Artículos/Noticias, Cultura/Valores, Género, Internacional

¡Que violar no salga gratis! – El Cairo, capital árabe del acoso sexual

Una nueva generación de mujeres quiere cambiar India. Pakistán, Bangladesh y Nepal se hacen eco de las protestas y comienzan a dar pasos hacia la igualdad. Casi la mitad de las egipcias declara sufrir agresiones sexuales a diario. Se culpa a la manera de vestir de las víctimas, pero el 72% usaba ‘hiyab’.

“Fui ultrajada dos veces. La primera cuando me violaron. La segunda cuando fui a reportarlo a la policía: me trataron como culpable y no hicieron nada por condenar al criminal”. Este es el testimonio de Neha, una de las incontables mujeres de India que han sufrido abusos sexuales que han quedado impunes.

1357409882_772244_1357410684_noticia_normal

El país asiático está conmocionado por la violación en grupo, el 16 de diciembre, de Amantar, una estudiante de fisioterapia de 23 años, en un autobús en la capital, Nueva Delhi, y su muerte dos semanas después a causa de las heridas. Desde entonces, las protestas —algunas han terminado en enfrentamientos— no han dejado las calles de distintas ciudades indias y los detalles de la historia aparecen cada día en las portadas de todos los diarios. “Sacudió conciencias por su brutalidad. Pero, por desgracia, este no es un caso aislado: las violaciones son muy comunes en India”, explica la socióloga Ranjana Kumari, directora del Centro de Estudios Sociales, y coinciden con ella todas las activistas entrevistadas.

Las violaciones se han multiplicado por 10 en los últimos 30 años, hasta llegar a 24.206 casos en 2011, según cifras oficiales. Pero este número podría ser muy bajo comparado con los crímenes que en realidad se perpetran. Aunque cada vez más mujeres tienen el valor de denunciar los ataques sexuales, todavía podrían ser una mayoría las que no se atreven a hacerlo por el estigma social que provoca. De las violaciones que sí son denunciadas y llegan a los tribunales, pocas son condenadas. Solo el 26% en el año 2011, según los datos de la Agencia Nacional de Registro de Crímenes. En el caso de Neha, ocurrido en Nueva Delhi hace seis, la policía no presentó la acusación formal “por falta de pruebas”, dice la mujer, de 30 años. En este entorno, el hecho de que ayer cinco de los atacantes de Amantar fueran imputados (el sexto es menor de edad) es un paso hacia un mayor rigor por parte de la justicia.

“Las mujeres en India se sienten inseguras, piensan que no se ha hecho lo suficiente para protegerlas”, dice la directora del sur de Asia de Human Rights Watch, Meenakshi Ganguly. Uno de los principales problemas podría ser la forma de la policía de abordar los crímenes, dicen los expertos. Los manifestantes están enfurecidos con las fuerzas de seguridad: “La policía de India es una vergüenza: permite las violaciones”, rezaba uno de los carteles. Otros muchos iban en esa dirección.

La policía no siempre elabora los informes y a veces no son hechos por falta de personal o de capacidad de investigar bien, dice la directora de Human Rights Watch. Los medios indios contaron a finales de diciembre el caso de una joven de 18 años que se suicidó en el Estado de Punjab porque había sido violada por dos hombres y la policía tardó demasiado en registrar su caso y no detuvo a las culpables. “Han arruinado mi vida”, decía una nota que dejó.

Los policías podrían tener prejuicios contra las mujeres que han sufrido delitos sexuales. “Piensan que las verdaderas víctimas no van a la policía y las que van es solo para extorsionar o tienen una moral laxa”, dice una investigación de este año de la revista Tehelka. Usar ropa ajustada, ir a bares, beber alcohol, o tener novio —que no es decente para los más conservadores, que creen que lo deseable es el matrimonio concertado— son considerados motivos que dan lugar a abusos sexuales para algunos policías en Nueva Delhi, según este informe. 17 de los 30 policías entrevistados mostraron fuertes prejuicios contra las víctimas. Uno de ellos dijo, añadía la publicación, que en los bares de la ciudad hay chicas que beben alcohol y están dispuestas a tener sexo, pero “el día que alguien usa la fuerza, se convierte en una violación”.

