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La dominación horizontal, el afecto y la vida cotidiana

Algunos autores sostienen que el común denominador de estas épocas contemporáneas, es que no existe una opresión o una dominación social que sea totalmente visible y directa. De hecho, es muy común encontrar en torno a ello la afirmación de que hoy por hoy existe una dominación social sumamente difusa y altísimamente compleja. Una dominación que muchas veces suele expresarse sin unas jerarquías sociales del todo claras y que es muy difícil de identificar. Una dominación que, aun así, se halla muy presente en todos y cada uno de nuestros actos cotidianos, incluso en aquellos que están íntimamente ligados a nuestra parte afectiva o a esa parte que de una u otra forma da lugar a nuestras emociones. Tal es, en cierto grado, el pensamiento de un autor como David García Casado (2009), o de un autor como Juan Carlos Tedesco (2003).

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Los planteamientos de dichos autores, cabe decir, bien pueden ayudarnos a llegar a tres conclusiones generales, tres conclusiones con las cuales podemos llegar a entender los nuevos fenómenos y las nuevas formas en las cuales se desenvuelve la dominación en estos días que corren. Una de dichas conclusiones, cabe agregar, tiene que ver con la forma en la cual se expresa la dominación en su sentido más general en el mundo de hoy, otra de ellas, nos habla acerca de qué es lo que provoca que la dominación tenga las características que actualmente tiene. Ahora bien, con el fin de ir directamente al punto central, dichas tres conclusiones generales que atañen al fenómeno de la dominación, a saber, son las siguientes:

1) En torno a la cuestión de cómo se expresa hoy por hoy la dominación social, de acuerdo con David García Casado (2009), nos encontramos con el hecho de que este mundo actual en el que nos movemos a diario, ejerce una represión, o un dominio difuso que ya no se caracteriza, como en otros tiempos, por la usurpación o la transgresión de los derechos fundamentales, sino por la contención y la homogeneización de nuestras pasiones (Guerrero: 2013). De modo que a través del control de nuestras pasiones y de nuestros deseos, las formas difusas de dominación actual tienden a contenernos. Tienden a procurar que nos mantengamos inmersos dentro de ciertas líneas de acción por más que a veces creamos realizar actos radicales o de protesta, y tienden, a  su vez, a reprimir al máximo posible nuestra participación en la realidad social y en la política del mundo.

2) La otra cuestión es que, ya sabiendo cómo se expresa hoy por hoy la dominación, es decir, que se manifiesta de forma difusa, la pregunta que surge, no es propiamente la de quiénes son los que dominan o manejan los hilos del poder en este mundo neoliberal, sino la de qué provoca que hoy por hoy la dominación tenga dichas características difusas y homogeneizadoras. Pues bien, si indagamos un poco, de acuerdo con Juan Carlos Tedesco (2012), nos encontraremos con el hecho de que la sociedad actual se caracteriza por la adopción de unas relaciones sociales predominantemente horizontales. Dicho autor, para ser más exactos, afirma que la sociedad en general ha adoptado una organización horizontal, donde lo importante no es tanto el lugar en la jerarquía sino la distancia con respecto al centro de la sociedad. De modo que el alejamiento de los centros de poder, de los medios de comunicación, o de los centros de enseñanza que dan un título determinado, entre otros, son los que nos alejan de la verdadera participación ciudadana en el mundo y los que nos mantienen, por tanto, bajo ciertos márgenes de control.

De modo que hasta este punto tenemos que hoy por hoy la dominación social no se presenta bajo la antigua forma  del “capitalismo industrial tradicional”, que incluía a las personas a partir de vínculos de explotación-dominación (Tedesco: 2003). En lugar de ello, es decir, en lugar de incluir, el mundo actual excluye, y dicha exclusión no jerarquizada es la que hace difusa a la dominación y la que mantiene a los individuos viviendo en un palacio de cristal, un palacio en el que nos mantenemos de cierta forma reprimidos y bajo control aun cuando a nuestro alrededor existe la apariencia de hay mucho ante lo que podemos elegir (Vásquez Rocca, 2011).

3) Ahora bien, hay que dejar en claro que, a partir de los dos puntos anteriores, no se quiere decir que ya no se estén vulnerando los derechos fundamentales o que ya no haya explotación, más bien al contrario. Claro, lo que sucede es que ahora los derechos se vulneran ante el consentimiento de una persona que pone su firma en un contrato y que lo hace por miedo a ser deportada o alejada de su familia o de su grupo de pares o, en suma, excluida del centro de la sociedad.

La dominación horizontal también se expresa en el afecto y en las relaciones sociales de cercanía

Antes de relacionar este tema que estamos tocando con la parte afectiva o incluso con la parte sentimental del ser humano, no hay que olvidar que un concepto general o una forma muy usual de entender la dominación, es aquella que nos dice que una dominación social es el control que una persona, o un grupo o una institución determinada, tienen sobre otro individuo, otro grupo u otra institución. Hoy día, por cierto, y como ya se ha mencionado en líneas anteriores, ese grado de control no se manifiesta, como antes, en la trasgresión directa y clara de los derechos fundamentales, sino que se disfraza, y se presenta bajo la amenaza de exclusión y alejamiento. De ahí que se opte por hablar de una dominación horizontal.

