Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial.

Donella Meadows y otros, 1972

Casi medio siglo después de la publicación del informe Los límites del crecimiento de Donella y Dennis Meadows, expertos como Íñigo Capellán-Pérez y Margarita Mediavilla siguen confirmando con nuevos estudios no solo la validez de aquella predicción sino también advirtiendo que podríamos estar más cerca que nunca de cumplirla. Los pronósticos van desde los más pesimistas, según los cuales una caída abrupta de las sociedades industriales comenzaría antes de terminar esta década, hasta los más optimistas dentro de lo realista, que sitúan una caída más gradual y escalonada a partir de ~2030. No obstante, aun la bajada más gradual que podamos imaginar no será tan pausada como la subida. Es lo que Ugo Bardi y Gail Tverberg llaman respectivamente el «efecto Séneca» y los «ciclos seculares».

shape-of-typical-secular-cycle

 

En el caso del agotamiento de los recursos fósiles, ya es un secreto a voces que nos estamos acercando a gran velocidad al pico de producción de la mayor fuente de energía y de riqueza conocida que es el petróleo, también llamado peak oil, combustible que sostiene casi todas las infraestructuras que hoy conocemos y tras el cual se sucederán progresiva o repentinamente el resto de picos: el pico del gas, del uranio, del carbón, del metal, etc. Huelga decir que combustible siempre habrá en términos geológicos, pero lo que cuenta es que su extracción será cada vez más cara en términos económicos. El ritmo del declive dependerá en última instancia de la reacción de un sistema financiero que ya estaría mostrando algunos signos alarmantes de una futura recesión: deuda global en niveles históricos, salarios y precio del petróleo en descenso, etc. 

 

tverberg-estimate-of-future-energy-production

El peor escenario posible, aunque para Tverberg el más probable 

Sea como fuere, autores como Antonio Turiel y Gail Tverberg coinciden en que las energías fósiles y nucleares de extracción «barata» no tardarán en escasear y que las energías renovables no bastarán para satisfacer ni una cuarta parte de la demanda actual de energía. Un descenso anticipado de manera asamblearia por los habitantes de cada municipio sería hoy por hoy la alternativa más deseable, aunque difícilmente la más probable. Con los datos en la mano, no creo estar planteando un falso dilema si digo que o lo hacemos por las buenas, ahora y de manera horizontal, o lo tendremos que hacer por las malas, después y de manera vertical. 

¿Es posible evitar el decrecimiento con nuevas energías y/o tecnologías? Seguramente no. A pesar de ello, todavía permanece en el imaginario colectivo un malentendido sobre el pasado que es preciso hacer notar, aquel que sostiene que las nuevas fuentes de energía fueron sustituyendo a las antiguas conforme estas se iban agotando y que, por esa misma razón, ahora es de esperar que ocurra lo mismo con los combustibles fósiles, pero nada más lejos de la realidad. Primero porque eso no fue lo que ocurrió, y segundo porque incluso si fuera cierto, del hecho de que el petróleo y el gas natural hayan alargado algo más de un siglo la fiesta del crecimiento iniciada por el carbón no se deduce que existan combustibles alternativos de similar rentabilidad energética. 

De la misma manera que el aumento del consumo de carne en el paleolítico no reemplazó a los vegetales, sino que aportó proteínas de mayor valor biológico a nuestra dieta, el petróleo y el gas no vinieron a sustituir a una industria del carbón agonizante, sino a complementarla, aumentando así el consumo total de energía que demandaba el metabolismo de unas sociedades adictas al crecimiento. La prueba de que el carbón no había llegado a su pico en el siglo XIX está en que la producción no ha parado de crecer en las últimas décadas a un ritmo nunca visto. Además, el carbón tampoco reemplazó a la madera, del mismo modo que la energía nuclear ni las renovables reemplazarán al petróleo. En el mejor de los casos lo complementarán durante unos años hasta que este llegue a su cenit y las arrastre con él. 

