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Economía, mercado laboral y variables intervinientes

En no pocas ocasiones la economía se reduce al simple intercambio de bienes  y servicios, o, en el caso del mercado laboral, al simple intercambio de la fuerza de trabajo. Son dos las grandes corrientes de pensamiento que tratan de dar explicación al funcionamiento del mercado de trabajo. Por un lado, la visión neoclásica o convencional, en la que los trabajadores y empresarios/empleadores actúan a partir de sus propias decisiones individuales (individualismo económico), bajo conductas de racionalidad económica, y en el que la fijación de los salarios viene determinada por el simple juego de oferta y demanda de trabajo. Por el otro, la visión macroeconómica, que observa la realidad económica como un ente más complejo y que encuentra su razón de ser en la demanda agregada, entendida ésta como el conjunto de distintos elementos, tales como el consumo de las familias, la inversión de las empresas, el gasto público y la diferencia entre exportaciones o importaciones (saldo neto del sector exterior). Si bien hay otras visiones de la economía laboral, las citadas son las que predominan en el discurso económico.

El mercado de trabajo desde un punto de vista estructural

Fuente: Banyuls, J., Cano, E., Pitxer J.V., Sánchez, A. (2005): Economia laboral i polítiques d´ocupació. València. PUV. Pág. 108 (Gráfico 1).

Ahora bien, desde nuestro punto de vista, si bien ambas corrientes citadas pueden tener elementos a ser tomados en consideración, abogamos por otra visión del funcionamiento del mercado de trabajo. ¿Por qué realizamos esta afirmación? Porque este reduccionismo dista de acercarse a la realidad que nos rodea: hay otras variables o factores que entran en juego y que no deben dejarse en el olvido. Aspectos como la demografía, los comportamientos de las familias, el sistema formativo, el tejido económico existente (bien por especialidad productiva, bien por tamaño empresarial, por citar dos ejemplos), la gestión de la mano de obra o de los Recursos Humanos, el peso de la negociación colectiva… todos ellos, gozan de un peso en el funcionamiento de la economía y del mercado laboral. Vemos así que son muchas las variables-fuerza que intervienen en este complejo proceso de intercambio de demanda y oferta de trabajo.  Es más, dicha situación a la que hacemos mención no es ajena a otra realidad. Hablamos del territorio, del espacio geográfico donde tiene lugar dicho intercambio ¿acaso es similar la situación en un municipio, por ejemplo, del interior de la comunidad autónoma extremeña al de una gran capital de provincia? Por formular algunos interrogantes, el tejido económico o sistema productivo en una determinada región ¿presenta especialización en algún producto, bien o servicio o se opta por una mayor diversificación productiva? O, ¿qué estrategias sigue dicho sistema productivo? ¿Se centra en competir en el mercado vía precios o vía calidad? ¿Estamos ante actividades que requieren de mayor inversión tecnológica o, por su lado, hacen un uso intensivo de mano de obra? Asimismo, ¿esas empresas cuentan con suficiente mano de obra para cubrir las vacantes? Y si es así, ¿requieren de mano de obra con determinadas cualificaciones o una formación específica? ¿Existe en ese territorio un sistema formativo local que pueda suministrar mano de obra cualificada al tejido económico? Y, por supuesto, ¿qué papel juegan en todo esto las políticas regionales y de desarrollo local? O, ¿la red institucional que va más allá de las relaciones económicas pero que influyen en el terreno económico, y que forma parte de la generación y difusión del conocimiento, a la par que genera el desarrollo del capital social y relacional? Dicho esto, hay que ser conscientes de que cada territorio presenta unas peculiaridades y una idiosincrasia, con su propia estructura productiva, su mercado de trabajo, una determinada capacidad empresarial, un know-how, una dotación de recursos naturales, una tradición y cultura, así como un sistema social y político propio. Y dada la no uniformidad entre territorios, el desarrollo de cada uno de estos, debe ser ajustado a las peculiaridades inherentes a éste.

Podrían formularse más preguntas al respecto, pero lo que parece dejar patente esta serie de interrogantes es que el reduccionismo en la Economía, y posiblemente en cualquier otra rama de la ciencia, puede ser una actitud desacertada. La apertura de miras desde la ciencia económica debería estar presente en todos los Centros de formación o Universidades así como en los centros de decisión de las políticas públicas, de ahí que la recomendación en la formación de equipos multidisciplinares debería ser acogida como un valor añadido, ampliando la visión de la Economía con las aportaciones de la Sociología, la Psicología Social, el Derecho y las políticas socio-laborales…

Óscar Muñoz González

Licenciado en Derecho y licenciado en Ciencias del Trabajo.En esta última se amplió mi campo de visión gracias a la variedad de disciplinas que oferta: Economía, Sociología, Dirección de Empresas, Políticas Públicas sociolaborales, Derecho del Empleo o Psicología Social. Posteriormente, continué mi especialización con el Máster de Empleo y RRHH y con el Máster en Gestión y Promoción del Desarrollo Local. En la actualidad, entre consultoría y consultoría, doctorando en Ciencias Sociales, abordando cuestiones relacionadas con la economía, el trabajo y la formación. Toda mi trayectoria académica ha transcurrido en la Universitat de València.

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