El espacio es uno de los lugares donde se afirma y ejerce el poder, y sin duda en la forma más sutil, la de la violencia simbólica como violencia inadvertida.

Pierre Bourdieu

La complejidad del fenómeno urbano invita a abordarlo desde todas las dimensiones posibles. Ofrecer un acercamiento sobre las problemáticas que surgen de la interacción de individuos en un territorio implica comprender procesos que involucran tanto las dimensiones objetivas/formales como las subjetivas/abstractas. De esta manera es posible dar una lectura de fenómenos urbanos en dos ejes: el del espacio y la subjetividad contenida en éste derivada de las interacciones sociales.

Fenómenos como la segregación urbana están insertos en esta línea formal/abstracta en donde los datos estadísticos sobre emplazamientos de ciertos sectores en zonas de un territorio nos ofrecen indicadores de cómo está configurada la segregación, sin embargo, esta dimensión no agota la explicación del fenómeno que requiere de un marco interpretativo mayor para entender a profundidad las relaciones que se manifiestan en la segregación y qué factores influyen y/o refuerzan estas condiciones.

Así parece fundamental abordar el fenómeno desde la dimensión subjetiva o simbólica también desde todas las aristas posibles, en este sentido el siguiente ensayo intenta esbozar la relación que guardan los discursos dominantes en la producción o reproducción de fenómenos de segregación o marginalidad urbana, pues encuentran lugar en los imaginarios colectivos y ayudan a construir o reforzar imágenes de ciudad que se manifiestan en las relaciones socioespaciales.

La dimensión simbólica de la segregación. Producción del espacio y ficción

Las manifestaciones sociales que pueden ser interpretadas como formas de segregación son, en muchas ocasiones objetivas, es decir, se puede encontrar objetualmente las formas de limitación de acceso a través de muros, acceso controlado a espacios, vigilancia excesiva, etcétera, sin embargo no son todas las formas de ejercicio de dominación del espacio, sino que existen otras más sutiles y que pueden ser mucho más efectivas que las primeras.

En este último punto, la representación geográfica sobre las zonas con mayor o menor grado de marginalidad se vuelve insuficiente para caracterizar el fenómeno que en los márgenes es difuso, porque no está claro dónde deben marcarse los límites, pero que puede ser explicado a través de otras formas de interpretación. En las siguientes líneas se abordará un acercamiento teórico sobre la dimensión simbólica o subjetiva de segregación para, posteriormente, introducirnos específicamente a las formas de ejercicio de dominación del espacio a través del discurso.

Para García Canclini, las ciudades son construidas también con imágenes, que son el reflejo del consumo de distintos tipos de textos: planos que sirven de representación de las calles, la televisión, el cine, la música, los medios de comunicación, las conversaciones con otros habitantes (García Canclini: 2005). Aquí, la ciudad es respuesta a una serie de ficciones, pero son estas mismas las que ayudan a constituir y construir la realidad de que forma parte. Para Saraví esta construcción se trata de proceso dialéctico entre las dimensiones objetiva y las subjetiva:

La dimensión simbólica de la segregación urbana hace referencia entonces a un proceso de construcción social por medio del cual se construyen, atribuyen y aceptan intersubjetivamente ciertos sentidos al y sobre el espacio. Este proceso de construcción social de sentidos es sin duda condicionado por las dimensiones objetivas de la segregación urbana; así por ejemplo, las áreas con alta concentración de pobres pueden asociarse con una serie de estigmas, temores, valoraciones, etc. Pero de igual manera, los sentidos socialmente construidos sobre ciertos espacios y sectores sociales, que logran cierta preeminencia en el imaginario social, pueden resignificar o significar de diversas formas aquellas dimensiones objetivas. (Saraví, 2008)

Saraví nos expone que el proceso de construcción social pese a que tienen una influencia predominante aquellos aspectos ya existentes en el individuo, como por ejemplo su lugar de nacimiento, no es determinante. Así, en teoría podrían surgir formas de resignificación de esas dimensiones. Sin embargo, asumiendo la postura de Bourdieu (1986) sobre el capital social, habría entonces que dejar claro que las estructuras preexistentes son mucho más sólidas que las resignificaciones que podrían producirse y que, por tanto, el mantenimiento de un imaginario es más sencillo de conservar que modificarlo.

