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Michel Foucault y los márgenes de la Psicología

En su obra de 1989, Jacques Derrida se referirá a Michel Foucault como un “filósofo marginal”, ocupado de temas que siempre rozan el margen de su disciplina pero que al mismo tiempo tambalean y re-configuran su centro y objeto de estudio. Los temas, conceptos y categorías  a los cuales Foucault prestó atención y sobre los cuales elaboró sus más grandes obras (la locura, el discurso, la disciplina, el castigo, el poder, etc) no son en modo alguno los temas “clásicos” de los cuales se han ocupado y han escrito los grandes filósofos que conforman buena parte la tradición y el discurso dentro del cual el propio Foucault se formó. Es justo preguntarnos (incluso si tomamos únicamente sus primeros textos) por la naturaleza, implicaciones y condiciones de la ruptura que ejerce Foucault con respecto a su disciplina, tradición y contexto, pero de la misma forma, es justo preguntarnos por sus efectos sobre la Psicología, disciplina que ocupa un lugar marginal en la vida del propio Foucault.

Michel Foucault y los márgenes de la Psicología

Fuente: Kaosenlared

Deleuze y Guattari (1985) dirán que Foucault “pensó distinto en tanto pudo escribir distinto”. El status de “máquina de guerra” que adquiere Foucault en relación a la tradición filosófica y sus prácticas tiene sin duda mucho que ver con su arqueología, que interroga a la tradición occidental desde el “cómo” y no el “qué”, más interesada en el “pasado plural” que en el desarrollo lineal de la historia y sus objetos. Altamente influenciado por Nietzsche, la arqueología de Foucault persigue justamente aquellos elementos “marginales” que parecen no tener historia, como la sexualidad, la locura o el poder.

Es también marginal el agenciamiento que ejerce Foucault en relación a sus textos y su obra, negándose continuamente a ejercer sobre estos la figura tradicional y arborificante del autor que en 1969 pondrá en arduo cuestionamiento; la figura del “amo del discurso” que confiere coherencia, uniformidad y universalidad a todo lo que ha producido, sellando bajo su nombre versiones únicas de lo que se ha dicho y haciendo ver la diferencia o el contraste como “accidental” y menos importante. Las obras de Foucault no solamente movilizan tradiciones, perspectivas y objetos, también lo movilizan a él y lo llevan continuamente a ubicarse en nuevas posiciones y relaciones con sus objetos, posturas  e incluso lectores anteriores. Foucault sentenciará hacía finales de su obra que su trabajo intelectual tiene por objeto producir cambio y movilización “Si he trabajado duro, no es para ser la misma persona y decir las mismas cosas”.

Quizás ninguna otra obra le valga a Foucault el título acuñado por Derrida tanto como su polémica obra inicial “La Historia de la Locura en la Época Clásica”, centrada en la discusión de los contextos, lugares, pluralidades y racionalidades discursivas en los cuales ha transitado el fenómeno de la locura, pero a su vez, una hábil disertación acerca de la construcción, cambio y locura de las racionalidades que aún hoy se nos presentan como naturales, cotidianas y a-históricas.  Así, el tránsito que han hecho “los locos” de la nave al confinamiento, es también un tránsito mucho más amplio en el orden occidental, sus racionalidades, sus subjetividades y sus formas de producción y administración de verdades.

“Ha nacido una sensibilidad, que ha trazado una línea, que ha marcado un umbral, que escoge, para desterrar. El espacio concreto de la sociedad clásica reserva una región neutral, una página en blanco donde la vida real de la ciudad se suspende: el orden no afronta ya el desorden, y la razón no intenta abrirse camino por sí sola, entre todo aquello que puede esquivarla, o que intenta negarla. Reina en estado puro, gracias a un triunfo, que se le ha preparado de antemano, sobre una sinrazón desencadenada. La locura pierde así aquella libertad imaginaria que la hacía desarrollarse todavía en los cielos del Renacimiento. No hacía aún mucho tiempo, se debatía en pleno día: era el Rey Lear, era Don Quijote. Pero en menos de medio siglo, se encontró recluida, y ya dentro de la fortaleza del confinamiento, ligada a la Razón, a las reglas de la moral y a sus noches monótonas.” (Foucault, 1967 pp. 65)

