
Las primeras horas del día poseen la virtud de poder observar desde una cierta
quietud, calidad ésta que posibilita percatarse de aquello que el bullicio y las prisas
difuminan.
El otro día andaba yo con mi perrete camino de la playa y hubo algo que me cautivó la
atención. Antes de llegar a la playa para perros puedes disfrutar de un centro
comercial que todavía no ha abierto sus puertas, más que nada porque ya sería
excesiva la venta las 24 horas. Observé los reclamos publicitarios y me surgió una
maquiavélica idea. Resultaba un poco irrisorio los modelos escogidos para que te
entraran unas ganas terribles de adquirir ya fuesen prendas de marca, colonias o te
atiborraras de comida muy alejada de cualquier canon de salud. Y es bien cierto que
me divierte imaginar cómo sería si los reclamos publicitarios estuvieran representados
por personas muy alejadas de “esa” dictadura respecto a belleza.

Por poner un ejemplo, esas jóvenes de cuerpos biselados y facciones casi perfectas,
por no hablar de sonrisas que cualquier clínica dental contrataría, ofrecen la idea de
que si emulas a esos referentes serás feliz, serás bello, serás envidiado. Y esas
fragancias con envases de diseño y precios desorbitados, te dan el espejismo que
gracias a “esa” marca triunfarás, ya sea laboralmente o sexualmente. Si bien es de
reconocer el “esfuerzo” de algunas cadenas/marcas de ampliar el espectro de posibles
clientes, racionalizando los modelos o mostrando los nuevos tipos de familia, si
barremos la paja el objetivo sigue siendo el mismo. Unos precios completamente
inflados para que si decides adquirir estos productos te creas que “tú serás” muy
similar a los modelos publicitarios.
Esta paradoja que me brindó las primeras horas del día me invitó por un lado a reírme
sustituyendo a los modelos ya fuesen de ropa, complementos o fragancias por
personajes como “La vieja del visillo”, “El tío de la vara”, o muchos otros que tuvieron
la virtud de alegrarme el trayecto.
Ahora bien, llevando esta observación a otro plano más serio, les invito una vez más a
si así les late, a jugar a un pequeño juego.
Ante la pregunta: ¿usted vota en contra de sus intereses? Se podría responder
reactivamente, ¡pues claro que no! Pero reflexionemos antes de enrocarnos en algo
tan delicado.
La extrema derecha posee una gran virtud y es que aprovecha el descontento para
construir un argumentario de gran eficacia. Si tenemos la paciencia y un cierto sentido
del humor podremos detectar las continuas incoherencias y contradicciones. Es
sencillo culpabilizar a los más débiles de todo aquello que nos molesta, pero también
sería inteligente ampliar el espectro y ver que mucho del descontento social proviene
de la gestión, ya sea laboral o política, de ciertas personas e instituciones que olvidan
que gracias al esfuerzo de todos se genera “un bien común”. Y ese bien común nunca
debería ser para lucrarse y generar un incremento de patrimonio verdaderamente
obsceno.
La conciencia de clase lejos de ser un concepto arcaico y demonizado te puede dar
una serie de datos de dónde estás. Y si alguno de ustedes pudiera pensar que eso de
la conciencia de clase es cosa de “rojillas” y “sindicalistas”, pues bien les diré que la
CEOE, o el Fomento de Trabajo, o El Círculo Ecuestre, tan sólo por citar algunas
asociaciones o clubs de élites, no dejan de ser grupos que defienden “sus intereses”.
Así pues les invito a usar la perspectiva para alimentar la mirada crítica y evitar en el
mejor de los casos, que nos vendan una milonga.
Qué tengan ustedes un lindo día.
Guadalupe Lucas Martín