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Domenico De Masi: “Brasil es el país de los sociólogos”

En su nuevo libro, el pensador italiano afirma que la humanidad necesita crear un nuevo modelo de vida que ofrecezca un mayor bienestar y que Brasil puede inspirar al mundo.

Domenico De Masi

Brasileños, desde hace un tiempo, han llegado a ver la sociología en todo – incluso en los adolescentes que realizan los “rolezinho”. Quizás es una característica del país. “Mientras que en Francia prevalen filósofos, economistas en Inglaterra, en España escritores, músicos en Alemania, en Brasil destacan sociólogos y antropólogos”, dice el italiano Domenico De Masi, 75. De Masi, que también es sociólogo, es un conocedor de Brasil. Sumido en obras de autores fundamentales para entender el país, como son Gilberto Freyre, Darcy Ribeiro y Sérgio Buarque de Holanda. La admiración por Brasil está presente en su nuevo libro: El futuro ha llegado – Modelos de la vida de una sociedad desorientada (Casa de la Palabra, 768 páginas, £ 68).

VINTAGE – Entre los autores brasileños que ha leído, ¿Cuál le ha impresionado más? 

Domenico De Masi – Brasil ha tenido la suerte de haber tenido en el pasado y el presente un alto nivel intelectual, que diseñó la identidad y alabó los valores brasileños, ganando el respeto en todo el mundo. Mientras que en Francia prevalecieron los filósofos, economistas en Inglaterra, en España escritores, músicos en Alemania, en Brasil prevalecieron sociólogos y antropólogos. Brasil es el único país que tuvo un gran sociólogo de la Presidencia – y dos veces. Por lo tanto, y debido a su inmenso patrimonio cultural, espero que sean intelectuales brasileños quienes guíen la expansión de un modelo de desarrollo global necesario para superar la desorientación de nuestra sociedad y dar una dimensión unificada y global a las distintas regiones de la Tierra. Li y yo nos enamoramos del pensamiento de muchos intelectuales brasileños, pero dos de ellos me enriquecen de una manera particular: Darcy Ribeiro, que no tenía tiempo para reunirse, pero que lo lía todo, y Oscar Niemeyer, que tuve una profunda amistad con él. Ambos dieron un valor incalculable para dar al mundo la excelencia de la contribución creativa de Brasil.

Usted dice que Brasil es materialmente rica y rico de esperanzas, por lo que tiene algo que enseñar al mundo. ¿Y los países que han eliminado la pobreza, tales como Japón, Canadá y los países escandinavos? ¿No son los mejores ejemplos? 

Japón, Canadá y los países escandinavos tienen mucho que enseñarnos en aspectos económicos y sociales para ayudar a construir el nuevo modelo que el mundo necesita. Pero no vive sólo de pan, y no es sinónimo de bienestar de los consumidores. La felicidad de un pueblo y la excelencia de su estilo de vida no dependen sólo de la riqueza. Los japoneses tienen un PIB per cápita de 46.000 dólares, pero se suicidan con tanta frecuencia que en el año 2007, el gobierno japonés se sintió la necesidad de publicar un Libro Blanco anti suicidio. Bután tiene un PIB per cápita de sólo $ 2,400, pero en el índice de la Felicidad Interna Bruta (FIB), que incluye la calidad del aire, la salud de los ciudadanos, los ecosistemas, la educación, el desarrollo de las comunidades locales y la riqueza de las relaciones sociales. Con base en el PIB, este pequeño estado es uno de los más pobres de Asia. Si tenemos en cuenta la FIB, ocupa el primer lugar en el continente y el octavo en el mundo.

¿Qué Brasil puede contribuir? 