Ahora bien, para entender cómo un mundo que basa su sentido del poder y del control ya no en la jerarquía sino en la exclusión ha permeado incluso la parte emocional de las personas, hay que tener en cuenta alguno que otro punto general. De acuerdo con Jahir Navalles (2011), por ejemplo, tenemos que en la cultura occidental el afecto se basa en relaciones de cercanía social, y bajo ese paradigma siempre hemos vivido, es decir, que la dirección a la que apuntan nuestros afectos es hacia los inventos occidentales de cercanía. Entre dichos inventos, por cierto, tenemos la familia, la procreación, o la patria, unos inventos sociales que han sido institucionalizados a lo largo de la historia. De esta forma, dentro de las concepciones occidentales, el afecto existe, casi que de una forma muy exclusiva, en relación a la cercanía, una cercanía lo más palpable o lo más grupal posible, y todo aquello que no tenga esa cercanía nos genera cierta indiferencia, como lo podrían ser las personas de un país lejano, o una cultura lejana.

El afecto, por su parte, es reconocido hoy por hoy como un elemento esencial de la vida cotidiana. Tanto que es de opinión común que un mundo que aboga por el individualismo y la competitividad como valores fundamentales, requiere para sus miembros altos grados de afecto. Ahora, más allá de que en este mundo exista o no afecto, o de que este sea más o menos intenso o más o menos valorado que antes, y más allá de su verdadera importancia en la sociedad, lo que me interesa, de momento, para los fines del presente artículo, es invitar a la reflexión sobre cómo las nuevas formas de relacionamiento horizontal y sus respectivas exclusiones, han permeado la vida cotidiana y afectiva de las personas. No es nada raro, en torno a lo que se refiere a dicho tema, ver relaciones de pareja en las que cuando hay peleas o discusiones, ambos miembros que conforman la relación (o alguno de los dos), tienden a excluir y alejar al otro como forma de castigo. Bloquear las llamadas, o los mensajes de texto o no hablarle a una persona, por tanto, es, en realidad, y hoy por hoy, una forma de excluir a dicha persona para lograr cierto poder sobre ella.

En el mismo núcleo familiar, de hecho, se pueden presentar casos de personas que se excluyen. Un ejemplo puede ser el de un padre y un hijo que ya no se hablan por una determinada razón, ni se contestan ni siquiera las llamadas, eso sí, nunca han llegado a palabras soeces, pero no hay ningún contacto entre ellos. Sí, vivimos en un mundo en el que no solo se le puede negar un trabajo a alguien por pertenecer a una zona periférica de una ciudad (exclusión horizontal y estratificada), sino en un mundo en el que una persona bien puede llegar a amenazar a otra con eliminarla de su cuenta de Facebook o Twitter para mantener sobre ella cierto control. Un mundo en el que los distintos tipos de dominación, ya sean estas burocráticas, tradicionales o carismáticas, es decir, a la manera en que las tipificó y entendió Webber, no tienden a ejercer control incluyendo y vigilando como en los inicios de la modernidad occidental, sino excluyendo y alejando. Un mundo, en suma, con un gran temor a la exclusión social.

No por nada se dice por ahí, en la calle, y de boca en boca, que la muerte ya no es el principal de los temores sociales e individuales de hoy en día, sino el miedo profundísimo y aterrador de ser excluido o rechazado.

Conclusión:

Acerca de temas como la dominación o la exclusión social, existe hoy por hoy una amplia bibliografía desde las ciencias sociales en general y desde ramas específicas de la sociología como la de sociología del conflicto. Esto es así, porque el poder es uno de los principales paradigmas de occidente. La cuestión, sin embargo, que nos interesa por el momento, es la de que hoy por hoy el poder se expresa en forma de una dominación horizontal. Una dominación que tiende a excluir a las personas o a los grupos para mantener un control determinado sobre ellos. Una dominación que puede encontrarse asimismo en la misma forma en la cual se desenvuelve la vida cotidiana e incluso en la misma forma con la que expresamos y compartimos a diario nuestros afectos.                                          

Columnista Miguel Ángel Guerrero Ramos

Bibliografía:

García Casado David, (2010). “La resistencia no es modelo sino devenir. Crítica de lo radical contemporáneo”. Revista estudios visuales, número #7: Retóricas de “La Resistencia”.

Guerrero, Miguel Ángel, (2013). El mundo de hoy y los entornos virtuales. Editorial Eumed.

Tedesco, Juan Carlos (2003), “Los pilares de la educación del futuro”. Debates de educación, Barcelona, Fundación Jaume Bofill, Universitat Oberta de Catalunya, 2003 [http://bit.ly/XIIAb0], fecha de consulta: 12 de diciembre de 2012.

Navalles Gómez, Jahir, (2011): “Acercamientos a la distancia social”, En revista Athenea Digital – 11(2): 173-190 (julio 2011).

Vásquez Rocca, Adolfo, (2011). “Sloterdijk; psicopolítica, de las memorias del subsuelo a la Posthistoria. Eikasia”. En Revista de Filosofía, año VI, 36.

Bibliografía extraída de Internet:

Definición de dominación: http://www.definicionabc.com/social/dominacion.php

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Comentarios 1

  1. Natalia Pérez Gamero

    Buen artículo. Sin embargo discrepo, sin querer entrar en conflicto, en el concepto donde se trata a la familia y a la procreación como un invento occidental de cercanía. La reproducción es una de la funciones vitales del ser humano. La especie debe continuar, y la familia, al menos la unión con los procreadores, es algo instintivo. Al margen de la sociedad y en ella el hombre sigue siendo un animal.

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