En otras palabras, todos esos recursos se han estado explotando solapadamente, y cuando los combustibles fósiles alcancen y sobrepasen su pico de producción mundial, cosa que nunca antes había ocurrido con ninguna otra fuente, no solo no aparecerá nada parecido que los sustituya sino que afectará irremediablemente al resto de energías, ya que todas, tanto antiguas como modernas, se han estado beneficiando de su extraordinario aporte material y energético, de la misma manera que le ocurriría a los biocombustibles si otras fuentes energéticas como el agua (peak water) o el suelo cultivable (peak soil) comenzasen a declinar. 

Por primera vez en la historia de la humanidad se quiere hacer una transición renovable partiendo de un descenso de las fuentes que alimentarían esa transición. Es de un tecno-optimismo que ignora la Historia; propio de quizás el mayor sesgo cognitivo y mito cultural que hoy nos coarta los verdaderos cambios a los que tenemos que adaptarnos. 

Carlos de Castro, 2014. 

¿Está la política preparada para el decrecimiento? No. Y no solo la política conservadora, sino tampoco la progresista. Ni siquiera el socialismo -el real, el de los teóricos y el de los prácticos que lo llevan a la práctica- defiende el decrecimiento. Al parecer las dos corrientes políticas más importantes de Occidente, el liberalismo y el socialismo de Estado, siguen creyendo en el crecimiento económico y en la expansión territorial como la mejor solución a nuestros problemas, igual que lo hacen las plagas cuando el medio y las circunstancias les son favorables. Incluso otros socialismos denominados acrecentistas, ecopolíticos, estacionarios o ecosocialistas, a medio camino entre el crecimiento por el crecimiento y el decrecimiento por el decrecimiento, siguen a pesar de su inventiva y buena intención enmarcados dentro del statu quo, toda vez que refuerzan consciente o inconscientemente la existencia de la mayoría de las estructuras e instituciones sociales que han defendido el socialismo y el liberalismo de toda la vida, las mismas que nos han traído hasta aquí, como pueden ser el Estado, la burocracia, los parlamentos, la ley, la propiedad privada, el mercado, la moneda –tanto la única como, ahora, la «social»-, el trabajo asalariado, el economicismo, la ciudad, las fuerzas armadas y de seguridad, la escuela, la cárcel, el patriarcado, el progreso tecnológico, los medios de comunicación de masas, la industria, la hiperespecialización, la división del trabajo en compartimentos estancos, la estratificación social, el centralismo y la jerarquía. Instituciones sin las cuales no habría sido posible sobrepasar los límites biofísicos del planeta y con las cuales, por lo tanto, es muy probable que sigamos sobrepasándolos hasta que nos quedemos nunca mejor dicho sin gasolina. 

Si incluso el presidente amigo de la Pachamama, el indigenista Evo Morales, ha sucumbido a los cantos de sirena no solo del gas y del petróleo sino también de la energía nuclear, ¿qué cabe esperar aquí en España de los socialistas Pablo Iglesias (Podemos), Pedro Sánchez (PSOE), Alberto Garzón (IU) y Florent Marcellesi (EQUO), políticos aún más «civilizados» que sus homólogos del sur? Otro tanto cabe decir de José Mujica, autor de grandes discursos ambientalistas en la ONU y considerado por muchos como uno de los pocos presidentes admirables que quedan, a pesar de que, según la página web Uruguay Sustentable: por un país productivo y sustentable, su gobierno ha apostado claramente por el crecimiento, impulsando la industria forestal, la megaminería, las plantas regasificadoras, los biocombustibles y el sector de las «renovables» (véase al respecto la crítica de Amorós), todo ello sin descuidar las buenas relaciones con las petroleras, con afirmaciones por parte de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos tan reveladoras como esta: “No queremos petróleo y crecimiento a cualquier costo sino con desarrollo sustentable, justicia social…”, etcétera. 

Comoquiera que se piense acerca del modo de repartir los bienes en nuestro mundo moderno, tanto los seguidores como los oponentes del socialismo están de acuerdo en el requisito previo para la solución de tal problema. Este requisito previo es la producción. (…) Prodúzcase para vender, o prodúzcase para repartir, el proceso de producción en sí no solo no es discutido por ninguno de los dos lados, sino venerado, y no se exagera si se afirma que, a ojos de la mayoría, hoy tiene algo de sacro. 

Elias Canetti, 1960. 

Tal como los políticos y los economistas occidentales –incluidos los de la economía ecológica- plantean los conceptos de «crecimiento sostenible», «crecimiento selectivo» y «crecimiento cero» es un oxímoron, una contradicción en sí misma. Seguir en la senda del crecimiento cualquiera que sea su reformulación burguesa –crecimiento indiscriminado o selectivo, del PIB o del PIB verde, basado en bienes materiales o en bienes relacionales, los del norte y los de sur o solamente los del sur- no es deseable y pronto dejará de ser posible. Y lo que es peor, cuanto más dure el intento peor será la bajada. Afortunada aunque desoídamente, muchas voces cercanas al ecoanarquismo llevan proponiendo desde hace tiempo que el único camino razonable a seguir no es crear más puestos de trabajo en «sectores estratégicos» o ser más competitivos con el exterior sino repartir autogestionadamente el trabajo que existe, prescindir de aquellos oficios que consideremos insostenibles a medio y largo plazo –estoy pensando en gran parte de los sectores secundario y terciario-, propiciar el éxodo urbano, cuestionar y abandonar en lo posible la mayoría de las instituciones actuales y redistribuir una riqueza que, querámoslo o no, está obligada a menguar. En definitiva, el 99% del pensamiento de izquierdas que vemos por televisión, leemos por Internet o escuchamos por la radio no va –y no podrá ir nunca, por sus propias limitaciones teóricas intrínsecas- a la raíz del problema, es decir, a los límites físicos de nuestro entorno y a las estructuras sociales y los hábitos mentales que nos precipitan contra ellos.

Conclusión: 

Decía el sociólogo Peter L. Berger que “las instituciones proporcionan procedimienos de actuación a través de los cuales la conducta humana es modelada y forzada a marchar por canales considerados como deseables por la sociedad. Y este truco es llevado a cabo haciendo que dichos canales le parezcan al individuo los únicos posibles”. Pese a que no hay razones para suponer que esta vez vaya a ser diferente, cabe preguntarse si algún día seremos capaces de resocializarnos colectivamente, de reiniciar la partida, de salirnos conscientemente de esos raíles que ya estaban ahí cuando nacimos y que no elegimos. El humanista tiende a creer que es posible, pues tiene fe en que la «humanidad» todavía está a tiempo de tomar conciencia, de evitar lo peor, como si las especies y las sociedades tuvieran los mismos atributos y capacidad de reacción que los individuos. Por el contrario, el determinista tiende a preferir hablar de mitigación a pequeña escala, de pequeños frenos de mano, habida cuenta de que ningún comportamiento ejemplar ha detenido jamás la marcha del mundo. El decrecimiento vendrá, a la romana o a la The road, y lo único que está en nuestras manos es decidir de qué lado queremos estar.

Para saber más:

Si deseas profundizar, una manera amena e interesante de hacerlo es viendo alguno de estos documentales: What a way to go: life at the end of Empire (2007), Punto ciego (2008), No hay mañana (2012), Stop! Rodando el cambio (2013), Decrecimiento: del mito de la abundancia a la simplicidad voluntaria (2014). Si estás buscando un acercamiento rápido al problema, te recomiendo el de 2012. Si por el contrario buscas un planteamiento más holístico y no tienes prisa, prueba con el de 2007. Y si lo que más te interesa son las soluciones, difíciles en cualquier caso, entonces échale un vistazo al de 2013. 

Bibliografía: 

Imágenes: Gráfico 1 y Gráfico 2

Amorós, Miguel. 2013. “Capital viento: ¿por qué las centrales eólicas?”, Metiendo Ruido, 24 de septiembre [en línea]. 

Bardi, Ugo. 2013. “The punctuated collapse of the Roman Empire”, en su blog Resource Crisis, 15 de julio. 

Berger, Peter L. 1963. Invitation to sociology: a humanistic perspective, Anchor Books, New York, pág. 87. 

Canetti, Elias. 1960. Masa y poder, Alianza Editorial, Madrid, 1983, pág. 187. 

Capellán-Pérez, Íñigo y otros. 2014. “Agotamiento de los combustibles fósiles y escenarios socio-económicos: un enfoque integrado”, Energy, septiembre [PDF en línea]. 