Brasil tiene un PIB que le sitúa en el sexto lugar en el mundo (según datos de 2012 del Banco Mundial, Brasil tiene el séptimo PIB mundial) , y, con sus 12,6 mil $ de PIB per cápita, puede presumir de tener aspectos cada vez más escasos en todo el mundo y es cada vez menos despreciable, la construcción de una nueva forma vida para los recursos económicos. Creo que la mezcla de razas junto con el bajo nivel de racismo, sincretismo cultural, el amor por el cuerpo, la sensualidad, la calidez, la musicalidad, la propensión brasileña de asimilar los aportes de los extranjeros, la hospitalidad, la espontaneidad en lo nuevo y lo diferente, la tendencia a ver la realidad con un pensamiento positivo, la capacidad de considerar las fronteras fluidas entre lo sagrado y lo profano, formal e informal, público y privado, lo emocional y lo racional. A todos estos elementos positivos ya presentes, hoy añadimos dos: aumentar la conciencia de los grandes retos que hay que afrontar y superar en el país – la corrupción, la violencia, la desigualdad, los déficits educativos – y la percepción, de ser un país diferente y fuerte, capaz de proponer, incluso en el extranjero, con orgullo, su manera de ser.

¿Cuál era su objetivo de identificar 15 modelos de sociedad? Los modelos sin duda nos ayudan a entender el pasado. ¿Entender nos ayuda a mejorar el futuro? 

Cada sociedad ha formado la base de un modelo existente. La Edad Media cristiana se estructuró en la predicación de Cristo, elaborada por los Padres de la Iglesia de Oriente y la doctrina occidental. La sociedad musulmana nació y se desarrolló después del patrón dictado por Mahoma y los califas que le sucedieron. La sociedad de Estados Unidos se fundó sobre la base de un modelo que influye gradualmente en todo Occidente y que tiene inspiración protestante, puritano y en las ideas de la Ilustración. El modelo liberal que prevaleció en el siglo XIX y sigue afectando a nuestra economía y nuestra política se deriva del pensamiento de John Locke, Adam Smith, Alexis de Tocqueville y otros. La sociedad soviética trató de construir el modelo concebido por Marx, Engels y Lenin. No hay un modelo de vida pasada o presente capaz de hacer felices a los hombres que los haya adoptado. Pero tenemos el deber de hacer frente a la plenitud de la vida, mediante la mejora de los modelos que no nos satisfacen. No estoy convencido de que el bienestar económico es un objetivo colectivo que debe ser asumida por el Estado, mientras que la felicidad debe ser una meta personal que se ajuste sólo al alcance individual. Yo creo, sin embargo, que el individuo no puede acercarse a la felicidad plena, si el contexto social en el que vive es violento, injusto, inicuo, desconcertada, negativo, depredadora. Por lo tanto, el Estado debe garantizar las condiciones esenciales para todos los ciudadanos a cultivar la felicidad misma.

Entre los modelos que haya dividido la humanidad, algunos producen más pobreza. Otros producen más abundancia. ¿Esto no indica una clara superioridad de unos sobre otros modelos? 

Los modelos japoneses y protestantes producen más riqueza, pero los diseños clásicos produjeron el humanismo más católico. El modelo de los Estados Unidos produce más guerras que el de Brasil, que a su vez es más dinámica y positiva que el modelo italiano y francés. Los modelos politeístas son menos intransigentes que monoteístas. Los 15 modelos analizados tienen cualidades y defectos. Ninguna sola es suficiente para guiar la sociedad post-industrial, portador de necesidades sin precedentes en relación a otras generaciones.

Sugiere que la humanidad debe adoptar un nuevo modelo. ¿Pero no sería más sencillo copiar o mejorar lo que ya existe? 

Es necesario establecer un modelo capaz de garantizar la mayor suma de felicidad posible para la sociedad post-industrial. Sin este modelo, no sabemos dónde ni cómo utilizar los recursos que nos permitan llegar hasta allí. Una vez elaborado el modelo ideal del futuro, corresponderá a cada comunidad mejorar el modelo defectuoso actual, adoptándolo con el fin de cercarlo al ideal. Cada modelo actual o del  pasado, siendo resultado de un proyecto largo, una larga reflexión y de muchas pruebas, tienen algo bueno que debe ser incorporado en el nuevo modelo. Hasta ahora un “poder fuerte”, como Roma, Gran Bretaña o Estados Unidos, prepararon un modelo y exigió a todos los países colonizados adoptarlo. Hoy en día, contamos con las condiciones tecnológicas y sociales que permiten el diseño de un nuevo modelo, como puede ser la información en Wikipedia y redes sociales.

