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Tecnología e ideología: el mercado de trabajo del siglo XXI

La rápida incorporación al mundo del trabajo de las tecnologías de la información y la comunicación ha terminado por afectar y modificar la propia naturaleza de las relaciones laborales. Los cambios en el mercado de trabajo se deben a la influencia que las TIC han producido sobre la estructura ocupacional y las competencias profesionales de los trabajadores.

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Por un lado, la automatización está transformando la propia esencia de los puestos de trabajo; el segundo impacto se debe a la inmediatez, la simultaneidad y la seguridad que producen la microinformática y la internet en la gestión comercial y financiera de las empresas, lo que a la larga ha terminado por condicionar sus tamaños, estrategias e incluso su implantación geográfica. Como consecuencia de todo lo anterior estamos asistiendo a la incapacidad para adaptarse a los cambios acelerados que propone la nueva situación y por tanto a la decadencia de las posiciones de poder de los distintos actores que operaban hasta ahora en  las relaciones laborales, sobre todo en lo concerniente a las organizaciones sindicales, poniendo en cuestión su nivel de legitimación, eficacia y representatividad.

Efectivamente, las TIC ofrecen cada día más posibilidades de gestionar, producir y trabajar en formato on-line, de forma instantánea, evitando al individuo la necesidad de trabajar en un entorno físico concreto, con desplazamientos rutinarios concretos, horarios regulares y definidos y con la obligación de  interaccionar con otros empleados grupalmente. Esta nueva realidad, a la larga está modificando (junto con otras variables) la forma en que el individuo percibe su roll como trabajador/a. y su pertenencia a un colectivo de productores, poniendo en tela de juicio o simplemente ignorando la necesidad de reafirmarse como perteneciente a una colectividad donde compartir y defender intereses comunes.

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Además del impacto de las tecnologías de las comunicaciones y la información, actualmente es común considerar el trabajo como un elemento corriente de las relaciones de producción, y por tanto propenso a que actúe sobre él las leyes del mercado sin ninguna restricción o limitación.  Esto significa en la práctica la pérdida de poder de aquellos agentes que regulaban o negociaban las condiciones de trabajo y los salarios de la mano de obra, (sindicatos, patronales, gobiernos) mediante la necesaria negociación colectiva.

Como consecuencia de lo anterior el trabajo como institución central se está viendo relegada a un segundo plano, en la medida en que pierden importancia los agentes sociales y se constata la incapacidad de la economía actual para proveer de empleo suficiente a las nuevas cohortes que se incorporan a la edad activa de trabajar. El impacto de las TIC en la morfología de las empresas y de la gestión del sistema financiero, unido al cambio ideológico dominante que mercantiliza de forma radical el trabajo humano, son por sí mismos fenómenos que modificarán la realidad del mercado de trabajo global a lo largo del siglo XXI, actualizando, revisando y dando lugar a nuevos y apasionantes paradigmas en  el enfoque en la Sociología del Trabajo y del Ocio.

El roll de consumidor desde una doble perspectiva: in- out.

Desde una visión interna se ha producido un desplazamiento del roll de trabajador a un segundo plano, tomando mayor significación el estatus que el individuo logra como consumidor-cliente. Este nuevo roll preponderante de consumo es compartido y desarrollado tanto de forma individual como en familia, frecuentemente se consume y se comparte el tiempo de ocio-consumo con los miembros de la unidad familiar. El acto de consumo hace a veces compatibles los distintos papeles adoptados por los miembros de la moderna unidad familiar nuclear, ayudando a potenciar cierta cohesión interna de sus miembros al ejecutar en el mismo tiempo y espacio las actividades de consumo y ocio.

Desde una visión externa, el acto de comprar y consumir, en una palabra de compartir el tiempo de ocio en los espacios públicos en los que interactúan los individuos, (grandes centros comerciales, grandes almacenes, hipermercados, etc.) hace que estos compartan su identidad como consumidores.

Es una situación que podemos catalogar de  muy similar a la que se produce (o producía) en las grandes fábricas, centros de trabajo y factorías, cuando estas eran los ámbitos físicos donde se socializaba el individuo como miembro más o menos consciente de la clase trabajadora. Ahora, el lugar de la gran factoría con cientos de trabajadores interactuando lo ha retomado el gran-macro-centro comercial, por donde pululan y comparten experiencias cientos o miles de consumidores.

Las asociaciones de consumidores: la militancia del siglo XXI.

Hoy se dan las condiciones sociales y culturales idóneas para que la estructura social proponga constantemente la identidad de consumidor-cliente en detrimento de su identificación como obrero-productor, esta última ya no es una identidad que pueda ser mantenida y soportada como  preponderante por una sociedad postindustrial deficitaria en la creación de empleo, con cambios en la valoración cultural del trabajo como elemento de cohesión social indiscutible e instaurada en el individualismo y en una alta tasa de paro estructural que no parece tener fácil solución a medio y largo plazo.

Una perspectiva interesante a investigar es aquella que nos muestra cómo la identidad de consumo está siendo proyectada como colectividad central identitaria en la sociedad actual. Muestra significativa de ello es el hecho de que el asociacionismo y militancia en organizaciones de consumidores prolifera y son acogidas y apoyadas por las empresas, las administraciones públicas y las propias instituciones supranacionales. Tanto la sociedad civil en su conjunto como las instituciones sociales y políticas de la Unión Europea, las consideran necesarias como interlocutores en el desarrollo de modelos de consumo responsables, dicho modelo avanza asumiendo cada vez mayor protagonismo y visibilidad social.