De Castro Carranza, Carlos. 2014. “¿Soluciones tecnológicas? El caso de las renovables y la permacultura”, en el blog Grupo de Energía y Dinámica de Sistemas, Universidad de Valladolid, 12 de octubre. 

Meadows, Donella y otros. 1972. Los límites del crecimiento, Fondo de Cultura Económica, México, págs. 24-25.

Turiel, Antonio. 2014. “Post de resumen: los límites de las renovables”, en su blog The Oil Crash, 28 de agosto. 

Tverberg, Gail. 2014. “Ten reasons intermittent renewables (wind and solar PV) are a problem”, en su blog Our Finite World: exploring how oil limits affect the economy, 21 de enero. 

  1. “Converging energy crises – and how our current situation differs from the past”, Our Finite World: exploring how oil limits affect the economy, 29 de mayo. 
  1. “WSJ gets in wrong on «Why peak oil predictions haven’t come true»”, Our Finite World: exploring how oil limits affect the economy, 6 de octubre. 

Uruguay Sustentable. 2014. “Uruguay invirtió 7000 millones de dólares en energía para el desarrollo”, 25 de junio [en línea]. 

  1. “DINARA solicitó a empresas de exploración petrolera información científica sobre plataforma marina”, 28 de agosto [en línea].
Hugo Cristian González Mora

Autor del blog Los monos también curan desde 2008, colaborador de Ssociólogos desde 2014 y próximamente también de la revista digital Divulgares. Gran autodidacta y mejor persona. Amo de casa por elección y filósofo caído por resignación. Teórico del macropesimismo y mesías invertido cuyo motor de existencia es ir diciendo por ahí que el progreso es un mito y que se avecinan tiempos demasiado interesantes, razón por la cual trabaja desde 2012 en el borrador de un ensayo de libre acceso titulado Ave, Progressus: 50 razones que contradicen el progreso de la humanidad. Con ello pretende ganarse la vida si no honradamente al menos sí educadamente.

Comentarios de Facebook

Comentarios 8

  1. María Bejarano

    Me gustó el artículo. Pues sí, estamos mal al ritmo que vamos, creyéndose la sociedad esa cuestión del progreso interminable, fuente de la absoluta felicidad, que deviene en el consumo desenfrenado, cosificación del ser humano, depredación de la Naturaleza y todo lo que se habla y habla al respecto. Yo soy socialista y sí, la verdad, habría que ver qué tan sustentable puede ser ese desarrollo inclusivo que se anhela. La humanidad tiene sus ciclos de apogeo y decadencia, estamos pasando ahora por uno de decadencia. A veces soy la humanista, a veces la determinista que señala el autor, depende de cómo esté mi lado idealista, solo sé que me niego a perder la esperanza de que el mundo mejore, aunque yo no llegue a verlo.

  2. Hugo

    Hola, María 😉

    Me alegra que te haya gustado el texto. Lo he escrito con la mejor de las intenciones, como se suele decir. Si bien me considero bastante determinista y pesimista, supongo que siempre queda algo de esperanza hasta en el más desesperanzado. El acto de escribir es en sí mismo un acto de esperanza del que solo los muertos pueden desprenderse totalmente. Mientras respiremos, habrá cabida para la fe, para bien y para mal 😛

    Un saludo y a seguir bien!

  3. Alberto Fernández

    Estimado Hugo,

    Escribía el gran Popper en su maravilloso “La miseria del historicismo” que el gran pecado de las ciencias sociales, sobre todo de aquellas que toman la historia como base, es hacer inferencias al futuro partiendo del presente y el pasado. Su argumentación es bien sencilla, la validez de esos fútiles intentos de predicción son como los que realizan los astrólogos en sus horóscopos. Al hacerlo, al partir de estudios historicistas, no estamos teniendo en cuenta una variable clave, fundamental en el devenir de la historia, el estado futuro de la tecnología. Hacemos esas inferencias basándonos en el estado actual del arte y no en como este evolucionará en el tiempo. Por ello las predicciones en las ciencias sociales son totalmente vacías e inútiles.

    ¿Problemas energéticos en el futuro? ¿Por qué? Basta con que la tecnología descubra como hacer posible la fusión nuclear para obtener una energía inagotable y limpia. El tema de la escasez de los combustibles fósiles lleva dando la monserga desde los años 70 y cuarenta y cuatro años después, ni el petróleo se ha acabado ni se sabe realmente cuando se acabará.