Neha (nombre supuesto) piensa que los policías no tomaron en serio su caso porque la consideraron una “mujer indecente” por salir a medianoche de trabajar en un centro telefónico de atención al cliente. “Un policía me dijo que me lo había buscado por andar sola a esa hora”, dice con voz entrecortada. Además, cuenta que la interrogaron de forma degradante y absurda: si era virgen o si había salido con hombres.

La policía niega la falta de sensibilidad: “Las víctimas reciben el mejor apoyo desde que pisan la comisaría”, dice S. N. Shrivastava, el comisionado especial para el entrenamiento de la policía de Nueva Delhi. Cuenta que durante años se ha entrenado en “sensibilización de género” a los oficiales y que, con el reciente caso de violación que ha conmocionado a India, se ha relanzado el programa. El primer grupo de 40 oficiales está recibiendo un curso de investigación de violaciones.

En algunos casos más extremos, la policía también ha estado implicada en ataques sexuales y el Gobierno no ha actuado, denuncia Human Rights Watch. Uno de los casos más sonados fue el de Soni Sori, una maestra tribal que asegura haber sido violada y torturada cuando estaba en custodia en el Estado de Chhattisgarh. En la práctica, la policía y otras fuerzas de seguridad son inmunes, pues para que un fiscal pueda llevar un caso contra servidores públicos tiene que obtener un permiso del Gobierno, asegura la ONG.

Como respuesta a la explosión de ira en el país por la muerte de Amantar, el Gobierno está acelerando la modificación del código penal de 1860, que ya había presentado en diciembre, antes de las manifestaciones por la muerte de la estudiante. Esta modificación podría endurecer los castigos para las violaciones: ahora la pena máxima puede ser cadena perpetua (que en India es en realidad 12 años), pero normalmente se impone un castigo de uno a 10 años de prisión dependiendo la gravedad del caso.

También se ha creado una comisión de jueces retirados para que recojan las recomendaciones de organizaciones, individuos y activistas y que propongan nuevas modificaciones en el próximo mes. Hasta ahora han llegado 17.000 sugerencias, según los medios indios, entre ellas la pena de muerte y la castración química como condena para la violación. Publicar los nombres, fotografías y direcciones de los violadores es otra medida que el Gobierno está considerando.

“Cuelguen a los culpables”, “Esos monstruos no merecen vivir” o “Ellos la mataron, mátenlos” son lemas de algunas de las pancartas que se han visto en las protestas y reflejan el sentir de una buena parte de la población. Incluso en la única vez que el padre de la estudiante muerta ha hecho declaraciones públicas, pidió la ejecución de los responsables: “El país entero demanda que estos monstruos sean ahorcados. Yo estoy a favor”, dijo.

Pero también hay otros sectores que se oponen a la pena de muerte. “Es inhumana, violenta e irreversible. Al buscar mejorar los derechos de la mujer, también debemos luchar por los derechos humanos en general y la pena capital va en contra de ellos”, dice la directora de programas y políticas de la ONG Action Aid, Sehjo Singh. El apoyo y protección de las víctimas de los abusos sexuales debe ser también una prioridad, añade Singh. “Cuando las mujeres denuncian, sufren amenazas de los violadores o las familias de estos para que retiren la acusación”, cuenta. A veces también las víctimas son presionadas por sus familiares para que se casen con sus agresores para “recobrar el honor”. Singh apunta que se debe procurar justicia a todas las víctimas por igual, con independencia de su condición social: “Si se es de una clase o casta baja es mucho más probable que los criminales se vayan sin castigo”, asegura.

El pasado jueves, con el inicio del juicio contra los seis presuntos violadores de la estudiante en el autobús en Nueva Delhi, se abrió el primer tribunal rápido para los delitos sexuales, el paso más aplaudido por los activistas.