Esta fuerza o imposición con la que se domina el espacio  Bourdieu la detalló de forma más o menos profunda a través de la relación entre el capital social y el territorio en su texto Efectos del lugar (1999), aquí expresa que existe una relación intrínseca entre el espacio social y el espacio físico y que quizá pudiera dejar más claro lo abordado líneas arriba sobre la persistencia del imaginario existencia por sobre las formas de resignificación:

La capacidad de dominar el espacio, en especial apropiándose (material o simbólicamente) de los bienes escasos (públicos o privados) que se distribuyen en él, depende del capital que se tiene. Éste permite mantener a distancia a las personas y las cosas indeseables, al mismo tiempo que acercarse a las personas y las cosas deseables […] la proximidad en el espacio físico permite que la proximidad en el espacio social produzca todos sus efectos al facilitar o favorecer la acumulación de capital social. (Bourdieu: 1999)

Esta definición, sin dar vistas formales o ejemplos sobre el fenómeno, expresa la forma de la producción de segregación socioespacial, en donde un grupo con la capacidad de acceder y dominar un espacio privilegiado, que a su vez lo ayuda a acumular capital, segrega y limita la experiencia de otro grupo vulnerable y sometido al primero a establecerse en un espacio con menor capacidad de producción de capital social.

Un ejemplo de estas formas de ocupación del territorio y de su relación con el capital social es posible hacerlo con las formas de discurso para describir ciertas zonas de una ciudad determinada, Bourdieu hace una diferenciación sobre espacio físico y espacio social, en donde el segundo en una suerte de construcción social imaginada influye en el primero (Bourdieu: 2010). El impacto de estos discursos tiene como resultado continuar con esquemas ya existentes sobre la ciudad y que se traducen en limitantes para la obtención de trabajo o de relaciones sociales distintas por lo que constituye una fórmula en donde disminuye la posibilidad de construcción de capital social para quienes son discriminados por el lugar que habitan y favorece por tanto a la segregación. Habitar o no habitar en una zona limita o acrecienta la capacidad de un individuo o un grupo social de producir u obtener capital social.

Discurso y segregación

Si entendemos a la ciudad como fenómeno donde las relaciones y los flujos que se generan dentro del espacio es lo que la configura, entonces atendemos a que su producción es el resultado de las relaciones y flujos efectuados en el espacio. Esta conceptualización sobre la ciudad y, por tanto lo urbano, ayuda a entender mejor sobre la relación entre un fenómeno y otro. De esta forma, los discursos dominantes producidos por ciertos grupos de poder que logran colocar un discurso dentro del imaginario y producir actitudes sociales, tienen cierto impacto en la configuración urbana.

Por ejemplo, si una zona es mencionada como un sitio inseguro en los medios de comunicación y, casi por consecuencia, en la opinión pública, los habitantes de dicha zona, al reproducir e interiorizar tal construcción responderán de diversas maneras; una de ellas puede ser colocar elementos en sus viviendas que sirvan como defensa o protección contra la inseguridad o que grupos vecinales se unan para exigir mayor vigilancia; o que los pobladores encuentren dificultades para obtener empleo por habitar la “zona insegura”.

Cualquier que sea el resultado propicia un cambio en la forma de vivir y, por tanto, de construir ciudad, esa es la relación que guardan los discursos dominantes, aquellos que logran introducirse en los imaginarios colectivos. Hugo Gaggioti, académico y profesor en la Universidad de Barcelona, habla en su texto “Ciudad texto y discurso. Una reflexión en torno al discurso urbano” (Gaggiotti 2006) sobre el fenómeno de las estructuras discursivas en las ciudades y la importancia de estas en las formas de vida urbanas.

Para Gaggioti existen dos tipos de discursos que él denomina “elementales”. El primero es el de las percepciones culturales, que son trascendentales para la construcción de otros discursos y su apropiación, pues los primeros sientan la base en la cual se recaerán los segundos.

Los segundos incluyen las percepciones de los grupos sobre acciones propias de la vida urbana, es decir sobre las actividades que los integrantes de los grupos advierten como instrínsecamente urbanas y hacen que perciban la ciudad dentro de estas categorías mentales.

Dentro del segundo grupo, el autor subcategoriza otros tres tipos de discursos que refieren a los niveles de construcción social de lo urbano, las categorías se transcriben en las siguientes líneas:

  1. Una ciudad idealizada en el pasado, que les sirve para explicar el origen y justificar y tratar de entender su presente por la búsqueda del génesis, el “de donde venimos”, “como nacimos”. Esta ciudad se construye a partir de la invención de elementos simbólicos, lugares y personajes, que se ligaran muy especialmente a un momento, también simbólico, que se denomina la “fundación de la ciudad”.
  2. Una ciudad idealizada en el futuro, que ayuda a los grupos a organizar su proyecto de ciudad, la cual se compara y liga a otras ciudades de la red urbana. En esta mímesis con otras ciudades se procura además la búsqueda de la identidad colectiva a partir de la comparación (“somos como”, “somos distintos a”, “(Barcelona) es como”).
  3. Una ciudad idealizada en transición, que cohesiona los grupos en torno a un discurso polarizador, o bien a favor de la ruptura con el pasado o bien a favor de la continuidad con el pasado, como condición indispensable para la consecución de la ciudad.(Gaggiotti 2006)

En un plan generalista es posible asegurar que los tres discursos se encuentran en todas las formas de imagen de ciudad, sin embargo, es posible asegurar que alguna idealización tiende a ser más predominante que las otras, por ejemplo las grandes ciudades europeas la idealización del pasado con un fuerte afianzamiento es la importancia que tienen sus raíces históricas; las idealizadas en el futuro en las que podríamos enmarcar a las ciudades que crecieron gracias a idea de lo que podrían llegar a ser, como ejemplo las ciudades españolas como Barcelona o Bilbao. Y en las terceras, sobre la ciudad idealizada en transición, podríamos colocar a las grandes ciudades latinoamericanas que buscan el mantenimiento de cierta estabilidad a través de la polarización social.

La Ciudad de México como creación discursiva

La Zona Metropolitana del Valle de México es la tercera aglomeración urbana más grande del mundo y la ciudad hispanohablante más poblada de la tierra. Para el discurso político, para el turismo y para la investigación urbana el que la ciudad se cuente en su totalidad con los números de la Zona Metropolitana del Valle de México resulta muy práctico. Se proyecta así como una unidad que se integra, sino armónica sí funcionalmente, sin embargo en la realidad la ciudad no funciona como una entidad cohesionada, si no que más bien trabaja sobre profundas diferenciaciones de clase así como la influencia de la dimensión político/administrativa de la ciudad que convive con los dos partidos políticos antagónicos del país: El Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el Distrito Federal y el Partido de la Revolución Institucional (PRI) en el Estado de México y que tiene una marcada influencia en el funcionamiento de dicha urbe.

Mientras que los datos “presumibles” sobre ser una de las ciudades más pobladas del mundo se presentan en los discursos políticos de la ciudad, las decisiones se toman de forma polarizada. Intereses partidistas intervienen y la división política del territorio entra en acción para anular el discurso y dividir a una población que en la vida diaria comparte el espacio.

La Zona Metropolitana de Valle de México se ubica en los dos estados con mayor número de votantes en México con más de 14 millones de electores entre ambos. Es importante mencionar el grado de polarización que se presenta entre estos dos territorios, siendo el DF el bastión principal del PRD y el Estado de México uno de los puntos de mayor importancia para el PRI. Esta situación actúa en muchas ocasiones, en contra de los intereses metropolitanos o regionales ya que es el principal obstáculo para crear una autoridad supra estatal que regule los procesos urbanos y las tomas de decisión en ambas entidades.

De igual forma el manejo de políticas urbanas por parte de los municipios representa una de sus mayores monedas de cambio, principalmente en el contexto trienal de los tiempos electorales, por lo que existe una gran oposición a la delegación de estas decisiones a una autoridad metropolitana.

Esta división político-administrativa no termina en la toma de decisiones de los gobiernos locales sino que también tienen un impacto en la forma de habitar esta urbe. Mientras que para el discurso académico un habitante de Ciudad Nezahualcoyotl, municipio emplazado dentro del Estado de México, es un habitante de la Ciudad de México; no lo es para el propio habitante ni para quien habita a unos metros de él en la delegación Iztapalapa. La diferencia entre ser o no “chilango”, entre habitar y haber nacido en el Distrito Federal es una de las formas de ejercer segregación más común en la Ciudad de México y, por tanto, por natural, menos evidenciada.

El imaginario de ser del “Estado” (Estado de México) refiere históricamente al crecimiento poblacional y expansión del territorio urbano que surgió en la décadas de los 60 y 70. La zona oriente de la ciudad creció durante esas décadas mayoritariamente con población proveniente de provincia predominantemente de los estados de Puebla, Michoacán y Oaxaca. El fraccionamiento de terrenos anticipada a la llegada de los pobladores y la relación de agrupaciones políticas con el poder hacían factible que la tierra en esta zona, que no pertenecía administrativamente a la capital del país, fuera más asequible que la tierra dentro del DF.

Este argumento le bastaba a los defeños “nativos”[1] para expresar que la ciudad se estaba “rodeando de pueblo”, hasta hacer común el nombre “Establo de México” y, por tanto, era necesario hacer una diferencia en la que ellos, en teoría, tenían más derecho a la ciudad que los del otro lado de los límites del Distrito Federal.

Establo remarca una característica de pueblo que, a ojos de los capitalinos, está mal visto pues refiere a gente “sucia y sin educación” que trae consigo problemas de “comportamiento y mala educación” que necesita ser de alguna forma civilizada.

Algo parecido describe Margulis respecto a la ciudad de Buenos Aires, donde las diferencias de clase están profundamente enraizadas en las construcciones históricas del sentido y que descalifican a población de origen mestizo así como a los inmigrantes de provincias o de países vecinos (los no-europeos) encontrando  nombres para clasificarlos: cabecitas, aluvión zoológico, barbarie, bolitas, paraguas, sobre esto el autor afirma que:

La persistencia histórica de la ‘racialización’ de las relaciones de clase –o sea, la vinculación históricamente establecida entre la condición económica y el prestigio de cada grupo étnico y nacional y, particularmente, la descalificación que pesa sobre la población no europea, migrantes del interior o de países limítrofes- han influido en su localización espacial y en las condiciones de su reproducción económica y social. (Margulis, 1999:17)

En este punto, Margulis, sin ahondar en el tema deja ver que estas formas de marginación tienen una influencia en la localización espacial de algunos sectores sociales y que además refuerzan la reproducción de las condiciones económicas y sociales ya existentes.

La discriminación y segregación ejercida desde los habitantes del DF hacia los del Estado de México no termina ahí. La segregación incluso dentro de la capital existe quizá con igual o mayor fuerza y dejan evidentes ideas de ciudad que son difíciles de construir de formas diferentes.

Crecimiento y expansión de la ZMVM entre 1940 y 1970. Imagen: eumed.ne

Crecimiento y expansión de la ZMVM entre 1940 y 1970. Imagen: eumed.ne

No es poco que el actual Jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, durante uno de sus primeros actos públicos en el puesto, mencionó el nombre de “Iztapalacra” en vez de Iztapalapa y que se disculpara explicando que el evento había sido demasiado temprano.  Sumado a esto que el acto haya pasado cuasi desapercibido, incluso tomado como broma por los medios de comunicación, lo que describe la tolerancia y normalización de la discriminación en México.

El discurso segregante, tan naturalizado ya en prácticamente todas las capas sociales, está incluso formalizada por los medios de comunicación que, en tono de mofa reproducen la nomenclatura reproducida por los habitantes. Milenio, uno de los diarios de la ciudad, conocido por su partidismo tendiente hacia el gobierno del PRI, publicó hace unos meses un infográfico[2] con los apodos que tienen algunas colonias o zonas de la ciudad, incluían algunas del Estado de México, pese a que éste último no aparece en la imagen del mapa que sólo representa el DF.

“Iztapalacra”, “Santa Rata Acatitla”, “La Ratero Rubio”,  referentes a la delegación Iztapalapa, al pueblo de Santa Marta Acatitla (dentro de la delegación Iztapalapa) y la colonia Romero Rubio en la delegación Venustiano Carranza, zonas emplazadas en el sector oriente de la capital mexicana, la zona que comúnmente tiene los atributos de inseguro, “sobrepoblado” y de más bajos ingresos reproducida aquí en tono gracioso junto con apodos a otras zonas.

Infográfico de Milenio. Para visualizarlo en detalle aquí: milenio.com

Infográfico de Milenio. Para visualizarlo en detalle aquí: milenio.com

El discurso segregante, repetitivo en varias capas de la sociedad refuerza el estatus ya existente entre los habitantes de estas zonas. La reproducción de problemáticas sociales de los segregados no es resultado solamente de su clase social sino también de la presión que ejercen los imaginarios colectivos dentro de estos ciudadanos que impiden o dificultan el ascenso en lo social, lo que deja a sus habitantes en un círculo vicioso que parece no tener forma de resolverse.

Bilbiografía:

SARAVÍ, Gonzalo A. (2008), “Mundos aislados: segregación urbana y desigualdad en la ciudad de México”, EURE (Santiago), 34 (103), 93-110. Consultado el 19 de abril de 2015, de http://bit.ly/1J2w9io.

GAGGIOTTI, Hugo (2006) “Ciudad, Texto y Discurso. Una reflexión en torno al discurso urbano”. Scripta Vetera, Edición Electrónica de Trabajos Publicados, Universidad de Barcelona, Consultado el 19 de abril de 2015, de http://www.ub.edu/geocrit/sv-34.htm.

SABATINI, Francisco, CÁCERES, Gonzalo, & CERDA, Jorge. (2001). “Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción”. EURE (Santiago)27(82), 21-42. Consultado el 18 de abril de 2015, de http://bit.ly/1IxqSfl.

WACQUANT, L. (2007) Los condenados de la ciudad. Gueto, periferias y Estado. Buenos Aires: Ed. Siglo XXI.

ELORZA, Ana Laura (2014), La dimensión subjetiva de la segregación residencial socioeconómica: las representaciones sociales sobre el territorio, Revista Vivienda y Ciudad, Volumen 1, Diciembre, pp. 123/133.

BOURDIEU, Pierre. (1986), “The forms of capital”. En Richardson, J. (Ed.) Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education. New York, Greenwood 1986.

BOURDIEU, Pierre (2010), “Efectos del lugar” en Bourdieu, P. La miseria del mundo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Hemerografía:

S/a, “De “Iztapalacra” a “muchas tortillas”, errores de políticos”, en Milenio.com, 17 de noviembre de 2013, http://bit.ly/1GDvaSI.

S/a, “¿De dónde son los chilangos”, en Milenio, 22 de marzo de 2015, es posible visualizar el infográfico en el siguiente enlace: http://bit.ly/1IuK7EO.

[1] La población nativa de DF con más de dos generaciones es de las clases media alta y alta. Hasta la década de los años 90 más del 50% de la población era de provincia o era a penas la primera generación nacida en el Distrito Federal.

[2] S/a, “¿De dónde son los chilangos”, en Milenio, 22 de marzo de 2015, es posible visualizar el infográfico en el siguiente enlace: http://bit.ly/1IuK7EO.

Rosalba González Loyde

Rosalba González Loyde (Ross Loyde). Profesora de Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus líneas de investigación están relacionadas con urbanismo, periodismo y análisis del discurso. Actualmente también es editora del blog del colectivo Proyector, el cual realiza investigación independiente en temas de urbanismo, ciudadanía, espacio público, entre otros. (@LaManchaGrisDF)

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