    En referencia a los límites físicos de nuestro entorno, volvemos a la misma crítica de Popper, la tecnología futura. El entorno nos impedía volar y ahora volamos, nos impedía la comunicación casi instantánea y ahora tenemos internet, nos impedía ir al espacio y sondeamos las más profundas zonas del universo, acortaba nuestra esperanza de vida a los 45-50 años y ahora llegamos de media a los 70-80 años. Hace menos de 100 años, la preocupación por las especies era nula, ahora cuidamos e intentamos vigilar su estado con seguimiento GPS, almacenamiento de ADN, reproducción asistida en cuasi cautiverio, etc, etc.

    Ese sempiterno sentimiento de negatividad y pesimismo con la humanidad, sobre todo con el capitalismo y occidente, no lo entiendo y no lo comparto. Como afirma el psicólogo canadiense Steven Pinker: “Por muy malos que hayan sido los índices de violencia en el siglo XX, eran mucho peores en las sociedades primitivas…”

  4. Florent Marcellesi

    Estimado Hugo:

    El artículo es bastante bueno. Pero la frase donde me citas es por su parte desafortunada. De hecho, tu artículo defiende exactamente la tesis que llevo promoviendo desde hace años -lo cual me alegra- pero por una razón desconocida me achaca exactamente lo contrario.

    Aquí tienes algunos enlaces para que puedas corregir y actualizarlo.

    Mis escritos sobre decrecimiento:
    http://florentmarcellesi.eu/tag/decrecimiento/

    Mi libro “Adiós al crecimiento”:
    http://florentmarcellesi.eu/2013/05/28/nuevo-libro-adios-al-crecimiento-vivir-bien-en-un-mundo-solidario-y-sostenible/

    Mi defensa del peak oil explicado por Antonio Turiel:
    http://crashoil.blogspot.be/2013/12/el-peak-oil-entra-en-equo.html

    Si fuera poco soy uno de los protagonistas del documental “Stop! Rodando el cambio” que citas como fuente para profundizar!!

    Para cualquier aclaración complementaria, no dudes en contactar conmigo.

    Saludos,
    Florent Marcellesi

    • Hugo

      Hola, Florent. Encantado de conocerte 😉

      En primer lugar, gracias por lo de “bastante bueno”, je… Se agradece, especialmente después de haber dicho lo que he dicho de tu propuesta política. Si te he causado malestar, decepción o cualquier otra emoción desagradable no era mi intención. Creí conveniente ponerles nombres y apellidos a los partidos políticos, pero en cualquier caso no hay nada personal en mi crítica.

      Ahora bien, desde mi punto de vista, desde luego sujeto a error y corrección, no es del todo cierto que mi texto defienda “exactamente la tesis” que llevas “promoviendo desde hace años”. Tampoco es cierto, como dices en otro sitio, que “el autor simplemente nunca me ha leído”. De hecho, el que posiblemente nunca me haya leído eres tú, je… dada mi escasa notoriedad. Otra cosa es que te haya podido leer mal, o que haya podido sacar conclusiones apresuradas, pero que no te haya leído no es verdad. No tanto como para escribir tu biografía, je… pero sí lo suficiente, creo, como para afirmar que tu propuesta, aun siendo relevante en el panorama de las ideas, adolece de los mismos o similares problemas que el resto de teorías políticas que están sobre la mesa institucional, a saber: la no renuncia al Estado como medio de organización política y al mercado -regulado o no- como medio de intercambio, así como otras instituciones y estructuras que tienden igualmente a usar y tirar tanto los recursos de un territorio como a las personas que lo habitan, a pesar de las mejores voluntades de algunos de sus integrantes.

      La tesis principal que defiendo, dicho muy resumidamente, es que las buenas ideas siempre han sido y siempre serán incompatibles con el ejercicio del poder, porque este es en sí mismo acumulativo y derrochador de energía. Según esa tesis, es de esperar que la propia jerarquía, tamaño y constitución de los Estados sigan conduciéndolos primero al crecimiento, después al colapso y finalmente a la administración autoritaria del decrecimiento. Y por el camino, por supuesto, acertados discursos que al final solo servirán, involuntariamente quizá, para seguir dominando a los demás. En ese sentido, prefiero ser un descreído y equivocarme antes que arriesgarme a la posibilidad de que mi voto y mis ganas de creer acaben reforzando esa dinámica ancestral.