Usted dice que el nuevo modelo incorporará los valores de los antiguos indios brasileños. ¿Cómo es esta idea?

En la mitad del siglo XIX, la ciudad más industrializada del mundo era Manchester (Inglaterra) , donde se emplearon sólo el 6% de los trabajadores. En las actuales fábricas post-industrial, un tercio de los trabajadores desarrollan actividades creativas. Los otros dos tercios se dedican a actividades ejecutivas de tipo físico o intelectual, diseñado para ser absorbido por las computadoras y los robots. En un futuro próximo, como había predicho el economista británico John Maynard Keynes a finales de 1930, sólo hay un trabajo creativo, mientras que la mayoría de los trabajadores tendrán que trabajar más de 15 horas por semana. En gran parte del mundo, la relación entre el tiempo y la vida va a ser muy similar a la de los indios, centrados en rituales y en actividades estéticas. Cuando se señala a la nueva forma de vida, también incorporar estos valores, los brasileños se sentirán orgullosos de los antepasados ​​indígenas que hoy se avergüenzan. Y nada evitará que nuestros nietos añadan beneficios de ocio creativo, el sentido estético y el conocimiento indígena de los beneficios a la ciencia y la tecnología post-industrial. 

Artículo traducido por Ssociólogos. Noticia original en portugues: epoca.globo.com

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Comentarios 3

  1. Camillo César Alvarenga

    Olá, sou brasileiro e cientista social e deixo aqui algumas palavras…

    Indícios para uma Sociologia dos móveis: sobre quando a ciência transborda.

    Por Camillo César Alvarenga*

    Para quando algo nos atravessa e nos transborda, a Sociologia existe. E em primeiro lugar, a sociologia não é res acadêmica, ela existe e acontece fora da academia, assim como a língua se transforma na fala, antes que na escrita. A sociologia é uma forma de pensamento e criação apolínea para um conteúdo de sentido dionisíaco, a vida em sociedade. Assim, para fazer sociologia é preciso ter talento, não digo dom, que fique claro, e se calhar, ser um sujeito de gênio, nem que seja de gênio ruim, como se diz. Ao lado desta quase (in) vocação, é uma condição de existência, procurar reaprender a escrever, quiçá, qual um Machado de Assis, sendo exigente, se for possível, ou então, considere desistir, por que senão, será muito difícil, além de torcer para possuir uma veia anárquica, uma dimensão espiritual zen-budista e um misticismo pessoano, senão ao menos como saber compreendê-lo.

    Para quando se dedicar aos estudos, é mister saber driblar as más traduções, passar através das fronteiras das línguas estrangeiras, e assim através das fissuras teóricas por meio das precariedades metodológicas, substancialmente sair dos escombros epistemológicos das ciências, deuses meus, das ciências humanas e sociais, só assim poderemos explodir, as atomizadas estruturas de conceitos e categorias logicamente aglutinadas em formas de textos, teses de departamentos universitários que nos impedem de hipotecar essa tia velha, que se tornou a sociologia acadêmica, esta filha caçula e bastarda da Modernidade.

    Que por ainda não atingir a puberdade, não pode ainda se livrar do paternalismo dos três porquinhos, da ação preceptora da escola de Chicago, este blefe da imperialista ciência norte-americana, para encontrar-se como sua atualidade em terras menos dogmáticas e universidades subvertidas, para exprimir em forma manifesta seu teor de uma revolução subvertedora como uma faiscante centelha incandescente na dimensão perpendicular da espiritual alienação do mundo horizontal, de uma ideologia ocidental estacionária, neste bus stop em que a modernidade – ficção mal escrita – nos encalhou, numa história que o autor sem saber ver aonde vai dar, não pode continuar.

