La sociología es un lenguaje, y como tal, se rige por un ritmo propio. O más bien, por el ritmo de la Modernidad. El pasaje de la distinción entre psicología social y una física/matemática del social, se refiere al alumbramiento sobre algunos puntos, principalmente, las artes, el patrimonio cultural, las contradicciones, la alienación, la fantasmagoría, la experiencia social. El tiempo es el primero entre ellos, bien como una noción de tradición, historia y vanguardia [[1]]. El punto siguiente, después del tiempo, el momento del fenómeno, es la cuestión del espacio del mundo social, o sea, la realidad social de la experiencia socialmente compartida. Hay algo que se evidencia, una especie de condición de existencia de la realidad, el hombre entre soledad y sociedad – o libertad y laberinto, en otras palabras: critica de la cultura o barbarie.

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La satisfacción de la ansiedad es tal vez el impulso inicial de la asociación entre los hombres. Un juego puesto entre la muerte – la suspensión de la experiencia – y el tiempo, mediado por la memoria y la imaginación, ante los procesos racionales y el transcurso de la historia social – pero que la noción de historia escapa a todo historicismo.

Al revés, el lenguaje narrativo sociológico está lleno de actualidad, se evoca sin interdicciones adelante del conocimiento. No hay tabúes en la creación, siempre que se respete la verosimilitud entre “teoría” y escritura, la científico-escritura. El actitud entre el silencio, esta muerte de la narrativa – como trauma – y la terrible conciencia de la barbarie resguarda una preocupación muy especial por concatenaciones de la conjetura – las conexiones de la coyuntura.

La sociología es un panorama, un mirador desde donde se logra ver la actividad social. Ajustase el foco sobre este o aquél fenómeno, buscase ir más allá de esta fantasmagoría que distorsiona en general gran parte de las narrativas tanto históricas cuanto literarias. La sociología caracterizase tal como un género de conocimiento que, en la sofisticación metodológica de la interpretación, procede como una especie de crítica científica del social. Aún más por ser esta erigida en cuanto a una articulación del real y su construcción en el plano del lenguaje, no solo filosófica o empirista, racional o poética, pero al modo de traducción orientada, en el proceso de estabilización de la subjetividad de un autor y su materia de estudio en el tiempo. Una condensación de discursos colectivos de agrupamientos sociales – revelados cuando uno investiga las relaciones de poder – a un solo tiempo estéticas, ideológicas y morales.

II

El sociólogo es un autor para una sociología que es una narrativa (teórica/científica) – orientada por la epistemología del método de pesquisa para tomar conocimiento del fenómeno. La teoría social se encuentra en una suspensión entre la información producida por la prensa, su poder de comunicación a un lector solitario, o a una comunidad característica, como la académica, y las memorias colectivas e individuales, reminiscencias y el grado tutelar de la artesanía intelectual de la actividad sociológica. Lo que hace del sociólogo algo más que un cronista o relator de viajes, pero, el griot contemporáneo.

El lenguaje sociológico distinguiese en mucho de otros géneros narrativos, par excellance. Distinto de la novela no solo en función de la verosimilitud en detrimento de la ficción, aunque un paradigma orientado metodológicamente orientado tenga mucho de un mundo ficcional como el mundo medieval de Umberto Eco en Il nome della rosa. De la crónica, la sociología se aparta al obtener de las relaciones sociales valores que pueden ser prescriptivos. Las cuestiones éticas y morales tratadas, así como en el mito, en cuanto un recurso social para dar lecciones y consejos, son vistas a la luz de la sociología como normas de conducta y prácticas que representan y significan la condición de serse en sociedad.

Der Erzähler, ese hombre-lenguaje, este pensador que es al mismo tiempo la acción de narrar y el fenómeno narrado y el texto a describir y el escritor que escribe es a la vez familiar a la experiencia social, capaz de nómbrala, circunscribirla en conceptos y categorías. Pero también capaz de una forma rara de conocer, en una presencia que de su actualidad se acerca pero en el trascurso del tiempo se aleja, o distase del objeto que investiga, del fenómeno que narra. Walter Benjamin, en el célebre texto de 1936[[2]], acerca de la condición del narrador en la modernidad, apunta que el arte de narrar depende de “um observador localizado numa distância apropriada e num ângulo favorável. Uma experiência quase cotidiana nos impõe a exigência dessa distância e desse ângulo de observação”.

De este modo, la narrativa del sociólogo debe contribuir no solo para “intercambiar experiencias”, pero, de manera crítica, en un contexto en el que se reúna Teoría y Epistemología, en el ejercicio de atribuir sentidos y significados desapercibidos, aparentemente reproducidos de forma autómata en la vida social. Capacitando al lector, maneras de ver y de interpretar, en su propia realidad, los problemas puestos por la visión sociológica.

Las vicisitudes de una manifestación social no están bajo el control de aquellos que las manifiestan aunque estos contribuyen fundamentalmente, por veces para su mantenimiento y por veces para su transformación. La transmisión del conocimiento que garante la permanencia de un rito o de una manifestación, es una sucesión de narrativas y sus “lecturas” y adaptaciones, para cada época a partir de cada sujeto y cada pueblo que manifiesta esos dados históricos. Hoy en día, la naturaleza y más aún la naturaleza del tiempo es la inevitabilidad actual contra la cual el hombre ya no sabe más rebelarse, como otrora en los vaticinios de este sueño loco de razón que era la modernidad.

