Ancor Mesa Méndez, Artículos/Noticias, Columnistas, Política

Biopolítica post-15-M, ocaso del bipartidismo y auge social de Podemos

Durante mis años de estudio en el programa de Doctorado en Psicología Social, en la Universitat Autònoma de Barcelona, descubrí en más o menos profundidad el concepto de ‘biopolítica‘. Muy sintéticamente, en la obra de Michel Foucault, la biopolítica hace referencia al ejercicio del control de los seres humanos sobre el curso de la vida en un entorno social. El control y desarrollo de los cuerpos, los hábitos, la identidad, la nacionalidad, el ‘cosmopolismo’, la etnicidad, el género, la sexualidad, la clase, etc., son procesos que participan muy intensamente en el transcurso vital de las personas. Desde luego, en el quehacer cotidiano todos estos no son aspectos que se puedan restringir al ámbito de la libertad íntima, sino que se encuentran claramente condicionados a normas, leyes, empatías, tecnologías, situaciones laborales, ambientales, y un buen puñado de circunstancias que dependen de ámbitos que se nos escapan del control íntimo e inmediato de nuestra vida. El ejercicio del poder en una comunidad política, es decir, aquellas que se rigen por un ámbito normativo común, es determinante a la hora de hacer vivir de una u otra manera a las personas que la constituyen. Este fundamento básico de la Sociología y la Ciencia Política, contribuyen a destacar el concepto de ‘biopolítica’ como una herramienta muy útil a la hora de entender, por ejemplo, por qué la mayoría de las conversaciones cotidianas entre la gente de a pie suelen versar dentro de los márgenes de la política, ya se hable del último partido de fútbol, de lo aprovechado que pueda llegar a ser tu cuñado, lo inadecuadamente que iba tal o cual persona vestida para el último evento o el perjuicio a la salud pública que puedan constituir los recortes presupuestarios por culpa de la deuda externa.

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Pero en los últimos años y más intensamente en los últimos meses, el plano más institucional de la política, aquel al que se refieren los medios de comunicación, el de los presidentes, los sistemas electorales, el del derecho a decidir, los problemas de desigualdad, o el de la corrupción, el de la crisis económica, etc., parece que está de moda en toda una infinidad de ámbitos. Los prime time televisivos son ocupados por tertulias y reportajes políticos, las conversaciones entre amigos y familiares se inundan de debates sobre la deuda externa, las ‘tarjetas black’ de los cada vez más conocidos consejeros de entidades bancarias, de leyes hipotecarias, de la posibilidad de reformar o redactar una nueva Constitución, y un sinfín de temas completamente residuales en la parrilla de hace muy poco tiempo. Hasta el videojuego de más éxito de los últimos años, el Grand Theft Auto V, se basa en una profunda reflexión política de la sociedad americana y (mal)llamada occidental. El grueso de las preocupaciones, planteamientos, iniciativas y debates surgidos, en el caso español, de aquel 15 de Mayo de 2011, catalogados en su momento de poco menos que utópicos, ingenuos o perroflautistas, fueron calando y corriendo como la pólvora hasta cristalizarse hoy en día en algo así como en el argumentario que marca la agenda mediática del juego de la política institucional. 

Si hace tres años, en un movimiento espontáneo de colectivos ciudadanos, muchos de ellos activistas, otros no tanto y otro tanto de primerizos, el fenómeno del 15-M funcionó como una especie de toque de campana y de atención hacia propios y extraños sobre la urgencia de constituir un frente social capaz de frenar el rumbo suicida que había tomado Europa y la necesidad de poner en evidencia el desastre social en el que había derivado el orden político español fundado en 1978 (por poner una fecha…). A partir de ese momento se puso sobre la mesa de forma contundente el debate sobre la decadencia de un orden político que se había instaurado supuestamente con intenciones de concordia social y que se ha convirtiendo en un sistema de perpetuación ‘clientelar’ de muchas de las prácticas caciquiles heredadas del Franquismo. Tres años de gobierno de Mariano Rajoy ha convertido el debate en evidencia, certificada por la mayor ola de imputaciones políticas en casos de corrupción de la historia de España. 

Recuerdo que a principios de este año, mucha gente solía preguntarse por qué no se evidenciaba un estallido social de indignación como el que surgió en 2011 ante el escenario claro de desfachatez de los (i)responsables de la toma de decisiones públicas de este país. Parecía como si, aunque se hubieran solidificado, las consignas del 15-M hubiesen caído en saco roto. Después de las elecciones europeas del pasado 25 de mayo, en cambio, parecen haberse re-configurado las expectativas en cuanto al rumbo futuro político del país. Durante las últimas semanas [Enlace retirado] y el CIS confirman la caída de los dos partidos estatales mayoritarios hasta la fecha y estiman un ascenso meteórico de ‘Podemos’, la formación política que parece reproducir con mayor eficacia el grosso modo de los modelos participativos y las propuestas de aquel fenómeno político espontáneo de hace poco más de tres años. Este hecho también denota que la batalla discursiva la continúa ganando el 15-M y subiendo, su diagnóstico (“no nos representan”, “son una casta”, “gobiernan para las minorías”, etc.) se asienta y sus recetas y orientaciones estratégicas inundan el argumentario de las conversaciones cotidianas de cada vez más gente: más democracia, trasparencia, accesibilidad y popularización de la práctica deliberativa de las decisiones públicas. Parece que, tras años de discusión y zozobra, se hubiera encontrado el brazo institucional de aquella expresión ciudadana. La regeneración interna de las fuerzas del régimen actual (PP, PSOE, CiU, CC, PNV, UpyD,…) se va quedando sin banquillo (tanto en personas públicas, como en masa social que les apoye), sin capacidad de liderar la vanguardia discursiva, como parecían hacer hasta antes de la crisis, y sin estrategias claras más allá del “más vale malo conocido que bueno por conocer” y de acusar de ‘populistas’, ‘filo-etarras’, ‘telepredicadores’ o ‘radicales’, al puro estilo ‘perroflauta’ hace tres años, a quienes traten de insinuarse contra las condiciones políticas que ha impuesto la Troika y lo que muchos ya nos hemos a acostumbrado también a llamar ‘la casta’. 

Quizás la clave para entender el cambio de rumbo que pueda dar la política institucional española y Europea en los próximos meses y años tenga mucho que ver con lo que aporta entender la vida humana bajo la óptica de la biopolítica, como una red de relaciones de carácter político que condicionan la existencia, la identidad y, como antes comenté, un montón de procesos que, a priori parecen íntimos pero que tienen que ver con el ejercicio del poder. Tal vez, una de las claves para entender la fuerza que ha adquirido el contrapoder re-fundado tras el 15-M es el triunfo que supone para las clases populares españolas tomar conciencia que la mayoría de los problemas estructurales de su vida se generan en un sistema político que funciona en contra de su condición, dificultando el ascenso social y cerrando filas entre un conglomerado de familias y profesionales que se esfuerzan cada día por asegurar su posición, haciendo caso omiso a las leyes, si ello lo requiere. Hace tres años se negoció públicamente un relato que está ayudando cada vez más a entender la realidad colectiva de los problemas que ha agravado esta incesante crisis económica y social. Un relato que ha transformado el desánimo y la resignación en hambre de dignidad como pueblo. A lo mejor, por muchos calificativos más o menos prepotentes que se puedan inventar, les será extremadamente difícil parar un proceso en el que la ciudadanía busca acercar cada vez más la política institucional a sus vidas para ejercer su derecho a decidirlo todo, su derecho a equivocarse y rectificar y su deber de tomar las propias riendas de su vida y de ayudar activamente a construir un mundo, por muy inmediato que sea, infinitamente más justo.

Ancor Mesa Méndez

Nací en La Orotava, Tenerife, Islas Canarias en 1985. Comencé a estudiar en la Universidad de La Laguna y me licencié en Sociología por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) en 2007. Acabé el Máster en Investigación Psicología Social por esta misma universidad en 2008. Desde el pasado 4 de diciembre de 2012 soy Doctor en Psicologia Social, también por la UAB. Actualmente resido en l'Hospitalet de Llobregat y trabajo como sociólogo para la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona (FAVB). Soy canario, culé, demócrata y republicano.

Comentarios de Facebook

Comentarios 3

  1. El Antropólogo Principiante

    Mientras que en nuestra sociedad todo iba bien, nadie se preocupaba por la corrupción, ahora que va mal, los casos de corrupción saltan a la arena mediática y todo el mundo lo pone en boca, cuando la corrupción siempre ha existido. Cuando la gente podía comer y vivir bajo techo no se preocupaban por la política que incumben en sus relaciones de día a día, ahora que se pasa hambre, se acogen a lo novedoso, a lo esperanzador, a esa nueva formación que nos sacará de estos años de crisis social, política y económica.

  2. Veronika Arauzo

    Soy activista pro derechos de grupos y personas en exclusion social, personas trans y trabajo sexual. Entre nuestras luchas esta el concepto de la clinica ,a lgo que no podemos negar y que espero ke el espiritu del 15M no olvide, todas esas politicas de control al cuerpo, deseo y ser , que delimitan y reconducen a las personas.
    Son muchos los frentes que sufren restigciones de sus derechos y sus libertades, ya sea en el caso de las personas que libremente ejercen el trabajo sexual , al negarles derechos lejislados laborales y empujarlas a la indusctri a través de la reglamentacion y la abolicion.
    Las personas con diversidad funcional y/o cognitiva , negandoles el derecho a el deseo y la sexualidad y siendo algo al que pueden acceder dependiendo de le grado de concienciacion social que tengan sus progenitores, o la suerte de caer en manos de una fundacion no de corte relijioso que, despues de muchas asambleas permitan el derecho ke toda persona tiene a explorar su sexualidad, ke tambien esta coarteado en determinados colectivos.
    Somos muchxs lxs etiquetados y clasificados por la Clinica , ke Foucault menta , somos muchos los individuos de esta sociadada que se nos niega nuestros derechos y que se rentabiliza nuestro estigma en por de la salud y bienestar.
    Seguimos luchando

  3. Felipe

    Muy bien, pero lo del Grand Theft Auto V no encaja ni con calzador.

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