      Mi ciencia no es ni mucho menos exacta, pero se basa en la idea, espero que sensata, de que cuanto mayor sea el número de instituciones tradicionales que defendamos y practiquemos mayor será la probabilidad de seguir repitiendo los mismos errores, y creo que EQUO o cualquier otro partido político no podrá desprenderse del número suficiente. Una crítica similar, como ya se habrá podido intuir, la defiende también el anarcoprimitivismo.

      En cualquier caso, mi análisis es necesariamente superficial dado el espacio y el tiempo del que dispongo. De momento solo puedo sugerir la lectura de algunos de mis escritos para entender mejor por dónde van los tiros. No prometo tener razón, pero sí prometo discusión 😛

      Un saludo y a seguir bien!

      • Florent Marcellesi

        Gracias por tu respuesta y tus aclaraciones.

        Veo que hay dos debates distinto al que te refieres: 1) crisis ecológica 2) necesidad o no de un Estado.

        Tu crítica donde me citas se refiere (en el artículo inicial, no en tu respuesta) al primer debate (que centra lo grueso de tu artículo y dnd veo mucha similitud de pensamiento) y dices:
        “Si incluso el presidente amigo de la Pachamama, el indigenista Evo Morales, ha sucumbido a los cantos de sirena no solo del gas y del petróleo sino también de la energía nuclear, ¿qué cabe esperar aquí en España de los socialistas Pablo Iglesias (Podemos), Pedro Sánchez (PSOE), Alberto Garzón (IU) y Florent Marcellesi (EQUO), políticos aún más «civilizados» que sus homólogos del sur?”
        Como me has leído, entenderás que esta descripción no se corresponde en lo más absoluto a mis ideas (no defiendo el gas, el petróleo o la nuclear como alternativas de futuro y tampoco me he definido nunca como socialista ¿?). Esto es lo que me chirría xq pone el mismo saco ideas y propuestas bien diferentes, sin ni siquiera referencia alguna a algo que habría dicho o hecho que va en contra de la tesis sobre crisis ecológica que presentas.

        Luego está el segundo debate, en torno al Estado. Es un tema que me interesa muchísimo y de hecho he escrito lo siguiente. No sé si lo habías leído pero en base a esto me podrás decir las diferencias y convergencias que tenemos:
        http://florentmarcellesi.eu/2013/10/22/mas-alla-del-estado/

        Un abrazo,
        Florent

        • Hugo

          Hola de nuevo, Florent.

          No, no había leído tu artículo sobre el Estado y me ha parecido muy interesante, además de trabajado y con ideas muy acertadas, como la de relacionar el Estado con el capital. No obstante, y a pesar de que contemplas la posibilidad, tal vez a largo plazo, de “una sustitución del Estado por las comunidades autogestionadas”, finalmente concluyes que “es necesario pensar” a corto plazo “la institucionalización y generalización de las prácticas e iniciativas llevadas desde abajo”, lo cual se enmarca dentro de lo que en otro sitio has llamado “reformismo radical”. El Che Guevara, salvando las distancias, escribió una vez que “las federaciones deben constituirse de abajo hacia arriba por el voto popular y no de arriba hacia abajo desde dentro”, pero del dicho al hecho siempre hubo un trecho. Además, yo no quiero ir de abajo hacia arriba, sino de abajo hacia los lados, nunca hacia arriba, es decir, nunca hacia la jerarquía ya que esta, inevitablemente, crea minorías privilegiadas separadas ideológica y geográficamente del resto de la gente. El reformismo del presidente de la Primera República Española nos pone en antecedentes históricos. Tal como escribe María-Alice Medioni, “el pensamiento de Pi y Margall se asemeja al anarquismo. Pero se trata de un anarquismo reformista. Está convencido de que se debe llegar al anarquismo por la vía evolutiva, y el federalismo es para él un medio para alcanzar su ideal. Pero la contradicción de Pi y Margall radica en que se niega a destruir el orden establecido. Por eso condena el movimiento cantonal”. Una crítica más actual del reformismo puede leerse en mi post “Última llamada, un manifiesto reformista”.

