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El ocaso de la vida, desde un rincón del mundo.

En el ocaso de la vida, no hay reclusión, se vuela, no se está quieto y se está en todos los lugares y en ninguno a la vez. Se es libre.

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Foto disponible en: https://elrincondeyanka.blogspot.com/2014/06/en-paz-en-el-ocaso-de-mi-vida.html

En las distintas épocas históricas, las personas de más edad fueron consideradas las más sabias y, para alcanzar esa distinción debían ser consideradas por la comunidad como la o las persona poseedoras de esos méritos. Por esa consideración, eran tratados con cierto aire de respeto y se dirigían a estas personas como los Venerables, los Ancianos, los Sabios, los que daban consentimientos, recomendaciones, análisis, sugerencias, consejos. Y en un decir popular, se plasma ese reconocimiento en el más alto nivel: ‘más sabe el diablo por viejo que por diablo’. Aclarando que las decisiones del consejo de ancianos, para que sean ejecutadas en la comunidad, estas debían tener la aceptación de las mujeres, como demostración del reconocimiento de la importancia de la mujer en la vida social.

Pero en estos tiempos, a las personas de más edad se les nomina con nombres particulares y despectivamente, como el viejo, el anciano, el viejo loco, o desde los clasificadores internacionales los de la Tercera o la Cuarta Edad, los gerontes, o los geriátricos, o los adultos mayores. O en otros ambientes, el estorbo, el abuelo que apesta que produce vergüenza. En el mejor de los casos somos el foco de las bromas, de las mofas, de la conmiseración, de la expresión de lastima; y en otros contextos, somos la fuente de las discordias, con peleas y deseos no solo pensados sino expresados como ‘¿cuándo morirá’, o ¿hasta cuándo vive?, ¡que duro que esta el viejo o la vieja!’. De esta manera nos hemos transformado en despojos humanos.

No mis estimados lectores, no sólo somos seres humanos con más años vividos y con una fisiología diferente, tenemos –lo más importante- dignidad, hemos labrado una vida con largos años de esfuerzos, con cuidados y descuidos, para alcanzar unas experiencias y conocimientos que hoy ostentamos y, solo queremos seguir soñando y volando con nuestras posibilidades físicas y mentales. Queremos un mundo habitable entre diferentes y diversos, sin homogenizaciones, disfrutando de las incertidumbres que se presentan en la convivencia armónica entre todos.

La pandemia actual, sirve de escenario idóneo para poner en práctica los mecanismos del encierro, sustentadas en ideas y explicaciones como las expresadas por Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en una parte del discurso de apertura de la 73ª Asamblea Mundial de la Salud,el 9 de marzo del 2020, dijo:

Hace seis meses, habría sido inconcebible para la mayoría que las ciudades más grandes del mundo se quedaran extrañamente silenciosas; que las tiendas, restaurantes, escuelas y lugares de trabajo estarían cerrados; ese viaje global se estancaría; que simplemente darse la mano podría poner en peligro la vida.

Y que a pesar de todo el poder económico, militar y tecnológico de las naciones, este pequeño microbio nos ha humillado’.  (msn, noticias. 2020)

Para evidenciar, de mejor manera, la necesidad del confinamiento, particularmente de los adultos mayores, los datos estadísticos contribuyen para esta afirmación, que de las personas con Covid-19, el grupo de más edad ocupa las salas de hospital y las unidades de cuidado intensivo (UCI) en mayor porcentaje; además este lugar, es para muchos la antesala del camino hacia la morada a la que todos tendremos que ir algún día, el cementerio. Y quizá allí encontremos la paz perpetua, según el vaticinio de Kant.

Con motivo de esta pandemia se han agudizado los procesos y mecanismos para cortarnos las alas, nos atan la boca, nos obligan a utilizar muletas y nos amarran los brazos, nos inmovilizan alcanzando el adormecimiento de la mente. A muchas personas que expresan formas comportamentales no comunes, supuestamente relacionadas con el confinamiento, se prescribe medicamentos, en otras palabras, nos drogan; produciendo en varias personas reacciones biológicas de daño, pero la medicina farmacéutica continua con la idea de que esas drogas son buenas para disminuir la presencia de los problemas psicológicos e insisten en la iatrogenia.

Los procesos y mecanismos para minusvalorar e invalidar a las personas, están presentes desde muchas décadas, desde que tengo uso de razón, nos inculcan y se ejecutan uno tras otro los procesos para transformar a las personas de edad en dependientes e inválidos a tiempo completo, a través de mecanismos de detención y enclaustramiento de los pensamientos, en especial de las ideas con contenido de resistencia, comenzando en el ambiente social inmediato, en el que las ideas adquieren la denominación de ser dichas por un ‘viejo loco’.

Estamos cada vez más ante muros con corazas potentes que impiden la visibilización de las personas que propician o impulsan los procesos para colocar a diferentes grupos de personas en el rincón de los olvidados, de los muertos en vida. Entre ellos, las personas mayores de edad terminan invisibilizados, como expresión del enraizamiento de los formatos del olvido impuestos desde los extraños a la vida humana.

La esperanza de una nueva humanidad, con comportamientos que reflejen la importancia del vivir entre diversos, con el reconocimiento de que los humanos no estamos solos y requerimos de los demás para nuestro vivir, parecía que se hizo presente y muy manifiesto. Pero al final, cuando empezamos el desconfinamiento, se esfuma como el agua entre los dedos, y la sociedad como conjunto no está dispuesta a dejar la normalidad conocida, añora regresar a la normalidad, aunque coree que el mundo conocido, cuando salgamos, no será el mismo, que será diferente, solo se refieren a los mecanismos de distanciamiento y algunos comportamientos de dudosa eficacia para disminuir el contagio.

Volvemos a lo mismo, a las mismas normas, a las mismas formas de contaminación ambiental, a las mismas estrategias extractivistas y de incursión a espacios ecológicos nuevos, continuaremos con la producción intensiva de los alimentos. Continuaremos con la medicalización de la vida, y con más espacios de confinamiento y de control y vigilancia ciudadana.

¡Qué pena!, hemos desperdiciado este espacio/tiempo y esfuerzo, para continuar con más fuerza en lo mismo y no ha servido todo este proceso para aprender y emprender en ser mejores seres humanos coherentes y en armonía con la naturaleza.

Referencias bibliográficas.

msn, noticias. (2020). La OMS admite que, pese al poder económico, militar y tecnológico de las naciones, el Covid19 «nos ha humillado». Revisado el 17/05/2020. Disponible en: https://www.msn.com/es-xl/noticias/mundo/la-oms-admite-que-pese-al-poder-econ%c3%b3mico-militar-y-tecnol%c3%b3gico-de-las-naciones-el-covid19-nos-ha-humillado/ar-BB14fxXB?li=AAgh0dF&ocid=mailsignout

OPS/OMS. (2020). Enfermedad por el Coronavirus (Covid-19). Revisado el 10/05/2020. Disponible en: https://www.paho.org/es/tag/enfermedad-por-coronavirus-covid-19

 

 

 

 

Nicolas Campoverde

Nacido en Biblián-Ecuador. Médico general, con especialidad en Administración e investigación en salud; Mgs. en Sociología y Desarrollo; estudios para PhD. En Pensamineto Complejo. Jubilado como Docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca. Excoordinador de los Registros de Tumores de Cuenca y Machala. Autor de varias publicaciones relacionadas con la epidemiología, el cáncer y la sociología médica. Interesado en el proceso vital y una interpretación aplicando la física cuántica, la epigenética y el biogenoma, así como el esclarecimiento de la Salud Pública como instrumento del biopoder y la biopolítica.

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