    Por isso, nos tornamos reféns de uma cultura das (re)tomadas, incessantes retornos à Grécia, depois ao Renascimento, ao primeiro modernismo das vanguardas que por isso, não são indícios de um novo tempo, mas sim os últimos sinais do que foi e o queria ser a civilização europeia centro-ocidental, que não foi mais nada depois das Guerras, e tornando-se um aparentemente conjunto labiríntico de escombros, e não um labirinto no sentido mítico de Dedalus, mas sim, um mundo empírico feito de ruas, avenidas e vielas. Por tudo isso, não haverá um novelo para nos conduzir para fora dessa fantasmagoria, por que ela foi construída por nossa inteligência racionalista instrumental, sobre a qual, só posso falar da arte, que mesmo absurda em alguns momentos, não parece assustada com os assombros da razão, esta que sublimada numa espécie de transe da loucura, foi apenas pelas artes conduzida ao nirvana.

    É por esse conjunto, que se a sociologia quiser ser realmente necessária, ela tem que ser a precisa operação de uma razão nirvânica, deve elevar-se e ao homem no transe da razão alcançando, pela força gravitacional que rege as órbitas, a esfera em que se supere a reprodução, assim como na arte, que seja possível, não só repensar a sociedade, mas sim, e verdadeiramente, através de uma práxis da poiesis sociológica : 1) recriar; 2) reinventar e, só aí, fecundar e fundar uma vida sobre outros paradigmas, novos pressupostos e perspectivas genésicas e genéticas sociologicamente originais.

    Neste momento, a vida social, se esfumaça diante do sociólogo, a modernidade enevoou as lentes, desfocou a luneta. O primeiro passo para a sociologia, agora, é o religare com a Literatura. Mas não aos modos da antropologia, mas como ao modo de escritura de um Guimarães pela sua vocação narrativa ou Ferrez, em seu realismo delirante, é preciso encontrarmos o grau zero da escrita sociológica. Os sociólogos, no seu afã de busca pela objetividade, distanciaram-se tanto da sociedade, que quando no retorno à ela, eles são tão estranhos à sociedade a que pertencem e ela tão diversa dos tipos ideias, que ele constrói para compreendê-la, que já se encontram suficientemente academizados que a desconhecem. Assim transformaram a sociologia, uma ciência em estado de anomia, por razões óbvias, em uma total anomalia intelectual, que virou um grande ornitorrinco do mundo científico, munindo-se de conceitos e formulações teóricas das mais variadas vertentes das ciências que se chegou ao ponto de encontra-se: 1) iludida pela modernidade; 2) confundida pela complexidade; 3) encastelada pela academia; 4) consumida pelo capitalismo.

    É evidente que é preciso, na sociologia nascer alguém como o Niemayer foi para a Arquitetura. Já que o pensamento social europeu é senão uma panaceia, e em especial, os franceses são bons em si mesmos. Já que para um francês é fácil fazer sociologia relendo Durkheim, Levi Strauss, etc. não há como fazer pior. Nesse sentido, o Bourdieu construiu uma “jaula de ferro” para a sociologia moderna, tão estrutural e semântica, sintaticamente teórica que ao erguer as grades para o pensamento social, engendrou um não lugar para pensar reificadamente, um sem número de experiências sociais.

    Os autores de uma velha sociologia, essa razão de temperamento sórdido, diante da qual só nos resta sermos irônicos, frente ao anacronismo de uma visão reduzidamente histórica, quase cômica, se a Modernidade não tivesse se tronado essa trágica experiência descontinua e transhistórica, em melhores termos, circular, cíclica. A conserva moderna se radicaliza em fantasmagoria, enquanto, paradoxalmente, se sublima e depura sedimentando fundações enferrujadas, extrapolando as barreiras legais e institucionais do capitalismo endógeno à modernidade.

    A convulsão em forma de desgaste, tédio extraordinário de uma época parasitada pela retomada, pelo vintage que impede a fuga desse labirinto ideológico, psíquico, mas também material e miseravelmente monumental. O estruturalismo é a maior fraude moderna, já que as estruturas modernas estão em ruínas e suas causas e consequências são manifestas e seria demasiado cansativo expô-las aqui, apenas atento para a distorção do mundo real, como indicação da natureza dos fenômenos aos quais me refiro.