          Otra crítica más general y más desarrollada que la mía puede encontrarse en “¿Revolución integral o decrecimiento?” de Félix Rodrigo Mora. Un fragmento: “En realidad sólo hay dos programas, sin terceras vías, el del poder y el de quienes negamos al poder, aunque el primero está muy desarrollado y el segundo por el momento manifiesta enormes carencias, vacíos y debilidades (…). La experiencia de más de 200 años de reformismo es que los reformadores jamás han logrado cambiar el sistema ni en lo más pequeño e insignificativo, pero éste sí ha logrado en todas las ocasiones ponerlos a su servicio, hacer de ellos sus agentes y servidores. Por lo demás, sólo se desea reformar lo que se pretende mantener y perfeccionar”.

          En cuanto a que nunca has defendido “el gas, el petróleo o la nuclear como alternativas de futuro” no lo pongo en duda. Me consta tu activismo. De hecho, en febrero de 2011 publiqué en mi blog, por ejemplo, la traducción que hicisteis del informe “21 horas”, del cual discrepo ahora por dar por sentado la validez, sobre todo, del trabajo asalariado. Lo que cuestiono, por lo tanto, es la práctica futura, a nivel institucional, de esa defensa teórica de buenos propósitos. La historia política está llena de grandes promesas que o bien no se cumplieron o bien se cumplieron provocando males mayores.

          Respecto a que nunca te hayas definido como socialista no me ha impedido encontrar ciertas similitudes entre el socialismo tradicional y la ecopolítica, y concluir que esta última sigue siendo una forma –diferente, eso sí- de colectivismo de Estado, pese a sus posibles reformas e ideas acertadas. En cualquier caso, entiendo que las etiquetas nos molesten. A mí tampoco me haría mucha gracia que me llamaran anarquista, ni que me metieran en el mismo saco que otros anarquistas con los que no comparto cosas importantes, pero a veces es una licencia del lenguaje que puede resultar útil, siempre y cuando profundicemos en ella y no la usemos como arma arrojadiza, tal como defiendo en mi post “¿Soy anarcoprimitivista?”

          Por último, cuando dices que “hay dos debates distintos”, la crisis ecológica por un lado y “la necesidad o no de un Estado” por el otro, mi postura es que, a fin de cuentas, es el mismo debate. Todos los Estados han sido injustos y antiecológicos desde que aparecieron a finales del neolítico hace más de cinco mil años. Afirmar que esta vez puede ser diferente es legítimo, pero creo que la historia es insistente al respecto. Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.

          Mi propuesta, para que se me entienda mejor, es similar a la de John Holloway en “Cambiar el mundo sin tomar el poder”. Un abrazo y un placer contrastar ideas contigo, Florent. Espero haberme expresado con la claridad y el respeto que te mereces.

  5. Hugo

    Hola, Alberto!

    Antes de nada, agradezco tu interés tanto en el texto como en el tema. En cuanto a las discrepancias, al parecer son tantas y tan importantes que, honestamente, me veo incapaz de exponerlas aquí con el detalle y la inteligencia que se merecen. Una crítica a tu crítica lo más amplia posible (incluida algunas referencias a la última obra de Pinker) puede encontrarse en el borrador online de mi libro “Ave, Progressus: 50 razones que contradicen el progreso de la humanidad”. Eso sí, provisional y probablemente con no pocos errores y ausencias. Para críticas más detalladas sobre el tema que nos ocupa (peak oil, decrecimiento, etc.), puede uno profundizar en la bibliografía expuesta en este mismo texto. Para bien y para mal no soy experto en energías, de modo que las mejores réplicas a tus réplicas pueden encontrarse mejor defendidas en esos otros lugares, tanto si finalmente te convencen como si no. Aprendiz de mucho, maestro de nada, ese es mi sino!

    Agradezco en cualquier caso tu comentario. Sin desacuerdos no hay progreso en el conocimiento.

    Un cordial saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para mejorar la mejor experiencia delusuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies