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Del consumariado y el plusvalor | El valor de las tres A

El sociólogo belga Guy Bajoit  planteó en su libro “Todo cambia. Análisis sociológico del cambio social y cultural en la sociedad contemporánea” (2003) la instauración de una clase social identificada como “consumariado”. El ciclo de acumulación capitalista – basado en el crecimiento exponencial de riqueza y en la creación destructiva de desigualdad- muta de una fase productiva a otra financiera. Los activos del capital serían el principal motor de reinversión según David Harvey, sin embargo los actores sociales estarían evacuando del capital la generación de riqueza y plusvalor en función al trabajo y los excedentes de éstos, donde la energía vital aún es necesaria. La fuerza de trabajo, como principal fuente de energía del capital basado en la producción, sigue manteniéndose pero no es constitutivo en su relación con la riqueza.

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El consumariado, tiene en común el conformarse como clase más allá de la distinción entre clase para sí y clase en sí . Esta clase, anclada en los preceptos espaciales, opera en la superación de la relación entre necesidad y satisfacción de las mismas, interactuando en un universo abstracto de expectativas  hiperreales. El capital, desplaza su fuente de riqueza de la productividad a la financiarización, consecuente a eso, las clases sociales no pueden constituirse en base a la productividad, porque desde ahí no están generando la acumulación y excedente del capital que en definitiva es denominado como crecimiento compuesto (Harvey, 2014). Este consumariado participa en el circulante efectivo de dinero, en la medida que los medios para acceder a la compra son versátiles, flexibles, abstractos y dispuestos en el futuro. El crédito es la mejor forma de hacer explícita esta relación: se interactúa accediendo a un objeto determinado sin que el dinero funcione en el presente, salvo como operación de información económica que está circulando. El consumariado experimenta diariamente la satisfacción de necesidades en otro plano que nunca se concretarán del todo. Existen países que muestran una cierta estabilidad económica en la medida que la información-dinero pueda ser un circulante efectivo a través del crédito, sin que ello signifique un poder adquisitivo per cápita. Esto hace consistente a una clase social consumista que entrega plusvalor en el presente sin que el dinero exista ni esté dispuesto cabalmente como valor en sí.

En ese sentido, tal como diría Harvey (2014) “Lo que el dinero representa es el valor social de toda esa actividad, de todo ese trabajo. El «valor» es una relación social establecida entre las actividades de millones de personas de todo el mundo…. El dinero, podemos decir de entrada, es inseparable pero también distinto del trabajo social que constituye el valor. El dinero oculta la inmaterialidad del trabajo social (valor) bajo su forma material” (pp. 42-43)

El procedimiento del consumariado no se relaciona con el trabajo social representado en los objetos simbólicos. Los objetos simbólicos tienen un valor puesto en el mercado que funciona representando un valor abstracto en dinero, de una fuerza de trabajo que no es tal. Pensemos en las fábricas textiles de Bangladesh, la relación fuerza de trabajo- producto y valor, mantiene la lógica de plusvalor relativo en base al tiempo de trabajo, fuerzas y medios. Aún cuando eso genera riqueza, no es el mismo plusvalor del cual Marx nos señalara como proceso acumulativo del capital basado en la producción. El objeto-simbólico dispuesto en el mercado ya tiene un valor ficcionado – oculto- sin embargo el plusvalor, desplazado desde la producción al consumo, está en la medida que la clase consumista o el consumariado, pueda acceder a través del dinero de la manera más eficiente aunque este no exista en papel moneda. La relación que produce este plusvalor, se encontraría entonces en el imaginario, expectativas y formas de atracción que superan la relación objeto-sujeto entre consumariado y bien o servicio, haciéndose de esto una relación sumamente abstracta, atractiva y absoluta. Las tres a (abstracta, atractiva y absoluta) vincula un hecho ya reflexionado mucho tiempo atrás por Thorstein Veblen, cuando hacía mención al consumo ostensible.

La primera a: abstracción, no se desenvuelve en relación al valor abstracto del dinero. La comunicación entre dinero y consumo, remite a una segunda abstracción que tiene que ver con la disposición subjetiva de las personas, que hace inmediata una compra por la satisfacción de la misma, aunque la necesidad actúe de modo hipertrofiado. La atracción va en correspondencia a la satisfacción, aún cuando el trabajo desempeñado por las personas agote la energía vital y no tenga relación alguna con el acto de consumo. Tal como estableciera Luis Enrique Alonso (2005) en la era del consumo, la atracción se encontraría al centro en la medida que anula las circunstancias o los obstáculos para no consumir, emula y falsea el capitalismo destructivo y lo hace todo más agradable, potenciando los sentidos y cuestiones más elementales para potenciar la práctica de consumo. La metrópolis moderna hizo a través del consumo agradable la rutina espacial de vivir desplazándose diariamente en esta forma de ciudades. La atracción hace que la abstracción sea otra y supere con creces el acto de consumo como tal. Finalmente Absoluta, porque remite a una conexión superficial no obstante profunda a nivel religioso por parte de las personas. Algo muy similar al intercambio de la secularización de la vida que Max Weber realzó como trasfondo de la ética protestante.

El plusvalor se va gestando a este nivel, y el circulante destaca por ser eficiente, efectivo y en términos luhmannianos: contignentes. Aunque podamos remitir a estas A para poder abordar el modo en que se va articulando en el presente, es necesario poder observar en profundidad aquel punto de fuga, excepcionalidad o agujeros negros que Marx halló en una fase de la acumulación del capital, basado en la producción y no en el consumo.

Harvey, D. (2014) Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, capitalismo /— 1.ª ed. — Quito: Editorial IAEN. 

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Gino Bailey Bergamin

Gino Bailey Bergamin. Revista Eltopo (www.eltopo.cl), Valparaíso, Chile. Sociólogo, Magister en Geografía y Procesos Territoriales, Universidad de Bolonia, Italia.

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