Tomemos ahora el ejemplo del notable precursor del movimiento anti-psiquiátrico Sasz, quien expuso (1961) con detalle el origen “absurdo” y cruel de la práctica del electrochoque, ideada por el psiquiatra italiano Ugo Cerletti al observar como electrocutaban a los cerdos en los mataderos para que estos aceptaran dócilmente su destino. La obra de Foucault nos serviría para entender que Cerletti y su “loca” idea de electrocutar a las personas como a los cerdos del matadero tienen lugar en el marco de ciertas condiciones de verdad que otorgaron legitimidad y aceptación a las nuevas prácticas psiquiátricas, prácticas que se circunscriben según Foucault (1978) a una racionalidad médica que siglos atrás habría sido impensable e indefendible, pero que hoy es un centro gravitatorio de la vida occidental y gran orientadora de instituciones, prácticas y subjetividades.

“Desde la creación del Hospital General, desde la apertura, en Alemania y en Inglaterra, de las primeras casas correccionales, y hasta el fin del siglo XVIII, la época clásica practica el encierro. Encierra a los depravados, a los padres disipadores, a los hijos pródigos, a los blasfemos, a los hombres que “tratan de deshacerse”, a los libertinos. Y, a través de tantos acercamientos y de esas extrañas complicidades, diseña el perfil de su propia experiencia de la sinrazón.” (Foucault, 1967 pp. 91)

El hospital general, núcleo social de la práctica médica y cuna de lo que Foucault llamará “gran encierro”, había sido de interés también para la tradición marxista, que apuntó en reiteradas ocasiones la condición de “trabajador” en la que se encontraba el enfermo, así como las relaciones de explotación, plusvalía y alienación que en este se producían. Foucault comparte en cierta medida esta apreciación “burguesa” del hospital, sin embargo se ubicará en los márgenes del mismo marxismo cuando apunte que la figura del hospital general no solamente hace sentido con las prácticas discursivas del capitalismo, sino que representa al mismo tiempo una forma de gestión política y un espacio de producción y reproducción de verdades, racionalidades y exclusiones.

La locura ya no hallará hospitalidad sino entre las paredes del hospital, al lado de todos los pobres. Es allí donde la encontraremos aún a fines del siglo XVIII. Para con ella ha nacido una sensibilidad nueva: ya no religiosa, sino social. Si el loco aparece ordinariamente en el paisaje humano de la Edad Media, es como llegado de otro mundo. Ahora, va a destacarse sobre el fondo de un problema de “policía”, concerniente al orden de los individuos en la ciudad. Antes se le recibía porque venía de otra parte; ahora se le va a excluir porque viene de aquí mismo y ocupa un lugar entre los pobres, los míseros, los vagabundos. La hospitalidad que lo acoge va a convertirse —nuevo equívoco— en la medida de saneamiento que lo pone fuera de circulación. En efecto, él vaga; pero ya no por el camino de una extraña peregrinación; perturba el orden del espacio social. Despojada de los derechos de la miseria y robada de su gloria, la locura, con la pobreza y la holgazanería, aparece en adelante, secamente, en la dialéctica inmanente de los Estados.” (Foucault, 1967 pp.52)

La arqueología de Michelle Foucault reconstruye la subjetividad occidental a partir de sus márgenes, sus sinrazones y sus excluidos. Al poner minuciosamente la mirada sobre aquellas prácticas que parecen no tener historia y aquellos objetos que parecen estar al margen de todo, Foucault revela la inconsistencia, la historicidad y la humanidad del “todo”, de aquellas prácticas y tradiciones que hemos aceptado y heredado como canónicas y  normales. En su estudio de la marginalidad y los marginales, Foucault visibiliza el proceso de marginación inherente a las prácticas racionales occidentales.

Foucault es hábil en ubicar en los dispositivos de su época, la racionalidad exclusiva y excluyente del mundo occidental que fundamentada en la ilustración, hará de sí misma el centro normal y normalizante de las tradiciones y las disciplinas. Existe en esta racionalidad ilustrada, un “prejuicio contra los prejuicios” (Gadamer, 2005), una insistente pugna por anclar o reducir la singularidad, la mirada y la subjetividad a las verdades de los mitos occidentales ilustrados, sus prácticas y sus métodos. En este sentido, el “gran encierro” de los locos, los criminales, los anormales, los marginales… es también el gran encierro de las miradas, de las disciplinas y los cuerpos de la “normalidad”. El centro es definido y articulado siempre en relación a sus márgenes y a lo que aparentemente queda fuera de él.

Creo que a partir de lo desarrollado hasta ahora, es preciso y productivo tomar los trabajos de Foucault para volver sobre la Psicología, su centro y sus márgenes. Ubicar en ella sus prejuicios y sus amos, pero también ubicarla en los contextos, tradiciones y discursos que han hecho posible su constitución y la de sus objetos y ámbitos de estudio. En esta dirección van algunas de las preguntas y cuestionamientos que formula José Félix Salazar en la Universidad Central de Venezuela:

“¿Son los átomos los que determinan al sujeto? ¿Son los sujetos los que determinan la familia, los grupos y las instituciones, los países? Este es siempre el sistema de preguntas y respuestas del dogma biopsicosocial: el contexto como efecto de la agregación de estratos, de gérmenes invariables, de núcleos identitarios fuertes. El contexto como sumatoria de elementos individuales y pre constituidos. Relación lineal del adentro hacia el afuera (mirar adentro, buscar adentro, sentir adentro, cambiar adentro…El cambio comienza por tí, el cambio es siempre individual… reverberancias de modas muy convenientes)” (Salazar, J. pp. 3)

Es en este desarrollo lineal, médico (biopsicosocial) y lleno de amos y sujetos trascendentales (Freud, Skinner, etc.) en el que se ubica buena parte de la Psicología tradicional y sus prácticas de producción, reproducción y conservación de  saberes. A la Psicología tradicional con su primacía de lo íntimo, lo biológico, lo universal y/o lo privado, podríamos oponer la arqueología de Foucault en miras de visibilizar el pasado plural, la racionalidad discursiva y las condiciones contextuales que producen y modulan lo “psicológico” y que tornan racionales, aceptables y “verdaderas” las prácticas que predominan en el centro de la tradición.

Llama la atención que habiendo estudiado Psicología, Foucault dedicara muy poco tiempo a tomarla por objeto de reflexión e incluso renegara de la mayoría de los escritos en que se propuso hacerlo, quizás a su manera se ocupó de ella cuando se ocupó de la ortopedia social, la gestión de la locura, etc.  Si tomamos esto por cierto, Foucault invitaría a la Psicología tradicional, anclada (¿marginal?) al modelo médico a re-pensarse y a re-considerar su centro, sus márgenes y sus marginados. Foucault dibuja en su arqueología, el horizonte y los márgenes de racionalidad, encierro, locura y exclusión en el que la Psicología y los Psicólogos agenciamos un lugar en el mundo.

Bibliografía:

Deleuze, G., & Guattari, F. (1985). El anti-Edipo: capitalismo y esquizofrenia. Bs. As: PAIDÓS

Derrida, J. (1989). Márgenes de la filosofía [traducción de Carmen González Marín]. Madrid: Cátedra.

Foucault, M. (1967). Historia de la locura en la época clásica. México: Fondo de cultura económica.

Foucault, M. (1978). El nacimiento de la clínica: una arqueología de la mirada médica. México: Siglo XXI.

Foucault, M. (1987). ¿Qué es un autor? Revista de la Universidad Nacional (1944-1992)2(11), 4-19.

Gadamer, H. G. (2005). Verdad y método. México: Sígueme.

Salazar, J. F. (2014) Contexto y psicología: un microscopio para ver las estrellas. Texto de uso docente, Universidad Central de Venezuela.

Szasz, T. S. (1961). The uses of naming and the origin of the myth of mental illness. American Psychologist16(2), 59.

Samuel Colmenares

Samuel Colmenares es estudiante de la mención de Psicología Social en la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela. Miembro fundador del movimiento “Conciencia” e investigador en el área de género y masculinidades contemporáneas. Ha colaborado en organizaciones juveniles para la educación sexual, la recuperación de espacios públicos y la promoción de la convivencia democrática en Venezuela. Aficionado al cine, la literatura y las ciencias sociales.

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