Algo muy similar al comportamiento de los sindicatos en la época dorada del asociacionismo obrero cuando la interlocución con los agentes sociales formaba parte del eje central de las agendas gubernamentales de forma prioritaria y cuando las centrales sindicales contaban con millones de afiliados/as. El auge del asociacionismo de consumo contrasta con la decadencia del asociacionismo obrero.

La necesidad de proponer nuevos modelos de relaciones laborales para el S.XXI.

La desorientación en las formas de entender las relaciones laborales obedece al ritmo acelerado de cambio en los nuevos formatos empresariales y de competencias profesionales, así como en las características y los nuevos yacimientos de empleo y autoempleo, ya que el emprendimiento es un signo de los nuevos tiempos. Las organizaciones sindicales deben reinventarse, refundarse y abandonar sus trincheras ideológicas. Muy importante para su futura supervivencia sería el  dotarse de mayores referentes éticos que impidan una pérdida de prestigio y de confianza que en organizaciones de este calado y características son a la larga irreparables. Las centrales sindicales deben crear una acción sindical colectiva coherente, adaptada a los nuevos tiempos y a los perfiles del trabajador de hoy instalado de grado o por la fuerza en situaciones de debilidad negociadora. Sustituir y adaptar (con respeto y sin renunciar a nada)  consignas gastadas de tiempos pasados que ya no son referentes para la mano de obra tecnológica. El nuevo trabajador situado ante los retos y cambios de la economía global necesita referentes profesionales y respuestas sindicales novedosas que van más allá de disponer de una mera página web o de una dirección de e-mail. Mimetizarse con las estructuras de las organizaciones políticas conduce a la soledad.

El cambio en el mundo sindical debe ser interiorizado y generalizado, buscar de nuevo la difícil unidad obrera en un mundo tecnológico que propugna el individualismo laboral y la decadencia de la negociación colectiva, luchar para crear nuevas INTERNACIONALES basadas en la cooperación, la homogenización de la acción sindical, y saber integrar en el sindicalismo a los trabajadores de la Sociedad del Conocimiento y sobre todo saber integrar a los colectivos de desempleados como una realidad permanente  que nos acompañara en el futuro más inmediato.

Los sindicatos deben abandonar sus barricadas ideológicas. Los necesitamos.

El tratamiento de los conflictos laborales en la misma forma que se trataban en el silgo XIX aleja a los trabajadores de sus referentes naturales que son (deberían ser) los sindicatos de trabajadores. La lucha sindical siempre se caracterizó por innovar, por ir por delante de su contrario, por ser referente ético y moral de los suyos y buscar salidas racionales que toda la sociedad en su conjunto apoyó y asumió como propias. Los cambios que necesita el estamento sindical pasa por salir de las barricadas y mezclarse de nuevo con sus iguales, en darse un baño de realidad y quizás también en realizar una renovación en los equipos humanos y cuadros dirigentes surgidos “heroicamente” (nadie lo duda), tras la transición política de 1977.  En cierto modo se trataría de volver a los orígenes del sindicalismo desde el punto de vista ético con medios y modos de la economía globalizada y tecnológica actual. Presencia física y virtual en los centros de trabajo, tratamiento individualizado de los problemas, sindicalistas ejemplares, no profesionales, cercanos y efectivos en el tratamiento coherente de los problemas de los trabajadores.

Tiempos nuevos para nuevos modelos en las relaciones laborales, nuevas fórmulas de interlocución que deben ser repensadas y puestas en práctica, ya que el mundo del trabajo, y el nuevo trabajador tecnológico, necesita de una nueva identidad que haga resurgir el papel del trabajo como expresión del desarrollo humano y por otro lado defienda y represente de nuevo los intereses colectivos y a la vez heterogéneos de los trabajadores inmersos en el mundo virtual del siglo XXI.

Guillermo Garoz López

Licenciado en Sociología, Masters en RRHH y Docente en Formación Profesional; sus proyectos a medio plazo pasan por especializarse en Sociología del Trabajo y ejercer la formación. Ha sido colaborador del portal de contenidos Suite 101 donde ha publicado medio centenar de artículos de diversa temática casi siempre relacionados con el mercado de trabajo y la estructura socioeconómica. Trabaja desde hace 30 años para una gran empresa española del Sector Servicios en diversos puestos administrativos de menor importancia.

Comentarios de Facebook

Comentarios 3

  1. Rigoberto Chamorro

    Saludos Guillermo desde Quito, Ecuador, me parece excelente tu documento, estoy muy de acuerdo en lo que escribes; en mi país ha sucedido lo que dices y existe una clase social en las grandes ciudades como resultado de la migración campo-ciudad, que carece de educación y solo puede trabajar en la construcción vendiendo su fuerza de trabajo. En mi tesis de Sociología, (El Suicidio en la ciudad de Quito) hago referencia a las personas que se suicidan por ser marginadas de los puestos de trabajo debido a la tecnología y a la exigencia de las empresas en demandar personal mucho más capacitado tecnológicamente

  2. La tecnología digital también tiene ideología - Colombia Digital | Blogs El Tiempo

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