Artículos/Noticias, Sociedad

Una guía para leer teoría social, por Steve Fuller

Un día me encontraba conversando con un estudiante de doctorado acerca del sentido de la teoría social, especialmente después de la reciente noticia de que Zygmunt Bauman no sólo se plagia a sí mismo sino también a Wikipedia –¡horror! Como alguien que siempre ha sostenido puntos de vista en conflicto acerca de “esto que llamamos teoría social”, abordaré el “sentido de la teoría social” en términos del espíritu en que uno puede leer dichas obras.

Steve-Fuller

Foto de Twitter del Sociólogo Steve Fuller

A continuación ofrezco una tipología que teoriza mi propia experiencia a la hora de estudiar teoría social.

  • La mayoría de los trabajos de “teoría social” son meros ejercicios de escolasticismo, incluyendo aquellos escritos algunos de las grandes figuras del campo, como Habermas. Lo que quiero decir es que el “escolasticismo” es la práctica académica original de resumir lo que otros han dicho acerca de un tema común, sopesando las opiniones y ofreciendo una conclusión que más o menos hace justicia a todas ellas. Ésta era una destacada práctica medieval de transmisión de conocimiento, especialmente debido a la escasez de libros y traducciones. Los escolásticos pre-leen todo para uno, razón por la cual hoy en día los libros de estudio siguen teniendo la misma forma. Al mismo tiempo, esta práctica marcaba la propia autoridad sobre un tópico, ya que el escolástico básicamente les dice a los alumnos quién es relevante para el tema y quién no lo es, así como con cuánta seriedad conviene tomar sus respectivas opiniones. En la Alta Edad Media, los escolásticos –como personalidades– fueron bastante poderosos ya que sus juicios variaban significativamente (Tomás de Aquino, Escoto, Ockham fueron escolásticos). Sin embargo, en la era moderna, el escolasticismo ha mantenido su poder a través de la pura redundancia de contenido entre escolásticos, lo que a su vez da la impresión de continuidad de una “tradición” de pensamiento. En tal caso, la siguiente pregunta lógica es: ¿quiénes de la actual generación serán incluidos dentro del canon de la generación próxima? Pero si uno observa el llamado canon, se dará cuenta de que virtualmente todos los nombres podrían ser reemplazados por otros, y que sólo la presentación escolástica reiterada mantiene unida la “tradición” –al igual que cuando en la edad media los escolásticos asumían que Aristóteles y la Biblia eran compañeros naturales.
  • Algunas obras de teoría social son mejores por sus bibliografías que por su texto principal –un poco como los artículos de Wikipedia. Para mí, Anthony Giddens cae dentro de esta categoría. Él es, sin lugar a dudas, un tipo que sabe reconocer un buen texto cuando lo ve, y luego lo incorpora dentro de su propio texto, el cual resulta ser un popurrí de contenidos de varios textos bien descubiertos, sobrecargado con una vaga pero prescindible conceptualización que es la contribución teórica original del propio Giddens. El truco aquí consiste en leer lo que Giddens ha leído y luego re-teorizarlo uno mismo, ignorando las débiles formulaciones de Giddens. Yo menciono a Giddens pero, por cierto, él no es el único teórico social de esta clase. Los teóricos posmodernos angloparlantes (no los franceses, de quiénes hablaré más adelante) también caben aquí. Una manera de verlos es como expertos en arte que cometen el error de crear ellos mismos sus obras de arte, sin darse cuenta de que sus manos no son tan buenas como sus ojos. No obstante, yo creo que estas personas serían bastante buenas para dirigir instituciones académicas, en términos de saber a quiénes contratar, los campos en los cuáles invertir, etcétera.
  • Después tenemos a personas como Bauman –y posiblemente a Beck–, que son los escritores de jingles de la teoría. Los jingles son esos cancioncillas pegajosas que usan las campañas publicitarias para fijar el producto en la mente de quien las escucha, y que funcionan no sólo por los juegos de palabras sino porque también activan recuerdos más profundos codificados a través del sonido, quizá procedentes de la historia de la música o de los sonidos cotidianos. Los escritores de jingles aparecieron en Nueva York en la década de los cincuenta y se encargaron de convertir la música popular en los “hits” de tres minutos que hoy damos por sentado. Bauman y Beck pueden ser leídos, pues, como creadores de melodías. Así, podríamos pensar en la carrera de Bauman como la modulación entre “Adorno Lite” (en su veta más normativa) y “Simmel Lite” (en su cariz más descriptivo). Así, lo que haría a un purista musical evitar llamar a Burt Bachrach un gran compositor aplica de igual forma a quienes consideran a Bauman un gran teórico. Beck se aleja un poco de esta definición en tanto ha inspirado más esfuerzos para traducir sus jingles teóricos –especialmente el de la “sociedad del riesgo”– en programas de investigación empírica propiamente tales, los cuales han sido la base para la implementación de políticas. Esto hace a Beck una figura más “seria” que lo que él mismo fue capaz de ser. Tras esta jugada está lo que Stephen Turner identificó hace veinticinco años como “captura conceptual”, técnica que utilizó Robert Merton para reestructurar y reformular las complicadas (usualmente por falta de traducciones) concepciones continentales de teoría social para el mercado sociológico estadounidense de orientación empírica. Así, uno podría pensar en la resultante “teoría de alcance intermedio” como pariente de la música “semiclásica”, al menos respecto de sus fuentes originales.
  • Por último, tenemos la categoría más interesante de “teoría social”, que es donde verdaderamente se gana el derecho a ser vista como algo distinto de la “teoría sociológica”. Aquí el autor está literalmente abriendo un camino al pensamiento a través de un cúmulo de datos. No se trata de aplicar teorías ni de someterlas a prueba. Más bien se parece a plasmar una idea en un medio artístico, donde la teoría es la idea y los datos son el medio. Si hablamos de “maestros modernos” reconocidos de la teoría social, Bourdieu es una figura destacada. En términos académicos convencionales, Bourdieu es provinciano en su erudición y desaliñado en su método. Después de todo, siempre estamos advirtiéndoles a nuestros alumnos que distingan la teoría de los datos y luego muestren cómo interactúan. Bourdieu fallaba profundamente en este cometido –pero para bien. En vez de ello, nos da un sentido del proceso por el cual uno intenta llegar a una comprensión coherente de los elementos empíricos dispares que él piensa que necesitan ser entendidos en su conjunto. Es más, lo hace de manera suficientemente constreñida e incluso impulsada por la evidencia, por lo que es difícil pensar que se lo va inventando –aunque eso mismo impide discernir qué es exactamente la teoría. Hegel intentó llegar a esta clase de entendimiento a una escala mundial-histórica, pero también creo que ésta es la mejor manera de leer a autores como Deleuze, Foucault y Derrida –a quienes es útil entender como tipos que repensaban diversas partes de la historia de las ciencias, a menudo con excepcional detalle (aunque distorsionado, según los críticos) acerca de hechos pasados. Éste es un estilo de teorización más “participativo” en el sentido platónico de literalmente fusionarse con lo que uno está hablando. Sé que suena místico, pero existen precedentes en filósofos de la historia como Collingwood, influido a su vez por Dilthey. Un efecto concreto de este modo de teorizar es que el teórico puede fácilmente convertirse en un momento de la historia. No quiero decir simplemente que se convierte en una celebridad (aunque ésta es una de sus manifestaciones) sino que, más importante que ello, pasa a ser visto como un profeta de su propia época.

Steve Fuller es un sociólogo y filósofo estadounidense de la Universidad de Warwick, Inglaterra. Fundador de la epistemología social, se dedica a estudios de ciencia y tecnología, y ciencia y religión.

Traducido por César Pérez Guarda, para el Blog Ssociólogos

Fuente: http://sociologicalimagination.org/archives/18343

César Pérez Guarda

Chumango de Osorno/Chawsrakawin. Estudiante de Antropología en la Universidad Austral de Chile.

Comentarios de Facebook

Comentarios 5

  1. quirino

    saludos y gracias por tu aportación
    abrazos
    TIZAYUCA HIDALGO

  2. Nicolás Luciano Campoverde Arévalo

    Que bien este artículo traducido al español. Para muchos aficionados a la sociología y por lo tanto a la teoría social, como es mi caso, ayuda esta aclaración. Sin embargo, nos coloca en una situación de incredulidad, porque entra de alguna manera al campo de las imposturas científicas, terreno que lindera con la ética y con los criterios de credulidad que uno se hace de los autores.

  3. manuel

    ni lo uno n i lo otro sino todo lo contrario ..

  4. miguel angel jofre

    Excelente articulo, en mi pais Argentina, hay una explosion en maestrias y tesis, y la tecnica es el recorte y pegue, pero donde hay cero creatividad, si bien son trabajos tecnicamente bien hechos, no aportan mayor conocimiento, salvo al que lo escribe para avanzar en su carrera academica, dado que cuanto mas publicaciones mas chances de obtener catedras, etc, Sds.

  5. AnthVerest

    La etica juega un importante papel al momento de escribir, realmente no es facil generar conocimientos, hay que dedicar horas a producir informaciones, revisiones … pero con citas… hay que dar creditos a los autores, no es posible que se asuman conocimientos sin dar el debido reconocimiento. El fraude es real y lo vivimos a diario, en las aulas de las universidades es una muestra, sin decir a nivel de investigadores y cientificos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para mejorar la mejor experiencia delusuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies