Antonio Antón, Artículos/Noticias, Columnistas, Sociedad

Características objetivas de las clases sociales

Atendiendo a las características ‘objetivas’ de la población, a su diferenciación socioeconómica y de poder, existen tres grandes clases sociales: dominante, medias y trabajadoras. Sus contornos y características están sometidos a la selección de los datos de las diferentes fuentes y a distintas interpretaciones y marcos teóricos. Aquí solo vamos a exponer sintéticamente la composición global de la población activa, según el tipo de ocupación –o desempleo- y la evolución de las clases sociales en España durante la crisis. En otra parte exponemos una investigación más detallada (ANTÓN, 2014).

El elemento fundamental para un análisis de clase ‘objetiva’, partiendo de la relevancia de la situación ‘material’ en las relaciones económicas, es el de la posición de dominio, control o posesión respecto de los medios de producción (y distribución y reproducción) y la fuerza de trabajo, incluida la capacidad de decisión y gestión productiva y de los recursos humanos (y su relación con los educativos y familiares).

Esta idea de clase social, por sus condiciones ‘objetivas’, anclada también en el (neo)marxismo de influencia weberiana (WRIGHT, 1994), aborda mejor la realidad sustantiva de las posiciones de explotación y poder en las relaciones económicas y productivas. Es significativa la diferencia entre la posesión y el control efectivo y la situación derivada de la propiedad jurídica. Tenemos a altos ejecutivos (asalariados) cuya capacidad decisoria y de control de medios de producción es muy superior a la de muchos empresarios-propietarios de la pequeña y mediana empresa (e incluso a la de sus accionistas). Esas capas altas asalariadas, particularmente las vinculadas al sector financiero (capas ‘extractivas’), utilizan también su posición de control y poder de los instrumentos económicos, en un contexto institucional desregulador y permisivo, para apropiarse del valor creado por otras personas y empresas; son asalariados pero no están explotados sino que son explotadores. Pero, sobre todo, hay que considerar que del bloque de autónomos y similares, en torno al 70% (71,3% de los hombres y 69,1% de las mujeres) pertenecen a la clase trabajadora. Con un control relativo de sus medios de trabajo, una limitada autonomía y una dependencia mercantil y laboral vía subcontratación, este sector de autónomos (muchos son ‘falsos autónomos’) está más subordinado y dependiente que otras capas asalariadas, profesionales o gestores responsables de departamentos o áreas de negocio, con contrato laboral pero con gente asalariada (o autónomos) bajo su control, y que consideramos de clase media.

Por tanto, aquí la referencia principal para dividir a la población ocupada será esta posición sustantiva en la capacidad de dominio (o dependencia) de los medios de producción que, a su vez, tiene una vinculación con el grado de poder o autoridad efectivos y un impacto distributivo por la capacidad de apropiación y uso de los recursos económicos (el valor producido). Las dimensiones clave para este concepto de clase social, que definen la posición ‘objetiva’, son dos: las relaciones de apropiación, y las relaciones de dominación. El grado de explotación que tiene cada segmento de asalariados no viene determinado solo por la condición asalariada (frente al capital o los propietarios), sino por la posición jerárquica o de dominio y subordinación en el aparato productivo (y reproductivo), así como de su nivel retributivo o la parte del valor recibido por su fuerza de trabajo (o su capital y su poder).

Para su análisis utilizaremos los datos EPA sobre el tipo de ocupación (posición y capacidad real de control, autonomía o dependencia de cada tipo de empleo). Y solo aludimos a los resultados sobre la situación profesional formal o su tipo de contrato –laboral o mercantil- (asalariado, autónomo o empleador) o el nivel de ingresos, expuestos en la citada investigación. Estos datos sobre la posición ocupacional no dan una idea completa de esa situación sustantiva pero proporcionan los datos estadísticos más aproximados a este concepto. Además, hay un reconocimiento oficial de su validez y están vinculados con los criterios establecidos por la Encuesta socioeconómica europea (Eurostat), de influencia weberiana y centrada en la cualificación y la autoridad de cada empleo.

Así, junto a la típica ‘vieja’ clase media propietaria (pequeño burguesía en el lenguaje marxista), está la ‘nueva’ clase media asalariada –o autónoma- (técnicos, gestores y profesionales) con una posición superior, de control, autoridad e ingresos, a la de la clase trabajadora. A pesar de ser asalariados (y trabajadores) no forman parte de la misma, al tener una posición de menor subordinación, mayor dominio y capacidad decisoria y remuneraciones superiores a la media, aspectos que inciden en su estatus socioeconómico (capacidad adquisitiva, estilo de vida, ocio y consumo, trayectorias profesionales y expectativas vitales y culturales…).

Gráfico 1: Evolución de la población activa en clases sociales (2007-2014) (%)

Evolución de la población activa en clases sociales

Fuente: INE-EPA-2007TII y 2014TII, y elaboración propia.

En relación con el tipo de ocupación la EPA clasifica a la población ocupada en diez categorías, pero aquí se han agrupado en cuatro bloques, para resaltar las diferencias más significativas, considerando el nivel de cualificación y estatus del empleo y juntando los sectores industrial, de servicios y agrícola-ganadero. Así quedan: a) Directores y gerentes (tipo de ocupación 1); b) Técnicos y profesionales (2: Técnicos y profesionales científicos e intelectuales; 3: Técnicos; profesionales de apoyo); c) Trabajadores cualificados (4: Empleados contables, administrativos y otros empleados de oficina; 6: Trabajadores cualificados en el sector agrícola, ganadero, forestal y pesquero; 7: Artesanos y trabajadores cualificados de las industrias manufactureras y la construcción (excepto operadores de instalaciones y maquinaria), y d) Trabajadores poco cualificados -desde semicualificados hasta sin cualificar- (5: Trabajadores de los servicios de restauración, personales, protección y vendedores; 8: Operadores de instalaciones y maquinaria, y montadores; 9, Ocupaciones elementales; 0: Ocupaciones militares (son ochenta y cinco mil y como están sin especificar no se han distribuido en clases sociales).

El total de la población activa en el año 2014TII es de 22,97 millones de personas (17,35 ocupadas y 5,62 desempleadas) y en el año 2007 era de 22,35 millones (20,58 ocupadas y 1,77 desempleadas). En estos siete años de crisis, se ha reducido en empleo en más de tres millones y se ha incrementado en paro en casi cuatro millones. Nos centramos en la evolución de las distintas clases sociales, comparando los porcentajes de cada una de ellas respecto del total, en esos dos momentos (gráfico 1): han disminuido la clase alta (3,2 puntos, casi la mitad) y las clases medias (3,7 puntos), y se han incrementado las clases trabajadoras (9,3 puntos). En todo caso, el dato relevante es la composición ampliamente mayoritaria de las clases trabajadoras (79,6%), frente a las clases medias (16,8%) y la clase alta (3,6%). Si comparamos con los resultados (ANTÓN, 2014) de las mismas clases sociales en que agrupábamos la población asalariada (o sea, sin empresarios, autónomos y desempleados) por su nivel de ingresos, vemos una importante aproximación en el distinto peso de cada una de las tres grandes clases sociales en los dos ámbitos (población asalariada y población activa), con más de dos tercios de clases trabajadoras, entre el 20% y el 30% de clases medias y no llega al 4% de clase alta.

Gráfico 2: Evolución de la composición de las clases trabajadoras (2007-2014) (%)

Evolución de la población activa en clases sociales

Fuente: INE-EPA 2007TII y 2014TII, y elaboración propia.

El gráfico 2 muestra la evolución solo de las clases trabajadoras, es decir, la población ocupada –asalariada y autónoma- sin las clases alta y medias (de empleo de alta cualificación, gestión o control) y añadiendo la población desempleada. El análisis se realiza con los datos del tipo de ocupación o cualificación de su empleo (o paro) según la EPA. Como se acaba de decir, el total de las clases trabajadoras, respecto del conjunto de población activa, era del 70,3% en el año 2007, y del 79,6% en el año 2014, con un incremento de más de cinco puntos. No obstante, aquí se comparan los porcentajes de cada segmento respecto del 100% del total de las clases trabajadoras de cada año.

El impacto de la crisis en sus cuatro segmentos significativos es el siguiente. Desciende el segmento de empleo cualificado de la clase trabajadora (trece puntos), se mantiene casi el de empleo semicualificado, disminuye el de poco cualificado (cerca de siete puntos) y aumenta el de desempleo (más de veintiún puntos). Si en el año 2007 las personas desempleadas o con empleo poco cualificado eran el 31% de las clases trabajadoras, en el año 2014 eran cerca de la mitad (45,5%); en la composición interna de las clases trabajadoras se produce una regresión en el tipo de ocupación o condiciones de cualificación del empleo.

Podemos terminar diciendo que lo que ha pasado en nuestra sociedad no ha sido la desaparición de las clases, sino la ocultación de sus signos más evidentes, que ha servido para instaurar la idea más general de que tales divisiones habían dejado de existir (SUBIRATS, 2012: 401).

Extracto de la Comunicación titulada Cambios en las clases sociales presentada en el II Congreso de Trabajo, Economía y Sociedad, octubre de 2015.

Bibliografía citada

ANTÓN, A.: Sujetos y clases sociales. Colección Estudios, nº 83. Madrid, Fundación 1 de Mayo. 2014.

SUBIRATS, M.: Barcelona: de la necesidad a la libertad. Las clases sociales en los albores del siglo XXI, Barcelona, UOC. 2012.

WRIGHT, E. O.: Clases, Madrid, Siglo XXI. 1994.

Antonio Antón Morón

Profesor honorario. Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid - UAM. Imparte docencia en la Facultad de Formación de Profesorado y Educación. Ha realizado diversas investigaciones y es especialista en Políticas públicas y Estado de bienestar, Sociología del Trabajo, Movimientos sociales y cambio social y Sociología de la Educación. Colabora con distintos medios de comunicación y ha publicado numerosos artículos y una docena de libros; entre los últimos están: Reestructuración del Estado de bienestar (2009), Resistencias frente a la crisis. De la huelga general del 29-S al movimiento 15-M (2011), Educación Pública: de tod@s para tod@s. Las claves de la “marea verde” -coautor- (2012) y Ciudadanía Activa. Opciones sociopolíticas frente a la crisis sistémica (2013).

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Comentarios 1

  1. Sergio RamosGalicia

    Hay una serie de interpretaciones equivocadas en la definición de clases sociales, pero sobre todo, que es confusa porque los elementos objetivos que maneja hacen de los ejecutivos trabajadores asalariados, clasificados éstos, además como “asalariados altos”. Estas y otras confusiones hacen de este artículo teóricamente deficiente.

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