    Por exemplo, se um mundo racionalizado, ou seja, pensado cientificamente pelo e para o individualismo, como se pode pensar ou observar uma sociedade em classes, grupos sociais, ou tribos identitárias? Ou seja, “toda tentativa de explicação histórica relativa esbarraria nas maiores dificuldades, e isto principalmente em razão daquele contraditório e raro sentimento coletivo de individualismo feroz que caracteriza sua gênese.”

    O único aspecto, que importa hoje, é recobrarmos aquilo que nos distingue, a originalidade. Precisamos voltar a dar saltos, saltos qualitativos, o que a ciência evolucionista coisificou, já que a modernidade é, ou se tornou, a maior expressão da destruição da Europa por ela mesma, e isso amplificado ao mundo ocidental, e depois a todo o globo pelo imperialismo estadunidense.

    Entretanto, seguimos carregando traumas, os mais cruéis, principalmente a colonização em África, Ásia, Oceania e América Latina. Sobre esse abalo profundo, derivado de um esmagamento cultural, o escamoteamento da personalidade e temperamento autêntico dos povos desses continentes, desvirtuados de seus aspectos originários, de modo a serem levados à uma combinação aleatória e a contragosto de uns com os outros, com seus modos operandi e cosmovisões por vezes incompatíveis e tão diversas, esfaceladas e reestruturadas em infinitas diásporas, estas irremediáveis e irreversíveis.

    Toda essa síntese multiétnica, assim como a síntese epistemológica dos “clássicos” foi senão, a apoteose decadente de tudo o que a sociologia podia fazer e não o fez. A teoria social hoje foi incapaz de superar a “tradição” em escombros na qual insistem em se sustentar os atuais esforços em ritmo de teorias ditas contemporâneas, que de atualizadas nada possuem, além do rótulo que orgulhosamente carregam e os estandartes acadêmicos atrás dos quais covardemente se encastelam dentro do espaço e do tempo corrompidos e vistos pela persiana mais alta da torre em que de forma utensilhável se inutilizam, pouco a pouco, ou diria, aos bocados.

    O intelectual pragmático se serve do banquete burocrático e inconfessadamente se desqualifica para a vida existente fora das redomas da corte fatigada das cabeças pensantes e pesadas pela ornamentação bibliográfica que se imobiliza nas transcrições mais inseguras de matrizes teóricas alheias e os mais gasosos métodos liquefeitos onde elas se dissipam sob a forma de uma reprodução assistida e insistentemente repetida nos últimos 200 anos.

    Transformando-se, dessa maneira a ciência, num sistema social imperialista, atestando uma cena vegetativa de uma intelectualidade em coma induzido pela razão instrumental que, não se preocupa com outra coisa, além da manutenção da sociedade estabelecida. Então para deixar visível a dinâmica ambígua que aspirando à uma hiperciência da Era Moderna, os esforços de tais sociólogos em adornar de efeitos semânticos e metafóricos as construções, ou melhor, reconstruções de seus modelos teóricos e em geral hagiográficos, se mostra improfícuos.

    Meu pensamento me leva a Joseph Beuys e a sua noção de “escultura social” à procura de condensação e deslocamento. Essa é a única ortodoxia que conheço, em todo resto, sou heterodoxo, não liberal, mas como dizem, libertário, ou seja, um mosaico mental, onde a sociologia deve construir uma obra habitável e sensível, mas não só, também orientada por um gravidade de ser ao mesmo tempo radar e satélite, e o fato social um ponto móvel capaz de ser capitado por um Gps sociologicamente fundamentado – nisto consiste a verdadeira sociologia.

    Uma obra sociológica que, sob o efeito da impulsão da energia estética da descarga do relâmpago a um só tempo rígido e antiacademicista, seja capaz de plasmar um vetor criativo, no qual o melhor será sempre aquele algo que nos ensina o equilíbrio e a radicalidade combinadas numa potência intelectual transformadora capaz de romper as estéreis premissas e as fraturadas estruturas modernas, com fissuras tão latentes que a seiva escorre como um sangramento fetal.

