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El ocio actual como un asunto social impregnado de valores negativos

Vivimos en un mundo donde la gobernabilidad se encuentra altamente desasida de la ciudadanía e identificada con un pequeño y representativo grupo de gestores de lo político. Un mundo donde el verdadero poder de acción descansa ampliamente en los monopolios mejor consolidados del sector privado, los cuales, además, están desigualmente distribuidos dentro del sistema internacional productivo. Un mundo que es, sin duda, sumamente competitivo. Y es en dicho mundo, desde luego, donde el ocio se presenta como un asunto que queda bajo la mirada de toda clase de intereses cosificantes. Intereses que deshumanizan o que buscan lo más evanescente e impulsivo de nuestra vida humana. Intereses que, en últimas, son los que están educando a los jóvenes de la sociedad occidental contemporánea, muchas veces, dentro de marcos innegables de prejuicio, indiferencia y egoísmo. Partiendo de allí, las dos principales ideas del presente texto son, una, que el ocio es hoy por hoy un asunto fundamentalmente social y dos, que el ocio tiene un gran poder socializante y educativo que debería orientarse, desde un punto de vista axiológico, de una forma mucho más edificante, emocional, positiva y solidaria. 

El ocio actual

El ocio actual tiende a ser un asunto principalmente social

Se dice que con el pasar del tiempo en los estudios sociales de occidente, el trabajo llegó a ser una dimensión de primer orden que define al ser humano en cuanto a lo que se refiere a su relacionamiento cotidiano (Gómez y Elizalde: 2009). De igual forma, se dice que muy recientemente el ocio se ha presentado como una contraparte no menos fundamental de dicha dimensión, es decir, de la dimensión del trabajo (Moral: 2009). Una contraparte que ha tenido reconfiguraciones sociales de gran peso en el imaginario colectivo durante las últimas décadas. Se dice, además, que el ocio comenzó a tener un papel notorio o preponderante, en sociedades de matices postindustriales, donde la tendencia inicial era la de trabajar deprisa para descansar despacio (Moral: 2009). Y digo tendencia inicial, para matizar un poco este aspecto epistemológico, ya que en nuestras sociedades actuales el ocio hace parte de un sinnúmero de dinámicas complejas, muchas de las cuales, cabe decir, no llevan precisamente al descanso y al relajamiento. De esta forma, por irónico que suene, hay muchas dinámicas de tiempo libre y descanso, que instan, hoy en día, al estrés, al miedo, al querer sobresalir a toda costa y de formas no muy tolerantes, o a querer acoplarse dentro de ciertos patrones de belleza contemporánea. 

Ahora bien, hay que decir que el ocio, desde un punto de vista general, es, sin duda, un gran logro social y un eje configurador de un gran número de aspectos de la vida actual. No obstante, muchos autores como Frankel B, concuerdan en el hecho de que el tiempo libre y el ocio se manifiestan hoy por hoy, “como un logro que podría volverse, en su modalidad más alienante, contra quienes le otorgaron estatuto de ser desvinculado del tiempo cautivo laboral, aún referente y eje director de la vida del individuo en esta sociedad postindustrial”. Pues bien, antes de hablar brevemente y de forma esquemática en este breve ensayo acerca de aquel aspecto que señala que el ocio no se halla direccionado de la mejor forma en nuestras sociedades, y de cómo se ha vuelto, de hecho, y en una gran cantidad de factores, un eje social que está en nuestra contra, habría que señalar una de sus principales peculiaridades. Habría que señalar la que podría ser por estos días su principal característica.

Pues bien, dicha característica es la que nos sitúa al fenómeno del ocio como un asunto principalmente social en cuanto que se desenvuelve de forma no pasiva o estática y articulando redes y relaciones de todo tipo en nuestras actuales sociedades de la información. En estas sociedades donde uno de los principales ejes orientadores de la vida, de acuerdo con autores como Georgina Remondino (2012), es la máxima de “muéstrate a ti mismo”, en lugar de la máxima de “ayuda a los demás”, o “comprende a los demás”, o en lugar de muchas otras máximas de similar textura axiológica. Pues bien, en ese marco social dado, uno de los principales escenarios de ocio contemporáneo, son las redes sociales, donde, efectivamente, las personas practican la máxima de nuestra era de “muéstrate a ti mismo”. Pero eso sí, no sólo allí el ocio es social. Muchas practicas mediadas, por ejemplo, que en el siglo XX eran individuales, como los videojuegos, se han vuelto cada vez más y más de matiz social. Claro, hoy en día las TIC permiten que muchos aspectos de la vida, se lleven a cabo más allá de las limitaciones espaciales o de los emplazamientos geográficos y, además, en tiempo real. Hoy en día, por tanto, las TIC permiten que el ocio sea un asunto social.

La permanencia de gran parte del conflicto y la tensión social, a causa de los valores negativos que impulsa un ocio mal direccionado

Para terminar esta pequeña reflexión, veo conveniente añadir a lo ya dicho, que en este mundo de paradigmas productivos y sociales innegablemente competitivos, y no precisamente cooperativos, el ocio es un es campo de la vida social humana donde se articulan, se despliegan y se originan incluso, muchos de los principales antivalores que definen a nuestras actuales sociedades. La sociedad contemporánea, de hecho, vive pasmada ante un enjambre avasallador de deseos y requerimientos egoístas, ya que el mercado incita una cultura extrema de la posesión que se manifiesta incluso en nuestras relaciones sociales. El ocio, además, es socialmente asociado a los jóvenes o a personas que recién se están formando en el mundo. De ahí que dicho grupo de personas se halle cien por ciento expuesta al despliegue social de los valores negativos contemporáneos. De esta forma, hoy en día en Internet, muchas personas se divierten excluyendo a otras de ciertos espacios específicos, observando asesinatos reales de personas, incentivando relaciones humanas reducidas únicamente a la dimensión sexual, o propagando distintas y diversas formas de odio e intolerancia. 

Podemos llegar a ser una sociedad con mejores valores, pero las actuales dinámicas de ocio menoscaban aquel logro, y en este orden de ideas, es muy probable que tengamos a futuro un mundo en el que se sigan perpetuando indefinidamente las grandes guerras y los grandes conflictos. Claro, el conflicto es un asunto inherente a lo humano, y totalmente ligado a lo humano y a la relación social, pero no necesariamente también lo es por ello la guerra. No pretendo decir, por supuesto, que las futuras guerras vayan a ser producto de cómo vivimos en estos tiempos nuestros ratos de ocio. La guerra, el dominio y el poder, cabe decir, son asuntos demasiado complejos que abarcan una gran cantidad de fenómenos y dimensiones, y que no deben ser encerrados en exceso en un solo aspecto metodológico o epistemológico. No debemos asociar, por tanto, el poder, por ejemplo, con un único conjunto de aspectos que lo reduzcan a lo patriarcal, o al sistema económico imperante, o a cualquier otro aspecto que prive a estos asuntos de muchos matices. 

Finalmente, cierro esta breve y muy general y abarcadora reflexión, invitando al debate sobre el ocio, y al debate sobre cómo podría llegar el ocio a estar estrechamente vinculado con una buena formación del individuo en un mundo donde la educación llegue a estar vinculada no a ciertos marcos institucionales formadores, sino a las dimensiones más profundas y sobresalientes del ser humano. Unas dimensiones en donde haya un manejo adecuado de las emociones y del relacionamiento en general de la persona en sociedad. 

Bibliografía 

Frankel,B.(1989): Los utópicos postindustriales. Valencia: Edicios Alfons el Magnànim.

Institució Valenciana d’Estudis i Investigació.

Gomes Christianne y Elizalde Rodrigo, (2009), Trabajo, tiempo libre y ocio en la contemporaneidad: Contradicciones y desafíos, En: Polis, Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 8, Nº 22, 2009, p. 249-266

Remondino, Georgina (2012). Blog y redes sociales: un análisis desde las tecnologías de la gubernamentalidad y el género. Athenea Digital, 12(3), 51-69.

Miguel Ángel Guerrero Ramos

Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, ensayista y escritor. Diplomado en psicología educativa y comercio exterior. Estudiante de la Maestría en Derechos Humanos en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC). Ha escrito diversos artículos y libros académicos y varias obras de ficción literaria como las novelas “Cuando el demonio ama” o “Al fondo de las pupilas del tiempo infinito”, algunas de las cuales se encuentran traducidas al inglés. Gran parte de su obra académica dentro de las ciencias sociales, se encuentra en su perfil de Editorial Grin.com. Visita su blog: sociologiaandreflexion.blogspot.com.es

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Comentarios 2

  1. Francisco Castellón Amaya

    Su reflexión sobre el ocio la utilizaré con mis alumnos de bachillerato en un ejercicio de debate, como parte de la preparación para un concurso entre escuelas. Lo debatiremos sobre si es o no conveniente que en las escuelas se construllan espacios para el ocio.

    Estamos en la ciudad de Zapopan, Jalisco, México. Escuela Preparatoria 8 de la Universidad de Guadalajara

    Gracias por su texto

  2. María Bejarano Monge

    Participo en una asociación cultural y promovemos que nuestros “ratos de ocio” los utilicemos en auto formación, que llamamos filosofía vivencial, precisamente para apartarnos de ese culto a la personalidad para construir en conjunto una sociedad con valores como solidaridad, tolerancia, etc. Gracias por este artículo que me permite ampliar horizontes.

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