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Las mascaradas humanas en la Pandemia del SARS-Cov-2.

Primera Parte:

Hay un ímpetu por llevar a escritos las ideas, los sentires, las observaciones, las experiencias, las vivencias que cada quien tiene en estos momentos de vivir el aislamiento físico, con paralización de una buena parte de la producción y de la vida cotidiana sobre la que se estructuraba una dinámica social, del día a día humano.

pandemia

Fuente: Comparsas de las mascaradas en Cuenca-Ecuador, 6 de enero 2020.
Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=kXVXXdBm-3M

 

 

 

 

 

 

 

 

Este es un ensayo que intenta mostrar esos comportamientos y decisiones que las sociedades, así como las instituciones internacionales y nacionales, sus líderes, y las personas, ciudadanos que habitamos en nuestros reductos, optamos y se hacen manifiestos en tiempos de pandemia.

Reconociendo que la mascarada es una escenografía, parte de la cultura de los diferentes pueblos y naciones, utilizada para mostrar rituales ancestrales, o las formas de concebir el mundo con sus miedos y temores, con un adicional que las personas que personifican  esas imágenes simbólicas se cubren la cara con máscaras o pinturas, y en esas condiciones dan rienda suelta a sus iniciativas, o experiencias…

¿Por qué mascarada humana relacionada con la pandemia del SARS-Cov-2?

Porque frente a la pandemia, las personas, desde diferentes espacios físicos y sociales, realizamos actos y optamos por comportamientos, simulando estar cubiertos por máscaras facilitadas por las restricciones impuestas con motivo de la pandemia del SARS-Cov-2, que en otras situaciones no realizaríamos, pero no se trata de lo que cada persona per se en estos momentos de cuarentena hace, sino de las ejecutorias elaboradas por parte de autoridades, instituciones y de las personas como conjunto social.

Entre estas mascaradas se encuentran:

a- Jugando a ser Goliat

Los humanos creyéndose dominadores, los superhombres, los iluminados, los más desarrollados y los únicos en capacidad de estrujar, manosear, revolver, acomodar, e intervenir sobre la naturaleza, pero ella a través de una de sus diminutas partículas se levanta como el David y les demuestra que con la naturaleza no se juega.

En ese espacio, representamos diversos papeles como de científicos, brujos, entendidos, y dadores de recetas. Comenzando desde pequeñas indicaciones, de cómo actuar depredando la naturaleza para sacar más ventajas, sin importar si la naturaleza es capaz de recuperarse, solo importa nuestro accionar indolente, ciego, sordo y mudo, que logre el ansiado objetivo, el de arrancarle a la naturaleza su vitalidad.

Por ello Ulrik Beck, nos alerta indicando que vivimos en una ‘Sociedad del riesgo global’ en razón de que las acciones que ejecutamos en un lugar determinado, no solo afecta al entorno muy inmediato, sino que tienen efectos para todo el planeta, en donde la vida de nosotros los humanos, está en la primera línea de extensión.

A pesar de las voces desde diferentes frentes, de la necesidad de cambiar radicalmente nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza, la tozudez de quienes tienen los mayores intereses en una forma de producción dañina, insisten en que no existe información suficiente para llegar a esas conclusiones de desastre.

Para evidenciar el grado de negación de la realidad, están los comentarios realizados por personajes de la política mundial, en cuyos hombros ronda el futuro de la vida humana, como el realizado por Donald Trump repetidas varias veces ‘que la pandemia del Covid- 19 no era una gran amenaza para los estados Unidos, como también volviera a decir en el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza, el 22 de enero, que: “Lo tenemos totalmente bajo control”, engañando no sólo a los estadounidenses sino al mundo entero’(Sachs, J. 2020); o los expresados por el ciudadano común que se llena de comentarios sin un mínimo de reflexión, y difunden e instigan a familiares y conocidos sobre la necesidad de matar al coronavirus que se encuentra en el aire, en todo el ambiente, y para ese efecto debe  realizar sahumerios, o la limpieza de las calles con agua y detergentes, o con fumigaciones planificadas y desarrolladas por instituciones gubernamentales locales, adicionadas de explicaciones que no responden en lo más mínimo a un conocimiento básico adecuado sobre el virus y su capacidad de resistencia y/o susceptibilidad para ser destruido.

Para ese mostrarse un Goliat, como lo precisa Rubén Márquez (2020), hay una constante en la existencia humana ´la manipulación´, y sobre esa base, ‘la manipulación de la historia, -está presente como- paso fundamental, para la construcción de un ideario común incuestionable y que justifique las decisiones políticas.

La manipulación tiene varias puertas y ventanas de entrada y salida, como caminos que recorre para evadir el enfrentamiento con la verdad; pero le encontramos firme y con más bríos la manipulación motivada por intereses de diferente índole, que alcanzan al fin la creencia de las personas sobre realidades tergiversadas que pueden ser utilizadas con beneficios personales o grupales –y con personas creyentes que a su vez son defensores natos de esas ideologías-.

De esta manera la tergiversación se levanta poderosa, la manipulación interesada se organiza sistemáticamente para mostrar su base de cientificidad, o de hechos irrefutables por esgrimir documentos válidos, pero con sesgos de interpretación; en esa cima de Goliat menosprecia otras informaciones, otros conocimientos, otras experiencias, otras formas de alcanzar esos objetivos, y de hacer conclusiones, por no responder a esos requerimientos que se colocan para que puedan ser reconocidos como válidos.

En este ámbito, para que la predominancia de unas ideas, sea efectiva, se acompaña del desprestigio y la invalidez de otros pensamientos y explicaciones. Condición que está muy presente en los cánones de la ciencia moderna, para decir si algo es verdadero o no. Si un conocimiento o experiencia, no cumple con los pasos y requerimientos de la ciencia, es catalogado como no científica, y puede en el mejor de los casos ser clasificada como empírica, o como una leyenda, o costumbre sin bases de verificación, o puesta en ese basto saco sin fondo de lo mágico-mítico-religioso.

El pensamiento mercantil, no deja ningún espacio para la presencia de sus intereses económicos, y como siempre cobijado en el paraguas de la ciencia, levanta toda una estructura jurídica vinculada a la producción y al empleo, con el objetivo fundamental de proteger a los industriales sobre los accidentes y enfermedades profesionales.

Ahora, por motivos de la reapertura productiva y de la actividad económica, con aplicación de ciertas normativas por motivo de la pandemia, vuelven los gerentes y dueños de las empresas o de los negocios con empleados a recurrir a la parte jurídica, y logran resoluciones en las instancias correspondientes del Estado, para que sus empleados y trabajadores que vuelven al trabajo, y si ellos desarrollan la Covid durante el tiempo en que se continua con  aislamiento y distanciamiento físico necesarios para evitar el contagio con el SARS-Cov-2, no sea considerado como enfermedad profesional salvo excepción si alcanzan a demostrar científicamente que así ha sucedido. En países como el Ecuador, esta exigencia, de la demostración científica de causa-efecto es imposible de alcanzar por el trabajador común. Es la coraza del empleador, imposible de traspasar.

Siempre la intolerancia, la negación, la insensibilidad y más caracteres negativos de ese ser social mercantilizado, se presenta con prepotencia, arrogancia, desafiante ante las verdades, mintiendo y manipulando las condiciones, con modificaciones planeadas para desaparecer las evidencias, son las formas características de nuestra inteligencia mezquina.

b- Jugando al gato y al ratón

En esta pandemia, la ocultación de la información es el pan de cada día en cierta  información mundial y de cada país, expuesta en la internet, exceptuando unos cuantos países y profesionales comprometidos con la ética y que tienen toda la posibilidad de identificar a buena parte de los casos y colocar en los sistemas computacionales respectivos, la mayoría esconden los datos y con ello tratan de encubrir la gravedad de la epidemia, o la inoperancia administrativa, hasta con grados muy llamativos de ignorancia científica-técnica por parte de los decidores de las estrategias y acciones.

Comencemos con la insistencia de parte del Presidente de Estados Unidos, para señalar que China oculto la información sin dar a conocer hasta ahora el número más cercano a los contagiados y de los muertos, así como no informaron a los organismos internacionales, convenientemente y a tiempo que las afecciones respiratorias detectadas se trataba de una epidemia por un nuevo agente viral,  como tampoco ejecutaron las acciones oportunas para contener la expansión del virus fuera del territorio de Wuhan. Hasta qué punto esas afirmaciones son ciertas, China niega que sea así, e insiste que la información presentada es la real.

La CNN, precisa que eso es un error, porque Trump conocía con toda la anticipación sobre la presencia del virus y su capacidad epidémica. (Sachs, J. 2020)

Es notorio, que se utilizó y continúa esgrimiéndose la muletilla que la pandemia apareció sin aviso previo y nos tomó desprevenidos, que nadie esperaba a este enemigo de la humanidad, pero estas frases solo sirven para disminuir el impacto de la inoperancia, del descuido y de la inobservancia con la desvalorización de la información existente acerca del posible escenario de una pandemia como el que estamos viviendo, por parte de los gobiernos, autoridades sanitarias y del nivel gubernamental, de cada país y a nivel internacional.

La OMS, llamada a exigir con toda la fuerza y el peso que tiene, por ser la Institución mundial encargada de velar por la salud de la población global, para emprender acciones concretas ante la inminencia de una pandemia viral, se quedó muy lejos del papel que debía jugar, solo llego a elaborar documentos muy validos que dan cuenta de esa posibilidad y de lo que se debería hacer para estar prevenidos desde el contexto global y nacional, anunciando la cercanía de una enfermedad ‘X’ que azotara a la humanidad de manera global, no fue suficiente para alcanzar decisiones políticas para la organización de medidas preventivas.

Desde muchos años atrás, la inquietud de una pandemia viral rondaba diferentes espacios científicos, razón suficiente para señalar la falsedad,  de que no sabíamos lo que podía venir. En el 2008, se organizó y se dio inicio al GISAID como la Iniciativa para Compartir Datos de Influenza entre la comunidad científica de todo el mundo, siendo una organización sin fines de lucro.

Los objetivos han ido ampliándose, desde la necesidad de compartir datos sobre la gripe aviar, y fomentar el intercambio internacional  de todos los datos del virus de la influenza, luego se transformó en un mecanismo necesario para compartir la secuencia genética de la influenza y los metadatos relacionados, considerando de vital importancia para la comunidad científica como para la salud pública, resaltando la importancia que la organización de esta información es especialmente útil para los gobiernos del mundo. (Quiterio, A. 2020)

Esta organización científica, parte de la idea de que: ‘La rápida propagación de enfermedades infecciosas letales es un desafío global que puede afectar a cualquier persona en el mundo. Para proteger a las poblaciones contra estos brotes mortales, es fundamental que los científicos y los gobiernos compartan rápidamente información sobre los patógenos que los causan’ (Quiterio, A. 2020), de allí la importancia de tener esta información mundial como la línea de base para emprender acciones por cada país y a nivel internacional.

Hay información suficiente para argumentar que si sabíamos sobre esta probabilidad de la pandemia, comenzando con la conferencia de Bill Gates, realizada en el 2015, en el que vaticinaba una pandemia causada por un virus altamente infeccioso que se propagaría rápidamente por todo el mundo y contra el cual no estaríamos listos para luchar.

Pero el llamado más reciente, que no tuvo la fuerza para sensibilizar a los decidores políticos, es el realizado por la Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación (GPMB), cofundada en 2018, quien trabaja independiente, en especial de las organizaciones cofundadoras como son Grupo del Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud, y en el prólogo del informe anual de septiembre de 2019, dice:

‘La enfermedad se encuentra a sus anchas en el desorden y aprovecha la situación: los brotes han ido en aumento en las últimas décadas y el espectro de una emergencia sanitaria mundial se vislumbra peligrosamente en el horizonte. Si es cierto el dicho de que «el pasado es el prólogo del futuro», nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio que podría matar de 50 a 80 millones de personas y liquidar casi el 5% de la economía mundial. Una pandemia mundial de esa escala sería una catástrofe y desencadenaría caos, inestabilidad e inseguridad generalizados. El mundo no está preparado’

En otra parte del informe es más específico, lo que sucedería:

Los patógenos respiratorios de gran impacto, como una cepa especialmente letal de la gripe, plantean riesgos mundiales específicos en la era moderna. Los patógenos se propagan a través de gotículas procedentes de la respiración; pueden infectar a un gran número de personas en poco tiempo y, gracias a la actual infraestructura de transporte, desplazarse con rapidez entre distintas zonas geográficas. (Junta de Vigilancia Mundial para la Preparación. 2019)

La pregunta que debemos hacer es: ¿que hicieron los gobernantes de cada país y las organizaciones y líderes mundiales, ante la posibilidad de la pandemia?. La respuesta es que poco o nada, y no requiere documentación alguna, porque en todos los países en que el Covid-19 ha sido una epidemia ha rebasado la capacidad de los sistemas de salud, así como les ha tocado improvisar y acomodar experiencia de los países que afrontaron en el tiempo inmediato anterior a esta pandemia, comenzando con China, para luego tener recomendaciones de Italia, España, Francia, Alemania. Lo cierto es que la pandemia nos encontró con las manos en alto o hacia abajo, pero sin tener ningún mapa que guie los pasos a seguir, ni con medidas preventivas desarrolladas con anticipación, entre ellas las de una población consciente de tan grave problema de salud.

En medio de estas realidades, el SARS-Cov-2 sigue caminando a pie, en automóvil, en camiones, en trenes; descansa en diferentes superficies que las personas tenemos costumbre tocarlos, empuñando muchas de esas estructuras, y con formatos automatizados para llevarnos las manos a la cara, a los ojos, nariz y boca, el virus encuentra las condiciones más adecuadas para continuar con su existencia,  no necesita que alguien lo identifique, sino todo lo contrario, el virus  requiere que nadie se dé cuenta que está ahí, le gusta pasar desapercibido. Le encanta el juego del gato y el ratón.

En otro ámbito, en varios países está presente, desde mucho tiempo atrás, los gritos de éxito de los servicios de salud privados en relación a los servicios de salud público, por el alcance logrado por las acciones clínicas a nivel de la persona. Sin embargo, ante los requerimientos de atención médica producto de la pandemia esos gritos de éxito se desmoronan, porque no pueden responder a los problemas de salud colectivos, sin desmerecer la valides para aquellas atenciones a las personas enfermas.

Un ejemplo, en Estados Unidos, el sistema de salud en todo su accionar ha sido privatizado y enmarcado en unas acciones dirigidas a la persona enferma, que tienen cobertura a través de los seguros de salud, y en estos tiempos de pandemia en donde se requiere más atención médica, estas instituciones privadas han optado por disminuir los salarios, o por ordenarles se queden en casa sin salario, a varios de los profesionales médicos como también  de enfermería, con el pretexto de que los ingresos han bajado y no pueden cubrir ese déficit.

Y lo peor se hace presente, según las declaraciones de la enfermera Nikole Sirotek de un hospital de New York, indica que los afroamericanos mueren por negligencia médica y por falta de tratamiento (msn. 2020), o por aplicar un plan terapéutico que incluya intubación y respiración asistida aunque eso produzca la muerte de las personas que por presentar un cuadro respiratorio, son obligados a clasificarlos como Covid-19, sin necesariamente tener esa patología, en virtud que todo paciente aplicado esas normas como Covid-19 significa 39000 dólares para la institución hospitalaria. (Mikovits, J. 2020)

Toda esta disminución de personal, se hace, a pesar de la falta de los mismos para atender a una cada vez mayor cantidad de personas que requieren de atención directa hospitalaria producto del Covid-19, situación que no sucede cuando se tiene un sistema de salud público financiado por el Estado. Hay que preguntarse ¿los efectos adversos de estas decisiones quién o quienes se hacen responsables?, porque traerá consigo un mayor número de muertes no solo por Covid-19 sino por las demás enfermedades y problemas a la salud que requieran atención médica hospitalaria.

En la entrevista realizada a la Dra. Judy Mikovits que trabajo en la investigación de los interferones para el tratamiento del cáncer y en el aislamiento del VIH Sida, denuncia entre varias cosas que unas vacunas estaban contaminadas con virus salidos del laboratorio, y que 25 millones de norteamericanos estén infectados con estos virus a través de las vacunas, las cuales tienen estos virus por ser originados en tejidos de otros animales, los cuales pueden tener virus silenciosos que pasan a través de las vacunas a los humanos en quienes producen serias enfermedades. Lo más grave de estas denuncias es que el tribunal federal que supervisa las lesiones por vacunas, se encentra lo más corrupto que uno no puede ni imaginar, con medios de comunicación controlados al 95%. (Mikovits, J. 2020 (1); y lo más grave de la denuncia es la presencia de la corrupción en las máximas autoridades de salud de Estados Unidos, con abuso del poder y sobornos en grandes sumas de dólares. (Mikovits, J. 2020. (2). Todo esto abona a comprender por qué de los silencios y ocultamientos de información básica para enfrentar de mejor manera las enfermedades infecciosas y otras como las crónico-degenerativas.

En otro lado del escenario del juego del gato y el ratón se visualiza una paradoja, ‘el remedio es peor que la enfermedad’, varios países aplicaron las medidas de contención del contagio, aplicando las medidas con su máximo rigor, y los indicadores de éxito están allí, un número menor de contagiados con pocos muertos, por eso piensan en aplicar el distanciamiento físico, para evitar el contagio y una segunda ola, sin embargo las probabilidades de los rebrotes es más alta en estas poblaciones con altas tasas de susceptibles.

Estos éxitos en ciertas localidades, en otros casos se podrían extender a todo un país,  dejan como resultado un número quizá mayoritario de la población en mayor riesgo de contagio, en comparación con aquellas poblaciones en donde hubo mayores tasas de enfermedad y de muerte; considerando las siguientes proposiciones:

1- el virus continúa en la comunidad, no ha desaparecido,

2- en esas localidades o países hay un número mayoritario de personas susceptibles, que no han tomado contacto con el virus y por lo tanto no tienen inmunidad natural,

3- se sale del encierro, y las probabilidades de encontrarse con el virus en cualquier lugar en dónde existan otras personas sin presentar la enfermedad –portador sano- está presente;

4- se desarrolla desde nuestra psicología situaciones de confianza y esperanza de que no me he de infectar, y descuido las medidas preventivas básicas,

5- las necesidades de distinta índole apremian y obligan a salir para cumplir con esos satisfactores,

6- Y falta varios meses para tener a disposición la vacuna, o un plan terapéutico eficaz para los casos que así lo requieran,

7- finalmente, el cuerpo exige salir, y ponemos a disposición de nuestra conciencia esos imaginarios de, ‘algún día he de morir, y se morirá de algo’.

Todo este enjambre de situaciones socio-psicológicas-culturales en poblaciones con altas tasas de población susceptible proporciona el escenario adecuado para el desarrollo de un segundo o más rebrotes de epidemia, quizá más fatales que la primera ola epidémica. Sin dejar de lado la importancia de aplicar adecuadamente los principios de prevención y de permisividad para fortalecer la relación armoniosa humanos/virus, y el aplacamiento de futuros brotes epidémicos.

Referencias bibliográficas:

Junta de Vigilancia Mundial para la Preparación. (2019). Un Mundo en Peligro. Informe anual sobre preparación mundial para las emergencias sanitarias. Ginebra. Organización Mundial de la Salud. Revisado el 15/04/2020. Disponible en: https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/GPMB_Annual_Report_Spanish.pdf

Márquez, R. (2020). Historia y Verdad. Blog Ssociologos.com. Revisado el 8/05/2020. Disponible en:https://ssociologos.com/2020/05/07/historia-y-verdad/

 Mikovits, J. (2020). La verdad que nos ocultan. Plandemia. Revisado el 8/05/2020. Disponible en:https://bittube.tv/post/7026a479-bcb2-4bfe-aedb-be647a29d51f

 Quiterio, A. (2020). Qué es la GISAID: Iniciativa Global para Compartir Todos los Datos de Influenza. Revisado el 8/05/2020. Disponible en: https://www.tododiagnostico.com/diagnostico/gisaid-compartir-datos-de-influenza/

Sachs, J. (2020). La respuesta desastrosa de Trump ante el covid-19 debe ser investigada. Opinión. CNN. Revisado el 20/04/2020. Disponible en: https://cnnespanol.cnn.com/2020/04/16/opinion-la-respuesta-desastrosa-de-trump-ante-el-covid-19-debe-ser-investigada/

 

Nicolas Campoverde

Nacido en Biblián-Ecuador. Médico general, con especialidad en Administración e investigación en salud; Mgs. en Sociología y Desarrollo; estudios para PhD. En Pensamineto Complejo. Jubilado como Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca. Excoordinador de los Registros de Tumores de Cuenca y Machala. Autor de varias publicaciones relacionadas con la epidemiología, el cáncer y la sociología médica. Interesado en el proceso vital y una interpretación aplicando la física cuántica, la epigenética y el biogenoma, así como el esclarecimiento de la Salud Pública como instrumento del biopoder y la biopolítica.

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