    Hoje em dia, somos obrigados a reconhecer Z. Bauman como referencial teórico para a sociologia, não há nada mais absurdo (!) do que estes intelectuais sectários adotados por seitas partidárias e grupos decadentes organizados por trás, ou na frente, de estruturas engessadas, que ossificam a descontinuidade e negam a circularidade ignorando a SOCIOLOGIA DOS MÓVEIS, a meu ver já tão evidente quanto as deficientes, inábeis e imprevidentes formas sociológicas instituídas, em franca bancarrota e já distantes de alguma chance de amortização de sua dívida com a sociedade.

    Assim, a ineficiência da administração ou da economia em lidar com questões sociais, ou as contradições e a alma corrompida da ciência política, o imperialismo e o espírito colonialista da antropologia, sucumbem diante da falência da história, do jugo do totalitarismo das ciências duras, tudo isso se apresenta frente à sociologia, que tratou de complexificar os fragmentos, ou seja, torná-los impossivelmente reorganizáveis, e desde então se passou a tentar classificar, discriminar os homens e a humanidade em classes, raças, castas, etc. nunca mais encontrando um ponto comum no universo da ordem social, depois da sociedade moderna, que antes era arrebanhada em tribos, feudos, clãs, etc.

    Antes do capitalismo de grandeza multiescalar, as sociedades em estado anímico. Depois ergueram os três porquinhos, suas casas, pouco ou a pouco, inabitáveis, fica-nos a questão: em qual tenda nos abrigar? Entre os três, quem sabe eu me pareça mesmo é com G. Simmel, que antes mesmo de Bourdieu e seus estudos sobre arte, o alemão fez do Rembrandt uma exemplo de antinomia. Entre o positivismo comteano ou materialismo histórico, o primeiro, pai mental do Durkheim, enquanto Weber vai aos poucos se neutralizando a si mesmo, tornado-se um expurgo ideal, a não ser pela sua religiosa visão sobre como os luteranos tinham uma vocação pra além-cristo e aquém-líder carismático, de guardar dinheiro. Eu estou mesmo é interessado em tipos móveis, desterritorializados, autônomos, mas, sobretudo prudentes e sóbrios distantes de engajamentos alienados e escolhas alienantes, vejo de forma eminente, os albores de uma nova sociologia no Brasil, uma sociologia por dignidade latino americana, criada pela nossa realidade para a compreensão de uma realidade maior, o mundo social, político e cultural, de forma imprudente, produzido pela modernidade, essa madrasta.

    *Camillo César Alvarenga Bacharel em Ciências Sociais na Universidade Federal do Recôncavo da Bahia(UFRB) e Mestrando em Sociologia na Universidade Federal da Paraíba (UFPB). Escreve com frequência no Blog: scombros.blogspot.com

    email: ccsalvarenga@gmail.com

  2. José Augusto Camargo

    Guia de leitura para conhecer o Brasil (e os brasileiros)

    Além de Gilberto Freyre, Darcy Ribeiro e Sérgio Buarque de Holanda (citados por Domênico de Masi na entrevista acima) recomendo a leitura da obra de Florestan Fernandes, Octavio Ianni, Raymundo Faoro e Caio Prado Junior.
    Oriundos de matrizes intelectuais diferentes, marxistas alguns, webwriano outros, todos estes pensadores fizeram profundas reflexões sobre a “civilização brasileira”.
    Também é importante apontar o grande livro “Os sertões” do jornalista Euclydes da Cunha, de formação positivista, que construiu um verdadeiro panorama da religiosidade, sociedade e mentalidade do camponês do nordeste brasileiro ao relatar a Revolta de Canudos, ocorrida entre 1896 e 1897. a qual noticiou como correspondente de guerra para um jornal de São Paulo.
    Em minha modesta opinião, estes são os fundadores da sociologia brasileira.

    José Augusto Camargo
    jornalista e sociólogo

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