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Por ocasión de pensar sobre la historia oral y en un aspecto bastante más amplio, el hall bastante más extenso de la cultura tradicional, retomo las palabras de Benjamin para puntuar que en una sociología narrativa, en esta escritura-científica, conviniese  notar que “entre as narrativas escritas, as melhores são as que menos se distinguem das histórias orais contadas pelos inúmeros narradores anônimos”. O sea, lo que es más útil para ese narrador, caracterizado por su estilo de vida – el habitus científico del homos sociologicus – y principalmente marcado por el cosmopolitismo del tránsito o el que construye y reconstruye las historias de su país y las tradiciones de su nación.

Hay que recordar que, cuando expongo una forma de autonomía narrativa, no significa ausencia de estructura o hegemonía, pero un sentido que busca parearse con las visiones más fundamentales de libertad humana. Sea la autonomía de la cultura puesta entre la identidad y la representación, o del arte entre la creación y la reproducción.  La autonomía no es libertad absoluta, pero sinónimo relativo de posibilitad e invención, a uno solo tiempo que circunscripto y desbordante – autonomía es el saber abrir la comporta en el régimen cerrado de una presa.

III

Lo ético y lo moral, lo étnico y lo cultural, son las formas de estructuración ontológica del mundo – el fondo en el sin fondo de las contradicciones políticas, económicas y sociales. Y la estética es el principio de todos los fundamentos. Debido a que es a través de la imagen[[3]] que tomase contacto con el mundo – mosaico imaginado – fantasmagoría percibida por la consciencia bajo la noción de “apercepção sociológica”[[4]].

En este sentido, la alteridad en lugar de indicar aparentemente contradicción, diferencia o aislamiento, puede significar el “sentimento” de “ver-se o outro em si, de constatar-se em si o desastre, a mortificação ou na alegría do outro”, en las palabras de Oswald de Andrade. Según lo cual, la alteridad en el caso brasileño es una reminiscencia de la cultura matriarcal. El punto de partida de esa visión puede ser encontrado en la expresión de “identificación” que los indígenas manifestaban al recibir en su taba el extranjero por medio de “lágrimas y lastimas[[5]].

Una situación de concurres entre egoísmo y individualidad frente a la vida en solidaridad de los pueblos americanos pre-colombianos, se constata por las formas en que la vida social es afectada por la determinación objetiva y psicológica de las relaciones de propiedad privada en emergencia en la sociedad capitalista. Lo que con el apartamiento del hombre del sentido de comunidad o vida colectiva le permite engendrar la individualidad como una separación, o en la manera marxiana, una alienación de una supuesta consciencia colectiva socialmente compartida.

En culturas vírgenes de los auspicios de la Modernidad la relación social es construida solidariamente en referencia al clan, la tribu o la comunidad con base en una Weltanshauung relativa; y de encuentro al otro se despierta la aversión y el sentido de dominación. El complejo paroxismo entre comunión y devoración representase en el rito de la antropofagia.

El yo y el otro están en constante inmanencia. El “miedo ancestral” delante de la existencia, o sea, ese “pavor” de vivir con uno mismo[[6]], exige una liberación que se resuelve por la estrategia de la devoración, que resinifica en la contemporaneidad esa condición[[7]], en la cual solidaridad es alteridad – “um viver nos outros” aún que revestida de presupuestos morales.

[[1]] Para presentar mejor la cuestión del tiempo necesitamos restaurar las nociones de “comunidad imaginada” de Benedict Anderson, la “invención de la tradición” Eric Hobsbawm y sobre todo la “concepción dialéctica de la historia” de A. Gramsci, más allá de las construcciones de la historia social y la “memoria colectiva” de M. Hawlbacks. 

[[2]] BENJAMIN, Walter. O narrador: considerações sobre a obra de Nikolai Leskov. Magia e técnica, arte e política: ensaios sobre literatura e história da cultura. São Paulo: Brasiliense, 1994. P. 197- 221. (Der Erzähler: Betrachtungen zum Werk Nikolai Lesskows)

[[3]]Sea la imagen poética, sonido, metafórica, alegórica, etc.

[[4]] Además véase Edmund Hurssel.

[[5]] CARDIM, Fernão. Tratados da terra e gente do Brasil. Série V Brasiliana, Vol. 168. p. 150. s/d. apud ANDRADE, Oswald. Um Aspecto Antropofágico da Cultura Brasileira – O Homem Cordial (1950).  In: A Utopia Antropofágica. p. 217. s/d. Este texto reúne un conjunto de frases que van desde Sérgio Buarque de Holanda à Robert Briffault.  Los filósofos Sören Kierkegaard, Martin Heidegeer, J-P. Sartre e Karl Jaspers son también accionados, más allá del poeta Mallarmé.

[[6]]“emapoiar-se em si próprio em todas as circunstâncias da existência”. HOLANDA, Sérgio Buarque. O Homem Cordial. In: Raízes do Brasil. 2ª edição. p. 213-216 apud (idem.)

[[7]]Ora nihilista, como en Nietzsche o Sartre, de angustia como en Kierkgaard, cuidado en Hieddger, ou  “naufrágio” como em Karl Jaspers e Mallarmé. (op. cit.).

Camillo César Alvarenga

Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidade Federal do Recôncavo da Bahía, se encuentra en Estudios de postgrado en Sociología en la Universidade Federal da Paraíba. Desarrolla su investigación en etnomusicología de los ritmos brasileños: Maracatu y Samba de Roda. Músico, poeta, traductor y crítico brasileño, nacido en São Félix, en el Recôncavo da Bahía, en 1988. Hecho traducciones de Pablo Neruda, Octavio Paz, Langston Hughes, Nicolás Guillén, entre otros. Autor del libro de poemas "Scombros" (Edufrb 2012) y organizador de la antología de poetas baianos "Canoas do Paraguassu" (Edufrb 2012). Escribe en el blog www.leitordemanuscritos.blogspot.com

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