Recuerdo hace algunos años en mis clases de metodología de investigación en la carrera de sociología y más tarde durante los seminarios de investigación dictados en los postgrados que realizara, el llamado de los profesores, así como, de los autores de las lecturas asignadas a la definición de objetos de estudio desde criterios de objetividad y neutralidad. Si bien era reconocido el hecho de que la objetividad no era una categoría absoluta, nosotros «sujetos» científicos sociales debíamos establecer claras y marcadas diferencias con respecto a nuestro «objeto» de estudio, evitar involucrarnos y fundamentalmente limitarnos a la comprensión del fenómeno presentado.

La sociología del involucramiento

Desde aquel tiempo, esta perspectiva ya me generaba extrañeza, más tarde rechazo, orientándome finalmente por un camino propio en este transitar por la sociología.

Esta concepción de la sociología como una ciencia contemplativa, impenetrable e incapaz de transformar o en el menor de los casos incidir en la realidad social, desde mi perspectiva ha limitado sus posibilidades de desarrollo e impacto en la sociedad. En segundo lugar, considero que ha contribuido a la definición de una relación jerárquica con la sociedad, al considerar a la cultura, las instituciones, actores sociales y fenómenos como objetos; lo cual ha favorecido la consolidación del rechazo del conglomerado social al concebirse como una ciencia divorciada de las realidades concretas.

Finalmente, esta concepción inflexible del quehacer de la sociología y el direccionamiento metodológico ha dificultado a estudiantes y egresados la definición de ámbitos de investigación, al orientarles a colocar su atención en fenómenos desvinculados a su naturaleza, intereses, realidades y necesidades específicas.

Personalmente considero que la metodología de investigación no es algo que podamos encontrar en manuales, o que podamos aprender y reproducir a partir de nuestros apuntes de clases. Por el contrario, la metodología de abordaje en el proceso de investigación va a construirse de acuerdo a los objetivos propuestos,  así como, de las particularidades y necesidades que nos presenten y demanden los fenómenos en estudio.

Rechazo la idea de la separación, objetividad y neutralidad con respecto a nuestro estudio; por el contrario vindico el involucramiento y la afectación como el método de abordaje más efectivo. Investigar sobre hechos y fenómenos que no tienen que ver con nosotros, que no nos afectan o definen necesariamente tendrá como desenlace trabajos intrascendentes, incapaces de proporcionar respuestas a nuestras inquietudes, así como, incapaces de aproximarse a quienes afecta. Este hecho nos lleva necesariamente a la identificación, adopción, construcción e implementación de métodos de abordaje específicos que nos permitan captar las especificidades y complejidades de los fenómenos en estudio.

Pues contrario a lo que se nos ha dicho -que el objetivo de la sociología es la comprensión de los fenómenos sociales, es decir, una acción contemplativa, sin transformar la realidad- toda comprensión va a generar una reacción en quien comprende, por lo cual inevitablemente la comprensión de los fenómenos desde una perspectiva sociológica habrá de generar reacciones y acciones sobre el fenómeno comprendido.

En mi caso específico he transgredido todas las normas metodológicas descritas en los manuales de sociología y en las muchas clases y seminarios en los que se planteó la neutralidad metodológica. Por el contrario, mis ámbitos de investigación como lo son los estudios de género y la etnicidad, así como, mi eventual transitar por ámbitos como la comunicación, la estética, el amor y la sexualidad son necesariamente aquellos que personalmente me involucran y afectan, así como, aquellos fenómenos que afectan de manera directa a quienes me rodean, con quienes interactúo, fenómenos que puedo evidenciar, que despiertan emociones en mí cual sea su naturaleza, o sencillamente temas que me gustan o me interesan.

Por ello, la sociología contrario a las indicaciones de los manuales debe ser el arte del involucramiento, del sentir, del pensar, del reconstruir y construir, del proponer para el accionar.

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Esther Pineda

Socióloga egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Magister Scientiarum en Estudios de la Mujer (UCV), Doctorada en Ciencias Sociales. Fundadora de Esther Pineda G Consultora de Género y Equidad F.P. Conferencista, escritora e investigadora. Columnista en diversos medios venezolanos y extranjeros. Autora de los libros “Roles de género y sexismo en seis discursos sobre la familia nuclear”. “Reflexiones sobre Teoría Sociológica Clásica”. “Apuntes sobre el amor”. “Las mujeres en los dibujos animados de la televisión”. “Racismo, endorracismo y resistencia”. “Bellas para morir” y “Sobre mujer”.

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Comentarios 2

  1. Pilar

    Estoy completamente de acuerdo contigo, es una de las causas de que la sociología haya permanecido al margen de la intervención y de la práctica, lo cual me parece una contradicción bastante extraña. El uso de la sociología clínica como herramienta de intervención y de investigación es una propuesta para corregirlo.

  2. Nicolás Campoverde

    Es interesante tus comentarios, porque involucra lo que las ciencias de la complejidad y el pensamiento complejo lo colocan en la mesa de la reflexión, en donde el observador es un sujeto/actor activo de la investigación, él interviene con su carga socio-cultural, con su psicología (epistemología de segundo orden), el pensamiento de Antonio Machado, es interesante involucrar como premisa en la forma de investigación que propones «Caminante no hay camino, se hace camino al andar» esto es hay que ir armado para caminar y en ese camino utilizar lo que tenemos y lo que encontramos, hay que multifuncional, en este tipo de investigación, no hay un camino trazado con anterioridad, no hay método preestablecido, al que se debe seguir. El método se construye al final de la investigación, como una experiencia vivida, que ha arrogado un producto investigado en unas condiciones concretas, coyunturales.

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