“Más importante que aumentar las penas, es hacer los procesos judiciales más rápidos. Los juicios tardan años y años y las víctimas se desmoralizan. Además, los violadores pierden el miedo a ser castigados y las nuevas víctimas no ven ningún beneficio en denunciar”, dice la directora del Centro de Estudios Sociales. Hay más de 95.000 casos por violación que están empantanados, recuerda.

“Somos una nueva generación. No vamos a aceptar que nos sigan pisoteando. Tenemos los mismos derechos”, argumenta Amita Shukla, una estudiante de ingeniería que ha asistido a la mayoría de las manifestaciones en el centro de Nueva Delhi. “Hemos logrado títulos y puestos de trabajo, pero seguimos siendo ciudadanas de segunda clase”, decía el cartel que traía su amiga, Rupinder Kaur, que es empleada en un banco.

En India hay una nueva generación de mujeres que trabajan, que quieren encontrar a su propia pareja (y no casarse con el candidato que escojan sus padres) o que quieren vestirse de manera menos tradicional y salir solas a la calle. La escalada de violencia contra las mujeres podría ser en parte una reacción machista contra esta liberación femenina, dicen varias expertas. “Algunos hombres podrían resentirse de que las mujeres tienen cada vez más poder y que son cada vez más independientes”, dice Rekha Bezboruah, directora de Ekrata, una ONG para la igualdad de las mujeres. Justamente, uno de los violadores de Amanat confesó a la policía que lo hizo por “enseñarle una lección”.

“La violencia contra la mujer no se reduce a los ataques sexuales. La vivimos a diario, cuando somos tratadas como objetos, con miradas lascivas, cuando nos tratan como seres inferiores”, expone Geeta Gupta, reportera del diario Indian Express. En la visión de gran parte de la sociedad, las mujeres son responsables de “provocar a los hombres” por ir vestidas “de una forma inapropiada”, no ir acompañadas de un hombre que las proteja o salir de noche, lamenta.

Domina una mentalidad patriarcal en la que se abortan los fetos femeninos porque se prefiere tener hijos. Ellos mantendrán a los padres cuando sean mayores, recibirán dote y no tienen riesgo de manchar el honor de la familia, dicen los analistas. Así, ellos son criados con privilegios y con la mentalidad de que son superiores. Esto abre un resquicio donde caben los malos tratos. En su informe de 2012 sobre adolescentes, Unicef detectó que más de la mitad de los chavales (el 57% de ellos y el 53% de ellas), encuentran justificable que un marido golpee a su esposa.

Anna Ferrer, presidenta de la Fundación Vicente Ferrer, opina que “este no es un problema solo de las mujeres, sino de toda la sociedad”. La fundación ha trabajado desde hace muchos años para dar poder a las mujeres, dice. Pero tras este crimen tan violento, se pondrá todavía más atención en ellas. Los 2.500 empleados cursarán talleres de género y en todos los sectores de trabajo de la ONG se trabajara contra la desigualdad.

Ferrer dice que la violación y muerte de la estudiante ha “despertado el país para que ya no se toleren estos abusos”. Otras especialistas están de acuerdo: este ha sido un punto de inflexión. La brutal violación ha logrado cosas sin precedentes: la movilización masiva de la sociedad y las autoridades han comenzado a reaccionar para mejorar la seguridad de las mujeres.

“La lucha por la igualdad lleva muchos años. Pero por primera vez muchas mujeres jóvenes están negándose a aceptar los abusos, han dicho que ya han tenido suficiente. Están empezando a respetarse ellas mismas”, dice Singh, de Action Aid. También los hombres han salido a las calles de una manera espontánea. Es importante que, también por primera vez en este tipo de casos, la clase media haya tomado partido porque han dejado de pensar solo en ellos mismos y se han enfrentado a la realidad, apunta. Lo que las activistas se preguntan es cómo aprovechar este momento para seguir despertando conciencias e ir más allá de las ciudades, llegar a las áreas rurales, donde las mujeres se encierran cuando se va el sol.

Por ahora no hay muchas respuestas e incluso hay quienes creen que no habrá un más allá de este estallido de furia. Pero, una clave podría ser “que la sociedad no solo exija a las autoridades, que está muy bien, sino que también empiece a ver qué puede hacer para cambiar esta mentalidad machista; qué puede hacer cada persona dentro de su casa para que este país sea más justo con sus mujeres”, explica Shemeer Padinzjharedil, el editor de la web maps4aid, que recoge los casos de violencia en India.

Por ahora, las protestas han tenido resonancias en los países vecinos de Pakistán, Bangladesh y Nepal. En Pakistán, el 1 de enero la gente salió a las calles de Islamabad para prender velas por la mujer violada en Nueva Delhi, aunque esta manifestación fue muy criticada por ser por una india y no por las víctimas que hay en el país musulmán. El viernes, los medios informaron del caso de una niña de 9 años que fue secuestrada y violada por tres hombres y que se encuentra en estado crítico.

Inspirados en el caso de India, los manifestantes formaron en la capital de Bangladesh una cadena humana para protestar por la violación en grupo de una menor que estuvo secuestrada cuatro días y luego fue abandonada en las vías del tren.

En la capital de Nepal, Katmandú, cientos de personas se han manifestado durante varios días demandando justicia para una mujer de 21 años que fue robada por un oficial de inmigración y violada por un policía en el aeropuerto de la ciudad. Los manifestantes reconocen como una revelación y un ejemplo a seguir la movilización en India. “Hemos visto el poder de las protestas masivas por el caso de violación en Nueva Delhi. Es un movimiento exclusivo de la gente”, dijo al periódico británico The Guardian Anita Thapa, una de las manifestantes.

El Cairo, capital árabe del acoso sexual

Dalia Youssef nunca sale de casa sin sus auriculares. Y no es solo porque a esta joven cantante y compositora amateur le apasione la música, sino porque los utiliza como escudo protector ante una de las más extendidas epidemias que padece Egipto: el acoso sexual. “Antes me costaba salir a la calle. Me agobiaba y deprimía escuchar cada día los comentarios soeces que me lanzaban desconocidos. Ahora, con los cascos, ya ni me entero”, comenta en un popular café de El Cairo.

El acoso sexual suele suceder a plena luz del día y, aunque parezca ilógico, los lugares de mayor riesgo son los más concurridos, como las manifestaciones. Recientemente, una corresponsal de la cadena France24 tuvo que ser rescatada de una turba que se abalanzó sobre ella tras un directo desde la plaza Tahrir. Un momento especialmente peligroso es el fin del aid el adha, la fiesta del cordero. En la de este año, varias asociaciones de mujeres denunciaron cientos de actos de agresión sexual, realizados sobre todo por grupos de adolescentes.

Según un estudio publicado en 2010 por el Centro Egipcio por los Derechos de las Mujeres (CEDM) y el UNFPA, un fondo de la ONU, casi la mitad de las egipcias declara sufrir el acoso sexual de forma diaria, y hasta un 83% lo ha experimentado alguna vez en su vida. La cifra asciende hasta el 98% en el caso de las mujeres extranjeras que viven en la capital egipcia. A pesar de que no existe un estudio comparativo, numerosas mujeres que han vivido en varios países de la región sostienen que El Cairo es la ciudad donde está lacra es más aguda.

“El acoso puede adoptar aquí muchas formas diferentes: miradas lascivas, piropos desagradables, silbidos, tocamientos, e incluso el seguimiento, ya sea en coche o a pie”, explica Dalia, de 22 años. “Un tipo muy característico de Egipto es el acoso telefónico. Hay hombres que marcan números al azar, en busca de alguna chica. Cuando dan con ella, pueden llamarla hasta 30 o 40 veces al día”, añade. Ante la ineficacia del auricular protector, ha desarrollado otras técnicas para estos casos, como la simulación de voces masculinas, o la descarga de una aplicación de móvil que permite bloquear las llamadas de números concretos.

Si bien el acoso sexual no es un problema nuevo, se ha ido agravando progresivamente durante las últimas tres décadas hasta convertirse en una verdadera plaga. Entre los factores que se suelen apuntar para explicar este fenómeno, figura la frustración sexual que genera una sociedad cada vez más conservadora, mezclada con la amplia difusión de vídeos eróticos a través de la televisión por satélite o de Internet. Por ejemplo, en el popular satélite Hotbird existe al menos una quincena de canales eróticos en árabe.

Asimismo, se señala al hecho que el elevado desempleo juvenil haya retardado sustancialmente la media de edad de matrimonio, sobre todo entre los hombres. Sin embargo, algunos expertos discrepan de estas explicaciones. “El verdadero motivo es la falta de respeto y consideración hacia la mujer y sus derechos. Los acosadores no son solo jóvenes solteros, sino también casados, maduros, e incluso niños”, asevera Rasha Hassan, una de las investigadoras que realizó el estudio del CEDM.

“El acoso cuenta con alto grado de aceptación social, y por lo tanto, de impunidad. Para muchos, es una especie de demostración de hombría”, apostilla. Ante una situación de acoso, explica Rasha, la mayoría de mujeres opta por un silencio incómodo. Pero aquellas que alzan la voz, y reprueban al agresor su conducta, raramente encuentran el apoyo de sus conciudadanos. Tampoco cabe esperar mayor comprensión por parte de la policía, pues los informes señalan a los agentes como uno de los colectivos más propensos al acoso, junto a estudiantes o taxistas.

Una de las más manidas justificaciones de quienes disculpan estos comportamientos pasa por atribuir la responsabilidad a las víctimas, sobre todo a su manera de vestir. No obstante, los datos refutan este lugar común. En el completo estudio del CEDM, un 72% de las víctimas usaban el hiyab o velo islámico. Ni tan siquiera las que usan el niqab, el velo integral, se libran. De hecho, parece difícil recurrir al argumento de la provocación cuando es muy raro ver algún hombro desnudo en las calles de El Cairo, por no hablar de pantorrillas…

Sin embargo, poco a poco, la sociedad está empezando a concienciarse del problema. “En 2006, cuando empezamos nuestro trabajo, era un auténtico tabú. Ahora, muchas organizaciones han lanzado campañas, y los medios de comunicación, e incluso el cine, lo han abordado. Las actitudes están empezando a cambiar”, se felicita Rasha, que colabora como voluntaria en Harassmap, una de las múltiples nuevas iniciativas que proporciona ayuda a las mujeres agredidas. Y como muestra de este nuevo clima, El Cairo 678, un atrevido filme egipcio de una mujer que, harta del acoso diario, decide tomarse la venganza por su mano.

A pesar de que la solución pasa por un profundo cambio cultural, más allá de las campañas de sensibilización, es necesario también un cambio legal. “En el código penal, no está tipificado un delito de acoso sexual. Lo está la violación y el “asalto”, pero este ni tan siquiera está claramente definido”, explica Dina Hussein, una abogada miembro del Consejo Nacional para las Mujeres. Tras una petición oficial del Consejo, el primer ministro, Hisham Kandil, anunció en noviembre que el gobierno estaba preparando una ley que establezca el acoso sexual como delito, castigándolo con severas penas.

Parte de la solución puede surgir también de la actitud rebelde de las chicas de las nuevas generaciones, como Dalia. “La próxima vez que sufra algún tocamiento, no me quedaré de brazos cruzados. Pienso presentar una denuncia. Tenemos que luchar por nuestros derechos”, dice con una mirada que destila determinación.

Recopilación de noticias del Elpaís.com

Ssociólogos

Artículos, opiniones, textos, libros, entrevista, videos... sobre diferentes temas de interés.

Comentarios de Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para mejorar la mejor experiencia delusuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies