseguren
transformar nuestras sociedades actuales en “Sociedades amables”.
El concepto “Sociedad amable” es un ingrediente que como persona me motiva a
incitar/provocar reacciones. Tiempo atrás llevé a cabo un experimento sociológico que
consistía en saludar a las personas con las que me cruzase y regalarles una sonrisa.
Esta iniciativa fue motivada por mi asombro ante el hecho de que tan sólo abandonar
la ciudad y subir a un parque natural muy cercano, los mismos urbanitas que nos
ignoramos, curiosamente en un “entorno natural” nos dedicamos a saludarnos. Somos
las mismas personas y sin embargo el entorno modifica la conducta, de ahí que mi
anhelo es poner en práctica todo aquello que pueda favorecer una transformación
hacia sociedades más amables.
¿Qué significa esta característica? Si nos remontamos a la etimología de la palabra
“amabilidad”, ésta proviene del latín “amabilis” y su significado es “digno de ser
amado”. Se trata de un comportamiento humano caracterizado por la empatía, el
afecto, la atención y el respeto hacia los demás, así pues son ingredientes que
generan un tipo de trato social que fomenta la convivencia.
Observando la crispación social que se genera en frecuentes interacciones, los
pequeños gestos de amabilidad poseen la virtud de apaciguar, calmar, (des)tensar. Es
más que probable que alguna vez alguien les haya agradecido un gesto diciéndoles
que han sido muy amables. Y curiosamente estos comportamiento suelen ser
sencillos; mantener una puerta abierta para facilitar el paso de otra persona, ayudar a
un vecino de muchas maneras, ceder la ropa de tus peques cuando ya les va
pequeña, compartir gustosamente aquello que decidas, ayudar a aquel que precisa
algo y accede a tu ayuda. No son gestos grandilocuentes, no son publicaciones en
redes de “algo” que has hecho. Son cosas sencillas. Aunque esa sencillez no está
para nada exenta de ser verdaderamente un motor de cambio.
Se habla con frecuencia de ser solidarios, de los beneficios que esto provoca aunque
con demasiada frecuencia se queda en “se habla” y acostumbradas a “lo virtual”
obviamos que los cambios precisan de un ponerse en acción. Los actos sociales han
sido espitas para provocar cambios y aunque puedan parecer nimios, pequeños,
diminutos, insignificantes, todo suma. Si por un lado “pensamos” antes de adquirir y
aplicamos el concepto de las “4R” (Reducir, Reutilizar, Reparar y por último, Reciclar)
y, nos sumamos a impregnar de un poco de solidaridad y amabilidad es muy probable
que tarde o temprano veamos los cambios en las diversas interrelaciones.
Esta vez les invito a provocar situaciones de buen rollo, aunque sea echar un poquito
de agua a las jardineras que adornan nuestros barrios y que a veces mueren de sed, o
saludar a aquel que ves a diario y que nunca antes le deseaste un lindo día.
Qué tengáis un lindo día.
Guadalupe Lucas Martín